Abril 23, 2008
Someone's knocking at the door
Tocan a la puerta. Me asomo por el ojo de pescado para ver quién es. Veo algo flotando. De principio no sé si es un pájaro pero veo alas. Me retiro del visor para pensar. Luego vuelvo a asomarme. Es un ángel. Pequeño. Agita las alas blancas muy rápido. Tiene un arco entre las manos aunque no veo las flechas.
Abro la puerta. El ángel se transforma rápidamente en un mendigo andrajoso de pelo negro muy largo. Cierro y vuelvo a ver por el ojo de pescado. Veo de nuevo al ángel que flota en el espacio. Tiene el tamaño de un cerdito recién nacido.
Abro la puerta de nuevo. Alcanzo a ver las alas antes de que se transformen en el mendigo andrajoso de largos cabellos negros. Me río. Le digo al hombre “¡Te ví! ¡Pude ver la punta de tus alas antes de que te transformaras!”.
El ángel vuelto mendigo ríe. Yo también.
Abril 21, 2008
Insomnia
Duermo mal. Me despierto a eso de las 3 de la mañana y no puedo volver a dormir. Doy vueltas en mi cama de prisionero. No miro el reloj. Miro la ventana. El cambio de luz. Oigo roncar a la gata. No cuento ovejas. Repito palabras secretas. Entro en sopor pero sigo conciente. De pronto pienso en alguien. En algo. En pendientes. En lo que haré mañana aunque en realidad ya sea hoy. Horarios, presupuesto, lugares. Imagino.
Miro la ventana de nuevo. La luz ha cambiado. Está más claro. No miro el reloj. Recuerdo todos mis insomnios que son demasiados. Los de niña. El terror que me daba la oscuridad. La nostalgia inexplicable de algún vehículo pasando por la carretera a una hora que me parecía superlativamente tarde. La sombra de luz que los faroles encendidos irradiaban hacia mi cuarto. Y luego la oscuridad. Y el silencio. Y los grillos.
No puedo dormir, pero tengo sueño. No puedo leer. Quiero dormir. No puedo escribir. Quiero dormir. No quiero pensar en nada. Quiero dormir.
Cierro los ojos. Los aprieto. Como si con ello viniera el sueño. Repito palabras mágicas. No cuento ovejas. Oigo a la gata roncar. Oigo al vecino roncar. No miro el reloj. No hace falta. Ya lo sé: es la hora en que los pájaros comienzan a cantar, con el presentimiento del sol en sus plumas.
No alcanzaré a ver la mañana. Sin darme cuenta duermo. Y despertaré sobresaltada al darme cuenta de lo tarde que es.
