Noviembre 20, 2010
El discursito
A continuación les comparto las palabras que leí en la inauguración de la Feria del Libro de Quito:
Ayer, al llegar a Quito, me enteré de que Patti Smith ganó en los Estados Unidos el National Book Award (o Premio Nacional del Libro), en la categoría de no-ficción, por su libro Just Kids (Éramos niños), una memoria de juventud sobre su amistad con el fotógrafo Robert Mapplethorpe.
Smith, para quienes nunca han escuchado hablar de ella, es cantante, compositora y poeta. Se hizo famosa en 1975 con su disco debut, Horses, ahora convertido en un clásico. Para muchos es conocida como “la madrina del punk”.
En sus primeras declaraciones a la prensa, Smith afirmó que los libros son la creación más maravillosa del ser humano y que no concibe la vida ni el mundo sin los libros. Añadió que durante la cena, numerosos editores manifestaron su preocupación por la desaparición del libro de papel ante la aparición del libro electrónico y aunque Smith considera que el electrónico ayudará a salvar muchos árboles, el libro de papel, como objeto, debe ser defendido.
Precisamente el lunes pasado el escritor español Arturo Pérez Reverte escribía en su columna “Patente de Corso” que realmente no debería existir una oposición entre ambos formatos y que uno puede muy bien complementar al otro. Pero luego de nombrar algunas ventajas del libro electrónico, como el hecho de poder viajar con cientos de libros metidos en un simple aparato o aumentar la letra al gusto del lector, puesto a elegir, Pérez Reverte se inclina por el libro de papel.
Julio 14, 2010
Invitación a presentación de Crónicas para Sentimentales
Quedan invitados si viven en Guatemala o estarán por allá el próximo 20 de julio para que nos acompañen en la presentación de Crónicas para sentimentales, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guatemala. Comentarios a cargo de José Luis Perdomo y Vanessa Núñez Handal. Por allá nos vemos...
Julio 09, 2010
Mi nuevo libro: Crónicas para sentimentales
Entre las múltiples cosas que se han estado cocinando entre bambalinas en la montaña rusa que es mi vida (dice un amigo que mi vida es una novela... ¡créanle!), entre esas cosas, digo, he estado dándole los toques finales a la aparición de un nuevo libro, corrigiendo pruebas, seleccionando portada y hasta dejándome tomar fotos para la solapa (ODIO tomarme y que me tomen fotos, lo odio, lo odio, lo odio, lo odio...).
Es una colección de cuentos y se llama Crónicas para sentimentales. No quisiera mucho hablar de su contenido para no prejuiciar ni encauzar la lectura ajena, ya cada quien se hará sus propia ideas.
El libro lo publica F&G Editores de Guatemala. Sí, ya sé, he sido una promiscua editorial. Casi todos mis libros están publicados por otra editorial. Tengo (con este) 8 libros publicados en 6 editoriales. F&G me parece el proyecto más respetado actualmente en la región, con un sistema probado de distribución en espacios y países que me interesan y además, un detalle muy importante en estos modernos tiempos: el libro se puede adquirir por internet a través de su página, algo que ninguna otra editorial me ha cumplido (aunque lo ofrecen, pero nunca concretan).
Por lo demás, les dejo el enlace que comenta un poco del contenido y el tono de los libros, una contraportada que me parece capta bien el espíritu del libro.
Diré también que estos cuentos fueron escritos en el mismo período creativo de Cuentos sucios. En ese sentido es, digamos, un libro “viejo”, por lo menos en el sentido que se escribió ya hace bastante rato. Pero había quedado guardado ahí en la gaveta por motivos bastante ajenos a mi voluntad.
Julio 02, 2010
A la Casa del Escritor
Hace ya ratos que me aparezco por aquí de manera irregular. Motivos para esas esporádicas apariciones han habido varias: desde una sobrecarga de trabajo hasta no tener nada que decir o guardar lo que tengo que decir para mi columna quincenal. Ya lo dije alguna vez, desde que volví a El Salvador siento que todo ha sido como una montaña rusa: a veces subir la cuesta con terrible esfuerzo y otras bajar a velocidades temerarias por la pendiente temiendo se vaya a descarrilar el carrito o temiendo que la fuerza del viento te arranque la cabellera de raíz.
No creo que ahora esté entrando en la parte planita de la montaña rusa, en que el carrito parece descansar ni mucho menos terminar el trayecto. Pero espero retomar este espacio con algo más de regularidad. Hay muchas cosas que tengo en la mente, muchos enlaces que compartir y otras cosas que irán aconteciendo en próximos meses.
Por el momento, y como quizás ya algunos saben, he sido nombrada directora de la Casa del Escritor y por ahí estaremos encarrilando algunos esfuerzos y sueños literarios. Gracias de corazón a todos los que han escrito por todas las vías posibles y manifestado su apoyo y sus felicitaciones. En su momento estaré compartiendo informaciones y noticias de lo que estaremos haciendo en aquel espacio.
Abril 15, 2010
De héroes y milagros
No me olvido de escribir.
No me abruma el silencio.
Movimiento, velocidad, tiempo que parece útil pero que finalmente es perdido.
¿Cómo explicar que la columna vertebral de mi cuerpo sean un montón de letras continuadas, como hormigas que sostienen el cuerpo y amansan el alma? ¿Cómo explicarlo para que alguien, por fin, lo entienda?
Poesía, poemas, versos.
Alberto Guerra Trigueros, Francisco Gavidia, Raúl Contreras, Claudia Lars.
“Instante y elegía de un marino” de Lars.
Leerlo pronto, en voz alta, en una ciudad frente al mar.
A veces no se entiende qué quiere la vida de uno. Por qué aprieta tan fuerte sus tenazas de cangrejo. Pero cuando afloja, hay que saber escapar. O aceptar el respiro. Y gozar el escape, disfrutarlo.
A veces no se entiende por qué nada.
A veces te ponen a prueba y luego, hay recompensa. Doble.
A veces falta arrojo y ponerse en plan María Félix.
María Félix y Agustín Lara.
Veracruz.
Habitantes angustiados sobreviven una nevada mortal en Buenos Aires y luchan contra extraños invasores en El eternauta, que ahora leo.
John Cheever y la sed que nunca acaba.
Absolut. Nostalgia de un bar en Guatemala.
La carta que nunca escriben. ¿El inicio del cansancio?
Una intensa, curiosa, obsesiva, grata, sorprendente fantasía dominguera.
“De qué callada manera se me adentra usted sonriendo, como si fuera la primavera y yo muriendo; y de qué modo sutil me derramó en la camisa todas las flores de abril. Quién le dijo que yo era risa siempre y nunca llanto, como si fuera la primavera, no soy tanto; en cambio qué espiritual que usted me brinde una rosa de su rosal principal”.
Un gallo aplastado en la carretera.
El camino más corto a la lavandería.
Flores que se quiebran. Geranios que renacen.
Hablar de tatuajes.
Envolver un regalo.
Abrazar a una gata y decirle “gracias por ser tan fiel”.
Agradecer algo desde el sótano del corazón.
Esperanzas. Árbol de la literatura mantente firme.
La imaginación: abrir puertas y estar en un balcón frente al mar. Oler la sal. Naufragar la pupila en el turquesa del agua.
Extraños sucesos. Inexplicables sucesos. Cosas desconocidas que ocurren entre telones y que hacen que seres antes agrestes ahora te hablen como si fueran mansos gatitos.
Un afiche de Monseñor Romero, el más joven de los profetas.
Héroe: un hombre que cumple con su palabra. Un hombre que cumple con su palabra y que con eso te ha salvado en muchos sentidos y él no sabe la dimensión del bien que ha hecho.
Hoy conocí a mi héroe.
Y mañana me voy.
Un milagro. Y al regreso, cumplir una promesa.
Febrero 24, 2010
"¿Me puede dar su opinión sobre lo que escribo?"
Pasa que de vez en cuando, gente que escribe me manda su material para que yo le dé “mi sincera opinión” sobre sus textos, sean versos o prosa. Más de alguno subraya que mi opinión le ayudará a decidir si se dedicará a ser escritor, a tomárselo “más en serio” o si va a publicar sus textos.
Tengo por regla NO brindar opiniones nunca a nadie sobre sus textos cuando me lo solicitan (a menos que sean super-íntimos amigos). ¿Por qué?
Primero, si me dedicara a leer todo lo que me mandan, tendría que invertir bastante tiempo en ello, amén del trabajo que representa leer textos ajenos y escribirles una opinión (o "informe", como solicitan algunos). Creo que uno debe leer por placer, por voluntad y jamás por obligación (de ahí que corregir textos para mí sea un sufrido calvario, amén de que es un oficio nada creativo).
Segundo, eso de la “sincera opinión” es un arma de doble filo. Una vez en la vida lo hice. Le dije a alguien que su cuento tenía equis y ye situaciones y que para mejorarlo podría hacerse esto y esto otro. La persona en cuestión no sólo no me dio las gracias por mi “sincera opinión” que había solicitado con insistencia, no sólo me echó una mirada de aquellas que si las miradas matan, yo estaría enterrada desde hace más de 15 años, sino que jamás me ha vuelto a dirigir ni el saludo y si por casualidad nos encontramos, la persona hace como si yo fuera inexistente. Así es que hasta ahí llegaron mis “sinceras opiniones”.
Febrero 17, 2010
Cosas que uno lee
Algunos fragmentos de Hijos de Dune de Frank Herbert, que me llamaron la atención.
-Eres un niño que quiere ser un hombre. Cuando seas un hombre, buscarás en vano al niño que fuiste una vez.Las palabras de la Panoplia Prophetica deliraron a través suyo: "Fue dicho que no hay nada firme, nada equilibrado, nada durable en todo el universo... que nada permanece en su estado, que cada día, a veces cada hora, trae consigo un cambio".
-La irreverencia es el ingrediente más necesario de la religión -dijo Leto-. No el hablar de su importancia filosófica. La irreverencia es el único camino que nos permite probar nuestro propio universo.
La Religión es la emulación del adulto por parte del niño. La Religión es el enquistamiento de pasadas creencias: la mitología, que no es más que conjeturas, las ocultas creencias en la veracidad del universo, esas afirmaciones hechas por los hombres en búsqueda de un poder personal, todo ello mezclado con fragmentos de iluminismo. Y el definitivo mandamiento inexpresado es siempre: "¡No hagas preguntas!". Pero hacemos preguntas. Rompemos constantemente este mandamiento. El trabajo en el que nos hemos empeñado es liberar la imaginación, lastrándola tan sólo con el más profundo sentido de la creatividad humana.
Periódicamente, la humanidad atraviesa crisis de aceleración en sus asuntos, experimentando a causa de ello confrontaciones entre la vitalidad de renovarse y la atractiva corrupción de la decadencia. En esta periódica confrontación, cualquier causa se convierte en un lujo. Sólo entonces puede uno reflexionar en que todo es permitido, en que todo es posible. (Los Apócrifos de Muad'Dib).
La paz exige soluciones, pero nunca llegamos a alcanzar soluciones vivas; tan sólo trabajamos en su dirección. Una solución fija es, por definición, una solución muerta. El problema con la paz es que tiende a castigar los errores, en lugar de premiar los logros. (Las Palabras de mi Padre: una crónica de Muad'Dib, reconstruida por Harq al-Ada).
Enero 27, 2010
Para no perder totalmente mi tiempo: una entrevista
El lunes de esta semana una periodista, de El Diario de Hoy de El Salvador, me envió un cuestionario de 13 preguntas para hacer un reportaje sobre talleres literarios en el país. Contesté la entrevista a pesar que de que me había pasado casi todo el día en la calle y estaba, además de cansada, colmada de trabajo y de pendientes. A pesar de no ahondar mucho en las respuestas, fui cuidadosa en su contenido, como siempre hago cuando me entrevistan, por lo que contestar todo esto y escribirlo me llevó poco más de una hora.
Resulta que hoy salió el reportaje en el periódico pero de las dos páginas y las 941 palabras en total que tuvo todo lo que envié, apenas se citaron 13 palabras mías (¿qué onda con el número 13?). Me di cuenta porque por casualidad compré el periódico (normalmente no los compro). Ya había leído la nota en internet y no había visto nada, pero pensé que quizás en la versión impresa venía más información.
Me molesta, no porque no me hayan citado ni hayan utilizado nada de todo lo que escribí ni porque crea que lo que yo digo es importante (en realidad no digo nada nuevo. Ahora pienso que quizás no les gustaron mis respuestas...). Lo que me molesta es el tiempo que uno invierte para contestarle a un periodista (que además me apura y me dice que el reportaje debía salir hoy), y que luego no se utilice el material. Es decir, yo perdí una hora de mi vida en algo que no se utilizó para nada.
Si uno tiene la buena voluntad de contestar una entrevista es porque uno sabe lo deteriorada que está la información cultural en los periódicos nacionales y porque con ello se puede quizás contribuir un poco a que las notas culturales no mueran o desaparezcan totalmente de nuestros periódicos. Pero es lamentable no sólo el desprecio por la cultura en nuestro país, sino que tampoco se valore el tiempo que una persona se toma para ayudarles con sus reportajes a los periodistas y que después, eso se traduzca en tiempo perdido para el entrevistado. Me parece francamente una falta de respeto.
En la hora que invertí para contestar esta entrevista, bien hubiera escrito un artículo que tengo pendiente o mi siguiente columna, que también debo entregar, o (precisamente), dedicarla a organizar mi próximo taller de narrativa.
No tengo tiempo de sobra, y si lo tengo es para dedicarlo a escribir mis libros y mis columnas. Pero por suerte tengo este espacio, y no daré por perdido mi trabajo en esa entrevista.
Se las comparto a todos mis queridos amigos lectores. Y cuando digo "queridos amigos", no lo digo como una cortesía de rigor, sino porque realmente muchas de las personas que me leen (sean en este blog o en La Prensa Gráfica), me envían frecuentes mensajes de afecto y de respeto por mi obra, que me conmueven día a día.
Es para ustedes para quienes yo escribo. Gracias y aquí la entrevista.
Diciembre 29, 2009
Libros que nos persiguen: Diarios de John Cheever
Hay libros que lo persiguen a uno. "Books that haunt you" me parece mejor expresión. Libros que se le aparecen a uno en todas partes y que uno se queda pensando en ellos y entonces surge la imperiosa necesidad de comprarlos, tenerlos, leerlos.
Me ha pasado varias veces, por ejemplo, que he visto un libro que me gusta, pero que no lo compro porque lo siento muy caro o porque no ando el dinero o, lo peor, me entra el moralismo de “¿y para qué quiero otro libro si ya tengo un montón sin leer?” (I need another book like I need a hole in my head!). Pero uno se queda pensando en ese libro días y días y se decide por fin a comprarlo, vuelve al lugar y puf, el libro ya no está. Y después uno se pasa reclamando a sí mismo “lo hubiera comprado...”.
En el transcurso de un año se me ha plantado enfrente los Diarios de John Cheever ya 3 veces. La primera vez no lo compré porque me pareció caro, pese a que estaba en la mesa de rebajas en Sanborn’s. Pero me quedé piense y piense en el libro. Volví una segunda vez a buscarlo, pero resistí a la tentación de comprarlo. Sin embargo, seguí piense y piense en el mismo y cuando ya fui por él, decidida a comprarlo, no estaba.
La segunda vez se me apareció en Sophos de Guatemala. También caro. Y uff, yo rondándolo y rondándolo y recordando lo que me pasó la vez anterior. Pero como supuestamente iba a volver pronto a Guate ya no lo compré. Después resultó que no volví a Guate y me quedé antojada de ése y varios libros más que no compré.
La mañana del 24 tuve que ir a primera hora al banco a hacer varias gestiones. Como “premio” por la mañaneada, decidí invitarme a desayunar a la panadería San Martín. Pero estaba llena hasta el tope. Así es que pensé que quizás en Sanborn’s podría desayunar. Se podía y además había un muy buen buffet. Y ya que estaba, pues... nada me costaba ver libros.
¿Y a quién creen que me encontré? El mismo libro de John Cheever. El precio lo habían rebajado, pero seguía siendo “cariñosón”. Pero recordando las experiencias anteriores, con un cheque recién depositado, con la auto-complacencia que nos da para las navidades y pensando sobre todo que si no me lo regalaba yo, no me lo iba a regalar nadie, lo compré por fin.
Y eso fue lo que me pasé haciendo la Nochebuena y el día de Navidad (y sigo en eso), leyendo los diarios de Cheever. Con una copa de vino tinto, unos cuadritos de chocolate amargo y mi mano acariciando los suaves lomos de la linda Loli que roncaba cerca.
Leyéndolo, por supuesto, me sentí además complacida de la compra. Los géneros personales como diarios y correspondencias me gustan mucho. Me encantó la introducción hecha por Benjamin Cheever, uno de sus hijos, en los que explica que su padre tenía un profundo interés en publicar los diarios, que en realidad, no son propiamente tales. Hay bosquejos para cuentos, ideas para otros textos, pero también algunas notas sobre su vida personal, sus hijos, su esposa, su bisexualidad, su alcoholismo pero, sobre todo, su profunda sensación de soledad.
Lo que me impresionó (y gustó) de esta introducción, fue que Benjamin confiesa lo duro que fue para él y el resto de su familia, leer algunas partes de estos diarios. Pero que a pesar de ello, no quisieron manipular el material ni editarlo como para dejar bien parado a nadie. El texto escrito por Cheever es lo que es y su familia lo respetó tal cual. Suerte de él de contar con una familia tan tolerante y comprensiva con lo que es el escribir.
Porque escribir, me parece, tiene que ser con toda autenticidad, con toda franqueza, sinceridad y lealtad hacia lo que uno cree. Pese a que el oficio literario es, en gran medida, saber contar una historia inventada, saber mentir, hacerle creer al lector o por lo menos, hacerle tener la sensación, de que lo que lee es cierto o probable o verídico, el escritor tiene que ser fiel a su visión de mundo y sobre todo a lo que desea decir y transmitir, sea en la ficción o la no ficción.
En este caso, los lectores nos hemos visto favorecidos por el respeto de la familia Cheever de dejar los textos tal cual. Que en otros casos, como el de Alejandra Pizarnik por ejemplo, nos han obligado a los lectores a leer textos mutilados y manipulados en favor de no revelar “los sucios secretos” familiares o personales del autor en cuestión.
Seguiré reportando luego sobre la lectura de estos diarios.
Octubre 16, 2009
Libros centroamericanos en Librería Legado
Me ha causado mucho gusto saber que Librería y Editorial Legado de Costa Rica está vendiendo, vía internet, libros de autores centroamericanos. Muchos de los libros son editados por la propia editorial Legado, pero así mismo, están ofreciendo libros de varios autores salvadoreños y editados en El Salvador por la DPI, UCA editores y otras editoriales.
La iniciativa es particularmente valiosa dados los eternos problemas de distribución de nuestros libros dentro de la misma región centroamericana y allende las fronteras regionales.
Hay libros de varios autores reconocidos como Roque Dalton, Horacio Castellanos Moya, Manlio Argueta, Salarrué y varios más. También se ofrecen dos de mis libros, Contra-corriente y El Diablo sabe mi nombre.
Así es que si tiene interés en comprar algún libro de autores centroamericanos, no dude en explorar esta página y hacer sus pedidos.
Octubre 07, 2009
Entrevista en "Contravía"
Cuando estuve en Guatemala, fui invitada a una entrevista radial en el programa "Contravía" de Marta Yolanda Díaz. El programa no sólo se transmite por radio (100.9 FM) sino también por vía webcam a internet simultáneamente.
La transmisión se hace desde el piso 19 de la torre norte de Geminis, en la zona 10. Desde ahí hay una vista realmente espectacular de buena parte de la ciudad de Guatemala. Como el programa comenzaba a las 6, pude apreciar un poco del atardecer de aquel martes 29 de septiembre. Así es que lo que se ve de fondo durante la entrevista no es truco, es un atardecer real (y por eso yo estoy como que mucho viendo para los lados, porque quería estar viendo el paisaje).
Marta Yolanda siempre convida a sus invitados a una copa de vino (o dos) y así nos deja bien contentos y con ganas de atender cualquier futura invitación. Fue una charla en la que hablamos de mis libros, del taller que di en Sophos y de algunos otros temas.
Les comparto la entrevista, por si tienen ganas, curiosidad y paciencia de verla y oírla (dura una hora). Tengan en cuenta que el sonido es la emisión por radio, y la imagen corresponde a todo el tiempo que estuve allí, incluso durante las pausas comerciales.
Va en dos partes. Si sólo quieren escuchar la emisión de radio, pueden descargarla en mp3 aquí.
Septiembre 17, 2009
El cuento revisitado
En los últimos días he estado preparando el taller de cuento que comienzo el próximo lunes en la librería Sophos de Guatemala. Eso me ha tenido revisando viejos apuntes y escarbando entre los libros que tengo acá (y extrañando a rabiar mi biblioteca completa en El Salvador, sigh), para releer varios de mis cuentos favoritos (que además considero sirven como ejemplo para demostrar lo que es un cuento bien escrito) y descubriendo algunos nuevos.
Hace ya bastantes años que no he escrito un cuento. Si no me equivoco, el último que escribí fue “Película japonesa de los años 60”, incluido en El Diablo sabe mi nombre. Lo escribí en San Salvador en el 2003. Y desde entonces nada. No me han dado por ahí las ideas, aunque también (hay que decirlo), mis años en Costa Rica han sido los más improductivos a nivel de ficción literaria de toda mi vida. No he escrito ni un libro completo. Tengo comenzadas 3 novelas que no están escritas ni a la mitad. Cero poemas, cero cuentos. Y para 4 años y medio, eso es un balance muy negativo, hasta me da vergüenza decirlo.
El sumergirme de nuevo en mis ideas y mi propia experiencia sobre el cuento para compartirlo en un taller no ha hecho tampoco nada por incentivar la escritura. Pero por lo menos he disfrutado la lectura y relectura, que me lleva, como suele, a redescubrir algunos aspectos que en lecturas anteriores se me pasaron por alto.
Por ejemplo, para ejemplificar buenos comienzos, Borges se me queda algo atrás. Esa manía de bibliotecario de citar volúmenes, libros, ediciones antiguas no es precisamente la manera más arrebatadora de enganchar al lector. Uno continúa leyendo porque sabe que es Borges, pero si un cuento firmado por Pedro Pérez comenzara así, bueno, tendría que meterle algo bastante apasionante inmediatamente después para no perder la atención del lector.
Entre los autores que releí, además de Borges, están Felisberto Hernández, Cortázar y Rulfo. También me releí un buen texto de Raymond Carver sobre el oficio de la escritura y que recomendé esta semana.
Leí algunos cuentos que no conocía de Virgilio Piñera, cuyo manejo del absurdo siempre me parece sorprendente. Leí “El hipócrita feliz” de Max Beerbohm, un cuento muy clasicón en su concepción y estilo, pero bien resuelto. Concluí también que son muy pero muy pocas las cuentistas que me gustan (apenas Clarice Lispector e Isak Dinesen y algunos de Marguerite Yourcenar). Aunque seguro que se me olvidan nombres (es parte del problema de no tener aquí mi biblioteca).
Sigue también mi convencimiento de que el cuento es un género de gran respeto y que resulta lamentable que las editoriales se nieguen tanto a publicarlo, sobre todo cuando te salen con ese pretexto tan trillado de “es que el cuento no se vende”.
En fin, será interesante compartir sobre este género, comentar historias y hablar de literatura. Nada me puede gustar más.
Julio 17, 2009
Del libro como un fantasma
Hace años que dejaron de interesarme los ganadores del concurso de Alfaguara. No los leo. No me han interesado ni llamado la atención los argumentos de las obras ganadoras. Leo las primeras páginas y me digo “paso”, tengo cosas que me urge e interesa mucho más leer.
Eso no impide que siga las noticias sobre los ganadores. Hubo algo en la entrevista que le hicieron ayer al ganador de este año Andrés Neuman en La Nación de Argentina, que me dejó pensando.
Dice Neuman:
... para un escritor cuando el libro se publica en cierta forma muere. Probablemente resucite para los lectores, pero el escritor recibe un reconocimiento por algo que ya no le sirve. Uno habla de la historia anterior y lo que tiene en la cabeza es la siguiente. Yo le propondría a las editoriales hacer promociones de los libros que estamos por escribir, eso sería psicológicamente más saludable (se ríe).Continuar leyendo»
