Abril 13, 2007
Nine Stories Revisited: Introducción
Para mí, esto es la primera vez de muchas cosas. Es la primera vez que colaboro con otros amigos blogueros en un proyecto conjunto. La primera vez que leo Nine Stories en su idioma original. La primera vez que leo un cuento por semana de un libro. La primera vez que escribo algo sobre cada uno de los cuentos.
Los leí en muchas partes y hasta en dos países. En San José, Costa Rica, en el escritorio, ante la computadora. Acostada en la cama. Sentada en el jardincito. Acostada en una hamaca en el hotelito de San Jorge, Nicaragua.
El ejemplar que compré en español, hace muchos años, lo compré por cierto en Nicaragua. En un kiosco ubicado en Managua, del Semáforo de Lindavista una cuadra al sur, casi en la esquina. Vendían de todo un poco allí: periódicos, almanaques, papel de regalo, algunos textos escolares y no sé qué más. También tenían algunos libros. Estaban colgados de un cordel, metidos en una bolsa de plástico transparente y la bolsa sujeta con un gancho de ropa al cordel, con la portada vuelta hacia la ventana, para que el que pasara pudiera verlas. Me parecía insólito que allí pudiera encontrarse algún libro decente. Además de Nine Stories compré también en otra ocasión Gas de Nevada de Raymond Chandler.
Extrañé no tener mi ejemplar, pues sigue esperándome junto a toda mi biblioteca en El Salvador. Pero la limitación fue buena porque me hizo leer los cuentos en inglés. Por supuesto, siempre es preferible leer un libro en su idioma original, de ser posible.
Me pareció interesante la experiencia de analizar cada uno de los cuentos. Por lo general, cuando leo un libro con varias historias, me detengo más a pensar en los que me gustan que en los que no me gustan. El análisis sobre cada texto permitió distinguir con más claridad los elementos comunes y que, en el fondo, amarraban el libro. Así mismo, me permitió no sólo deducir por qué un par de cuentos del libro no me gustaron sino también asumir que no todo lo que escribe un autor va a gustarle siempre a uno, y que eso no le quita nada a los textos ni a la maestría del escritor.
En todo caso, lo cierto es que hay libros que aguantan varias lecturas, en las cuales siempre se encontrará algo nuevo. Y J. D. Salinger es, sin duda, uno de esos autores a los cuales hay que leer y releer.
Abril 06, 2007
A Perfect Day for Bananafish
A perfect day for Bananafish tiene varias escenas o tiempos: la llamada telefónica inicial entre Muriel Glass y su madre, donde la presencia de Seymour está latente en la conversación entre ambas; el encuentro de Sybil Carpenter con "alguien" en la playa; el disgusto del mismo tipo en un elevador; y la escena final, un suceso del cual no tenemos pista alguna y simplemente ocurre, sin mayor ceremonia.
La certeza de que el joven de las siguientes escenas es el mismo Seymour del que se habló al inicio nos queda claro luego del juego de palabras de Sybil: "See more glass", que funciona únicamente en su idioma original. Ya desde el telefonema inicial sabemos que "algo anda mal" con Seymour, pero las frases cortadas o interrumpidas evitan que el lector sepa precisamente qué.
Me parece curioso cómo Salinger trata la presencia de Seymour en el cuento. El protagonista aparece mencionado durante una conversación telefónica sin estar presente con ninguna de las interlocutoras. Durante el resto del cuento el lector "mira" a Seymour, pero su nombre no es mencionado de nuevo en todo el texto. Una manera de "estar no estando", que contrasta con la llamada telefónica.
El cuento hace uso de los recursos que notaremos en los demás textos del libro. Como si Bananafish fuese el compendio de recursos y los 8 cuentos restantes un estudio individual por recurso: los diálogos, las frases cortadas, los juegos de palabras, las presencias de personajes que insinúan su identidad sin que jamás se nos sea confirmada, finales abiertos que permiten al lector construir una o varias interpretaciones...
Bananafish constituye también la primera pieza del círculo que se cierra con Teddy, cuento que comparte con aquél similitudes estructurales y un final inesperado que obliga al lector a recorrer las pistas invisibles que debieron insinuarnos algo.
Sin lugar a dudas, éste es uno de los cuentos que los lectores prefieren de Salinger. Y quiero pensar que no se trata nada más que por el inesperado final.
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Marzo 30, 2007
Uncle Wiggily in Connecticut
Otro cuento de Salinger que descansa en diálogos con frases cortadas que insinúan cosas que no sé si luego se descubren, porque no lo pude terminar de leer porque me aburrió mortalmente.
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Marzo 23, 2007
Just before the war with the Eskimos
Muchos cuentos de Salinger descansan en los diálogos más que en la acción o en la narración/descripción de hechos. Y este cuento es otro de ellos.
Las circunstancias que rodean a los personajes parecen ser sencillas, casi diríase tontas, pero una cosa lleva a la otra y finalmente un personaje queda abrumado, arrepentido, pensando en algo que no tiene nada que ver con todo lo visto, escuchado y dicho una tarde.
El cobro de una pequeña deuda (que para Ginnie Maddox no es nada pequeña, tomando en consideración su estrechez económica), la lleva a verse sentada en el apartamento de su amiga Selena Graff, hablar con su extraño hermano que tiene una cortada en el dedo y que le ofrece la mitad de un sandwich de pollo que ella finalmente aceptará a regañadientes y meterá en su bolsillo y también con un amigo del hermano que llega a traerlo para ir a ver juntos La bella y la bestia de Jean Cocteau (por cierto, una de mis películas favoritas de todos los tiempos).
Muchas cosas se insinúan a través de los gestos: Franklin (el hermano) mira por la ventana y le parece patética la vida de todos los seres que caminan por ahí (debe serlo si se es hijo de un fabricante de pelotas de tenis, a quien le sobra plata). Selena pelea desde una mezquina indignación el que Ginnie le cobre la mitad de los viajes en taxi y gastos de sus partidas conjuntas de tenis y chantajea emocionalmente a Ginnie con que la mamá está muy enferma y que tendrá que despertarla para pedirle la plata (¡un miserable dólar con 65 centavos!). El extraño que espera a Franklin para ir al cine sufre también una indignación: la de ayudar a alguien y que éste escape del apartamento con todo lo que ha podido llevarse.
Demasiado para el atribulado espíritu de Ginnie quien necesita escapar lo más pronto posible del lugar, luego de rehusar la paga de la deuda y mientras lleva en el bolsillo la mitad del sandwich mordido de pollo y que no sabemos cuándo tendrá el valor de tirar porque le recuerda a un pollo muerto en el fondo de una papelera.
La utilización de los diálogos como recurso primordial en un cuento me parece un riesgo. Los diálogos tienen que fluir, brindar mucha información (directa o sugerida). Salinger sin embargo es hábil y logra con los diálogos, no sólo de este cuento sino en general, una manera eficaz para darnos a conocer las emociones de los personajes y para que el lector amarre hilos y pistas e imagine lo demás.
En este caso además el final obra como una clave enigmática que no hace más que obligarnos a suponer otra historia, totalmente diferente, que explique lo del pollo y la papelera.
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Marzo 16, 2007
The Laughing Man
Este es, a mi gusto, uno de los mejores cuentos de Nine Stories. En realidad se trata de dos historias, de un cuento dentro de un cuento. Por un lado, en el plano de "la realidad", tenemos al Jefe llevando a sus muchachos, los Comanches, a un juego de baseball y su amor con Mary Hudson, cuya foto va puesta en el autobus y que va "... adquiriendo gradualmente la personalidad poco inquietante de un velocímetro".
Posteriormente los muchachos conocerán a Mary Hudson, la mirarán batear muy bien hacia el jardín izquierdo y descubrirán que "era una chica que sabía cómo saludar a alguien desde la tercera base". Esta trama, casi banal, contada a través de uno de los muchachos del autobus (que por lo tanto, no puede darnos todo el insight de lo que verdaderamente ocurre entre el Jefe y Mary), va en contrapunto con la historia que el Jefe les cuenta a los Comanches en el autobús: la estrambótica historia del Hombre que Ríe.
Esta otra historia, exagerada y llena de absurdos, no deja sin embargo de tomar un carácter propio, algo más que un simple cuento de camino contado en un bus para callar o entretener a los chicos. Su dosificación alternada con lo del Jefe, Mary Hudson y los muchachos del autobus es excelente pues mantiene al lector en una doble curiosidad: tanto nos interesa saber sobre los muchachos como conocer el siguiente capítulo del Hombre que Ríe.
En algún momento de la lectura me pregunté si no hubiera sido mejor escribir nada más el Hombre que Ríe, sin el contrapunto del Jefe y los muchachos. Pero quien sabe. Quizás El Hombre que Ríe, como texto independiente, hubiera sido considerado como un montón de tonterías incoherentes, mientras que puesto en la boca de un personaje que va improvisando el cuento, adquiere el valor que le confiere la oralidad y el humor del narrador (doble espejo: el Jefe y Salinger).
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Marzo 09, 2007
Down at the Dinghy
Este cuento es de los que menos me gustan. De los que me dicen muy poco, o nada.
Así es que paso.
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Marzo 02, 2007
For Esmé - with Love and Squalor
Dear God, life is hell.
Salinger utiliza aquí el recurso del encuentro casual en un salón de té para que el narrador-protagonista hable con Esmé, una muchacha que ha visto practicando en un coro en una iglesia. Lo importante no es el lugar sino la conversación. (Mientras escribo esto me pregunto por qué escogió esos precisos detalles: una iglesia, un coro, un salón de té, la niña con el hermano y la institutriz).
La encantadora Esmé le ruega al narrador que escriba un cuento exclusivamente para ella. Un cuento que no sea infantil y tonto. "I prefer stories about squalor".
Acá la pregunta es ¿cuál es el cuento para Esmé? ¿El texto completo o la segunda parte del cuento, la de los soldados? ¿O es todo un truco de espejos o una gran ficción que nos quiere hacer creer en la posibilidad de una Esmé real? Jjjmmm....
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Febrero 23, 2007
Pretty Mouth and Green my Eyes
This is getting us exactly nowhere.
Suena el teléfono y es un amigo que te tiene que contar todas sus penas a horas impropias, su tormenta en un vaso de agua ante la ausencia de la esposa que, mucho menos que una amada es un pain in the ass, aunque quizás, después de horas de perorata incoherente, emocional, sufrida, llorosa, el paciente escucha puede concluir que el pain in the ass es el sujeto que habla al otro lado de la línea y que, como parece ser la norma, concibe el matrimonio como la creación de un infierno compartido que justifique la infelicidad que se expande como una mancha de petróleo no sólo en sus tristes dominios domésticos, sino a todo lo que toca: los amigos, la familia, los amantes, el trabajo; pero el paciente escucha prefiere ser lo que se llama un buen amigo y escucha, trata de calmar, trata de hablar cuando lo deja el otro aunque sabe que sus palabras son inútiles, y al final su paciencia es vencida, cuelga el teléfono, fuma un cigarrillo y le pide a la muchacha que lo acompaña que por favor lo deje muy en paz mientras, seguramente, en otra parte de la ciudad, Arthur retoza con Joanie (porque por supuesto es de esos que piensan que el sexo es también una manera de castigar, de odiar, de sufrir).
Advertencia: la infelicidad se contagia.
Ahora me gustaría escuchar la versión de Joanie: call me girl, tell me, get it out of your system too.
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Febrero 16, 2007
De Daumier-Smith's Blue Period
La mentira puede ser una manera de sobrevivir en un mundo de sombras.
¿Mentira? ¿Ejercicios de la imaginación? ¿Vivir en consecuencia con la realidad inventada?
Si leyéramos el diario de un mitómano, ¿cómo saber cuándo creerle? ¿Cuando miente o cuando dice la verdad?
¿Dónde está la diferencia entre la verdad y la mentira, cuál es la sutil línea que las divide y las distingue?
¿Cuánto, cómo y con qué profunda intensidad nos mentimos a nosotros mismos?
In fact I think I said I hated chairs. I was so nervous that if he had informed me that his son's room was flooded, night and day, with a foot of water, I probably would have let out a little cry of pleasure. I problably would have said I had a rare foot disease, one that required my keeping my feet wet eight hours daily.
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Febrero 09, 2007
Teddy
La frase que más me gustó: Each of his phrasings was rather like a little ancient island, inundated by a miniature sea of whiskey.
La observación que hace Teddy sobre las cáscaras de naranja que alguien ha tirado al agua es la campanada de alerta que nadie escucha. Teddy mira flotar las cáscaras y piensa (y dice en voz alta) que la única prueba de su existencia es que él las vio, que si no las hubiera visto ni siquiera estaría conciente de su existencia, frase que es interrumpida por su madre que le pide busque a su hermana, ignorando por completo lo recién dicho por su hijo. “Dentro de pocos minutos, las cáscaras sólo flotarán en mi mente”, agrega Teddy después. Más adelante, cuando sale de la cabina del barco hace la comparación consigo mismo: “Cuando salga por esta puerta, puede que sólo exista en la mente de todos mis conocidos (...) Puedo ser como una cáscara de naranja”.
La discusión filosófica que emprende Teddy con Nicholson pareciera sin embargo desviar nuestra atención sobre cualquier idea sombría. Su creencia en la reencarnación, sus ejercicios de meditación, su separación de la idea de la emocionalidad, aunque inusuales para alguien de su edad, parecerían darle un sustento que, cuando menos, convierte a Teddy en una suerte de outsider precoz.
La historia transcurre en un fluir tan sutil que sin embargo, alberga 4 partes distintivas: la cabina y la discusión familiar, Teddy solo escribiendo en su diario, la conversación con Nicholson y el final. Todo se resuelve en las últimas 3 líneas. Y “resolver” es un decir, porque finalmente le queda al lector imaginar su propio final, sugerido de manera tan abierta que cualquier versión personal puede ser correcta. We shall never know.
Febrero 08, 2007
Nine Stories de J. D. Salinger
A partir de mañana viernes y hasta el 13 de abril, este blog se suma al "Proyecto Salinger", un esfuerzo de 20 blogs por comentar el libro Nueve cuentos de J.D. Salinger.
La idea es que cada viernes se comentará cada uno de los cuentos en cada uno de los blogs participantes. Los comentarios serán breves, pues la idea es que cada una de las anotaciones formen parte de un “comentario general” (por así llamarlo) que tendrá 20 párrafos (conformados por los escritos en los 20 blogs). El twist de la historia es que esos párrafos podrán leerse de manera aleatoria (o no leerse, de acuerdo al gusto del lector).
Así es que los viernes leerán por acá nada más el título del cuento y el comentario correspondiente. Para tales efectos, también he creado una nueva categoría, “Proyecto Salinger”, donde podrán leer lo relacionado a esta experiencia.
Los otros blogs participantes en este proyecto son:
