Septiembre 20, 2009
A Guatemala
Dentro de unas horas salgo para Guatemala, así es que estaré unos días ausente. No tengo idea de cómo estará mi acceso a internet, pero en la medida de lo posible procuraré aparecer por aquí. De todos modos, ya ustedes lo saben, quedan a sus anchas en esta su casa de jacintos y palabras.
Basta ya de violencia
El reciente asesinato del fotógrafo franco-español Christian Poveda ha movido a muchos a la indignación y nos fuerza a reflexionar sobre varias cosas. Para comenzar, se nos olvida con demasiada frecuencia que la estadística de los homicidios diarios es algo más que sólo un número. Detrás de cada uno de los 25, 17, 13 o cuántos sean los muertos del día, hay un rostro, un nombre y un apellido, una historia de vida, una familia y amigos, sueños, logros y anhelos.
Cada uno de esos homicidios es un ser humano, un salvadoreño cuya vida fue arrebatada de la peor manera. Y la verdad es que cada uno de los homicidios que ocurren a diario en El Salvador debería motivarnos a la indignación y sobre todo, a la acción, para no sumirnos en la inercia del miedo y del lamento.
Se nos olvida también que los índices de violencia en este país no se limitan estrictamente a los homicidios y que hay toda una variedad de delitos que se cometen a diario. Extorsiones, secuestros, robos de vehículos, estafas, violaciones, hurtos, violencia doméstica y todo tipo de crímenes ocurren día a día en el país, muchos de los cuales, con toda seguridad, ni siquiera son denunciados porque la ciudadanía no tiene mayor confianza ni en los cuerpos de seguridad y quizás mucho menos en el sistema de justicia. O tampoco se denuncian por miedo a las consecuencias que eso pueda acarrear.
Esa falta de confianza está relacionada sobre todo con la incapacidad de los mencionados organismos para controlar la ola delincuencial y para ponerle un coto a una situación que viene agobiándonos desde hace demasiados años. Muchas veces pareciera que sólo saltamos de una guerra a otra, y que a partir de 1992, la guerra cambió de escenario y de protagonistas, pero no de intensidad ni de crueldad.
