Octubre 05, 2009
Yo, la demente
Cuando tenía 6 años, lo primero que se me ocurrió que iba a ser “cuando fuera grande” era egiptóloga. La idea era irme a vivir a Egipto y descubrir muchas pirámides, momias y sarcófagos. Cuando pude comencé a leer sobre la fascinante cultura egipcia y a soñar con mi futuro montada en un camello, dirigiendo excavaciones como las de Howard Carter y dando conferencias de prensa al pie de la Esfinge para anunciar mis maravillosos descubrimientos, envuelta en exóticos turbantes.
Pocos años después, cuando me enteré que existían doctores dedicados exclusivamente a cuidar animales, pensé que también podría dedicarme a eso. No imaginaba nada mejor que ayudarle a un animalito a sanar cuando estuviera enfermo. Sin embargo, al saber que parte del trabajo veterinario incluye “dormirlos” cuando ya no hay nada qué hacer por ellos, desistí del asunto. Ya me imaginaba llorando a mares con cada animal que se me muriera. Eso no iba a poder soportarlo.
Así es que volví a mi idea original de la Egiptología. Y quizás a eso me hubiera dedicado si no fue porque me enamoré de la Literatura.
