Abril 06, 2009
Por la dignificación de nuestra cultura
Por cuestiones de cierre editorial, esta columna suele estar escrita y entregada a redacción una semana antes de su publicación. De ahí que resulta difícil escribir oportunamente sobre algunos asuntos coyunturales. Por lo demás, creo que casi todas las columnas de opinión aparecidas desde el 16 de marzo en los diferentes medios escritos, se refirieron a las elecciones presidenciales salvadoreñas y su resultado. No voy a repetir lo que han dicho todos esos columnistas ni tampoco lo que se ha dicho en ese mundo paralelo de opinión que es internet, donde diferentes espacios como blogs o periódicos electrónicos han escrito hasta la saciedad sobre el tema.
Sin embargo, no escapa de mi atención que, como siempre, uno de los grandes temas ausentes sea el aspecto cultural. Fue un tema minimizado, si acaso apenas presente, durante la campaña electoral. Algo que ya no sorprende. Desafortunadamente en El Salvador, la cultura ocupa el último lugar de importancia para nuestros políticos y para la sociedad en general. Incluso el deporte recibe mayor atención, aunque los deportistas digan lo contrario. Y si no, recordemos el caso del futbolista salvadoreño que metió un gol en un partido en el extranjero y a quien se recompensó con cinco mil dólares. O contemos la gran cantidad de páginas que la prensa escrita le dedica al deporte nacional e internacional.
Aclaro: no tengo absolutamente nada contra los deportes. Todo lo contrario, soy aficionada a más de alguno. Pero como una persona cuyo interés primordial es la literatura, lamento la invisibilidad que tienen el arte y la cultura en la sociedad salvadoreña. Los gobiernos de turno han sido muy descuidados en estas áreas y no han tenido la visión para comprender el potencial educativo e incluso económico que la actividad cultural, bien encausada, podría tener para el país.
