Junio 23, 2009
What if God was one of us?
Domingo en la mañana, como todos los domingos de mi vida, es el “día universal de la pereza”, es decir, prohibidísimo trabajar y/o hacer cosas desagradables (a menos que sea imprescindible y siempre hago lo imposible porque así sea).
Levantarse tarde, desayuno suculento y agradable, prohibido además ver la hora. El zapping me hace aterrizar en una película, Regreso del Todopoderoso. La película es mala y prescindible, aunque tiene un par de puntadas divertidas, pero la primera parte con Jim Carrey fue sin duda bastante mejor.
Sin embargo, hubo un detalle que me dejó pensando. Morgan Freeman aparece de nuevo en el papel de Dios. Vestido de blanco y estilizado, como siempre, de buen humor, sonriente y hasta bailando.
En la escena final, el personaje baila con Dios, quien ríe y enseña todos sus dientes, y luego cuando da vuelta, Dios se ha ido. Es decir, la última visión que tiene de Dios es de un Dios sonriente y bailando.
Pensé en eso. En un Dios sonriente, bailando, comprensivo, bromista, en contraposición a esa imagen humanizada y sobre todo atemorizante que nos imponen algunas religiones, la de un Dios castigador, enojón, de barbas largas y blancas, con libros, listas, cuentas y llaves que te permitirán entrar al paraíso o irte derechito a freírte en el infierno.
Pensé también en otra de las escenas que me gustaron. Levantarse una mañana y encontrarse a un sonriente Morgan Freeman y preguntarle ¿y usted quién es? Y que él te conteste “soy Dios”. Sería genial (sobre todo porque amo a Morgan Freeman, jaja).
