Junio 01, 2009
El verdadero cambio
Hay algunas palabras que desde hace varios meses, cada vez que las oigo, sufro los síntomas de un empacho digestivo. Una de ellas es “cambio”.
La palabrita se puso de moda cuando los asesores políticos de Barack Obama le aconsejaron usarla como lema de campaña, primero para lograr ser el candidato presidencial demócrata y luego para ganar la presidencia de los Estados Unidos. “El cambio que necesitamos”, “cambio para la gente”, “cambio en el que podemos creer”, “vota por el cambio”, fueron algunas de las variantes y combinaciones con las que se usó la palabra durante su campaña. La promesa del cambio en una sociedad cansada de guerras, infortunios hipotecarios, recesión económica y otras desgracias, logró seducir a los votantes de manera masiva, con los resultados que ya todos conocemos.
Desde entonces no han faltado los candidatos y partidos políticos de otros países que adoptaron la misma promesa. Lo curioso es que la palabra ha sido ocupada por diferentes corrientes políticas, esperanzados en que al invocar un cambio se garantice un triunfo electoral. Como si su sola mención fuera una fórmula mágica, un talismán de la buena suerte. Dicha promesa tampoco faltó en la última campaña electoral salvadoreña.
Los asesores de Mr. Obama sabían muy bien lo que hacían. Porque ¿quién no está cansado del oscuro panorama que está viviendo la humanidad? Estamos cansados de la criminalidad, de la violencia y de la inseguridad con la que convivimos a diario. Cansados de trabajar cada día más y ganar cada vez menos, sin ver mejoría alguna en nuestra calidad de vida (eso quienes tienen el privilegio de tener un empleo). Cansados de los escándalos políticos y financieros. De la impunidad y la corrupción. Cansados de guerras, de pandillas y de mafias. Cansados de la desesperanza, de las confusas perspectivas de futuro. Pero lo que seguramente nos tiene más cansados es ver que “nadie hace nada” y que la cosa, lejos de mejorar, empeora. ¿Quién no querría que todo esto cambiara?
