Marzo 23, 2010
"Así matamos a Monseñor Romero" e invitación a coloquio
El Salvador se vio ayer estremecido y sacudido por un reportaje titulado “Así matamos a Monseñor Romero”, que incluye una extensa entrevista con el capitán Alvaro Saravia, implicado directo en el crimen. El reportaje fue escrito por Carlos Dada y presentado en el periódico digital El Faro, que vio saturada su página web ante el número de visitantes que querían leer el reporte.
Creo que fui de las que tuve suerte de poder leerlo en la mañana. Aunque me costó un par de horas hacerlo. No para entrar a la página, que entré al primer intento, sino en leer el reportaje. Tuve que interrumpirme varias veces, tomar largas pausas, secarme una y otra vez las lágrimas y alternar eso con mis recuerdos personales de Monseñor Romero, a quien tuve el privilegio de conocer durante mis días de estudiante.
Por supuesto que hay muchas impresiones y pensamientos que a uno se le vienen a la mente y al corazón leyendo un reportaje así. Por momentos me daba la impresión que el constante subrayar la situación miserable en la que vive Saravia quería despertar en el lector algo así como lástima. O un subrayar que está siendo castigado por la vida misma.
Me parece que Saravia juega a hacerse el tonto, y hasta comunistoide quiere hacerse ahorita, diciendo que ahora comprende la pobreza y que claro, él también se habría alzado en armas “en aquel tiempo”. Yo la verdad es que ni le creo mucho, y hasta puedo pensar que hay cosas que todavía no ha dicho.
Pero lo me hizo hervir la sangre fue saber que al tirador se le pagaron mil colones por “el trabajo”. En aquel tiempo, el tipo de cambio en referencia al dólar era de 2.50. Es decir 400 dólares. Cuatrocientos dólares costó quitarle la vida a uno de los seres más lúcidos que ha tenido este país. Esos mil colones equivalen a las 30 monedas que le dieron a Judas por entregar a Cristo.
