Julio 04, 2008
La esperanza
Ayer por la mañana, al levantarme y encender el televisor para ver las noticias, lo primero que vieron mis ojos fue la imagen de Ingrid Betancourt abrazando a sus hijos. Me quedé paralizada viendo la escena, las lágrimas rodando por mi cara, emocionada.
Me pareció una manera estupenda de iniciar el día. Llorando emocionada, sí, pero de profunda alegría. Una alegría ajena, pero también propia. Me pareció que por ver imágenes como esa es que a uno le dan ganas de salir de la cama por las mañanas.
Yo soy una que no da un cinco por la humanidad. Estoy convencida que caminamos hacia nuestra inefable auto-destrucción, día a día, construida a base de nuestra estupidez, nuestra mezquindad, nuestra avaricia, nuestra profunda ignorancia y sobre todo, nuestra falta de ética y de espiritualidad. Y que tendremos el final que nos merecemos, simplemente porque nunca aprendemos nada. Porque años de historia, dizque civilización y sobre todo de una constante cadena de error tras error tras error no nos han enseñado absolutamente nada.
Pero cuando vi la imagen de Ingrid abrazada feliz a sus hijos, algo en mí volvió a tener fe, volví a tener esperanza.
Me dije a mí misma que, cuando la gente quiere, cuando realmente quiere, puede cambiar en algo las cosas, sacar lo mejor de sí y hacer algo que devuelve la fe en el espíritu y en la dignidad del ser humano. Y que a veces, muy pero muy pocas veces, el ser humano es capaz de cosas sublimes, pese a que nos empeñamos en sacar a relucir lo peor de nosotros.
Julio 03, 2008
¡Ingrid Betancourt liberada!

En un operativo que en lo personal, no puedo calificar más que de brillante, mediante un ejemplar trabajo de infiltración y de inteligencia militar, fueron liberados ayer 15 rehenes de las FARC. Eso sin disparar un solo tiro y arrebatándole los rehenes a los insurgentes debajo de sus propias narices.
Entre los liberados está Ingrid Betancourt, quien luego de poco más de 6 años de secuestro, se convirtió gracias a su fortaleza y a la de toda su familia y amigos, en otro de los símbolos de la lucha por la dignidad que liberan los secuestrados y sus familiares en Colombia.
El aterrizaje de Ingrid, el reencuentro con su madre y su esposo, las declaraciones de todo el día del operativo, pero sobre todo, los agradecimientos de la ex-candidata presidencial hacia los que la ayudaron, rezaron, la recordaron, fueron profundamente conmovedores.
Desde Francia, los hijos de Betancourt, junto al presidente Sarkozy, hicieron algunas declaraciones antes de subir al avión que los llevaría a Colombia para ver a su madre.
Seguí todo el suceso desde que se anunció en el noticiero del mediodía y lo viví con una profunda emoción. Parecía que no veríamos ese día y sin embargo, ya pasó. Me impresionó sobre todo un momento en que Ingrid mira a su madre y le dice, ante el micrófono, "no llores más mami, no más llanto", con una sonrisa emocionada pero también con el rostro desbordante de las huellas de los años en cautiverio.
Qué gozo para las familias de los liberados, un gozo que estoy segura todos los amantes de la paz en el mundo estamos viviendo como propia. Pero, al igual que cuando la liberación de Clara Rojas, hay que seguirlo diciendo: no hay que olvidar a los que siguen secuestrados, que son cientos. Hay que seguir hablando de ellos, recordándolos, haciendo marchas, firmando cartas. Y esperemos que pronto, muy pronto, sean todos liberados y que nadie quede secuestrado en las selvas de Colombia.
Junio 12, 2008
Estampas de la crisis
Llego un par de horas demasiado tarde al supermercado: en cada pasillo están los empleados con unas tarjetitas blancas en las manos. Son los nuevos precios de los productos. Uno de ellos busca en los estantes los precios que debe sustituir. Otro barajea las tarjetitas blancas, como si fueran naipes, para repartírselas a un par de empleados.
Sé que, de nuevo, no me alcanzará la plata que llevo, que debo estudiar bien los precios de los productos, sopesar lo que necesito con urgencia y lo que puede esperar para un hipotético “otro día”, para un hipotético “cuando tenga plata lo compro”.
Películas sobre el fin del mundo: escenas de gente protestando, cargando pancartas, inundando las calles de las ciudades.
El noticiero en la vida real: escenas de gente protestando, cargando pancartas, inundando las calles de las ciudades.
En diversos países del mundo, los transportistas, los pescadores, los taxistas, los conductores de autobuses protestan por el alto precio de los combustibles. Exigen que el gobierno haga "algo".
Los peces están de vacaciones: En algunos países (España, Bélgica), los peces tienen un respiro. Hace una semana que los pescadores no salen al mar.
Imagino a los peces, nadando felices, tranquilos. Por fin el océano libre de humanos asesinos.
Abril 09, 2008
El asombro por la literatura
Medea se animó también a hablar de los libros que cambiaron su vida. Ella dice, muy acertadamente, que en general, los libros le cambiaron la vida. A mí, la verdad, también. No imagino mi vida sin ellos (y lo digo en mi doble papel de lectora y escritora).
Pero al final de su post dice algo que me llamó la atención, que además fue sustentado por alguien en sus comentarios. Dice Medea:
Con los años he perdido la capacidad de asombro y de "hacer amigos" fácilmente con los libros. Pasan por mis manos pero no se quedan enraizados en mi corazón. Extraño esa sensación turbulenta.Admito que comparto esa sensación. De algunos años acá me he embarcado en comprar libros que se dicen son el uyuyuy pero o no los alcanzo a leer ni a la mitad (a veces ni hasta el 2º. capítulo) o los termino con una sensación de “¿y?...” porque no me han dicho absolutamente nada. Por lo general, no vuelvo a leer más nada de esos autores.
No sé si tiene que ver exactamente con perder la capacidad de asombro, pero creo entender a qué se refiere. En el fondo uno siempre busca, cuando se enfrenta a un libro nuevo, a encontrar algo que te impacte profundamente, que te signifique una revelación, que te den ganas de leer más del mismo autor. Pero es cierto, como que pasa cada vez menos, sobre todo con autores contemporáneos. Continuar leyendo»
Abril 01, 2008
Marzo 28, 2008
Ratón de campo
¿Recuerdan la historia del ratón del campo y el ratón de la ciudad?
El ratoncito del campo vivía en un lugar rodeado de árboles, escuchaba cantar a los pájaros y comía verduras y frutas y paseaba por el bosque y los prados. Un día llegó a visitarlo su primo, el ratón de la ciudad, pero al poco rato de estar allí, el ratón de ciudad estaba aburrido y le dijo a su primo que debería ir a visitarlo a la ciudad, que allí se la pasaba muy bien. El ratoncito del campo accedió y se fueron juntos a la ciudad.
Nada más llegar comenzaron los problemas: al ratón del campo por poco lo arrollan en las calles, miraba casas y casas de cemento y en ninguna parte un árbol, mucho menos un pájaro. Y por todas partes esos abominables y peligrosos seres que detestan a los ratones: los humanos.
“No te fijes en eso”, le dijo el ratón de la ciudad, “en casa estaremos mejor”. Ya adentro, el ratón del campo se admiró de la linda casa y de una mesa llena de manjares deliciosos que comer. Pero cuando estaban por hincarle el diente a un rico pedazo de queso, apareció el gato y por poco se los cena a los dos.
“Es suficiente”, dijo el ratón del campo, “regreso a mi tranquila casa”. Y cuando regresó, el ratón del campo se sintió contento de ver de nuevo los árboles, los pájaros, las flores, de escuchar a los grillos cantar de noche y sobre todo, de sentirse en paz y tranquilo.
Así me siento yo con demasiada frecuencia. Definitivamente, soy ratón del campo. Es la primera vez en la vida que vivo tan metida en la ciudad y estoy francamente harta. No me agrada en lo más mínimo. Seguramente algo tendrá que ver el hecho de que me crié en el monte, es decir, en una casa en una especie de pequeña finca, con un extenso terreno lleno de árboles frutales, animales y un paisaje de esos que quitan el aliento, a media hora de la ciudad, alejados totalmente del mundanal ruido, casi sin vecinos.
Marzo 05, 2008
Derribando el Patrimonio Cultural
La semana pasada se dio la noticia en La Prensa Gráfica de la demolición de la iglesia de Santiago Apóstol en Nahuilingo, El Salvador. La iglesia era un Patrimonio Cultural de la nación. Había sido construida en 1613. El hecho de que fuera demolida de noche indica con claridad que quienes lo hicieron sabían que hacían algo no permitido.
Si bien es cierto la iglesia estaba en un estado de deterioro bastante lamentable, la medida de demolerla me parece extrema. Como le pareció también a las autoridades correspondientes, quienes se dieron a la tarea de investigar qué fue lo que ocurrió y quien dio la orden de la demolición, eso sin mencionar que dañar Patrimonio Cultural es un crimen penado por ley.
Aunque originalmente se suponía que el párroco Gerardo Hernández Sandoval había dirigido la acción, y hasta se apresaron a 3 personas que participaron en la demolición, se dice que fue la comunidad completa la que decidió el acto y que incluso participó activamente con palas y picos en el derribamiento.
El problema con todo lo que en El Salvador se proclama Patrimonio Cultural es más o menos el mismo. Edificaciones históricas reciben el título (casas, edificios públicos, iglesias), y se supone que de inmediato sus dueños no pueden intervenir el edificio más que para hacer mejoras que mantengan el estilo o renueven el inmueble. Cualquier tipo de intervención que vaya hacerse, debe solicitarse un permiso especial a las autoridades correspondientes.
Por desgracia, los dueños de dichos inmuebles, por lo general, no tienen los recursos económicos como para hacer las renovaciones necesarias según el estilo de la época, con los materiales sugeridos para ello. No es secreto para nadie el odioso recurso de muchos de mandar a quemar las edificaciones para por lo menos tener el terreno. Eliminada la traba de “patrimonio”, disponen de su terreno para reconstruir con lo que se les venga en gana. Y los responsables de los incendios jamás son encontrados ni mucho menos penados.
Febrero 29, 2008
¿Y los resultados del Censo?
Muy bueno el post de Rodrigo Samayoa Valiente en Siguiente Página sobre los todavía ignorados resultados finales del Censo del 2007 llevado a cabo en El Salvador. El despliegue propagandístico sobre el mismo fue intenso y finalmente, cuando la gente esperaba resultados y cifras concretas, lo único que se dio a conocer fue un tibio avance que arrojó a luz un dato que sorprendió a todos: en El Salvador habitan en realidad menos personas de las que se pensaba.
No se supo explicar bien por qué resultaron esos datos, pero una de las suposiciones fue que posiblemente la cantidad de compatriotas que abandonan el país es mayor de la que se cree. Otra suposición es que quizás el censo no se hizo de manera efectiva y que el margen de error sea tan alto que los resultados no pueden ser tomados como válidos.
Por esos días, si no me equivoco, se comenzó a manejar públicamente una cifra alarmante: que entre 500 a 700 personas salen a diario del país con la intención de recomenzar sus vidas en otros países, principal, pero no exclusivamente, en los Estados Unidos.
Como bien señala Samayoa, el hecho de que tantos meses después todavía no se sepan los resultados da mucho en qué pensar. Y esa cifra inicial, presentada como un “avance” de los resultados, implica que muchas de las cifras oficiales están distorsionadas.
Dice Samayoa:
“Los datos que nos dieron al principio (fueron) para decirnos que éramos muchos menos en El Salvador. Eso hizo saltar las alarmas de que tal vez había algo que en el censo no estaba bien. Pero supongamos que sí es correcto, esto significaría varias cosas que no harían ver a El Salvador bien. Primero y la más obvia es que la emigración es mucho más alta que cualquier de nuestros estimados. Hay otros datos índices que también se verían afectados, uno por ejemplo los asesinatos. Qué pasa por ejemplo si somos menos en El Salvador, pues entonces el número de asesinatos por cada 10,000 habitantes aumentaría.Desafortunadamente la página web del censo no es de utilidad alguna. Samayoa Valiente dice que la información no está actualizada y que de hecho es previa al censo mismo. Yo intenté entrar al sitio y el enlace no me funcionó a pesar de probar en diversas ocasiones.
Cambian también todos los índices per capita, resultaría entonces que el PIB per cápita sería mayor, lo cual no significa que somos más ricos de lo que parecemos, sino que la desigualdad sería más grande. Si hay menos niños, significa que hay tasas de mortalidad infantil mayores. Si somos menos significa que las tasas de morbilidad y mortalidad en general serían mayores. Habría que pensar que hay que reestructurar programas, el mapa de pobreza cambiaría, si suponemos que la cantidad de población bajo el límite de pobreza se mantienen, si somos menos el porcentaje de la población pobre sería mayor. Así son muchas las implicaciones. Lo cual en sí no son un problema, el problema está en querer tapar el sol con un dedo”.
El resultado final del censo es de consideración delicada y los resultados deberían estar a disposición de la ciudadanía y del público en general con toda transparencia, tomando en cuenta que estamos próximos a las elecciones presidenciales del otro año. ¿Cuánta gente hay entonces realmente anotada en el padrón electoral? ¿Y qué pasa con los que, como yo, a pesar de tener el Documento Único de Identidad, que indica una dirección en el país, en realidad no estamos? Hhhmmm...
Enero 30, 2008
Por los amigos
Me enorgullece decir que cuento con un pequeño pero maravilloso grupo de amigos, de esos que cuando se hace la oscuridad acuden a uno, sea con un fósforo, con una antorcha o con un generador eléctrico, para volver a hacer, entre todos, la luz. Y cada esfuerzo, grande o pequeño, es igual de valioso porque detrás de ello hay un sólo gesto: la generosidad y por supuesto, el amor.
En los últimos días, debido a una situación imprevista, me ha tocado andar en trámites, fotocopias, llamadas telefónicas, correos, atravesando la ciudad de este a oeste y viceversa, haciendo números, reacomodando las finanzas con la meticulosidad de un general que prepara un devastador ataque y que no puede fracasar... Y ha sido particularmente notorio como, en medio de ello, los amigos han respondido.
El problema no está resuelto aún. Pero la tensión y la angustia del momento han disminuido con creces al darme cuenta de la gran calidad de los amigos que tengo. Y pienso que por lo menos algo, un poquito me he hecho querer.
Hoy va por los amigos. Por esos que dan sin pedir nada a cambio. Que se quitan el pedazo de pan de la boca por dártelo aunque ya no tengan otro y que tendrán la elegancia de jamás recordártelo. Por aquellos que con una palabra o con un trabajo manual que les ha tomado semanas de tiempo y esfuerzo te arrancan una sonrisa bien ancha, y te conmueven a las mejores lágrimas, las de la alegría.
Por ustedes, con mi interminable amor y admiración, gracias.
Enero 29, 2008
Sobre el mundo del espectáculo literario
En un reciente intercambio de correos con un par de amigos escritores me sorprendió un poco constatar que estamos algo decepcionados del mundo literario. Esa decepción se manifiesta sobre todo en la falta de entusiasmo por publicar cuando surge una oportunidad. Uno de ellos me decía que al principio el mundo artístico le parecía lo más importante, pero que con el tiempo ha aprendido a preferir pasar sus horas con libros o películas, que eso lo llena mucho más. Y sé que escribe en silencio, sin aspavientos, más por satisfacción personal que por otra cosa. Que es como debería de ser, me parece a mí.
En lo personal no escapo de esas decepciones y claro que las comprendo. El mundo del espectáculo en que se ha convertido en varios sentidos lo literario (que no la Literatura), está lleno de acciones y situaciones que están muy alejadas de la esencia del oficio. Hay demasiada pose, demasiada actitud, provocación por el puro hecho de provocar y no porque se sustente una tesis, distorsiones como juzgar la calidad del escritor como ser humano a partir de lo que escribe, presentar libros a una editorial y jamás tener una respuesta sobre si se publicará el libro o no, esa competencia tácita de estar en las listas de libros más vendidos...
Esos correos con mis amigos me llevaron a recordar la ilusión tan grande con la publiqué mi primer libro y que estoy segura compartimos todos cuando publicamos por primera vez. Es algo profundamente inocente: es una mezcla de orgullo de ver tu nombre y el título de un libro que vos te inventaste en una portada, es cierto, pero también implica la ilusión de que la gente leerá lo que escribiste. Uno también es optimista pues piensa que “mucha gente” te leerá. Y digo que es una ilusión inocente pues uno no se pone a pensar en números ni a calcular los derechos de autor, no se piensa en la entrevista ni en la foto. O por lo menos yo no lo hice cuando publiqué mi primer libro en 1987.
Enero 11, 2008
Y los demás ¿cuándo?
Tenía pensado para hoy escribir sobre otra cosa. Había prometido hablar sobre la nueva novela que estoy escribiendo. Pero me conmovió mucho ayer ver a Clara Rojas abrazando por fin a su madre, esa señora de cabello corto y blanco y de presencia más bien frágil que hemos visto desde hace poco más de 6 años en prácticamente todas las manifestaciones que los colombianos han realizado para la liberación de los 3,200 secuestrados que existen en Colombia.
Doña Clara de Rojas no escatimó esfuerzos ni palabras para hacer todo lo posible por lograr la liberación de su hija, y al mismo tiempo, abogar por la liberación de todos los secuestrados. Su edad, pero sobre todo su salud quebradiza no fueron obstáculo para su activismo. La recuerdo al inicio de todo este calvario caminando con bastón y ahora, con los años, debe caminar con una andadera.
Eso no impidió que ella estuviera ayer en el aeropuerto de Maiquetía en Caracas para recibir a su hija, recién liberada junto a Consuelo González. Se las veía a ambas muy cansadas, un poco confundidas, quizás incrédulas porque al fin pueden estar juntas de nuevo. Clara no dejaba de besarla y abrazarla una y otra vez. Habría que tener un corazón muy duro para no conmoverse ante esa escena. Hasta la periodista de la televisora venezolana que narraba el encuentro y que CNN retransmitía en vivo, se le quebró varias veces la voz.
Trato de imaginar las conversaciones privadas de ambas, lo que hará Clara Rojas al volver a su casa, a su habitación, cómo será ese recomenzar la vida que, seguramente después de lo vivido, jamás volverá a ser igual.
Enero 08, 2008
Terminaron las vacaciones...
Qué lástima. Con lo bien que me la estaba pasando: levantarme tarde o mejor dicho, a la hora en que mi cuerpo hubiera terminado de dormir (nunca antes de las 8 y media de la mañana). Desayunar despacio, leer, hacer siestas de una o más horas, darse el lujo de ver una película o documental que comienza muy tarde y que termina a medianoche o incluso después, comer cuando sentía hambre, ir al supermercado y pasearme por los pasillos viendo producto tras producto como si estuviera en un museo, visitar las librerías que estuvieran abiertas y hojear libros y por regla, no ver el reloj más que para estar pendiente del inicio de alguna película interesante.
No hice nada “importante”. Es decir, me olvidé de problemas, trámites pendientes, compromisos, trabajo (del que paga las cuentas). No contesté correos a menos que fueran de los muy amigos.
La semana de Navidad todavía tuve que trabajar un poco, pero fue un trabajo más agradable (“agradable” porque es lo que me gusta hacer, escribir, no porque el tema lo sea). La serie sobre los escritores suicidas se extendió y escribí tres artículos más sobre Hunter S. Thompson, Alfonsina Storni y Emilio Salgari. También tuve que hacer algunas cosas personales que me tuvieron saliendo casi a diario y perdiendo el día en ello. Pero luego, a partir del último fin de semana del año, resolví que me iba a tomar, en efecto, vacaciones. Y dejé de hacer otras cosas que me hubieran supuesto sacrificar un tiempo que necesitaba para hacer simple y sencillamente nada, o por lo menos, lo que me diera la santa gana, a la hora que me diera la gana y de la manera en que me diera la gana. Si quería pasar la mañana entera en pijama o acostada en mi cama leyendo todo un día o nada más haciendo zapping o viendo tonteras por la tele, lo hacía.
Noviembre 30, 2007
El Salvador ¿impresionante?
El Ministro de Turismo de Panamá, Rubén Blades en persona, aparece en una serie de muy simpáticos comerciales invitándonos a todos a visitar su país. “Y las sonrisas... ésas son gratis”, dice con su encanto personal el reconocido cantante. “Panamá se queda en ti” es otro de los lemas de las variadas campañas.
Hay uno en que la gente, desde que se baja del avión, se pone el bikini, los trajes deportivos, las aletas para bucear, mientras la voz de Blades invita a los viajeros a quedarse un par de días más después de sus conferencias o reuniones de trabajo para disfrutar lo que Panamá ofrece.
El más reciente que he visto de esta serie presenta a un hombre con una puerta llegando al aeropuerto: la mujer le tiene que explicar al de aduanas que es que se lo habían pasado tan pero tan bien en Panamá, que el esposo no quería irse y se aferró a la puerta del hotel. Tuvieron que arrancarlo (con todo y puerta) para que volviera a su país.
La utilización del humor alternada con los paisajes y la presencia de Blades, no pueden ser más efectivos. Es una campaña cálida, simpática que por lo menos lo hace a uno detenerse para verlo y por lo general, te deja con una sonrisa que ciertamente, es gratis.
No pude evitar comparar esta campaña bastante intensa con la del Ministerio de Turismo de El Salvador, que fuera lanzada con gran bombo y platillo este año. La idea era que, a través de canales de cable, se iniciara una campaña “agresiva” para que los viajeros apuntaran al Salvador como un destino para conferencias y reuniones de negocios, amén de disfrutar las bellezas naturales y la calidez de la gente, como suele decirse en estos casos.
Octubre 26, 2007
Pekín 2008: ¿Y el Tibet?
En los últimos meses hemos visto como literalmente casi todo el mundo se ha acercado a la China. Lo hacen con el signo de dólares brillando en sus ojos y frotándose las manos con avaricia. Se mira en la China a un monstruo con un potencial de comercio valioso para todo país que logre establecer con ellos relaciones fluidas.
Pero yo lo siento. A mí me dan desconfianza los chinos. Para comenzar, la reciente oleada de productos que han tenido que retirarse del mercado y que, como denominador común, tenían ingredientes o partes que estaban elaborados directamente en China. Desde pasta de dientes hasta juguetes, desde alimentos para perros y gatos hasta caramelos, todo viene contaminado con plomo o con otros ingredientes nocivos para la salud de humanos y animales. Esto habló mal no solamente de la falta de controles de calidad en aquel país, sino también en los países receptores de sus productos.
¿Tan rápido olvidamos Tiananmen? Todavía no se sabe el número exacto de muertos que hubo en aquella plaza en 1989, pero hay cálculos que hablan hasta de 10 mil personas. Quizás la verdad nunca se sabrá.
Luego, está la situación de Birmania. Se supone que China podría haber influenciado o tomado una postura para detener la represión contra los monjes budistas y la población civil que protestó masivamente ante el aumento de los combustibles, la cual fue solamente el detonante para que la sociedad birmana se alzara en protesta contra el régimen anti-democrático. ¿Qué por qué China influye tanto en Birmania? Las inversiones, las importaciones y el armamento que mantienen a flote al gobierno son chinos.
Septiembre 17, 2007
Palabra de honor
A veces me despierto de madrugada y pienso las cosas más extrañas. No sé de dónde salen esos pensamientos. Podría decirse que de lo recién soñado. Pero muchas veces o no recuerdo lo que soñé o soñé con algo que para mí no tiene nada que ver con lo que me pongo a pensar. Y luego, esos pensamientos están muy estructurados, son muy lúcidos, como si hubiera estado pensando en eso toda la vida para llegar a una conclusión vital (que de tan obvia, no había “verbalizado” en mi mente antes). Como si mi cerebro siguiera trabajando en el “background” y me despertara para avisarme que ha llegado a una “gran conclusión” sobre algo.
Por ejemplo, la madrugada de este domingo me desperté pensando en la palabra empeñada. En lo importante que es. En como, cuando decimos algo, deberíamos siempre cumplirlo. Porque la palabra empeñada representa, en suma, nuestra honestidad, nuestra seriedad. Y con la palabra que damos, estamos poniendo sobre la mesa, como un boleto de empeño, nuestro respeto y la capacidad de que otros confíen en nosotros.
Pensé en varios casos de personas que me empeñaron su palabra, que me prometieron cumplir cosas y que sigo esperando como la Penélope de Serrat, sentada en la estación, reloj en mano. Supongo que hay mucha ingenuidad de mi parte cuando creo tan ciegamente en la palabra ajena. Pero si ya no se puede ni confiar en la palabra ajena, incluida la de los amigos o de gente que pensamos que lo es, ¿entonces en qué se puede confiar?
Pienso en los que no cumplen con su palabra y en cómo se afecta nuestra visión del otro. Por lo menos en mi caso, yo pierdo la confianza en esa persona. Y también le pierdo respeto. Su imagen en general se me descompone.
Entonces mi reflexión llega al concepto del honor. ¿No se han dado cuenta cómo ya nadie habla del honor? Por supuesto, ya no tiene las implicaciones tremebundas que tenía antaño. Pero creo que, de todos modos, algo de honor personal debería permanecer siempre. El honor de tener palabra. De que nuestra palabra dada es de sinceridad, de ser personas de fiar, en todo sentido, en toda circunstancia, siempre.
Quien no tiene palabra de honor, ¿qué tiene que dar?
Cosas que uno piensa a las 4 de la mañana.
Agosto 13, 2007
¿Versión latina? No, gracias
¿Se han dado cuenta? Cada vez que un canal estadounidense decide hacer una versión latina de algún programa, o adecuar los horarios para sus televidentes latinos, los que terminamos perdiendo somos precisamente nosotros, la audiencia.
Tengo varios ejemplos de estas situaciones como el más reciente (y para mi incomprensible) desfase en la transmisión de la última temporada de Los Soprano, por HBO. Mientras el mundo se enteraba, con gran despliegue de publicidad, de lo acontecido en el último capítulo, los espectadores de esta región nos quedamos suspirando, deseando y rabiando poder ver ese capítulo al mismo tiempo que todos los demás, sin que nos aguaran la fiesta del gran final en las noticias.
No sé si ocurrió así en toda Latinoamérica, pero me atrevo a decir que sí en Centro América, donde la versión que recibimos de HBO apenas comenzó a transmitir esa última temporada hace poco y donde será para fines de agosto que veremos el último capítulo.
Otro ejemplo fue la transmisión de la primera temporada de Big Love, también de HBO, una interesante serie sobre la poligamia en una extraña secta religiosa, donde un hombre con 3 esposas intenta vivir una vida “normal” dentro de una sociedad y vecindarios donde la poligamia es más bien considerada un crimen. Mientras en los USA continuaron los capítulos, acá nos dejaron en la expectativa y recién se anunció que se volverá a transmitir hasta septiembre.
Julio 30, 2007
El derecho al ocio
Pareciera que de todo se nos inculca y habla en la vida menos del derecho a descansar, a no hacer nada. Se nos dice que debemos trabajar, estudiar, aprender, acumular, proveer, crecer, titularnos, seguir aprendiendo, acumular más, correr, gastar, invertir, comprar, tener, hipotecar… pero nunca se nos dice “detente, para, mira a tu alrededor, no hagas nada, duerme, sueña, se perezoso unas horas, disfruta”.
Hay gente que no sabe cómo descansar, cómo parar, cómo tomarse un rato para sí mismo y no hacer nada “importante”. Y luego, ¿qué es “importante”? ¿Invertir en la bolsa o acariciar a un gato? ¿Manejar un Ferrari o ver las estrellas por la noche? ¿Ascender en la escala corporativa o sembrar un jardín de flores? ¿Calcular las deudas y las formas de pago o detenerse a escuchar el canto de un pájaro?
Hay gente que no puede estar sin ver el reloj a cada instante, que tiene una prisa interior que está marcada no por el ritmo de su personalidad, sino por el ritmo que impone la enajenación externa de nuestros días. Siempre he pensado que una de las grandes claves en la vida es reconocer y aceptar nuestro ritmo interior personal y adecuar nuestra vida a ello, todo lo demás es vivir y obrar a marcha forzada, agrediéndonos a nosotros mismos.
¿Cuántas personas se deprimen tanto al retirarse de sus trabajos que al poco tiempo terminan enfermos y hasta muertos, porque no saben qué hacer con sus horas ni con su vida, porque consideran que si ya no "trabajan" ya no son "importantes", ya no son "alguien"?
Desafortunadamente la gran mayoría de nosotros no tenemos el privilegio de poder hacer lo que nos gusta en la vida y vivir de ello. O de trabajar en algo que realmente nos apasione y que sea, más que un trabajo, un mecanismo de realización personal. Es entonces cuando el ocio me parece tanto más importante. Un elemento indispensable para no perder la cordura, para mantener el balance, para liberarnos del stress de un trabajo que poco o nada tiene que ver con nosotros, con nuestra esencia, con nuestros talentos, con nuestro potencial. Un pequeño espacio que nos permita flotar y no desperdiciarnos a nosotros mismos o a nuestro brevísimo paso por este mundo.
Julio 10, 2007
En busca de mi ciudad perdida
Escribí el siguiente texto a solicitud de Centroamérica 21. Se me pedía comparar a San Salvador y San José, qué cosas amo y odio de ambas. De principio la idea me gustó, pero luego me inquietaron dos cosas: primero, comparar dos ciudades tan disímiles entre sí. Comparar, por lo general, puede suponer un ejercicio peligroso de poca objetividad, donde se favorece a una de las partes. Y en esa comparación sentía que ambas ciudades podrían salir perdiendo, de un modo o de otro. Cosa que no me parecía justa.
Pero sobre todo me inquietaba la parte del "odio" posible por alguna o ambas. Hay cosas que me dan rabia o que me molestan en ambos lugares, es cierto, pero están muy lejos de convertirse en odio, sobre todo porque dicho sentimiento es ajeno a mi naturaleza y ciertamente, trato de evitarlo.
Lo importante fue que este texto me permitió poner por escrito algo que le vengo diciendo a mucha gente desde hace ratos: que San José me recuerda al San Salvador de "antes". Y en ese sentido, me siento cómoda (sobre todo a nivel anímico), con un sentido de recuperación y no de pérdida por haber abandonado mi ciudad natal.
A continuación el texto publicado:
Mayo 30, 2007
Un montón de tristes Barbies
Recuerdo que cuando era niña, el concurso de Miss Universo generaba grandes expectativas y era casi inconcebible que alguien no viera el concurso por televisión. El show duraba lo que tenía que durar, las muchachas hablaban el tiempo que querían, no se miraban los puntajes de los jueces y en fin, todo era muy diferente al concurso actual. Más imperfecto, menos uniforme, menos frío. Si alguien se tropezaba, se caía o se iba por el camino equivocado, era tomado con una sonrisa y se seguía adelante.
Durante varios años seguí viendo el concurso ya casi que por costumbre y no en realidad por gusto. Y luego dejé de verlo varios años. Recién el año pasado y éste volví a verlos, sobre todo porque no había otra cosa que ver en la tele. La impresión que tengo ahora es que se trata de un programa deslucido, monótono y que, aunque está cuidadosamente milimetrado cada movimiento, palabra y minuto que dura la transmisión (dos horas exactas), ha perdido toda vida y es nada más un trámite público a cumplir.
No voy a meterme a discutir si este tipo de concursos degradan o “utilizan” a la mujer. Creo que lo que ocurre ahora con el Miss Universo es más triste que eso. Un rápido paneo por las participantes me hizo darme cuenta de algo que ya he pensado en otras ocasiones: la imposición de un “uniforme” de belleza. Si se fijan, casi todas las participantes tienen rasgos, peinados y cuerpos muy similares y no se trata de que usaron la misma ropa o las peinaron y maquillaron de la misma manera. Una obsesión por los cabellos alisados, por cierto color de piel, por cuerpos de tetas grandes mientras al mismo tiempo se pueden contar las costillas... la diferencia y lo que identifica a cada muchacha ha sido operado, domesticado, anulado y guardado para que todas se comporten y sobre todo, se vean más o menos de una manera uniforme. Ese paneo, ese repaso que hace la cámara por las participantes antes de elegir a las que pasan a la segunda ronda, me pareció así como un triste desfile de Barbies. Todas bonitas y demasiado igualitas con cuerpos inyectados, implantados y modificados a antojo.
Mayo 29, 2007
Paolo y El Faro
Estoy segura que no fui la única sorprendida el día de ayer cuando al leer el periódico digital El Faro supimos que Paolo Luers publicaba la última entrega de su Columna Transversal.
En lo personal lamento muchísimo la futura ausencia de las opiniones de Paolo. Su columna se caracterizó siempre por sus críticas agudas y provocativas, por poner el dedo en muchas llagas. De hecho, la carrera periodística de Luers se caracteriza en su totalidad por ello. Su columna era sin duda una de las más leídas del Faro.
Para los que vivimos fuera de El Salvador, El Faro es un medio electrónico importante, fuente de noticias enfocadas desde un punto de vista diferente, proporcionando un contexto que, para los que no estamos en el territorio nacional, ofrecen un complemento de apreciaciones que nos permite comprender algo mejor lo que ocurre en el país.
Precisamente ese carácter diferente, de querer abarcar la noticia de manera completa, sin favorecer intereses económicos o políticos, es lo que ha hecho que El Faro haya ganado prestigio como medio alternativo y serio de información.
Desde El Faro se promovieron también algunas instancias de diálogo como los encuentros entre diversos actores de la vida política, social y económica del país que implicaron un intercambio de ideas y un debate tan saludable y sobre todo necesario en El Salvador, un país donde sus habitantes están más dispuestos a arreglar las cosas con insultos, desprestigio público o balazos que con la discusión respetuosa.
Abril 19, 2007
El héroe y el asesino
Es difícil no conmoverse o permanecer indiferente ante la masacre ocurrida en Virginia Tech. En lo personal, muchas reflexiones me han dado vuelta en la cabeza, reflexiones que aumentan a medida que se van conociendo más y nuevas informaciones sobre lo ocurrido.
Para comenzar, una de las historias que más me impresionó fue la del profesor judío de origen rumano Liviu Librescu, quien utilizó su propio cuerpo como escudo humano para bloquear la puerta de su aula, mientras alentaba a sus alumnos a escapar por la ventana. Todos sus alumnos se salvaron gracias a esa acción. Irónicamente, Librescu murió en el día de recordación del holocausto. Su generoso gesto me parece que puede tener mucha relación con su sobrevivir en los campos de concentración, donde seguramente todos los que mal vivían allí contaban más con la muerte que con la vida. Puede ser que desde entonces, en Librescu haya permanecido la certeza de nuestra temporalidad, y sobre todo, el desapego a la vida, en particular en momentos donde la vida de otros está amenazada.
La muerte de Librescu me parece una muerte honrosa, conmovedora, un ejemplo social de generosidad del que ojalá podamos aprender todos.

