Febrero 17, 2010
Cosas que uno lee
Algunos fragmentos de Hijos de Dune de Frank Herbert, que me llamaron la atención.
-Eres un niño que quiere ser un hombre. Cuando seas un hombre, buscarás en vano al niño que fuiste una vez.Las palabras de la Panoplia Prophetica deliraron a través suyo: "Fue dicho que no hay nada firme, nada equilibrado, nada durable en todo el universo... que nada permanece en su estado, que cada día, a veces cada hora, trae consigo un cambio".
-La irreverencia es el ingrediente más necesario de la religión -dijo Leto-. No el hablar de su importancia filosófica. La irreverencia es el único camino que nos permite probar nuestro propio universo.
La Religión es la emulación del adulto por parte del niño. La Religión es el enquistamiento de pasadas creencias: la mitología, que no es más que conjeturas, las ocultas creencias en la veracidad del universo, esas afirmaciones hechas por los hombres en búsqueda de un poder personal, todo ello mezclado con fragmentos de iluminismo. Y el definitivo mandamiento inexpresado es siempre: "¡No hagas preguntas!". Pero hacemos preguntas. Rompemos constantemente este mandamiento. El trabajo en el que nos hemos empeñado es liberar la imaginación, lastrándola tan sólo con el más profundo sentido de la creatividad humana.
Periódicamente, la humanidad atraviesa crisis de aceleración en sus asuntos, experimentando a causa de ello confrontaciones entre la vitalidad de renovarse y la atractiva corrupción de la decadencia. En esta periódica confrontación, cualquier causa se convierte en un lujo. Sólo entonces puede uno reflexionar en que todo es permitido, en que todo es posible. (Los Apócrifos de Muad'Dib).
La paz exige soluciones, pero nunca llegamos a alcanzar soluciones vivas; tan sólo trabajamos en su dirección. Una solución fija es, por definición, una solución muerta. El problema con la paz es que tiende a castigar los errores, en lugar de premiar los logros. (Las Palabras de mi Padre: una crónica de Muad'Dib, reconstruida por Harq al-Ada).
