Junio 25, 2009
Las benévolas, Jonathan Littell
He pasado los últimos 8 meses leyendo Las benévolas de Jonathan Litell, un novelón de 974 páginas, sin incluir el abundante glosario. Debo admitir que no lo leí de manera continua. A veces por falta de tiempo, otras simplemente por falta de ganas (recuerden que trabajo corrigiendo textos, así es que me la paso leyendo prácticamente todo el tiempo y para descansar, opto por no leer nada más...). Aparte de eso, era incómodo andar manipulando un libro tan voluminoso, que de remate conseguí en tapa dura. Pesaba demasiado como para meterse a la cama con él y leerlo de manera cómoda o llevarlo en algún viaje.
Resulta difícil saber por dónde comenzar a comentar este libro porque el tema, la historia, la manera en que está tratado y muchos otros detalles dan mucho qué decir y ciertamente dejan mucho en qué pensar. Además, me resultaría difícil analizar el libro exclusivamente desde el punto de vista de un lector común, sino que también tendría que hablar de él desde mis zapatos de escritor.
Disculpas de antemano por una entrada que será inusualmente larga.
Escrita toda en primera persona, el narrador de esta historia es Maximilian Aue, un ex-alto oficial de la SS, quien muchos años después del final de la guerra se decide a escribir (y describir) todo lo que vivió durante la guerra. El rango de tiempo va desde junio de 1941 hasta abril de 1945, y abarca geográficamente desde el Cáucaso a Stalingrado, de Berlín al sur de Francia, de Auschwitz a Dachau.
En el prólogo, que me parece lo mejor de todo el libro, Aue nos deja bien claro que no escribe por arrepentimiento ni por expiar culpas. No es un oficial arrepentido y ciertamente tampoco es un oficial “inocente”. Su participación en los acontecimientos es directa y ejecutada por convicción. Pero además, Aue condensa todas las características que para un lector puede ser un “ser maligno”: Aue no sólo ejecuta judíos, gitanos y otras personas, sino que está enfermizamente enamorado de su hermana, con quien tiene fantasías eróticas (que son descritas con todo lujo de detalles) y por lo cual, Aue ha optado por la homosexualidad (como una forma de lealtad a Una, su hermana, o una manera “obligada” a serle fiel).
