Febrero 13, 2009
Estas condenadas migrañas...
Como si me hubieran amarrado de los pies al guardafangos trasero de una camioneta y me hubieran arrastrado durante 47 kilómetros a través de bosques, lodazales, caminos llenos de piedras y tramos asfaltados, así me sentí ayer gracias a algo que comenzó como un dolor de cabeza y terminó convirtiéndose en una migraña pero de aquellas terribles.
Lo que más me da rabia es que la migraña es como una niña traviesa que se aparece y piensa “¿cómo hago para engañarla y que crea que esto es sólo un dolorcito de cabeza?”. Porque así empezó ayer, como un dolorcito de cabeza que con algún calmante normal se calmaría. Pero jamás se calmó. Y creció y creció y creció hasta que, por la tarde, sabiendo que no iba a servir, acudí a la migradorixina y a la cama, porque me sentía fatal.
Lo bueno es que sólo fue un día. Y hoy me siento espectacular, digo, en comparación con ayer...
