Febrero 26, 2009
De cuentos y concursos (final)
-Recordemos también esto: el cuento es esencia. Decía Kurt Vonnegut que había que comenzar el cuento lo más cerca posible del final. En otras palabras, definamos y delimitemos exactamente cuál es nuestra historia y concentrémonos en ella.
El problema de varios de los cuentos fue, precisamente, la dispersión. Demasiados detalles, reflexiones, personajes, acciones que no llevaban a ninguna parte y que no contribuían a darle fuerza al cuento sino más bien todo lo contrario, lo debilitaron.
Hubo muchos cuentos que pasaban 2 o 3 páginas dando un preámbulo larguísimo para finalmente “aterrizar” en el asunto y comenzar lo que era realmente el cuento.
La novela es el espacio ideal para contar historias y detalles, antecedentes curiosos, descripciones minuciosas; pero en el cuento, todo debe ir al grano, todo debe estar en función de ese asunto que es la médula del texto. Todo lo que no esté en función de contar dicha historia debe ser cortad y eliminado, sin piedad alguna.
Febrero 25, 2009
De cuentos y concursos (2)
-Un requisito elemental para escribir es la buena ortografía, el conocimiento de las reglas de puntuación y una buena redacción. Con ello ya se tiene la mitad del asunto resuelto. Lo demás son cuestiones de estructura, concepción y planteamiento de una historia.
Comprendo que en muchos casos, la escritura es algo así como “un asunto secreto”. Cuesta (lo sé por experiencia), atreverse a enseñar un texto escrito a otros. Pero tarde o temprano habrá que hacerlo si nos queremos meter a esto de la literatura.
¿Les interesa entrar a un concurso literario? Una regla básica de participación es la presentación del cuento (o poema o novela o lo que sea). Y cuando hablo de presentación no me refiero a la presentación visual del texto: muchos de los cuentos venían con dibujos, marcos, líneas, dibujos hechos a mano o impresos en colores pastel, portadas fotocopiadas con animales o paisajes... puede que resulte agradable visualmente (aunque no siempre, y en algunos casos, los dibujos interferían con la lectura porque estaban encaramados sobre las letras); sin embargo, todo ello no sirve para aumentar la calidad del texto, mucho menos para “influenciar” al jurado en el sentido de que “como vino con un marco de colores o traía un dibujito”, se iba a premiar un cuento. Esos detalles visuales NO tienen nada que ver con el cuento a menos que, como muy raramente ocurre, sean parte del texto en sí (pienso por ejemplo en El principito de Saint Exúpery).
Febrero 24, 2009
De cuentos y concursos (1)
Como había prometido, quiero compartir algunas de las cosas que me llamaron la atención en las participaciones del reciente concurso de “Letras nuevas”. Ojalá estos apuntes contribuyan a que los participantes (u otras personas interesadas en la escritura del cuento) detecten los fallos de sus textos y les ayude a pulir el cuento participante u otro que tengan guardado por ahí.
-Retomo lo dicho en la entrada de la semana pasada: un cuento no se escribe en pocos días (aunque puede ocurrir, pero es más bien un asunto excepcional). Por ello mismo, es válido que a partir de hoy mismo retomen su texto, lo limpien, lo estudien, lo desarmen y lo vuelvan a armar, reescriban, de ser necesario, para sacarle su mejor brillo. No esperen a una convocatoria para comenzar a escribir su cuento. Un escritor no escribe para participar en un concurso:un escritor escribe porque no puede evitarlo, porque tiene una historia qué contar, porque no entiende el mundo y la realidad si no es escribiendo. Un escritor no escribe para un concurso porque ganarlo es algo tan del azar como ganarse la lotería.
Continuar leyendo»Febrero 23, 2009
Gerardo
Nació en algún lugar de Guatemala, de cuyo nombre ya no quiere o ya no puede acordarse. Creció allá pero la vida lo trajo hace cosa de diez años a Costa Rica.
Tenía mujer, un par de hijos. Vivían en una casita. Trabajaba como operador en una fábrica. No suelta muchos detalles acerca de su pasado. Todo depende de cómo se encuentra el día en que te lo platica, de cómo esté su lucidez. En algún momento de su historia, un momento que no precisa, lo dejó y perdió todo por el alcohol.
Gerardo es el indigente oficial de nuestra cuadra. También es conocido como Francisco, Chico o “El indio”. Precisamente tiene el rostro aindiado, pómulos altos, piel muy oscura, ojos rasgados y una voz áspera como lija.
Gerardo vive en nuestra calle y sus alrededores. Se dedica a cuidar vehículos. Come de lo que le dan en el comedorcito chino de la esquina, cuyo dueño en realidad no es chino, ni siquiera oriental, sino un nicaragüense que vino a Costa Rica, también hace varios años, buscando una mejor vida.
A Gerardo es frecuente verlo buscar comida en las bolsas de basura. A veces he pasado mientras él saca algo y se lo come. Da la vuelta para que no lo mire hacerlo. También se da la vuelta cuando lo encuentro sentado en la banqueta tomando alcohol. Si las propinas por cuidar carros han sido buenas, se da el lujo de tomar un botellita de guaro Cacique. Pero si no, bebe una botella de alcohol de farmacia. La bebe como si fuera limonada. Traga con avidez y puedo ver en su rostro la sensación de alivio que le provoca aquel trago.
Febrero 17, 2009
Otra entrevista en El Faro
Esta entrevista que salió ayer en El Faro es quizás la que más me ha gustado de las que he dado, por diferente.
Sobre el concurso "Letras Nuevas"
En las últimas semanas he estado dedicada a la lectura de 187 cuentos, que fueron los participantes del concurso "Letras Nuevas" de La Prensa Gráfica de El Salvador. Fui miembro del jurado de la sección de cuento junto a Rafael Menjívar Ochoa y al escritor venezolano Carlos Sandoval. Ayer lunes se dieron a conocer los ganadores, tanto en las ramas de cuento como de poesía.
Como siempre ocurre cuando tengo la oportunidad de conocer textos de escritores no publicados, la experiencia se transforma en algo muy enriquecedor a nivel personal. Créanme que aprendo mucho de la lectura de tanto material. En esta ocasión en particular, capitalizaré la lectura para alimentar mis talleres de cuento, porque una cosa es hablar a partir de la teoría o la experiencia personal y de los textos de los participantes en un taller, pero otra es hablar a partir de la lectura de tantos cuentos que vienen de un rango de edades y experiencias muy diferentes.
Precisamente hoy, dentro de pocas horas, salgo para El Salvador a participar en las actividades alrededor de la premiación del concurso. Y ya iremos dando a conocer algunas de las impresiones de los jurados.
Quiero por el momento subrayar algo: a las personas que tan amablemente me han escrito y solicitado entre ayer y hoy un comentario personalizado de su cuento, debo decirles que lo lamento mucho pero no podré complacer dichas peticiones. No porque no quiera. Pero entiéndanme: si lo hago por algunos, tendría que ser justa y hacerla por todo el que lo solicite, o por todos en general. Y analizar 186 cuentos sería una inversión de tiempo muy grande para mí, un tiempo con el cual no cuento, porque uno tiene que dedicarse a otras actividades para sobrevivir económicamente, y sobre todo, a la propia escritura (que para mí es mi prioridad número uno).
Febrero 16, 2009
¿Qué ha cambiado?
Cuando vi esta foto, recordé a Paula, una guerrillera caída en un combate urbano en San Salvador, a fines del 79 o comienzos del 80. Todavía guardo esa foto entre mis pertenencias, que siguen estando "allá" (por eso no se las escaneo y no la encontré en internet). Recuerdo que aquella foto me impactó profundamente, como también me impactaría luego ver a otra combatiente, conocida como "la Checa", en pleno enfrentamiento armado contra el ejército en el centro de San Salvador. En aquellos años, las mujeres en la guerrilla urbana eran muy pocas y las que estaban se ganaban toda mi admiración.
Vi esta foto. Y recordé muchas cosas, muchas, muchas cosas. Porque yo fui una de esos niños que, camino al colegio, tempranito por las mañanas, metida en la relativa seguridad de un carro, miraba cadáveres tirados en las calles de la ciudad. En aquellos tiempos eran perseguidos políticos por el gobierno militar.
Ahora, esta foto, ganadora del concurso de World Press Photo y tomada por la salvadoreña Lissette Lemus, muestra una imagen tan idéntica a la de aquellos años. A 30 años atrás. Sólo que ahora, la fallecida es Petrona Rivas, muerta por violencia de maras o pandillas.
Pero si no supiéramos ese pequeño detalle, ¿qué sería diferente?
Treinta años y miles de muertos después, los niños siguen yendo a clases y miran cadáveres en las calles de la ciudad. Así es mi país...
Febrero 14, 2009
Dos años después
Ningún 14 de febrero ha sido jamás especial ni inolvidable ni significativo para mí. Pero desde el 2007, los 14 de febrero jamás volverán a ser los mismos. Fue el día que la Bonifacia tuvo la elegancia y el buen gusto de escoger como el día de su muerte. Ella que era todo amor. Que exigía amor y afecto y no te dejaba en paz hasta recibirlo. Pero así como era demandante de cariño, así era de pródiga en dar su amor. Literalmente se babeaba de la emoción de volverme a ver después de un viaje o pegaba brinquitos de conejo de la alegría al verme volver del trabajo o de un mandado de 10 minutos. Ella era mi sobredosis de amor diario.
La vida no ha vuelto a ser igual desde su partida. Ella era el centro de nuestro particular trío. Así lo asumimos desde que nació. Era como si el centro de las atenciones y las prioridades fuera siempre ella. Algo tenía en su carácter, su delicadeza y un aire infantil que jamás perdió que así lo impusieron, de manera tácita.
Sé que la Loli también la extraña. Desde la muerte de la Boni, ella ha cambiado un poco su carácter y, sea por su edad o por la ausencia de la otra, ahora está algo más sensible y apegada a mí. Curiosamente, el año pasado y también éste, la Loli se ha deprimido en esta fecha. Como si también recordara, como si supiera el día que es hoy. ¿Lo sentirá de alguna manera, sabrá que es el aniversario?
En fin, que la princesita nos hace falta. Para qué digo más.
Febrero 13, 2009
Estas condenadas migrañas...
Como si me hubieran amarrado de los pies al guardafangos trasero de una camioneta y me hubieran arrastrado durante 47 kilómetros a través de bosques, lodazales, caminos llenos de piedras y tramos asfaltados, así me sentí ayer gracias a algo que comenzó como un dolor de cabeza y terminó convirtiéndose en una migraña pero de aquellas terribles.
Lo que más me da rabia es que la migraña es como una niña traviesa que se aparece y piensa “¿cómo hago para engañarla y que crea que esto es sólo un dolorcito de cabeza?”. Porque así empezó ayer, como un dolorcito de cabeza que con algún calmante normal se calmaría. Pero jamás se calmó. Y creció y creció y creció hasta que, por la tarde, sabiendo que no iba a servir, acudí a la migradorixina y a la cama, porque me sentía fatal.
Lo bueno es que sólo fue un día. Y hoy me siento espectacular, digo, en comparación con ayer...
Febrero 12, 2009
El día que murió Julio Cortázar
El día que murió Julio Cortázar me encontraba en algún lugar de Río San Juan. Posiblemente en la ciudad de San Carlos, Nicaragua. En aquella época trabajaba con un ONG alemán que se dedicó a construir toda la infraestructura de salud de aquella región tradicionalmente olvidada por los gobiernos de aquel país.
Nos tocaba andar por todas las poblaciones y visitar los nuevos asentamientos formados por personas que venían huyendo de la Contra. Estamos hablando de 1984, así es que la situación no era fácil.
En lo personal, era un contraste muy grande y fuerte conocer una de las zonas de belleza natural más impactante de la región centroamericana, pero al mismo tiempo, era una de las zonas más peligrosas y complejas por todo lo que ocurría a nivel político-militar.
Cuando volví a Managua, tuve que ir a alguna reunión al Ministerio de Salud. Y, lo recuerdo bien, caminando por uno de los pasillos vi en un mural una foto de Cortázar con la noticia de su muerte. Me quedé parada allí, viendo y leyendo una y otra vez la nota cortada del periódico Barricada, que ensalzaba al escritor pero que no decía algo tan elemental como de qué había muerto. Algún titular decía "¡Viva el compañero Julio!". La reunión a la que tuve que asistir la escuché a medias, porque mi verdadero yo estaba pensando en Cortázar.
Cortázar estuvo en varias ocasiones en Nicaragua, solidario como era con la Revolución Sandinista, en aquellos años donde la euforia y la esperanza de hacer bien las cosas era contagiosa. Él era además muy amigo de Claribel Alegría que también vivía (y vive) allá. El asunto es que nunca pude verlo en persona en ninguna de sus presentaciones o visitas, aunque fue Managua mi gran “escuela cortazariana”. Todos sus libros se podían conseguir en co-ediciones de Era de México y la Editorial Nueva Nicaragua, Siglo XXI e incluso logré encontrar una copia de Historia de Cronopios y Famas de una editorial argentina cuyo nombre no recuerdo (y no tengo mi biblioteca aquí para consultarlo | oh amados libros míos, ¡cuánto os extraño!).
Recuerdo que cuando visité a Claribel en esos días, me dijo muy triste “¿Viste? Se nos murió Julio”. Y de ron en ron, Claribel contó aquella noche varias de sus anédoctas con Cortázar.
Cuando se muere un escritor, sobre todo uno de los que has leído, que te ha dado horas de gozo e imaginación, que te ha enseñado más de alguna cosa a nivel literario, es un poco como que se muriera alguien de tu familia. Un pariente de esa familia alterna que uno construye en su vida, con relaciones de parentesco que no se definen con los roles tradicionales tan manidos de “padre, madre, hermano, primo”, sino que se definen por su nombre.
En este caso, aquel día se me murió Julio Cortázar. Como se nos murió, en cuerpo, a muchos. Y aunque curiosamente también, con el tiempo no es precisamente uno de los escritores a los que vuelvo (siempre vuelvo a Borges, pero muy ocasionalmente a Cortázar), hoy conmemoraremos el 25 aniversario de su partida, leyendo algo suyo.
Por suerte, la letra nunca muere.
Febrero 11, 2009
Silencio
Hay épocas en que las palabras le caen encima a uno como una ola que te arrastra muchos metros en el mar, te revuelca y con suerte te escupe a la playa. Uno queda atontado un rato. Luego se sacude, se levanta, y continúa. Que mi ocasional silencio no haga pensar que no hay nada qué decir. Hay épocas en que las cosas ocurren, pero en el ámbito del pensamiento estrictamente. Y en mi mente han estado pasando/pensándose muchas cosas. Tomándose o tratándose de tomar decisiones, pensando en la inmortalidad del cangrejo (que, ya deduje, es inmortal), midiendo riesgos, preguntándome cosas, deduciendo o esperando otras.
Ando además en alguna cosa de la que no puedo hablar todavía. Ya se sabrá (algunos incluso ya lo saben).
Ténganme paciencia.
Febrero 09, 2009
publicaciones de ayer
Mi columna de ayer en La Prensa Gráfica fue una versión corregida y aumentada de "Besos de café con leche", que ya publiqué acá hace un año, en conmemoración del aniversario del fallecimiento de mi padre.
Pero lo que más me alegró de ayer fue la publicación de "Los pájaro cantaron de noche" en la revista Séptimo Sentido. Aunque no es la versión completa de la crónica que escribí sobre los terremotos del 2001 en El Salvador, sí es una parte sustancial. Lo más importante para mí, sin embargo, es que es la primera vez que se publica en papel y en el país, que era donde yo quería sobre todo compartirla. (Hay una versión mínima como de 5 páginas en una antología de crónica en Argentina, pero por supuesto, dicha antología no circuló en El Salvador). Por desgracia, la versión en línea además de larga está algo mal diagramada para su lectura. Así es que si puede acceder a la versión impresa, mejor.
In Bruges
Hay muchas películas que escapan de la atención general por motivos diversos: porque son de bajo presupuesto, porque no vienen de Hollywood, porque no están distribuidas por una de las grandes empresas de cine, porque no se convierten en éxitos masivos de taquilla, porque, porque... a veces creo que incluso porque alguien les mete zancadilla, o porque son de un director desconocido.
En todo caso, había visto el DVD de In Bruges en la tienda. Me llamó la atención porque ocurre en Brujas (Bélgica), una ciudad que pude conocer en el 2003 o 2004. Precioso lugar, por cierto. Pero el hecho de que fuera etiquetada como “comedia”, que no hubiera escuchado absolutamente nada de ella y que tuviera como protagonista a Colin Farrell, todo me parecía una combinación desastrosa.
Sin embargo, la sorpresa fue que la noche de la entrega de los Golden Globes, no sólo tuvo varias nominaciones, sino que Farrell se llevó la estatuilla por mejor actor en una comedia o musical. Así es que me decidí a verla. Y no me decepcionó para nada.
Un par de matones a sueldo son enviados a Brujas a esperar su próximo trabajo. Los matones, Ray y Ken, son dos personalidades totalmente opuestas. Mientras Ken (Brendan Gleeson) se deleita con la arquitectura, la historia y todos los detalles culturales del lugar, Ray (Farrell) se aburre soberanamente y no soporta la ciudad. En el transcurso de la espera, y de sus visitas por la ciudad, conocen a algunas personas, se dan algunas situaciones y, eventualmente, sabemos cuál es la próxima tarea.
Como me suele ocurrir con varias películas que he visto, siempre me pregunto por qué algunas terminan catalogadas como “comedia” cuando están llenas de elementos dramáticos y cuestionamientos que las inclinan más hacia el lado serio que el divertido. Supongo que es un recurso para “venderla” de algún modo. Y es cierto. In Bruges hace reír, pero sobre todo por sus diálogos cargados de ironía y humor negro, pero no por ser una comedia de situaciones.
Por el contrario, la gran mayoría de personajes son “malos”, tienen problemas psicológicos, son racistas, locos o delincuentes. Y sin embargo, son presentados desde un ángulo humano, sin justificar sus acciones, pero planteando una eventual redención de cada uno.
No cabe duda que la ciudad de Brujas se convierte en un personaje más, trascendiendo su escenario como telón de fondo. Sus edificios medievales, sus callejones y canales, todo se convierte en parte del entramado que ampara a Ray y Ken en sus meditaciones sobre la vida, la muerte, la culpa y la esperanza de que se puede cambiar.
Por momentos no dejó de recordarme a algunas de las películas de Guy Ritchie (para que se hagan un poco a la idea del tono de ésta). In Bruges es menos acelerada y revuelta que las películas de Ritchie, pero anda por esos caminos de los seres inusuales, las situaciones que se amarran de la manera más inesperada por medio de los personajes, el humor, las malas palabras y el espacio para reflexionar sobre algunos temas.
Muy buena. Si se le atraviesa, no pierda oportunidad de verla. Y si consigue el DVD, no deje de ver las extras: los bloopers, un tour por los canales de Brujas y otros aspectos de la realización de la historia por su director Martin McDonagh.
Febrero 05, 2009
Recomendaciones
- Yes! Magazine: su lema es apoyar en la creación de un mundo justo y sostenible. Con artículos realmente diferentes y con una perspectiva constructiva, como el número dedicado a la "Felicidad sostenible" o "Libera tu espacio". En inglés y en español.
-Carátula 28 ya en la red.
- Guillermo Barquero de Sentencias inútiles nos recomienda este artículo de Letras Libres en el que Gabriel Zaid hace una certera reflexión sobre las motivaciones para ser escritor, "Oficio y vocación".
- El artículo anterior me recuerda un poco a este otro de Edmundo Paz Soldán, "En la era anti-Salinger", sobre esa onda de hoy en día de convertir a los escritores en personajes de sí mismos.
- John Updike era conocido, entre otras cosas, por reseñar libros. Este artículo presenta sus 5 puntos a tomar en cuenta para lograr una buena y justa reseña.
- Un cuento de John Cheever, "El nadador".
Febrero 03, 2009
The curious case of Benjamin Button
Por fin logré entrar en el cine y no para ver una “película de consuelo” sino la que quería ver desde la semana pasada, The curious case of Benjamin Button.
Ya más o menos todo mundo sabe que es la historia de un hombre que nace viejito y que a medida que pasa el tiempo, rejuvenece. Con un final que no hay que tener demasiada imaginación para deducir cuál será.
Benjamin Button me dejó pensando en muchas cosas:
Me recordó al cuento de Alejo Carpentier llamado "Viaje a la semilla".
Me hizo conocer el cuento de F. Scott Fitzgerald, que se llama igual que la película, pero que prácticamente no tienen nada que ver.
Recordé la leyenda sobre el nacimiento de Lao Tsé (autor del Tao Te King): su madre, una virgen, lo llevó en su seno durante más de 80 años y le dio a luz bajo la axila izquierda cuando un rayo de sol se introdujo casualmente en su boca mientras descansaba a la sombra de un ciruelo. Lao Tsé nació con cabellos y barba blanca, el rostro arrugado, orejas inmensas y hecho todo un sabio: se puso a meditar en silencio, de inmediato.
¿El tiempo marcha hacia adelante o marcha hacia atrás? ¿Y por qué tenemos la vanidad de pensar que “sabemos” que marcha “hacia adelante”?
La vejez, como circunstancia biológica, no es lo mismo que la vejez, como circunstancia mental o emocional. Se puede ser viejo a los 27 años, se puede ser joven a los 78.
Elizabeth Abott dice algo así como que está esperando desde hace años que algo pase en su vida, algo que la hará mejor. Pero lo único que pasa es el tiempo. Y la vida y ella siguen iguales.
Benjamin Button vuelve a su casa, paradójicamente un hogar de ancianos, y aunque todo le es familiar y los cuartos y todo sigue igual, algo se siente diferente: “soy yo el que ha cambiado”. Conozco esa sensación demasiado bien.
¿Cuál es nuestra relación con el tiempo? ¿Qué hacemos en él/con él?
Habría que vivir sin conciencia de la edad, pero con conciencia del tiempo, es decir, sentir que nunca es tarde para comenzar a realizar nuestros proyectos. Pero por la conciencia del tiempo, que nos lleva a ese callejón sin salida que es la muerte, apurar el paso: hacer, concretar, ejecutar. No seguir esperando.
Aprender y desaprender en la vida.
Rincones en la película que producen serenidad y melancolía: esos encuentros de Button y Elizabeth en la cocina del hotel. Esos encuentros y desencuentros de Button y Daisy a lo largo de la vida. Ese reencuentro donde ella habla y habla y él sólo la mira y ella le dice que él no ha dicho nada y él dice que es para no arruinar el momento.
Agüita en los ojos.
Si la vida fuera como en las películas quizás la entendería mejor.
Las palomitas siguen igual de horripilantes que la semana pasada.
Febrero 02, 2009
Las mil novelas que deberíamos de leer antes de morir
El periódico The Guardian se metió en semanas recientes a conformar una lista de las mil novelas que deberíamos leer antes de morir. Los criterios de selección son un tanto difusos. No quisieron basar su lista en las novelas más populares ni en las más vendidas. En todo caso, dividieron la lista en bloques temáticos (amor, ciencia ficción y fantasía, estado de la nación, familia y ser, guerra y viajes, comedia, y crimen). Cuál es la similitud entre las novelas de guerra y viajes, no me pregunten...
Como suele ocurrir en toda lista, hay grandes ausentes y otras que uno se preguntará por qué están ahí. Debido a la división temática, también podremos preguntarnos por qué, por ejemplo, El castillo de Kafka está considerada como “comedia” (!!!). Que yo recuerde, no me provocó ni una sonrisa su lectura.
Notable es, como por desgracia suele ocurrir en estas listas, la marcada ausencia de obras en español u otros idiomas. De pronto se coló algo de García Márquez (El amor en tiempos de cólera y Cien años de soledad) y Ceguera de Saramago, pero la representación de nuestras novelas es mínima...
En fin, aquí está la lista completa. The Guardian ahora está llamando a sus lectores a que envíen los títulos que no están incluidos y que debieron estar, así es que pueden escribir directamente al periódico para hacerlo (review@guardian.co.uk). Pero claro, también pueden comentar acá.
Eso sí, les aclaro: que esté publicando la lista no significa que yo esté de acuerdo con ella ni que yo participé en su elaboración. Y lo digo porque la última vez que publiqué alguna lista, me cayó una cantidad de insultos e infamias que ni les cuento. Como que “la culpable de la lista” era yo.
¿Cuántas novelas de la lista ha leído, conoce o tiene en su propia biblioteca? ¿Qué novelas faltan según su criterio? ¿Qué novelas latinoamericanas deberían estar en dicha lista? ¿O le parece que las que están son suficientes? ¿O que no tenemos buena novelística?
