Febrero 14, 2009
Dos años después
Ningún 14 de febrero ha sido jamás especial ni inolvidable ni significativo para mí. Pero desde el 2007, los 14 de febrero jamás volverán a ser los mismos. Fue el día que la Bonifacia tuvo la elegancia y el buen gusto de escoger como el día de su muerte. Ella que era todo amor. Que exigía amor y afecto y no te dejaba en paz hasta recibirlo. Pero así como era demandante de cariño, así era de pródiga en dar su amor. Literalmente se babeaba de la emoción de volverme a ver después de un viaje o pegaba brinquitos de conejo de la alegría al verme volver del trabajo o de un mandado de 10 minutos. Ella era mi sobredosis de amor diario.
La vida no ha vuelto a ser igual desde su partida. Ella era el centro de nuestro particular trío. Así lo asumimos desde que nació. Era como si el centro de las atenciones y las prioridades fuera siempre ella. Algo tenía en su carácter, su delicadeza y un aire infantil que jamás perdió que así lo impusieron, de manera tácita.
Sé que la Loli también la extraña. Desde la muerte de la Boni, ella ha cambiado un poco su carácter y, sea por su edad o por la ausencia de la otra, ahora está algo más sensible y apegada a mí. Curiosamente, el año pasado y también éste, la Loli se ha deprimido en esta fecha. Como si también recordara, como si supiera el día que es hoy. ¿Lo sentirá de alguna manera, sabrá que es el aniversario?
En fin, que la princesita nos hace falta. Para qué digo más.
