Marzo 18, 2009
Pensamientos al margen
No he podido leer periódicos ni artículos en internet. Apenas voy marcando los artículos que quiero leer más adelante. No he ido al cine, no he alquilado películas, no he visto nada en televisión. No he salido más que al gimnasio e incluso esas salidas las tengo reducidas. No he contestado varios correos. Casi todo está quedando “para después”. No he leído absolutamente nada de literatura. Y escribir sigue siendo mi eterna quimera.
Todo eso no es por la tan cacareada crisis, sino por una avalancha de trabajo que me ha obligado a trabajar de corrido incluso los fines de semana, incluido el sacrosanto domingo. Así será por lo menos otro par de semanas.
En brevísimos momentos tengo tiempo para pensar en otras cosas. Me pregunto, por ejemplo, si algo bueno trae ese diario conteo no de muertos, sino de desempleados, que ahora asolan al mundo. Me pregunto si he perdido la capacidad de asombro. Me pregunto si la que vive fuera de la realidad soy yo y no los demás, como tanto pienso. Me pregunto qué hago en Costa Rica. Me pregunto qué sentido tiene la vida sin amor. Me pregunto por qué las cosas se estancan a veces en un punto desagradable para nosotros y cuesta tanto salir del atolladero. La esperanza es que un día se saldrá. Insisto: esa esperanza es la que nos hace salir de la cama cada mañana.
