Enero 09, 2009
cuentas para donaciones
Comparto los números de cuentas que han sido habilitados para hacer donaciones para todos los afectados por el terremoto:
BAC San José colones, cuenta: 908524192 / SiNPE: 1020000-9085241925
Cuentas Cruz Roja: BNCR colones 100100-7 / BNCR dólares 68666-7
La mañana después
La noche pasó con más tranquilidad. Hubo réplicas, algunas bastante fuertes, pero siento que no fueron ni con la intensidad ni con la constancia como cuando los terremotos de El Salvador. Allá sentíamos que lo peor eran las réplicas, porque no parecían cesar nunca y habían unas hasta de grado 5 y pico.
Desde alrededor de las 11 de la noche hasta ahora ya no he sentido ninguna. Pero no dormí muy bien. Me desperté como a las 4 y me costó volver a dormir. Me levanté casi a las 9 y media, cansadísima.
Todo parece estar más en calma hoy y los cuerpos de ayuda están intentando llegar a las zonas afectadas para ayudar a los que quedaron aislados, atrapados, etc. Todavía hay números inciertos sobre el total de víctimas, pero las imágenes de la destrucción, sobre todo fuera de San José, son muy impresionantes.
Les comparto un video que resume un poco los sucesos de ayer. Y aprovecho para agradecer a los amigos y los lectores del blog que enviaron numerosos mensajes de apoyo y cariño, averiguando como estoy (y hasta saludando a la valiente Loli, que se lo toma todo con mucha calma/hay que aprender de ella). Gracias, de veras.
Terremoto en Costa Rica
A las 13:21 de la tarde me encontraba en el gimnasio. El gym está ubicado en el cuarto piso del Mall San Pedro, si no me equivoco, uno de los primeros malls construidos acá en San José.
Estaba a punto de sentarme en una máquina para ejercitar deltoides, pero alguien había dejado puestos dos discos de 45 libras y el entrenador comenzó a quitarlos para poner los de 25 que yo iba a ocupar. Sacó el primer disco y cuando iba a ponerlo en el mueble donde se colocan, el suelo vibró. No me asusté. Eso suele ocurrir cuando los “samsones” que entrenan tiran las barras con los pesos con demasiada fuerza. Me di vuelta para ver quién había sido el que había tirado algo y vi que el entrenador todavía tenía el disco entre las manos.
Nos quedamos viendo. La vibración continuaba con algo de fuerza, era oscilante, pero de pronto la sacudida tomó una fuerza tremenda. Mi primer impulso fue salir del gym, pero... sentí que era inútil: estaba en el cuarto piso de un edificio, y no había para dónde salir más que al parqueo del mall. Así es que decidí quedarme donde estaba. El entrenador todavía puso el disco en el mueble correspondiente.
La remezón aumentó. Era impresionante. El gym está forrado de espejos y el techo es de concreto (en algún momento fue de hecho, parte del parqueo). Eso me tranquilizó un poco, pues pensé que estaría reforzado como para soportar el peso de los vehículos. Pero también pensé que, si aquello se caía, estábamos fritos. O mejor dicho, simple y sencillamente, aplastados. ¿Pero qué hacer?
Me invadió una extraña resignación. Nada qué hacer/quedarse quieto/esperar/om tare tutare ture soha/si se empieza a caer el techo, ahí sí, buscar qué hacer.
