Julio 29, 2009
Sin nombre
Maras y migraciones son dos realidades cotidianas intensas para millones de centroamericanos. De manera directa o indirecta nos relacionamos con al menos una de ellas, quizás acaso más con las migraciones. Conocidos, familiares, amigos, más de alguien que conocemos y amamos ha tomado su maleta y se ha ido, de cualquier manera posible, a otro país para buscar una mejor vida. Algunos, de manera también directa o indirecta, hemos tenido que conocer a las maras. Recuerdo a una pareja de migrantes salvadoreños que trabajaban en Florencia, Italia. Cuando les pregunté por qué se habían ido de El Salvador, él dijo: “si me quedaba sólo tenía dos alternativas: me mataban o me hacía de la mara”. Y no quería ni morir ni ser marero y no vio más alternativa que irse, con su novia, y se la miraban de cuadritos en Florencia, sobre todo porque ella no tenía papeles, pero todo era mejor a correr el peligro de la dominación de la mara.
En lo personal no voy a olvidar jamás algún viaje rumbo a mi casa, cuando el bus atravesaba una calle lateral de la Colonia Modelo y la mara paró el bus. Se montaron los muchachos, tatuados, y el asunto era que le pedían al chofer el peaje correspondiente. Yo, que iba sentada en el primer asiento junto a la puerta, vi la lágrima tatuada junto a la esquina del ojo izquierdo que llevaba el que se había subido al bus y le hablaba al chofer. “Portate bien” le decía al chofer, mientras apretaba un puñal en la mano izquierda, medio metido en el pantalón, pero lo suficientemente a la vista como para que el chofer y los pasajeros lo viéramos.
Julio 28, 2009
Curiorífico y curiorífico: la vida de Lewis Carroll

Un pequeño bote avanza tranquilo sobre el río Isis, como se le llama al río Támesis, cerca de la zona de Oxford, Inglaterra. Sus ocupantes, dos hombres y tres niñas. Los hombres reman abrumados por el calor de aquel 4 de julio de 1862. Han salido del Puente Folly y reman hacia la esclusa de Godstow, para hacer un picnic.
Las niñas, algo aburridas por el viaje de ocho kilómetros, le piden a uno de los hombres que, para entretenerlas, les cuente una historia. Charles Lutwidge Dodgson, con su voz de tono bajo y bien modulado, comenzó a contar un cuento tan, pero tan descabellado, que mantuvo en vilo a las niñas.
A veces, Dodgson hacía pausas demasiado largas y cerraba los ojos, como si se quedara dormido a media historia, mientras su amigo, el reverendo Robinson Duckworth seguía remando. Luego, Dodgson decía que continuaría con la historia “más tarde” y las chiquillas gritaban “¡ya es más tarde! ¡Continúa!”.
Las niñas Lorina, Alice y Edith Liddell escuchaban fascinadas. Llegaron a los campos cercanos a la esclusa y se sentaron junto a unos montones de paja. Tomaron el té y comieron bocadillos. Para hacer la historia más interesante, Dodgson incluyó algunas situaciones relacionadas con el frustrado picnic de dos semanas atrás, en que les había llovido. Los presentes eran parte de la trama. Lorina fue un loro y Edith un aguilucho. Robinson pasó a ser Duck y Dodgson fue Dodo (Dodgson era tartamudo y cuando se presentaba y decía su apellido, por lo general decía Do, Do, Dodgson). Alice, la más entusiasmada con la historia, mantuvo su nombre a través del cuento.
De regreso en Christ Church, donde todos vivían, Alice le rogó a Dodgson que escribiera el cuento. Él se pasó buena parte de aquella noche reconstruyendo de memoria la historia y terminó un primer borrador que dejó guardado un tiempo.
Dodgson puliría luego el texto y se lo regalaría a Alicia para Navidad. Dos años después publicaría aquella historia, titulada Alicia en el país de las maravillas, bajo el pseudónimo de Lewis Carroll.
Julio 27, 2009
Jacinta en la tierra sin diamantes
Al final del pasillo de desembarque, en la terminal del aeropuerto, veo a 6 personas con sus mascarillas puestas, que observan a todos los que venimos bajándonos del vuelo 116 de Copa procedente de San José. Nos observan con miradas escrutadoras, con ojos poco amistosos. La imagen me resulta agresiva, muy fuerte para ser la primera impresión cuando se arriba a un país. Me siento como un personaje de las películas Exterminio, Contagio o Soy leyenda. Me siento también inmediatamente culpable de no sé qué.
Pero no estoy en una película. Estoy llegando a Managua. Ya en el avión nos han hecho llenar un cuestionario, encabezado por un logo que dice “Gobierno de reconciliación y unidad nacional. ¡El pueblo, presidente!”. En el formulario se pregunta si tenemos síntomas como fiebre alta, dolor de garganta, tos, fatiga y hasta diarrea.
Antes de llegar a las escaleras eléctricas que me llevarán a la sección de migración, hay otros 3 hombres enmascarados. Detienen a todos los pasajeros, mientras hacen que uno se pare sobre un pequeño cuadrito alfombrado para ver su imagen de colores en infrarrojo, en una pantalla justo enfrente del examinado y a la vista de todos los presentes. Es mi turno. Ahora me siento como un personaje de Depredador, donde el ser venido del espacio exterior tenía la posibilidad de hacerse invisible y detectar a sus presas por el calor de su cuerpo.
Me veo a mí misma en la pantalla, la cabeza roja, inundada mi silueta de amarillos, verdes, azules y naranjas, en fascinantes tonos fosforescentes. Son oleadas de colores que se mueven despacio. No sé si mis colores son “los correctos”. ¿Y si no lo fueran? ¿Si los colores me delataran como sospechosa con algún tipo de enfermedad?
Julio 24, 2009
"No oyes ladrar los perros", Juan Rulfo
No hay duda de que Juan Rulfo es uno de los mejores cuentistas. Punto. En cualquier idioma. Y sin duda uno de mis favoritos.
¿En qué radica la genialidad? En que supo decir exactamente lo que iba a decir con un puñado de cuentos reunidos en un solo libro llamado El llano en llamas. Uno los vuelve a leer una y otra vez y siempre les encuentra algo nuevo, algo asombroso. Dolor, soledad, angustia y otras emociones no identificadas pero que le dejan a uno aguadito el corazón. Uno puede visualizar exactamente las situaciones aunque no haya (en algunos casos) descripciones detalladas. Uno escucha aquellas voces. Uno ve los rostros curtidos de los personajes.
"No oyes ladrar los perros" es uno de los cuentos que suelo utilizar en mis talleres (otro que suelo usar es "Diles que no me maten"). Me parece valioso por el predominio del diálogo como manera de contar una historia. Como suele pasar con Rulfo lo que no se dice es tan importante como lo que sí se dice. Un genio el señor.
Aquí el cuento leído en la propia voz de Rulfo. Y la foto fue tomada por él (que por cierto, sus excelentes fotos corresponden visualmente al ambiente de toda su obra).
Julio 21, 2009
A 30 años de la Revolución Sandinista (los recuerdos son como un avispero)
Se me ocurrió escribir algo sobre lo 30 años de la Revolución Sandinista, cuyo esplendor y decadencia me tocó vivir in situ, pero confieso que no me ha sido fácil. Empezaba con una cosa y me dispersaba por cientos de rincones y ramificaciones. Borraba y volvía a empezar, tratando de enfocarme en un hilo.
Pero es que para mí hablar sobre Nicaragua no es algo sencillo. Viví unos 18 o 19 años por allá. Me tocó ser testigo no solo de la revolución misma sino de 2 presidentes posteriores, Violeta Barrios y Arnoldo Alemán. Ya para Enrique Bolaños me tocó irme a Europa un año y a mi regreso fue cuestión de meses y regresé al Salvador.
Durante el primer texto que intenté, y viendo que me iba por un montón de detalles, se me atravesó aquella idea nada original que siempre se me ocurre: “esto es como para escribir un libro”. Siempre me amenazo a mí misma con eso. Para alegría pública, son escasas las amenazas que se cumplen, por un lado por falta de tiempo (y porque algunos libros me parecen más “urgentes” que escribir que otros) y por otro porque hay ideas que nacen, crecen y mueren en un día o dos.
Se me vinieron a la cabeza, más que nociones generales, recuerdos muy puntuales:
Julio 20, 2009
Tutti frutti
- Si le gusta cocinar, no se pierda Cocina para impostores. Y si no cocina, tampoco se lo pierda. Antes de cada receta, hay una "ambientación sobre el platillo" llena de buen humor.
- Para los amantes de los animales, The Animal Blog.
- The World of Jack London, una buena página sobre el autor, con varios de sus cuentos (en inglés).
- Los objetos imposibles de Jacques Carelman.
- "Literatura, ¿para qué?" de Emiliano Monge.
- Reviva el viaje a la luna en tiempo real: We Choose The Moon.
Julio 17, 2009
Del libro como un fantasma
Hace años que dejaron de interesarme los ganadores del concurso de Alfaguara. No los leo. No me han interesado ni llamado la atención los argumentos de las obras ganadoras. Leo las primeras páginas y me digo “paso”, tengo cosas que me urge e interesa mucho más leer.
Eso no impide que siga las noticias sobre los ganadores. Hubo algo en la entrevista que le hicieron ayer al ganador de este año Andrés Neuman en La Nación de Argentina, que me dejó pensando.
Dice Neuman:
... para un escritor cuando el libro se publica en cierta forma muere. Probablemente resucite para los lectores, pero el escritor recibe un reconocimiento por algo que ya no le sirve. Uno habla de la historia anterior y lo que tiene en la cabeza es la siguiente. Yo le propondría a las editoriales hacer promociones de los libros que estamos por escribir, eso sería psicológicamente más saludable (se ríe).Continuar leyendo»
Julio 16, 2009
"Yo ya me voy", Lila Downs
Sólo el pensar
que dejé un amor pendiente
nomás que me acuerdo
me dan ganas de llorar.
(Cada vez que escucho esta canción, se me salen las lágrimas).
Julio 14, 2009
Para vender un libro...
Supongo que ya no es de extrañarse que algunos escritores (o quizás muchos, no sé), decidan que su escritura debe estar encaminada a complacer editoriales o modas pasajeras, o enfocada en intentar las escritura de un “bestseller” para forrarse en billetes. Algunos creen que la “fórmula” para ello es acompañar su libro de algún escándalo o de tácticas de marketing inusuales, todo con tal de llamar la atención y, por lo tanto, de lograr las ventas deseadas.
Pienso en estas cosas a raíz de dos noticias: la primera, la del escritor croata Pero Kvesic que “amenazó” con quemar toda la edición de sus libros si nadie los compraba. Había juntado los 425 libros que quedaban de una auto-publicación de 1,000 ejemplares y ya tenía dispuesto el montón en el centro de Zagreb cuando dos distribuidoras le compraron los libros y se salvaron de la quema.
La otra noticia es la del escritor japonés Koji Suzuki, quien publicó su última novela, Drop (Gota) sobre papel higiénico. Se trata de una historia de terror psicológico que transcurre dentro de un pequeño baño japonés y dura exactamente 88 centímetros de papel, así que en cada rollo la historia se repite 34 veces. Cuesta el equivalente a 2.2 dólares y ya ha vendido 80 mil ejemplares a un mes de haberse “editado”. El libro-rollo se vende tanto en la sección de artículos del hogar de los supermercados, como en librerías y también en internet.
No sé si a tal producto pueda llamársele en realidad una “novela”, pues sólo tiene 2,000 palabras, es decir, son poco menos de 5 cuartillas a espacio sencillo (para mí, eso sería un cuento). Pero bueno, ya sabemos que a los japoneses eso no les quita el sueño, tomando en cuenta que hay "novelas" escritas para teléfonos celulares. De hecho, de las 10 novelas más vendidas el año pasado en Japón, 5 fueron "novelas para celulares".
Julio 13, 2009
El ángel y Michael
Su belleza atrapó a todos y en particular a los que en aquellos años cruzábamos esa hosca tierra ignota que separa la niñez de la adolescencia.
Nosotras, las niñas, queríamos ser como ella. Queríamos su sonrisa de blanquísimos dientes, sus ojos azules, su cuerpo de modelo, su simpatía, pero por sobre todas las cosas, queríamos su pelo. Gastamos, o mejor dicho, hicimos gastar a nuestros padres, cantidades inimaginables de dinero en rulos, cepillos, secadoras, sprays y salones de belleza, buscando lograr que nuestros (por lo general) oscuros cabellos tuvieran la docilidad y el fluir de aquella rubia y abundante melena.
Cortábamos su foto de las revistas para forrar con ella nuestros cuadernos y folders del colegio. Veíamos cada episodio de Los ángeles de Charlie y lo comentábamos al día siguiente. Farrah Fawcett era, sin duda, nuestra favorita. Nuestro modelo a seguir.
Su imagen compartía espacio en nuestros cuadernos con los ídolos masculinos del momento: David Cassidy, los Bay City Rollers, Leif Garrett, Vince Van Patten y los hermanos Osmond, un grupo de hermanos que cantaban cancioncitas de lalala y de amorcitos inocentes y que rivalizaba con un grupo totalmente diferente, los Jackson Five.
Éstos eran negros, usaban afros, se vestían de colores psicodélicos y bailaban como solamente ellos podían hacerlo. Pero aunque los hermanos funcionaban como grupo, destacaba en especial su vocalista, un niño chiquito, de carita dulce, con una voz maravillosa y una gracia infinita, un niño llamado Michael.
Julio 09, 2009
Julio 07, 2009
Problemas con servidor
Desafortunadamente la plataforma que alberga este blog tiene algunos problemas de memoria con el servidor, lo cual hace lentas las tareas normales de postear y subir sus comentarios. No sé si ustedes, cuando quieren comentar o entrar a la página, también sienten dicha demora. Sólo puedo decirles que ya se está trabajando para mejorarlo. Sus comentarios serán subidos pero nada más de noche, que es cuando mejora un poco la velocidad. Disculpas por los inconvenientes. Paciencia amigos, y gracias.
El día que compré Thriller
Entre el 84 y el 85 tuve que hacer más de un viaje a México. Y ya era una especie de rutina que, al acercarse la fecha de regresar a Nicaragua, me iba a una de esas grandes tiendas mexicanas donde venden desde alfileres hasta televisores. El asunto era ir a comprar provisiones. Anoto que en aquel tiempo vivía en Nicaragua y que los Estados Unidos nos tenía bajo un embargo económico severo. No había, literalmente, nada. Y lo que tenía que ir a comprar era una buena dotación de cosas como shampoo, desodorante, jabón de baño, pasta de dientes, toallas sanitarias, papel higiénico, acetaminofen, entre otras cosas, además de un infaltable frasco de chile de árbol (vendían unos que ya venían preparados en un chilerito que me duraba meses).
Entré a la tienda y hacia el lado de la izquierda estaban los radios, equipos de sonido, televisores y discos. Así es que comencé mi gira por aquella sección. Me entretuve viendo los casettes (sí chiquillos, los CD’s todavía no existían) y entre los que estaban rebajados encontré Thriller. Me puse a pensar en las canciones del disco que me gustaban (ya tenía más de un año de haber salido) y me lo llevé junto a las provisiones arriba mencionadas.
Regresé con mi botín a la Managua sandinista y escuché mi casette de Michael Jackson hasta que prácticamente se me desbarató en las manos. No exagero. Lo oía tanto, todo el tiempo, día y noche, como si fuera el único casette que tuviera, hasta que un día se hizo pedazos y no hubo manera de volverlo a componer, hecho que me molestó mucho porque uff, ¿cómo vivir sin aquella música?
Julio 06, 2009
Tutti frutti
- Para los amantes de los gatos: Everykthing Kitties y Miezekatzen.
- "Onetti y yo éramos dos monstruos", una de las últimas entrevistas concedidas por Idea Vilariño.
- "Con V de Vian", en Página/12.
- Portal de Enlace Académico Centroamericano de FLACSO (vía Hunnapuh).
- Mucho gusto Centroamérica, directorio regional cultural y social.
- Ground Zero 1945: Pictures by Atomic Bomb Survivors: los que eran niños cuando las bombas atómicas dibujaron cómo lo vivieron. Esta página recoge esos dibujos.
