Junio 08, 2010
Escribir y amar
Cada vez que comienzo a escribir un libro, siento como si fuera la primera vez. Y de hecho lo es. Cada libro es nuevo, único, diferente. Cada libro es el primer libro. Cada libro encierra la emoción, las dudas, el aprendizaje de la primera vez. La incertidumbre del resultado, de la duración, de los problemas que vendrán.
Y de pronto pienso que así debería ser con el ser que se ama también. Que cada encuentro, cada mirada, cada frase dicha debería decirse con la nerviosa emoción de las primeras veces, cuando uno no sabe si el otro le corresponde, cuando uno quiere pero también teme, cuando se ansía el encuentro o el estar a solas con la persona, cuando uno imagina conversaciones, besos y otras cosas...
Guardar siempre esa pureza, ese asombro (ante la pareja y ante la literatura).
Escribir y amar son pasiones emparentadas, semejantes.
Abril 09, 2010
¿Un taller de narrativa conmigo?
¿Quién tiene ganas de participar en un taller de narrativa con Jacinta Escudos?
Si está en San Salvador y tiene ganas y tiempo durante los próximos 8 sábados por la tarde (de 2 a 5), a partir del 17 de abril me estaré reuniendo con ustedes en la Sala Nacional de Exposiciones para tocar diferentes aspectos de la narrativa.
¿Cuál es el género literario que se adecúa a lo que yo quiero escribir? ¿Cuál es la diferencia entre panfleto y literatura? ¿Cómo hacer buenas descripciones, qué tipo de lenguaje y recursos utilizar en mi narración? ¿Qué es lo que hay que corregir cuando se trabaja un texto?
Éstos y algunos otros temas estaremos tratando en el taller, amenizado con lectura de textos de Juan Rulfo, Raymond Carver, Salarrué, y realizando ejercicios, algunos de los cuales fueron diseñados por John Cheever y Carver para sus propios talleres narrativos.
El taller está organizado por el Foro de Escritores de El Salvador, costará 40 dólares por participante. Reserve su cupo antes del sábado 10 de abril con Mario Noel Rodríguez a la dirección de correo-e: poetasinoficio@yahoo.com.mx.
¡Los espero!
Septiembre 01, 2009
"Te voy a contar un cuento": Taller en Sophos, Guatemala
Si vive en Guatemala, si conoce a alguien por allá o si usted estará en Guate en la segunda quincena de septiembre, quizás se anime y me acompaña a un taller de cuento que estaré impartiendo en la librería Sophos.
Arrancamos el lunes 21 de septiembre y nos reuniremos dos horas diarias durante toda la semana hasta el sábado 26, cuya última sesión será de 3 horas. Estaremos hablando del género del cuento, de comienzos y finales, de la construcción de personajes, ambientación, diálogos, descripciones, los lugares comunes y lo que hay que observar a la hora de hacer correcciones. También haremos algunos ejercicios prácticos y leeremos algunos cuentos que comentaremos para ejemplificar la teoría.
Será una semana intensiva, pero espero que nos la pasemos bien y que podamos compartir e intercambiar nuestras impresiones y experiencias sobre este género literario.
El programa completo puede verlo aquí. Inscripciones y cualquier información adicional, favor comunicarse a la librería Sophos.
Febrero 26, 2009
De cuentos y concursos (final)
-Recordemos también esto: el cuento es esencia. Decía Kurt Vonnegut que había que comenzar el cuento lo más cerca posible del final. En otras palabras, definamos y delimitemos exactamente cuál es nuestra historia y concentrémonos en ella.
El problema de varios de los cuentos fue, precisamente, la dispersión. Demasiados detalles, reflexiones, personajes, acciones que no llevaban a ninguna parte y que no contribuían a darle fuerza al cuento sino más bien todo lo contrario, lo debilitaron.
Hubo muchos cuentos que pasaban 2 o 3 páginas dando un preámbulo larguísimo para finalmente “aterrizar” en el asunto y comenzar lo que era realmente el cuento.
La novela es el espacio ideal para contar historias y detalles, antecedentes curiosos, descripciones minuciosas; pero en el cuento, todo debe ir al grano, todo debe estar en función de ese asunto que es la médula del texto. Todo lo que no esté en función de contar dicha historia debe ser cortad y eliminado, sin piedad alguna.
Febrero 25, 2009
De cuentos y concursos (2)
-Un requisito elemental para escribir es la buena ortografía, el conocimiento de las reglas de puntuación y una buena redacción. Con ello ya se tiene la mitad del asunto resuelto. Lo demás son cuestiones de estructura, concepción y planteamiento de una historia.
Comprendo que en muchos casos, la escritura es algo así como “un asunto secreto”. Cuesta (lo sé por experiencia), atreverse a enseñar un texto escrito a otros. Pero tarde o temprano habrá que hacerlo si nos queremos meter a esto de la literatura.
¿Les interesa entrar a un concurso literario? Una regla básica de participación es la presentación del cuento (o poema o novela o lo que sea). Y cuando hablo de presentación no me refiero a la presentación visual del texto: muchos de los cuentos venían con dibujos, marcos, líneas, dibujos hechos a mano o impresos en colores pastel, portadas fotocopiadas con animales o paisajes... puede que resulte agradable visualmente (aunque no siempre, y en algunos casos, los dibujos interferían con la lectura porque estaban encaramados sobre las letras); sin embargo, todo ello no sirve para aumentar la calidad del texto, mucho menos para “influenciar” al jurado en el sentido de que “como vino con un marco de colores o traía un dibujito”, se iba a premiar un cuento. Esos detalles visuales NO tienen nada que ver con el cuento a menos que, como muy raramente ocurre, sean parte del texto en sí (pienso por ejemplo en El principito de Saint Exúpery).
Febrero 24, 2009
De cuentos y concursos (1)
Como había prometido, quiero compartir algunas de las cosas que me llamaron la atención en las participaciones del reciente concurso de “Letras nuevas”. Ojalá estos apuntes contribuyan a que los participantes (u otras personas interesadas en la escritura del cuento) detecten los fallos de sus textos y les ayude a pulir el cuento participante u otro que tengan guardado por ahí.
-Retomo lo dicho en la entrada de la semana pasada: un cuento no se escribe en pocos días (aunque puede ocurrir, pero es más bien un asunto excepcional). Por ello mismo, es válido que a partir de hoy mismo retomen su texto, lo limpien, lo estudien, lo desarmen y lo vuelvan a armar, reescriban, de ser necesario, para sacarle su mejor brillo. No esperen a una convocatoria para comenzar a escribir su cuento. Un escritor no escribe para participar en un concurso:un escritor escribe porque no puede evitarlo, porque tiene una historia qué contar, porque no entiende el mundo y la realidad si no es escribiendo. Un escritor no escribe para un concurso porque ganarlo es algo tan del azar como ganarse la lotería.
Continuar leyendo»Febrero 17, 2009
Sobre el concurso "Letras Nuevas"
En las últimas semanas he estado dedicada a la lectura de 187 cuentos, que fueron los participantes del concurso "Letras Nuevas" de La Prensa Gráfica de El Salvador. Fui miembro del jurado de la sección de cuento junto a Rafael Menjívar Ochoa y al escritor venezolano Carlos Sandoval. Ayer lunes se dieron a conocer los ganadores, tanto en las ramas de cuento como de poesía.
Como siempre ocurre cuando tengo la oportunidad de conocer textos de escritores no publicados, la experiencia se transforma en algo muy enriquecedor a nivel personal. Créanme que aprendo mucho de la lectura de tanto material. En esta ocasión en particular, capitalizaré la lectura para alimentar mis talleres de cuento, porque una cosa es hablar a partir de la teoría o la experiencia personal y de los textos de los participantes en un taller, pero otra es hablar a partir de la lectura de tantos cuentos que vienen de un rango de edades y experiencias muy diferentes.
Precisamente hoy, dentro de pocas horas, salgo para El Salvador a participar en las actividades alrededor de la premiación del concurso. Y ya iremos dando a conocer algunas de las impresiones de los jurados.
Quiero por el momento subrayar algo: a las personas que tan amablemente me han escrito y solicitado entre ayer y hoy un comentario personalizado de su cuento, debo decirles que lo lamento mucho pero no podré complacer dichas peticiones. No porque no quiera. Pero entiéndanme: si lo hago por algunos, tendría que ser justa y hacerla por todo el que lo solicite, o por todos en general. Y analizar 186 cuentos sería una inversión de tiempo muy grande para mí, un tiempo con el cual no cuento, porque uno tiene que dedicarse a otras actividades para sobrevivir económicamente, y sobre todo, a la propia escritura (que para mí es mi prioridad número uno).
Enero 27, 2009
Dramas de novela (literalmente)
Hace más de un año comencé a escribir una novela que digo que es de ciencia ficción, aunque en realidad es más de ficción que de ciencia. Por innumerables motivos y situaciones, la dejé en “animación suspendida” durante un rato y la retomé de nuevo hace unos meses.
Me estaba/está costando horrores escribirla. Motivos pueden haber muchos. Pienso que uno de ellos es el estilo. Es muy minimalista pero me parece el tono adecuado. Frases muy precisas, sin mucho adorno, directo al grano. Me interesa el punto concreto de la historia y quiero la menor cantidad de distracciones posibles. Además, eso de crear mundos y civilizaciones imaginarios se dice fácil, pero crearlo requiere de mucha y meticulosa fabricación para que todo tenga coherencia dentro de lo imaginado.
En todo caso, la historia me llevó a leer sobre una serie de asuntos que, de paso, me hicieron convertirme en aficionada de la astronomía. Mientras más leo sobre el espacio y el universo, más pequeña (y humilde) me siento y más crece mi asombro ante este (auténtico) milagro que llamamos vida.
Esas lecturas me llevaron el fin de semana a enterarme de un pequeño detalle, tan pequeño pero real que... ¡descalabró toda mi historia! Si gente, es así. Un detallito puede hacer desmoronarse toda una historia completa, de principio a fin.
Nunca me había pasado. Se me habían caído capítulos. Se me habían caído finales. Se me habían caído tramos enteros de una historia, pero nunca un trabajo completo.
Noviembre 13, 2008
Conversación vía web con alumnos de Duke University
Por segundo año consecutivo fui invitada por la Dra. Claudia Milián para conversar con alumnos de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, específicamente para la clase “Introduction to Spanish American Literature: Modernismo to the Contemporary Era”. El encuentro se realizó vía webcam.
Aunque originalmente se había pensado que los alumnos leyeran El Diablo sabe mi nombre, el impedimento de comprarlo vía internet (descubrí que el método de la Librería Universitaria de Costa Rica no funciona...), hizo decidir que los alumnos leyeran Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras.
El pequeño grupo tuvo preguntas que convirtieron la sesión en un interesante intercambio de ideas. Hablamos sobre la violencia en los textos y de cómo éstos reflejan (de alguna manera), el ambiente de violencia que desafortunadamente vivimos en Centro América y que no sólo se manifiesta en el área social sino también en el ámbito de lo privado; sobre la búsqueda de la universalidad en los textos por parte de un escritor (una alumna comentó que los textos le recordaron a familias en los USA); sobre la fuente o el origen de los textos (“Bolas de pelos” es sobre una niñera que tuve cuando muy pequeña, y “El congelador de papá” y “Mi-ma-má-me-a-ma”, están basados en hechos reales ocurridos en Francia y España, respectivamente, y tomados de la prensa); sobre la opresión de la sociedad mediante la “domesticación” de sus miembros, y si habría alguna alternativa para trascender esa “educación/domesticación”.
Octubre 24, 2008
Para construir una novela (y 2)
-Bastante del material leído cayó repetidamente en el error de ser discursivo. Autores que quieren convencer al lector de planteamientos morales, religiosos, ambientalistas y políticos. Párrafos largos explicando conceptos que son obviamente la opinión personal del escritor, pero que están puestos o en boca de algún personaje o como parte del discurso narrativo. Hubo alguien que incluso se atrevió a pringar la novela con el así llamado “lenguaje inclusivo”, o sea, hablando de hombres y mujeres, niños y niñas, hermanos(as)...
Obviamente el escritor de novelas tiene un punto de vista y una opinión de las cosas, y la novela puede ser un espacio para compartirlas. Pero hay que evitar el discurso, y sobre todo, el afán de convencer. Ya lo vivimos en los tiempos de la guerra en Centro América. Se confundió panfleto con literatura y se utilizó mucho el discurso político en la narrativa. Pero ya sabemos que el aceite y el agua no se mezclan. Si alguien quiere convencer a un lector de algo, mejor que escriba un ensayo, y argumente y fundamente desde el texto teórico.
Creo que demasiado a menudo se pierde de vista que la novela cuenta una historia, presenta personajes que desarrollan esa historia, ambientes, circunstancias. Y que los hechos muchas veces demuestran más que un discurso explícito.
Allí radica precisamente gran parte del genio de la escritura: ¿cómo plantear a través de una historia, de escenas y de personajes, lo que yo creo y pienso? Hay que hacer un gran ejercicio imaginativo para ello. Un discurso cualquiera puede decirlo, pero contar una historia... eso es otra cosa.
Octubre 23, 2008
Para construir una novela (1)
La experiencia de leer 29 manuscritos inéditos de novela aspirantes a ganar un concurso me supuso una serie de reflexiones bien extensas sobre el oficio de la escritura y de la construcción de la novela en sí.
Ser jurado me pareció un ejercicio algo contradictorio, pues siento que sigo siendo una aprendiz y que cada cosa nueva que escribo es como partir de cero, sin saber nada. Estoy muy pero muy lejos de considerarme una experta o alguien que ya tiene develadas todas las claves de la escritura. Por esa sensación de aprendiz es que traté de ser lo más justa y objetiva posible en mi lectura. Por decir algo, estuve dispuesta a dejar pasar un poco la mala ortografía y algunos lapsus de mala redacción si la historia y su conjunto en general lo ameritaban.
De la lectura de los manuscritos, me llamaron la atención una serie de errores que parecían repetirse (y de los cuales tomo nota para futuros proyectos propios). Supongo que a veces es más fácil ver los errores en los escritos ajenos que en los propios.
Con el ánimo de compartir algo de esa experiencia, sobre todo con gente que en este momento se está dando de trompicones con la escritura de alguna novela, o que piensa pronto zambullirse en dicha aventura, anoto lo que me han parecido ser errores a ser evitados en la construcción de una novela.
Julio 23, 2008
¿Adiós a la ciencia-ficción?
El fin de semana pasado, Babelia dedicó varios artículos a examinar lo que prácticamente consideran la muerte de la ciencia-ficción como género literario.
Con los grandes maestros ya fallecidos o a una edad muy avanzada (ergo: prontos a morirse también), con el género llegando a impactar más desde el cine y otros soportes y, quizás como elemento más determinante, con la noción de que el futuro nos alcanzó y de que ya prácticamente no hay nada que nos pueda sorprender a nivel científico, se asevera que ya no puede escribirse nada nuevo dentro del mencionado género y que por lo tanto, se ha terminado.
"La realidad deja obsoleta pronto cualquier predicción o hace ridículos los escenarios imaginados. Por eso una buena parte del género se dedica desde hace tiempo al futuro cercano, inmediato, más controlable, como hizo Gibson con Neuromante (Minotauro) y como ha hecho el ciberpunk. El futuro lejano interesa menos" (Miquel Barceló, editor de la colección Nova).Continuar leyendo»
Julio 15, 2008
Una demasiado larga página en blanco
Hace tres años y medio (el mismo tiempo que tengo de estar en Costa Rica), que no escribo nada nuevo en ficción. He escrito muchas crónicas, artículos, comentarios y también unas muy pocas cosas que llamo cuentos pero que en el fondo quizás no lo son y que entran más bien en la categoría de “a saber qué es esto”.
Esta demasiado larga página en blanco se la atribuyo a muchas causas. Una de ellas, que la escritura de mi última novela, que inicié en el 2004 y que terminé en el 2006, aunque estuve revisándola todavía el año pasado y algún par de lecturas que le volví a dar este año, me dejó totalmente drenada. Fue como si al escribirla tuviera que sacar de adentro cosas que sabía y que no sabía de la escritura y ver cómo sortear un montón de problemas que me plantearon la historia, los personajes y el género con el que trabajé. El resultado superó mis expectativas. Trabajar en esa novela fue para mí una gran escuela de escritura.
Pero cuando algo así ocurre, arroja una sombra muy pesada sobre el próximo trabajo, una expectativa de escritura que uno espera superar o por lo menos, ojalá, mantener.
Ideas no han faltado. Se me han ocurrido historias para las cuales he ido tomando algunas notas. Pocas, porque si planifico demasiado lo que voy a escribir, ya no lo escribo. Un par de esas historias creo que funcionarían muy bien como novelas cortas, un género que tengo pendiente explorar más.
Comencé un proyecto de ciencia ficción en noviembre del año pasado, del que hablé por aquí, pero lo interrumpí cuando se me juntaron varios problemas graves de carácter migratorio, laboral y económico. Había que solucionar todo casi que al mismo tiempo y fueron meses de bastante trabajo y tensión. No tenía en esos días cabeza para pensar en otros planetas, literalmente.
Mayo 23, 2008
Mi nueva publicación: El Diablo sabe mi nombre
Cuando termino de escribir un libro, es bastante raro que lo vuelva a leer. Pero de pronto uno tiene que releer esos libros, a veces años después, y la sensación no deja de ser extraña. Hay la suficiente distancia como para que en esa relectura, todavía se puedan detectar detalles que no funcionan. Uno se reconoce a sí mismo en lo escrito, pero al mismo tiempo, se lee como si fuera otro quien lo escribió. No sé si a otros escritores les pasa, pero a veces releo y puedo incluso recordar momentos de la escritura (lugar, hora, etc.).
Me ha tocado releer mi libro de cuentos El Diablo sabe mi nombre, releerlo en forma de pruebas porque está a punto de salir publicado aquí en Costa Rica. He andado en reuniones con el editor, decidiendo portada, analizando otros detalles, pero ya estamos en la recta final y espero que para junio el libro ya esté circulando.
Es el primer libro que publico en 5 años, desde A-B-Sudario. Ha habido bastantes motivos para no publicar en tanto tiempo. Asuntos personales que han tenido mi vida bastante agitada, como la brillante idea de mudarme de país, la escritura de una novela que consumió toda mi atención y mi esfuerzo y el asentarme en Costa Rica que ha sido una tarea bastante más complicada de lo que imaginé (y que todavía no termina).
También, debo decirlo, llegué a considerar no publicar más nada nunca. Es bastante decepcionante lo que está pasando con el mundo del espectáculo en que se ha transformado el libro. Ojo, que no digo literatura. Pero por supuesto, no puede generalizarse, y siempre habrá y hay alguna editorial con una propuesta que resulta interesante para un escritor y con un editor que cree que entre escritor y editor que trabajen juntos debe haber, sobre todo, una relación de confianza.
Mayo 07, 2008
¿Agoniza la novela?
La otra afirmación que me quedó dando vueltas en la cabeza (y a la que los medios le han hecho bastante ruido) fue una que se repite con cierta frecuencia, y en lo personal me parece hasta banal. La novela está en trance de muerte y esta vez lo anuncia Tom Wolfe en la Feria del Libro de Buenos Aires.
“La novela está muriendo rápidamente" dice Wolfe, y considera que para el desarrollo de este género es necesario que los autores "embarren sus manos en la vida cotidiana".
Estamos en un período en el cual la novela rápidamente está muriendo, se está suicidando. Los jóvenes escritores de Estados Unidos han tratado de copiar a Jorge Luis Borges, pero no son Borges (...) En los Estados Unidos los jóvenes escritores por lo general son graduados de los llamados programas de escritura creativa, y estos programas son como aguas estancadas donde se crían los mosquitos, y estos mosquitos vienen de Francia y tienen nombres como realismo mágico, fabulismo, minimalismo, deconstructivismo... Están de moda dentro de la academia y círculos universitarios, pero el público en términos generales no está interesado de la manera en que estuvieron interesados en Hemingway o Steinbeck.
La “opción” que le mira Wolfe a la escritura es la narrativa de no ficción, que “los poetas salgan de sus departamentos y averigüen las diferentes cosas que hay en el mundo” (aunque no sé por qué habla de "poetas" si se está refiriendo a la novela). Pero para el dandy del eterno traje crema, la crónica, el reportaje, el testimonio y las memorias parecen ser el género narrativo por excelencia de estos tiempos modernos.
Continuar leyendo»Mayo 06, 2008
¿Agoniza la ciencia ficción?
Durante el fin de semana leí un par de afirmaciones que me quedaron dando vueltas por la cabeza. Dos cosas están a punto de morir: el género de la ciencia-ficción y también la novela en general.
La primera de las afirmaciones la encontré en el blog del escritor mexicano Alberto Chimal, presentada como una especie de introducción previo a recomendar 20 libros que todo principiante en el género debería leer, tanto en novela como en cuento. Chimal no dice realmente que la ciencia-ficción como género haya muerto, pero sí que se ha agotado, que ya no podrá presentar nada nuevo y que no tiene posibilidades de renovación.
Mucho de esto se debe a que, en su época de surgimiento y gloria, los textos de ciencia ficción parecían, sobre todo, tener una gran expectativa hacia el futuro, hacia imaginar cómo sería todo lo desconocido: desde la utilización de las máquinas (incluyamos aquí a robots y computadoras) hasta el viaje espacial (sea el de los humanos a otros mundos o la visita en éste de seres de otros planetas).
... la noción mismo del “futuro” como un espacio para la imaginación perdió el lustre que había tenido desde el XIX. No hace falta sino mirar a nuestro alrededor: más en algunos lugares y culturas, menos en otros, pero en ningún sitio se ve ya el optimismo y la expectación por el futuro que imperaban todavía hace cuarenta años en mucho de la ficción popular.Continuar leyendo»
Abril 24, 2008
De traducciones, correcciones y los prodigios de la memoria
El amigo poeta Guillermo Parra tradujo al inglés mi reciente post “Drive Inn El Flamingo” y lo colgó en su blog Venepoetics. Guillermo, quien ha visitado San Salvador, se sintió identificado con el texto porque le removió una serie de recuerdos personales de Caracas. Me decía Guillermo que admiraba la cantidad de detalles que tenía el texto. Y le confesé en mi respuesta que a mí también.
Nunca he tenido una memoria muy clara de mi infancia, recuerdo las cosas en bloque, a grosso modo. Pero cuando me he sentado a escribirlas, algo extraño ocurre. Quizás la concentración en la imagen visual que guardo en mi memoria me permite recordar detalles que creí perdidos u olvidados por completo. El caso es que la escritura obra como una llave mágica para permitirme recorrer la imagen del recuerdo y ver todo como si lo estuviera viviendo de nuevo.
Al leer el post en inglés me dio una sensación extraña. La misma que me da las veces que he leído cosas mías traducidas a idiomas que puedo leer, aunque es una sensación que me da más con el inglés y también la sentí con algún cuento mío traducido al italiano. La sensación es que estoy leyendo algo escrito por una persona que no soy yo.
Hay un alejamiento abismal del texto, de la circunstancia de la escritura. Una distancia objetiva que me encantaría tener cuando reviso mis escritos. Las más de las veces siento que el texto me gusta mil veces más en inglés o en otro idioma, pero no en español.
Supongo que esta sensación viene de la cantidad de tiempo que uno se la pasa revisando un mismo texto. El ojo, pero también la mente, llegan a saturarse de leer una y otra vez las mismas palabras, a veces obsesivamente, buscando una perfección imposible. Eso nubla la posibilidad de detectar los detalles que no funcionan. Pero en algún momento, por lo menos a mí me pasa, llego al empacho y hay un punto en que ya no puedo volver a leer mi propio escrito.
Enero 17, 2008
Escribiendo
A fines de noviembre del año pasado (más exactamente, el 26), empecé a escribir lo que supongo será una nueva novela. Digo “supongo” porque las historias de pronto le dan a uno cada sorpresa. Ya me ha pasado sentarme a escribir un cuento y terminar armando una novela de 400 páginas. O que un capítulo de una novela toma vida propia y se convierte en su propia novela. O pensar que voy a escribir una novela y terminar con un cuento de 12 páginas o menos.
La historia me venía rondando cosa de un mes antes de escribirla, y se me ocurrió, como suele pasar, por “estirar” un pensamiento y llevarlo al extremo de una situación. Comencé a adornar esa idea, imaginar diálogos, redactar mentalmente y a no pensar en otra cosa. Esa historia se convirtió en una especie de “refugio mental” en medio del tedio y los problemas cotidianos, donde me refugio con gusto a toda hora posible.
No puedo decir de qué se trata (comparto la superstición de que hablar de lo que uno está escribiendo, lo sala), pero puedo compartir un par de cosas. La historia ocurre, sin alternativa posible, en otro planeta. Si esto no fuera así, no habría historia, simplemente. O quizás la habría, pero me parece que la variable sería menos interesante. Este detalle me ha lanzado, sin proponérmelo, al ámbito de la ciencia ficción. El asunto no me desagrada. No comparto esos absurdos prejuicios de varios intelectualoides que desprecian la ciencia ficción o la literatura fantástica porque los consideran “géneros menores”. Creo firmemente que en literatura no hay géneros menores, solamente obras mal o bien escritas... la calidad es lo que importa.
Diciembre 06, 2007
"El cuento no vende"
Es curioso como a veces un tema nos acosa por vías diferentes. En los últimos días hay una frase que he estado escuchando de manera recurrente: “el cuento no vende”.
No es la primera vez que la escucho. Tengo dos libros de cuentos inéditos y publicarlos ha sido bastante difícil, tanto que ya ni los ofrezco ni pienso en hacerlo. Uno de ellos, llamado Crónicas para sentimentales, me hubiera gustado publicarlo inmediatamente después de Cuentos sucios pues siempre me parecieron libros hermanos, dos caras de una misma moneda. Si en Cuentos sucios exploraba los amores torcidos, en Crónicas para sentimentales exploraba el romanticismo, los amores platónicos y la fraseología de la cursilería.
Los cuentos de ambos fueron escritos en la misma época, pero por su diferencia tan radical de enfoques, decidí repartirlos entre dos libros donde los títulos de cada uno orientaban hacia su contenido y el ambiente general trabajado.
Aunque Crónicas para sentimentales ganó un concurso en El Salvador (que no incluía publicación), lograr editarlo ha sido imposible. Solamente una editorial de España me dio una explicación de contenido sobre el por qué no le interesaba publicarlo, cosa que les agradezco y que me demuestra su seriedad como editorial en medio de un mundo de publicación cada día más orientado hacia el comercio que hacia la literatura en sí.
El pretexto que más he escuchado para no publicar ese libro o el otro que también está inédito es que “el cuento no vende”, que a la gente no le interesa leer cuento y que las editoriales no pueden publicar cuento a menos que sean de un “autor consagrado” que es el único que garantiza que se va a vender, y eso más o menos.
Noviembre 23, 2007
¿"Reglas" para la supervivencia de la novela?
La primera vez que leí el artículo de Vicente Verdú titulado “Reglas para la supervivencia de la novela” (publicado en Babelia el fin de semana pasado), pensé que se trataba de una broma. Así es que lo volví a leer una segunda vez, tratando de encontrar la palabra clave que me revelara que todo se trataba de una ironía, pero no la encontré. Y tuve que volver a leerlo una tercera vez porque había muchas cosas con las que de plano no estoy de acuerdo (como suele sucederme con los artículos de Verdú, el mismo señor que dice que los animales no ríen).
El artículo arranca hablando sobre los últimos premios Herralde, que han caído todos en Latinoamérica. Según Verdú:
La novela que todavía se premia responde al molde tradicional y este producto no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema. Sucede de la misma manera que con las películas de autor, que, si antes procedían de Italia, Francia o Alemania, ahora brotan en Irán, Irak, China, India, Argentina o Senegal, puesto que el cine de autor como la novela de argumento son productos que caducaron en territorios de la Metrópoli mucho antes de iniciarse el siglo XXI.Más adelante continúa diciendo:
... en la narración es torpe seguir como si no existiera publicidad, correo electrónico, chats, cine, YouTube, MySpace o la blogosfera. Quienes en los países donde se han desarrollado las nuevas formas de comunicación continúan redactando novelas a la antigua usanza atienden sólo a los lectores vetustos, incomunicados o burdos.Continuar leyendo»
Noviembre 15, 2007
Platicando sobre "Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras" (y 2)
Aquí las preguntas que quedaron pendientes de responder del encuentro con los estudiantes de Duke (las preguntas y comentarios están en negritas, las respuestas en letra normal).
En sus obras, usted utiliza una variedad de estilos. ¿Cómo decide cual estilo usar para cada obra?
Esto es algo complejo y muy difícil de explicar, porque no es un proceso racional. En mi caso, es prácticamente un asunto de instinto. Por ejemplo, tengo una idea que poco a poco voy madurando estrictamente en mi pensamiento (tomo muy pocas notas antes de escribir un texto). Por lo general el tono y el estilo de cómo será escrita la narración quedan marcados desde la primera frase, pero no siempre es tan fácil. Ha habido ocasiones en que he reescrito un cuento completo hasta 4 veces, porque la manera en que lo había escrito no funcionaba de acuerdo al tono que quería para la historia. En casos así siempre me pregunto si realmente me es importante escribir ese texto en particular y si debo dejarlo, si es quizás que la historia en sí no funciona. Y si mi respuesta es “sí” sigo intentando hasta dar con el estilo que permita aflorar mejor a la historia.
Esto me ha llevado a hacer mucha experimentación al tratar de alterar el orden tradicional de cómo contar algo (jugar con el tiempo, con las palabras, incluso con el corte tradicional de las frases o su presentación visual al omitir mayúsculas o puntuación, al utilizar palabras en mayúscula, aumentar o reducir el tamaño de las mismas). Cada variante crea efectos diferentes en la lectura y por lo general me decido por el que le da un buen soporte a la historia y los personajes, donde ellos se luzcan mejor, de acuerdo a su carácter.
Cuando leí “Algunas veces he muerto”, noté la falta de puntuación y de letras mayúsculas. Pensaba que el propósito de esto era de mostrar que, como las oraciones en la obra, la vida no tiene un comienzo ni final claro. Como Ud. muestra, una persona puede vivir y morir muchas veces. También, cuando Ud. usa letras mayúsculas, es para subrayar una palabra muy importante como GRITAR en la página 16 y NO ME IMPORTA en la página 23. . .
Creo que la respuesta anterior aclara algo de esto. Pero es cierto, a veces quiero recalcar ciertos tonos (ira, grito, angustia) y las mayúsculas sirven bien para eso o también reducir mucho el tamaño de una letra (lo hice una vez en un cuento para indicar que el narrador se había quedado dormido viendo televisión).
Noviembre 14, 2007
Platicando sobre "Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras" (1)
Hace algunas semanas, fui invitada por la Dra. Claudia Milián de Duke University en Carolina del Norte, para participar en su clase “Introduction to Spanish American Literature: Modernismo to the Contemporary Era”. Uno de los libros que los alumnos están leyendo en dicha clase es Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras (de mi autoría), una colección de cuentos y crónicas publicada por la extinta Editorial X de Guatemala en el 2002.
Como viajar por el momento se me hace difícil (debido a algunas circunstancias que no vienen al caso), organizamos el encuentro vía conferencia electrónica. El encuentro tuvo lugar el pasado jueves 8 de noviembre, yo acá sentada frente a mi compu en San José de Costa Rica y ellos allá en Durham, Carolina del Norte en su aula de Spanish 116. Para algo bueno sirven estos asuntos de la técnica...
La idea era que yo hablara de cómo se había concebido u originado este libro, luego leer uno de los cuentos y contestar algunas preguntas y comentarios de los alumnos. Para un escritor, y para mí en lo particular, este tipo de encuentros siempre resultan fructíferos e interesantes, ya que por lo general las participaciones (que reflejan las lecturas de los otros), me hacen notar detalles que ni yo misma había notado en mi escritura.
Noviembre 13, 2007
La carta: una especie en peligro de extinción
Hace algunos días recibí un correo electrónico de una muy querida amiga de la que tenía mucho tiempo de no saber nada. Tenemos muchos años de conocernos, siempre hemos sido íntimas y cuando nos reencontramos retomamos la plática y la amistad como si nos hubiéramos separado ayer mismo. Es de esos afectos y confianzas que no se ven alterados ni por la distancia ni por los silencios.
En algún momento de nuestras vidas nos vimos separadas geográficamente. Y en aquellas épocas (segunda mitad de los 80), eso significó que la comunicación debía mantenerse por carta. Cartas de las de antes, cuando uno escribía algo en un papel, lo metía en un sobre, iba a una oficina de correos, compraba estampillas, mandaba el sobre y esperaba.
Parte de la espera significaba calcular el tiempo que tardaría en llegar la carta. Luego, pensar que ojalá la persona contestara rápido y que así mismo, escribiera una carta y la mandara de vuelta. Todo ese proceso podía bien tomar un mes. A veces menos, dependiendo de lo rápido que el destinatario contestara.
Me era supremamente emocionante llegar al apartado postal y encontrar un sobre a mi nombre. Por lo voluminoso del sobre sabía si la carta venía larga o corta, o quizás traía fotos o recortes de algún periódico. Ahora que lo recuerdo, la cartas que mi padre me mandaba a Alemania siempre venían rebalsantes de los más variopintos recortes de los periódicos salvadoreños, desde notas sobre la situación hasta anuncios comerciales (parte de ello alimentó mi primera novela).
Octubre 23, 2007
¿Quién fue primero: la historia o el tema?
En materia de novelas, ¿qué hace qué: la historia hace el tema o el tema hace la historia?, me preguntó un lector hace poco.
La pregunta recuerda a aquello del huevo y de la gallina y la respuesta, en principio, parece muy obvia. Yo diría, en una respuesta inmediata, que la historia es lo más importante y de lo cual deviene todo lo demás.
Me resulta difícil pensar que cuando un escritor se plantea escribir una novela diga “voy a escribir una novela sobre la muerte” (por mencionar uno de los grandes y más frecuentes temas literarios).
Sin embargo, habiendo dicho esto, la verdad es que los procesos creativos son diferentes de autor en autor. Y es muy probable que sí, que algún escritor piense que quiere escribir una novela sobre la muerte porque ese tema en particular es una de sus preocupaciones u obsesiones personales.
El tema me parece un aspecto bastante abstracto y amplio, por lo que montar una novela alrededor de “nada más” un tema me parecería extraño como punto de partida. Muchas veces nos obsesionamos con una imagen, con un personaje, con una frase, y de ahí deviene todo lo demás.
Pero si en efecto estamos empeñados con una tema, es muy posible que nuestras reflexiones alrededor de ello nos lleven a pensar ya no en forma teórica sino en forma argumental, y a medida que nos adentremos en la preocupación que nos mueve a nivel personal, seguro se nos ocurrirá una manera de plantear nuestras inquietudes a través de una historia. Quizás soñemos algo o leamos una noticia extraña en el periódico que nos sugiera una historia o quizás un detalle cotidiano nos sirve como detonante para todo un libro.
Agosto 22, 2007
¿Lo que "deberíamos" escribir?
El día que le hice la entrevista a Ana Cristina Rossi, estábamos en un pequeño comedor vegetariano de San Pedro, muy cerca de la Universidad. Las mesas ahí están algo cerca, por lo que, si ponés la suficiente atención, podés escuchar lo que habla el vecino. En algún momento de la entrevista, un tipo que estaba sentado en la mesa de al lado y que había terminado de comer, se levantó y se acercó a nosotras.
–Ustedes son escritoras, ¿verdad?
Ana Cristina y yo murmuramos un sí, algo perplejas.
–Pues deberían de escribir sobre la situación de peligro en la que está Rigoberta Menchú en su campaña electoral. Acaban de asesinar a uno de sus allegados y ella está en peligro de muerte.
Insistió mucho en el asunto. Nosotras murmuramos algunas palabras de ajá y ujumm. Luego el tipo se fue. Algo comentamos sobre todas las cosas que están pendientes de escribirse en Centro América y continuamos con nuestra entrevista.
El asunto me dejó pensando mucho. No es que no sea importante escribir sobre los problemas de Rigoberta Menchú y las acciones violentas que se han dado en la campaña electoral guatemalteca. Pero muchas veces parece que algunas personas confunden la literatura con la denuncia social o con la crónica periodística.
Siempre hay quienes insisten en decir qué es lo que “deberíamos” escribir los escritores. La mayoría de las veces ese “deberíamos” tiene que ver más con cosas relacionadas al periodismo, a la denuncia, al análisis político o sociológico, a la antropología o la historia que a la misma literatura.
Agosto 03, 2007
¿Soy escritor? (y 4)
A comienzos de los 80 leí una novela del español Miguel Delibes llamada La hoja roja. Recuerdo poco del argumento pero hubo un detalle de la historia que se me quedó grabado. Uno de los personajes secundarios muere y cuando van al lugar donde vivía, resulta que encuentran cientos de páginas y manuscritos, no recuerdo si novelas o cuentos. Pero sí recuerdo la profunda sorpresa de quienes encontraron los papeles porque nadie sabía ni se imaginaba que el fallecido era un escritor, pues nunca publicó nada y jamás habló de ello con nadie.
Sinceramente no recuerdo cuándo me asumí escritora. Ya mencioné que en algún momento de mi infancia, decidí que iba a ser escritora “cuando fuera grande” (tendría unos 8 años), y lo hice con la misma convicción como cuando decidí, antes de eso, que iba a ser Egiptóloga y que iba a vivir en Egipto para descubrir más pirámides y sarcófagos mucho mejores que el de Tutankamon. (Conste que mi pasión por Egipto y mis ganas de ir allá continúan tan fervientes como en la infancia y muchas veces fantaseo con lo que habría sido de mi vida si hubiera estudiado Arqueología y me hubiera especializado en Egiptología y me hubiera ido a vivir a Egipto…)
No puedo recordar alguna época de mi vida que no estuviera ligada a la escritura. Comencé escribiendo diarios, cuentos, poemas y hasta hacía adaptaciones de algunos cuentos de Chejov a teatro, para representarlas en el colegio. Como a los 14 o 15 años escribí mi primera novela, que por supuesto fue un perfecto desastre, pero fue una “apuesta” que hicimos con una amiga del colegio. Escribiríamos una novela en nuestras vacaciones de fin de año, sobre cualquier tema, y tenía que tener por lo menos 100 páginas. Ese año me quedé a solas con mi padre en San Salvador porque mi madre y mi hermano se habían ido para Alemania los 3 meses de vacaciones. Y como en esa época no teníamos empleada doméstica, a mí me tocaba hacer todo: barrer, trapear, sacudir, cocinar, lavar la ropa, planchar y alimentar y atender a la incontable cantidad de animales que teníamos: gallinas, gallos, patos, pavos, pericos, gatos y perros (creo que se me olvidó alguna tortuga).
Agosto 02, 2007
Más recomendaciones para escritores (3)
Llevo un cuaderno de apuntes varios. Ideas para historias, nombres de personajes, frases que se me ocurren y que pueden convertirse en eventuales títulos. También apunto nombres de libros que puede ser me interesen leer. O los sueños extraños que tengo y que a veces parecen películas por la coherencia con que están planteados.
No hay que confiarse de la memoria. Además, cuando se nos ocurre algo así, de golpe, puede ser una especie de epifanía, la primera frase de algo que ni sabemos andamos guardado en el subconsciente. Hay que anotarlo con la mayor cantidad de detalles posibles y, si el momento es propicio, soltar la mano y escribir sobre esa idea hasta que la mente se nos quede en blanco.
Creo que en las primeras fases de escritura no debemos obsesionarnos con algunas cosas como el estilo, el lenguaje, la estructura, nuestra temática personal… eso vendrá eventualmente y también por etapas. Ahora, viendo hacia todo lo que he escrito, me queda la certeza de que todas y cada una de las cosas que he escrito fueron búsquedas de algo, ejercicios planteados para aprender sobre un asunto particular de escritura.
Hay que experimentar con las estructuras precisamente para comprender la importancia o la validez de contar una historia de manera lineal o no y para descubrir cuál de esos montajes es el más efectivo para contar nuestra historia; hay que desarmar el hilo temporal para captar la importancia que tienen las referencias al pasado en un texto; hay que jugar con las palabras, meterlas en un sombrero y sacarlas en desorden como hacían los surrealistas, para captar la efectividad del lenguaje.
Las reglas se aprenden para romperlas, y al romperlas comprendemos por qué existen.
Agosto 01, 2007
Recomendaciones para escritores: asuntos prácticos (2)
Una de las cosas que yo buscaba con ahínco cuando comencé a tomarme más en serio el asunto de escribir eran consejos de carácter práctico por parte de escritores establecidos. Leí diversos decálogos y reglas sobre cómo escribir un cuento o una novela y esos decálogos y reglas muchas veces se contradecían entre sí.
Finalmente asumí que no existen fórmulas ni recetas para escribir y se van descubriendo detalles del oficio en la marcha y se hace de manera muy personal y que, al igual que la moda, cada quien toma y aplica lo que mejor le acomoda.
Por lo demás, y en lo personal, no me interesa descubrir fórmulas para la escritura porque precisamente uno de los detalles que mantiene viva mi pasión por este oficio es su misterio, su capacidad de asombrarme, de enseñarme algo nuevo en casi cada línea que escribo, esa manera en que en que cada trabajo nuevo siento no saber absolutamente nada, como si estoy dando golpes de ciego en un cuarto oscuro y en que, al final, siempre resulta algo. Eso convierte la escritura en algo sumamente emocionante para mí.
También aprendí que uno pasa por diferentes fases (y seguramente varían de autor en autor). O que hay algunas cosas de carácter práctico que pueden o no servirle a todos y que uno debe saber discriminar cuáles nos sirven para trabajar mejor y cuáles no.
Julio 31, 2007
Recomendaciones para escritores (1)
Hace algunos días, un lector de este espacio me escribió. Se auto-denomina un “joven escritor”. Tiene publicado un libro de cuentos y está a punto de publicar su primera novela. En el correo me pregunta si tengo “consejos que darle” y formula una curiosa inquietud: dice que le cuesta llamarse a sí mismo “escritor”, dificultad que proviene en parte porque estudió algo que no tiene remotamente nada que ver con la literatura. Le propuse que, en vez de contestarle de forma privada, le contestaría acá ya que estaba segura que, a partir de sus inquietudes, mi respuesta no iba a ser corta. Y también para poder compartir dichas reflexiones con otros a los que quizás pueda interesarle el tema.
Por lo demás, no es la primera vez que alguien me pide “consejos” para escribir. Apenas podría compartir algo de mi experiencia personal, tratando de recordar algunas etapas significativas que he desarrollado en mis años de escritura, con la esperanza de que ojalá alguien se sienta identificado con dicho proceso y que puedan servirle para pulir algunos aspectos de su oficio como escritor.
Parto de una premisa fundamental: creo que no se puede aprender a escribir ni tampoco se puede enseñar a escribir. Esto lo digo a pesar (o quizás precisamente) por los talleres de escritura que he dado en más de alguna ocasión. Estoy convencida de que se trae un talento natural y que lo que otros pueden medianamente hacer es compartirnos algunos tips desde sus propios procesos personales o enumerar algunos conceptos de carácter estrictamente técnico, cosas que van desde redacción y ortografía hasta la capacidad de poder expresarse con coherencia.
Continuar leyendo»Junio 06, 2007
¿Debemos cobrar los escritores por nuestro trabajo?
En Marca Acme encontré hace un par de días un artículo escrito por Luis Benitez, escritor argentino, con el título del post de hoy. Es un asunto del que se habla poco y que cuando se discute llega a suscitar burlas, rechazo o incomprensión entre los mismos colegas escritores.
Con la autorización del autor y de Marca Acme, reproduzco el artículo en su totalidad.
Lo único que se le olvidó mencionar a Benitez es otro de esos "regalos" que hacemos los escritores: textos para antologías, por los cuales muy rara vez se le paga al escritor los derechos correspondientes y, en el peor de los casos, no recibe de los editores un ejemplar de cortesía o por lo menos, la ficha técnica del libro para agregarla al curriculum personal. Y podría, por experiencia, citar varios ejemplos más de trabajos que hacemos los escritores de gratis pero... mejor lean el artículo:
¿Debemos cobrar los escritores por nuestro trabajo?
Entre los problemas que afectan a los escritores en América latina, uno de los fundamentales es la falta de reconocimiento del valor económico que tienen nuestras actividades. A diferencia de lo que sucede con nuestros colegas de Europa y los Estados Unidos, para los latinoamericanos el pago de nuestra participación en publicaciones, mesas redondas, conferencias, encuentros culturales y otros eventos es más una excepción que la regla misma. En recuadro (más abajo), un nomenclador sugerido por la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), para regir la actividad en la Unión Europea, da cuenta de la brecha que existe entre la valoración del trabajo de un autor de un lado y del otro del Atlántico.
El tema no es tan inocente ni la respuesta a la pregunta tan obvia. En Latinoamérica, muchas lucrativas editoriales, más revistas y periódicos con centenares de avisadores, siguen pensando que no.
Curiosamente, cuando esas mismas compañías le encargan un artículo a un periodista o una sesión de tomas a un reportero gráfico, a nadie –en general- se le ocurre que vayan a hacerlo gratis. Ninguno de esos profesionales aceptaría hacerlo por el “honor” de que sus palabras o sus fotografías sean publicadas, con el único premio de que sean apreciadas por los lectores de esos medios.
Mayo 07, 2007
La violencia en la escritura: ¿hay un límite?
A raíz de de la masacre de Virginia Tech y de los escritos de Cho Seng-Hui, un tema en particular me ha rondado por la mente (y creo que también la de algunos lectores), y es la representación de la violencia en la escritura y en si habría un límite al tipo de violencia que los escritores pueden o deben describir en sus textos.
Hay que tomar en cuenta que en muchos casos, la intencionalidad de algunos que comienzan a escribir no es realmente literaria, sino más bien de catarsis (esos son los que se quedarán en el camino).
Hay varias fases en el proceso de formación de un escritor. Los primeros textos son, sin duda, mucho más espontáneos y libres. Esas primeras experimentaciones son en realidad una búsqueda, la realización de una inquietud que toma forma de palabras, historias y personajes a través de los cuales, en muchas ocasiones, queremos retratar en alguna medida, la realidad circundante.
Creo (y lo digo por experiencia), que en ese momento el potencial escritor pasa por una etapa que yo llamo “vencer el pudor interno”, superar la auto-censura, algo necesario (el vencimiento del pudor interno) para escribir lo que uno quiere, como lo quiere y no como pensamos que los demás quieren que escribamos o como pensamos que debemos escribir para ganar el favor de una editorial o para no herir susceptibilidades ajenas y escandalizar a nuestros conocidos.
Mayo 03, 2007
Revisar y corregir: el primer lector
Una mirada externa y objetiva sobre nuestro texto puede ser una gran ayuda para verter luz sobre un escrito. Y por ello, nunca está demás contar con la ayuda de un primer lector, porque uno suele saturarse de su mismo texto durante la escritura y las relecturas, y se nos pueden pasar por alto vacíos o fallos evidentes. Pero este primer lector debe ser seleccionado con cuidado. Debe ser alguien en cuyo criterio literario confiemos. Alguien cuya opinión nos merezca respeto y consideración. Alguien que sepa decirnos las cosas (buenas o malas), sin malicia, sin ánimo de herirnos o burlarse de nosotros y ante quien nos sintamos cómodos como para plantearle nuestras propias inquietudes personales sobre un texto.
Podemos o no aceptar las sugerencias de nuestro primer lector. En ese sentido, debemos estar claros de los objetivos de un texto o de cómo queremos que sienta o reaccione un lector ante equis situaciones o personajes. Si alguien nos dijera, por ejemplo, que un personaje le causó aversión por determinados motivos, y eso fue precisamente lo que queríamos, habremos transmitido bien el mensaje.
Hay un tipo de primer lector que resulta inútil para buscar una segunda (o tercera o cuarta opinión) sobre nuestros textos inéditos. Aquel que te dice “está bonito” o “me gustó mucho” o “no me gusta” y no dice más. Ni siquiera te explica por qué tu texto “está bonito” o “no le gustó”. En lo personal, aunque sean buenos amigos, no les confiaría la lectura de un texto inédito porque no me ayudan sus comentarios.
Mayo 02, 2007
Revisar y corregir: el tiempo de reposo
En las últimas 2 semanas, sin haberlo planeado, me la pasé releyendo la última novela que he escrito. Nada más quise leerla para ver qué me provocaba ahora, poco más de año y medio después de terminada. (La comencé en enero del 2004 y la di por “terminada” en agosto del 2005, aunque después de eso todavía la revisé en un par de ocasiones más).
No esperaba que el libro pasara tanto tiempo sin publicarse, pero una serie de sucesos de diversa índole así lo han impuesto. Lo cual no está mal. Si la venganza es un plato que se sirve frío, también lo es la literatura. Mientras más tiempo de reposo tenga un texto, mejor. La distancia emocional del texto nos permite detectar de manera más clara los errores, la mala redacción, las contradicciones o los cabos sueltos en la historia, los párrafos o frases reiterativos o todo aquello que no dice nada y que no contribuye a la calidad general del texto y que más bien estorba para su mejor lectura.
Escribir un borrador inicial a partir del cual trabajar es siempre como armar un esqueleto, las bases y fundamentos de un edificio, la estructura esencial. Pero de poco sirve un texto que no recibe revisión y corrección. Es la etapa menos jubilosa de la escritura, pero acaso la más necesaria. Es la más afanosa, la más angustiante, la que pone a prueba nuestros talentos pero también la que nos enseña el aprendizaje de las herramientas narrativas.
Abril 25, 2007
¿Se escribe novela en El Salvador?, preguntan...
El pasado lunes 23, en la sección de Cultura de La Prensa Gráfica de El Salvador, se publicó una nota titulada “Todo comenzó en Belice”. Desafortunadamente, la nota no viene firmada por nadie (por lo menos no en la versión electrónica), pero quizás su autora sea Elena Salamanca, quien escribió el artículo “El padre de la novela salvadoreña” y otra nota en referencia a Miguel Ángel Espino, uno de nuestros autores más importantes.
En la nota mencionada, que celebra con júbilo la reedición de Hombres contra la muerte de Espino, se dice (los destacados son míos):
Hombres contra la muerte es la gran novela salvadoreña, la de un país donde casi no se escribe o casi no se publica este género —tengo mis dudas sobre estas tesis—, por su manera de narrar y crear personajes, esa manera tan prosopoética de parir una novela que se inventó Espino.
Y más adelante dice:
Miguel Ángel Espino tomó ese largo aliento que se necesita para escribir una novela —como dice Manlio Argueta— y caminó hasta Belice, se enfermó de paludismo, se volvió loco y se hizo árbol con y como los hombres que hizo nacer contra la muerte. Y a veces eso se nos olvida. Se nos olvida que el género no es muy escrito o no es muy leído —sigo con esa duda— en este país. Y se nos olvida que vivimos pidiendo a nuestros escritores la gran novela salvadoreña, que esperamos algún cataclismo para que nuestros novelistas vivos y los que nacerán la escriban, cuando, en realidad, ya está escrita.Continuar leyendo»
Abril 17, 2007
8 reglas para escribir ficción según Kurt Vonnegut
1. Utiliza el tiempo de un completo desconocido de forma que él o ella no sienta que lo está malgastando.
2. Dale al lector al menos un personaje con el que él o ella se pueda identificar.
3. Todos los personajes deben querer algo, aunque sea un vaso de agua.
4. Cada frase debe hacer una de estas dos cosas: revelar un personaje o hacer que la acción avance.
5. Empieza tan cerca del final como te sea posible
6. Sé sádico. No importa cuán dulces e inocentes sean tus protagonistas, haz que les pasen cosas horribles (para que el lector compruebe de qué madera están hechos)
7. Escribe para contentar únicamente a una persona. Si abres la ventana para hacerle el amor al mundo, o lo mismo para hablarle, tu historia cogerá una neumonía.
8. Dale a tus lectores toda la información posible lo más rápido posible. Para mantener el suspense. Los lectores deben tener una idea general de lo que está pasando, cómo y porqué, de modo que puedan acabar la historia ellos mismos; las cucarachas pueden comerse las últimas páginas.
And so it goes.
(Foto: Vonnegut en el verano del 2006 en Cape Cod, repartida a la prensa por su hija Edie Vonnegut. Traducción de Papel en Blanco).
Enero 18, 2007
Se busca tono
Tengo casi un año de estar rumiando una nueva novela. La idea original ha ido creciendo poco a poco a tal punto que ya tengo prácticamente la historia delineada de principio a fin. Hacen falta algunos detalles que son los que continúo rumiando y que espero solucionar pronto.
Todo comenzó con una idea muy concreta, con un disparate que pensé. ¿Qué pasaría si alguien tuviera la habilidad equis? ("habilidad" es una manera de llamarlo, porque es una de carácter siniestro y de poca si acaso alguna utilidad). Alrededor de la tal "habilidad" (a veces pienso que podría ser considerado como un don de carácter mágico o algo más bien cercano a una maldición), he ido armando personajes, historia, época, lugar, situaciones, conflicto y desenlace.
De nuevo me sorprende cómo cada libro, o cada historia, toma vida propia e impone su manera de escribirse o trabajarse. Hasta donde recuerdo, muy rara vez (si acaso solamente con algún cuento), sé lo que ocurrirá al final de una novela. En esta ocasión tengo claras las partes en las que estará dividida. Creo que será un trabajo de entre 125-150 páginas. Aunque si pudiera desarrollarlo en menos, me encantaría. Hace ratos que quiero escribir una novela corta y pienso que la historia se adecuaría a ello.
Jamás, para ningún libro, he hecho planificaciones minuciosas y si acaso, tomo notas, muy breves, más bien palabras clave, frases, preguntas. Para este nuevo proyecto hay apenas escritas 2 páginas en mi moleskine, de las cuales 13 líneas corresponden a los nombres de 13 personajes, 11 de los cuales son circunstanciales. Tengo también un par de títulos de trabajo.
Hasta allí supongo que todo bien. He intentado entonces comenzar a redactar. He anotado algunas frases. Cinco, exactamente. Dicho comienzo está escrito desde hace un año, casi desde el momento mismo en que se me ocurrió la idea inicial. Cada tanto cambio el orden de las frases, pero no paso de ahí. ¿Y ahora? ¿Por qué no sigo?
Diciembre 14, 2006
Cazar la inspiración
¿Qué nos mueve a escribir un texto, una determinada historia o anécdota? ¿Cómo o por qué decidimos escribir sobre algo, por qué ciertos sucesos nos mueven a escribir y otros no?
Siempre he pensado que cada escritor funciona como una unidad independiente y que cada quien tiene propios detonantes para escribir. Cada quien tiene sus obsesiones, sus búsquedas, sus motivaciones.
¿Mis detonantes? No sé. Varían, nunca se presentan de manera uniforme. No creo que el trabajo literario, por lo menos el mío, sea estrictamente un asunto racional. Creo en el misterio de la creación, pero también creo en el trabajo literario. Para mí uno va de la mano del otro y no puedo concebir mi escritura sin ambas etapas.
Ese misterio de la creación podría quizás estar emparentado con lo que otros llaman “inspiración”. No me siento cómoda con esta palabra que ha caído bastante en desgracia, no sé bien por qué. En lo personal, concibo la inspiración no como una musa voladora que aterriza a tocarte con la gracia de su varita mágica y que logra, de milagro, que de tu pluma salga un libro o un texto perfecto, en una sentada. Eso no es posible. Creo que ni los genios pueden hacerlo. Tampoco creo que a la inspiración haya que esperarla holgazaneando y que no se puede escribir nada si la tal esquiva musa decide no volver jamás a tocar tu puerta.
Noviembre 14, 2006
NaNoWriMo
Un proyecto que siempre me ha parecido curioso es uno que se lleva a cabo en los Estados Unidos cada mes de noviembre. National Novel Writing Month (NaNoWriMo), es una actividad en la cual, cada noviembre, un grupo de personas se proponen escribir una novela de 175 páginas (un aproximado de 50 mil palabras) durante ese mes. No se vale terminar un manuscrito ya comenzado, aunque se vale hacer algunas preparaciones previas. La idea es compartir con una comunidad de otros "escritores" apuntados para la aventura, las tribulaciones de escribir algo con una meta de tiempo.
Uno de los objetivos de la actividad es promover la escritura y animar a todos aquellos que viven diciendo "algún día voy a escribir una novela" a que finalmente tengan el empuje y organicen el tiempo para hacerlo.
El proyecto mismo no tiene pretensiones literarias específicas. En su página web explican claramente que de seguro, escribir en un mes 175 páginas implicará escribir mucho ripio. El asunto es nada más eso: escribir.
Septiembre 29, 2006
Esa novela que estás escribiendo hace 3 años...?
Comencé la semana con dibujos animados de antaño y la termino con dibujos animados contemporáneos. Hoy un clip de Family Guy, donde Stewie (el bebé de la casa) le hace burla a Brian (el perro de la casa) sobre una su novela que tiene tres años de escribir... sí, el perro escribe novelas, publica artículos en los periódicos, lee libros, maneja carro, tiene celular y le gustan sus martinis extra-secos.
Septiembre 21, 2006
El diario personal
En días recientes tuve oportunidad de leer algunos fragmentos del diario personal de la escritora Susan Sontag. Los fragmentos fueron publicados tanto en el New York Times como en The Guardian. Mientras leía, pensé en muchas cosas.
Una de mis lecturas favoritas son sin duda los diarios personales. He leído varios, entre ellos los de Virginia Wolf, Anais Nïn, Cesare Pavese, Franz Kafka. La lectura que me puede agradar inmediatamente después de eso son las cartas personales y luego las crónicas. ¿Por qué? Porque son las que hablan del ser humano. No sé con cuánta intención el que escribe un diario tiene conciencia del ejercicio que asume al escribirlo. Cuánto realmente disfraza de sí mismo, cuánto es cierto, cuánto oculta, qué tan sincero es.
La verdad es que escribir un diario supone algunas, vamos a llamarlas "reglas". La más elemental sería, supongo, escribir con sinceridad. Por supuesto, siempre el que escribe un diario obra como auto-censurador y puede decidir omitir información, variarla, disfrazarla (tácticas necesarias en caso de que el diario llegue a caer en manos ajenas). Aunque he ahí la paradoja: escribir es dejar una evidencia, un rastro concreto, una pista que quizás, subconcientemente, el que escribe desea ser descubierto. Dice Sontag en una entrada: One of the main (social) functions of a journal or diary is precisely to be read furtively by other people, the people (like parents + lovers) about whom one has been cruelly honest only in the journal.(Una de las principales funciones sociales de un diario es precisamente el ser leído furtivamente por otras personas, las personas (como familiares + amantes) acerca de las cuales uno ha sido cruelmente honesto solamente en el diario).
Agosto 05, 2006
Escritores centroamericanos en Guatemala
En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guatemala y de la Feria Internacional del Libro en Centroamérica (que se está celebrando estos días en ciudad de Guatemala), hay un encuentro de escritores centroamericanos (al que fui invitada pero al que no pude asistir, por motivos de trabajo y otros).
Me llamaron la atención los temas de las mesas redondas: Narrativa centroamericana contemporánea, La nueva narrativa escrita por mujeres centroamericanas, Poesía centroamericana contemporánea, La literatura centroamericana de post-guerra y El libro en español en Estados Unidos.
¿Por qué me llaman la atención los temas? Porque son exactamente los mismos que se vienen discutiendo o planteando en torno a escritores centroamericanos desde hace más de 10 años. El único novedoso es el del libro en español en los Estados Unidos. Bueno, en realidad si los mira uno bien, no son "temas de discusión", apenas temas generales para arrancar con planteamientos, pero que de alguna manera ya implican aseveraciones y correcciones políticas aceptables.
Me pregunto si no hay otro ángulo desde el cual ver la literatura de nuestra región, si no hay temas más urgentes y realmente pertinentes a nuestras preocupaciones como escritores de Centro América (temas que por lo demás pasamos por alto, como la mala distribución del libro en la región, la dificultad para publicar, la falta de revistas literarias, la imposición de categorías a nuestros libros que implican un prejuicio ante lectores y académicos, etc. etc.)
Junio 15, 2006
Escritura instantánea
"Lástima que todavía no inventan las novelas automáticas o instantáneas, imagínate: abres el frasco con tapadera plástica de rosca (las de metal se oxidan y le cambian el sabor a las cosas), leerías las instrucciones: 'échese una cucharada sopera bien colmada en una taza con agua hirviendo y listo, 269 páginas de acción, aventuras, misterio, horror, romance, intriga, traición, envidia, dolor, pasión y mucho más', la Cayetana inventaría una novela por día y sería, quizás, levemente feliz".(De A-B-Sudario, Jacinta Escudos).
Me llama la atención cómo se imagina la gente que los escritores escriben. Es frecuente que te pidan poemas o cuentos o conferencias o textos de algún tipo sobre un tema equis y te dan como plazo algo que puede variar entre un mes a 15 días. Se supone que uno debe, en ese brevísimo tiempo, escribir algo específicamente para lo que te solicitan, un texto nuevo, inédito, bien escrito, revisarlo, pulirlo, dejarlo descansar, volverlo a revisar y luego soltarlo para publicación. Y la mayoría de las veces, quieren que se haga gratis. O sea, ese texto tiene la exigencia además de escribirse en las horas que uno roba a su tiempo de actividades remuneradas y otras responsabilidades.
Pero no es tan sencillo eso de sacarse un poema o un cuento de las costillas, por lo menos no en mi caso.
Junio 01, 2006
Escritores jóvenes según Gatopardo
El No. 67 de la Revista Gatopardo (que corresponde al mes de Abril), y que además es el número de 6o. aniversario, trae como "especial" una selección de "nuevos escritores latinoamericanos".
El proceso de selección, hecho por Felipe Restrepo de Colombia es, mmmm, vamos a decir algo extraño. Pareciera que Latinoamérica sólo consta de México, Colombia, Argentina y Chile. Ah bueno, y ahora Perú, que se coló Roncagliolo.
Según la nota: "Gatopardo decidió buscar a los representantes más ilustres de esta nueva generación de autores". Se buscaron autores menores de 35 años, que hubieran publicado por lo menos una novela y que hubieran ganado algún premio y/o además, que vendieran bien.
"La lista se redujo bastante y quedaron afuera muchos nombres interesantes", continúa la nota. Y luego de admitir que la selección es arbitraria, como suele ocurrir en cualquier lista de algo, salen los seleccionados finales como "las voces más jóvenes y prometedoras" de América Latina, a los que se les pidió definir brevemente a sus respectivos países.
Los seleccionados finales fueron Pablo Illanes y Alejandro Zambra de Chile, Guadalupe Nettel y Tryno Maldonado de México, Gonzalo Garcés y Florencia Abbate de Argentina, Antonio Ungar, Antonio García, Ricardo Silva y Juan Gabriel Vázques de Colombia, y Santiago Roncagliolo de Perú.
Confieso que no he leído a ninguno y apenas he escuchado mencionar a un par de ellos.
Lástima que los centroamericanos siempre somos invisibles a la hora de semejantes selecciones.
Mayo 04, 2006
En silencio
A veces tengo ataques de silencio.
Es como si las palabras hubiesen huído. No hay nadie en la casa de mi cráneo.
Me meto a fuerza a ver si hay alguien por ahí.
Encuentro esta nota sobre una mesa hecha de neuronas secas:
"Nos fuimos a tomar unas comas y a visitar acentos. Cuando encontremos el punto, regresamos. Bye. Firman: Las Palabras".
Entonces entro en pánico.
Cierro la puerta de mi cráneo y me pregunto si algún día podré volver a escribir.
Abril 30, 2006
La página en blanco
Cierto tipo de público piensa que el escritor siempre debe estar escribiendo. No sé por qué. Del músico no exigen que esté presente todos los días con el instrumento en la mano. Al pintor no le piden que maneje su pincel, el marcador o el instrumento electrónico para pintar. Al escultor no le exigen que todos los días golpee con su hierro, martillo, compresor o martillo electrónico. Los escritores parece que hubieran contraído otra obligación. Y no es así. No fue siempre así. Hay escritores de innumerables textos, como Balzac, y han gravitado sobre la historia. Hay escritores con más títulos que Balzac y nadie sabe quiénes son. Pero sobre todo La Ilíada y La Odisea, La Divina Comedia, El Quijote, Crimen y Castigo, La Montaña Mágica, Ulises y Pedro Páramo están siempre allí, dirigiendo el sueño y la imaginación de los hombres. ¿Por qué semejantes exigencias no se hacen a los pintores, músicos, escultores? Y cosa curiosa, son los artistas con mayor dedicación a su trabajo. Pero pareciera que la fórmula, “¿qué estás escribiendo?”, les da a los preguntones una categoría que no tienen, justamente por su indiscreción y su necedad. Tremenda afrenta esa de la página en blanco. Terrible cuando acosa la pereza. Y tres veces más grave si se trata de que ha cundido el desencanto y la tristeza. Todo el mundo se pregunta “¿Qué le pasaría a Juan Rulfo?”. Y me acuerdo que una vez, en un congreso de los usuales, a alguien se le ocurrió la pregunta. Él dijo con su peculiar lentitud y lejanía: “Es que estaba enterrando unos muertos en Luvina”.
(Adriano González León, “Camino y misterio de la escritura”, El Nacional de Venezuela, 27 Abril 2006. Tomado de Venepoetics).
Marzo 21, 2006
El día que dejé de escribir cuento
Hubo una época en que me dio por escribir cuentos. Muchos cuentos. Largos, cortos, complicados, sencillos, lineales, experimentales. Probé de todo. Fue como un gran campo de experimentación y juego. Fue también una etapa que me sirvió de transición de un silencio de escritura que había durado algunos años debido al trabajo de 8 a 5 que me había exprimido el seso, el tiempo, la energía y la imaginación.
Esa época, que habrá sido por ahí entre el 90 y el 94, fue prolífica en muchos sentidos. Escribir cuento me llevó a sentarme a trabajar novelas que andaba en la mente desde hacía rato. Y también pinté mucho.
Pero en algún momento, cuando quise retomar la escritura de cuentos me di cuenta de algo. Primero se manifestó como que escribir cuentos "ya no tenía gracia". Y ya no tenía gracia porque... había encontrado algo así como una fórmula para escribirlos.
Si explicara la fórmula no sería muy entendible. Quizás no era en realidad una fórmula. El proceso era más rítmico y de sonido que de procesos o pasos. Cuando escribía cuento, había comenzado a ponerle palabras a un sonsonete interno, a un ritmo, a una melodía. Ya no me interesaba mucho el contenido, los personajes, el escenario. Me interesaba estrictamente ponerle palabras a una melodía, algo así como llenar una plantilla. Era un proceso automático que me tomó un rato advertir. Pero cuando me di cuenta, paré. Y no volví a escribir cuentos desde entonces. No me parecía motivador ni retador ni satisfactorio ni sorprendente. Dejé de escribir cuentos y pensé que algún día los retomaría. Que quizás necesitaba "un descanso" del género y tener nuevas ideas.
Han pasado años desde entonces. Años en los que he escrito escasos cuentos, quizás 2 o 3. Comencé varios en el 2000, durante mis becas, pero nunca los terminé. Esos cuentos descansan dentro de una carpeta en mi computadora llamada "stand-by". Un stand-by que lleva casi 6 años.
No quiero decir que nunca más voy a escribir cuentos. Uno nunca debe decir nunca. A veces se me ocurre alguna historia, y tomo nota en un mi cuadernito destinado para esas "grandes ideas". Y pienso que quizás me siente a escribir pronto un cuento. Pero no ocurre.
En lo personal, no me gusta imponer ni forzar la escritura. Eso se nota en el resultado final. Al igual que se nota cuando uno escribe sin pasión, de automático. El texto captura y transmite el estado de ánimo del escritor, y si se escribe con tedio, por obligación, con fastidio, eso es lo que captará el lector. Por lo demás, el tiempo me ha enseñado que uno escribe una historia en particular cuando está listo para escribirla (ni antes, ni después).
Recordé todo esto el fin de semana, mientras tomaba notas y examinaba apuntes de cosas que quiero escribir. Y me dije que ya vendrán los cuentos, cuando tengan que venir, si es que van a regresar, porque siempre he pensado también que los textos tienen vida propia, que son como animalitos a los que tenemos que ir llamando y ganando su confianza de poquito a poco para que convivan con nosotros. Cuidado con espantarlos porque si no, puede que no vuelvan.
¿Y el trabajo, la disciplina del escritor? Está ahí, en eso, en ganarse día a día la confianza del texto, de sus personajes, en conocerlos, en saber cómo "amansarlos" y en cómo hacerlos cobrar vida, atraparlos en la jaula de las palabras. Y alimentarlos en esa jaula, hacerlos que engorden, que se pongan bonitos... o que se mueran del empacho. Pero todo eso, es otra historia.
Marzo 17, 2006
Poder y política en la literatura centroamericana
Como parte del inicio del año académico de la Universidad de Costa Rica, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez impartió un par de conferencias. Una de ellas llamada "Imaginar al otro", sobre la necesidad de tolerar y meterse en los zapatos "del otro", a propósito de las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica, el flujo de migrantes nicas a este país y los conflictos y tensiones que surgen (no sólo en Costa Rica), sino en cualquier país receptor de migrantes.
La segunda presentación fue más bien un conversatorio denominado "Poder y política en la literatura centroamericana", donde Sergio abordó uno de los temas que suele visitar con más frecuencia en su narrativa, como lo es la figura del poder.
Fue un conversatorio interesante y lleno de humor, donde Sergio trató de explicar por qué con tanta frecuencia el narrador de nuestras latitudes se mira seducido a incluir dentro de sus historias parte de los acontecimientos políticos que nos toca vivir. Según él, "las calidades de la realidad de América Latina se imponen en los temas literarios. La vida pública siempre está presente en la vida privada. Es así como la vida pública y el poder tienen mucho que ver con la literatura".
