Junio 16, 2009
Bloomsday
Lo primero que mira son los tejados oxidados de las casas vecinas y más allá, el horizonte que pinta nubes oscuras, amenaza de tormenta.
Lo siguiente que mira es a Lulú, enrollada en una posición que para un humano sería imposible, tan profundamente dormida que ronca. Ella trata de imitarla en la medida que el estrecho espacio de su cama de prisionero lo permite.
Lo tercero que mira es su imagen en el espejo. Y lo primero que le llama la atención es la profundidad, el arco y la oscuridad de sus ojeras. Es lo único que mira de todo su rostro. Ojeras. En ese sentido es un alivio amanecer sola, piensa. Detestaría que alguien la viera dormida, que alguien la viera despertar, que alguien viera ese rostro a esa hora.
Medio sonámbula entra al minúsculo rincón que llama “cocina”. Sobre la refrigeradora está todavía el plato con un par de lascas de pescado crudo que Lulú no terminó de comer la noche anterior. Ahora hay cientos de minúsculas hormigas que suben por el costado del refrigerador hasta alcanzar el plato y atacar el bocado. Las deja ahí. Las hormigas también tienen derecho a comer, piensa.
