Noviembre 08, 2009
El discurso de un poeta: Kijadurías
Comparto el texto íntegro del discurso de aceptación del Premio Nacional de Cultura de El Salvador 2009 por parte del poeta Alfonso Quijada Urías, conocido como Kijadurías (y por cortesía de la artista Verónica Vides).
Señor Presidente de la República, Mauricio Funes, Señora Primera Dama de la República y Secretaria de Inclusión Social, Dra. Vanda Pignato, Señores Miembros del Gabinete de Gobierno, Señores Miembros del Cuerpo Diplomático, Sra. Secretaria de Cultura, Dra. Breny Cuenca, amigos y amigas.
Comienzo primero por dar las gracias, una palabra común en todos los hombres que en diferentes épocas y lugares la han pronunciado con reverencia y humildad. Es la misma gracia que concede Dios a los hombres para salvarlos del error y la muerte. Es de igual manera el perdón, indulto, favor y beneficio, así como el don de saber expresarse a través de las diferentes expresiones del arte o de la ciencia, también el gesto que evidencia claridad espiritual. Todo aquel que ha sido merecedor de la gracia, el agraciado, sino tiene la soberbia como escudo, da las gracias. Eso es precisamente lo que yo manifiesto en este instante con estas palabras, que espero puedan a través de ellas descubrir cada uno de ustedes la mezcla de temor, reverencia y asombro que me invade. He aceptado para la poesía el reconocimiento que aquí se le rinde, ya que la poesía no recibe honores a menudo, sobre todo en esta época donde la disociación entre la obra poética y la actividad de una sociedad sometida a las servidumbres materiales pareciera ir, como nunca antes, en aumento. Ya se trate del sabio o del poeta, lo que aquí se honra es la imaginación. La poesía siempre ha sido el poder y la renovación que desplaza los límites. El amor es su patria, la insumisión su ley, y su lugar está siempre en la anticipación. La poesía nada espera sin embargo de las ventajas del momento. Atada a su propio destino y libre de toda ideología, se reconoce igual a la vida misma, que nada tiene que justificar de sí misma.
Doy gracias a la Universidad José Simeón Cañas, al jurado y a los poetas hermanos por concederme el honor de restituir este homenaje a la poesía, es decir mucho más que a los libros que he escrito, parodiando a Borges, a los libros que he leído, a los autores de esos libros que me han acompañado y siguen acompañando, y bajo cuya poderosa influencia han determinado un estilo, una manera de escribir y aún de guardar silencio, partiendo de que todo poema tiene como origen el silencio. El mejor homenaje para un poeta, para un escritor es que sus libros sean leídos, ganen el fervor de sus lectores. Sin los nombres de Salarrué, Claudia Lars, Italo López Vallecillos, Roque Dalton, y Roberto Armijo, así como los nombres universales de Ruben Darío, Cesar Vallejo, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, y otros poetas de diferentes regiones y diferentes lenguas, mi obra poética no hubiera sido posible. No creo, tener un dominio absoluto sobre el lenguaje, por un lado la palabra dominar por su rigor militar no forma parte de mi léxico, pero en ultimadas circunstancias preferiría decir que soy dominado por las palabras y que me dejo ir con ellas hacia donde ellas me lleven. Siempre ante la página blanca siento la duda y el temor del principiante. Todo libro es un diálogo con las deudas que uno tiene con las voces que le ayudan a vivir. Con el correr de los años y a medida que los poemas o los cuentos han salido de mi cabeza, he llegado a la certeza de que ni el esfuerzo ni la disciplina ni la convicción lo salvan a uno del error, también de que se puede fracasar y tener éxito al mismo tiempo, y que estas dos palabras no son sino rostros de una misma moneda. El poeta escribe para desaparecer en cada libro, fiel a sus guardianes, el gozo y la invisibilidad. La celebridad y el olvido son hermanos gemelos. La vida coge un sendero, la obra otro. A veces las obras se acaban antes que la vida y dejan de recibir atención. Y el que tuvo reconocimiento ahora continúa trabajando en el olvido. De esa paradoja ningún artista, ningún ser humano se escapa.
