Marzo 22, 2010
¿Quién de nosotros?
1. Apenas voy a cumplir cuatro meses de haber regresado a El Salvador, y parece como que llevara aquí diez años. No lo digo porque es mi país y porque eso supone una continuidad con algo que ya se conoce. Lo digo porque la intensidad y la variedad de los sucesos de los que me ha tocado ser testigo, me han hecho sentir como que he vivido demasiadas cosas en una sucesión tan veloz y en tan poco tiempo que apenas he podido digerirlo.
Aparte del proceso interior normal de alguien que regresa a vivir a su país luego de algunos años de ausencia, se trata también de lo que pasa a su alrededor, de lo que ve, de cómo percibe el lugar. Cada semana trae intensos debates políticos, éticos y sociales, malas noticias, cejas alzadas ante el encarecimiento de la vida, expectativas decepcionadas y violentadas de un plumazo, violencia desmedida y un creciente e inagotable hartazgo ante lo que vemos pasar con toda impotencia.
La semana en la que escribo esto culminó con un hecho que estuvo en boca de todos. Cuando ya pensábamos que no nos podríamos sorprender más por las diferentes historias de crimen y muerte que ocurren, fuimos sacudidos al ser testigos, gracias a una secuencia fotográfica, del asesinato de Carlos Fernando Garay, de 17 años, estudiante del primer año de bachillerato en Hostelería y Turismo del Instituto Nacional Francisco Menéndez.
