Noviembre 30, 2008
Noviembre 29, 2008
Noviembre 28, 2008
Nota sobre el chat
En La Prensa Gráfica, una nota sobre el ameno chat con los lectores ayer. En cuanto se suba a la red la transcripción del mismo, les comparto el enlace. Y mil gracias de veras a todos los que participaron.
Noviembre 26, 2008
Chat con lectores
Están atentamente invitados a participar mañana jueves 27 en un chat que tendré con los lectores a través de la página web de La Prensa Gráfica de El Salvador.
Para participar, pueden entrar mañana a las 10 y media de la mañana (hora salvadoreña) en este vínculo y allí estaré yo, "al otro lado", contestando sus inquietudes. También pueden enviar antes sus preguntas, si así lo desean, a la dirección cultura@laprensa.com.sv.
¡Nos chateamos mañana!
Noviembre 25, 2008
Entrevista
"La visión onírica de Jacinta", una nota sobre la presentación de mi libro en La Prensa Gráfica de El Salvador, con audio de la entrevista correspondiente.
Noviembre 24, 2008
Canto de amor a los animales
Tuve un gallo que le gustaba que lo acariciara como si fuera un gato. Cuando yo salía a darle de comer a las gallinas y no le hacía sus respectivos cariños al gallo, se enojaba y comenzaba a picotearme los tobillos o a jalarme la punta del pantalón con el pico, para llamar mi atención. Proporcionadas las caricias tan profusamente solicitadas, el gallo hacía un par de pasitos de baile y emitía un cacareo particular, muestra de su contento.
Tuve un perro llamado Yaki cuya manía era perseguir carros. Le ladraba a las llantas con furia. Un día un carro lo revolcó frente a mis ojos. Perdió varios dientes, quedó patojo y golpeado, pero no murió. Yaki era además cuatrero. Se iba por el monte y volvía con tremendos huesos de res. Quizás había encontrado un matadero. Un día regresó con un agujero en el lomo. Alguien le pegó un balazo. El agujero le fue “curado” con un chorro de creolina pura. El perro no murió. Meses después volvió con un machetazo que se le llenó de gusanos. Más creolina. El perro tampoco murió. En realidad, Yaki murió varios años después, nunca se supo de qué. Quizás de viejo.
Tuve un cotorro llamado Panchito que gustaba beber leche en un vaso. Un día, mi padre encontró en una cuneta del centro de San Salvador a una periquita maltrecha, una catalnica. Tenía la patita derecha torcida y no podía pararse en una estaca. La adoptamos y se pasó el resto de su vida sobre una lavadora. Panchito amaba a la catalnica (a la que no sé por qué, nunca le pusimos nombre), pero la diferencia de tamaños supuso un obstáculo para la culminación de aquel amor. Un día, un potente trueno seco asustó tanto a Panchito que salió volando por la ventana y jamás volvimos a verlo. La catalnica se murió de la tristeza pocas semanas después.
Noviembre 21, 2008
Noviembre 20, 2008
Halfon
En el periódico Siglo XXI de Guatemala, una semblanza sobre el escritor Eduardo Halfon y un avance de su nuevo libro El boxeador polaco.
Noviembre 19, 2008
De librerías
La semana pasada una conocida librería de San José anunció 20% de descuento para los que tienen su tarjeta de miembros del Libro Club. Yo tengo esa tarjeta y casi nunca la uso porque, gulp, casi nunca voy a esa librería porque, más gulp, los libros son caros y por lo tanto, gulp gulp gulp, están fuera de mi presupuesto.
Pero el vicio encuentra siempre pretextos para romper tus defensas y razones. Así es que me fui para allá a ver qué encontraba.
Pasé largo rato casi viendo que mueble por mueble, examinando libros, leyendo contraportadas, porque ahora (oh horror de los horrores), es muy pero muy raro encontrar un libro que no esté envuelto en plástico, medida que me parece absurda en una librería porque, si hay una manera de convencerme (o disuadirme), para comprar un libro es leyendo el inicio, alguna parte del centro, muchas veces incluso leyendo la solapa, viendo la foto del autor... pero los libreros temen que a sus librerías entremos salvajes primitivos con las manos llenas de comida, grasa y quién sabe qué sustancias o fuerza sobrenatural en las manos que les descuajingarán los libros y los mancharan o doblarán sus páginas para siempre, tornándolos en invendibles.
En todo caso, me pasé una buena y tranquila hora soñando con todos los libros que me llevaría. Calculé que fácil, muy fácil, me hubiera podido gastar unos 200 dólares entre libros, calendarios y libretas (porque además, ya están a la venta los calendarios y agendas para el otro año y soy adicta a las libretas y cuadernos). Y no se crea que con 200 dólares en libros hubiera salido con el montón, aunque el descuento hubiera ayudado. Pero cuando ves que los libros valen de 20 dólares para arriba (y los que yo más anhelaba andaban por los 30 dólares), pues...
De todos modos compré una agenda de regalo para una amiga y un par de libros. Entre ellos 2001 Una odisea espacial de Arthur C. Clarke (estaba algo baratillo, y con el descuento me quedó como en 10 dólares). Lo tengo en una edición digital que me mandó alguien, pero como sigo siendo una persona del siglo antepasado, me resulta imposible leer libros en ediciones digitales. Si no tengo el objeto libro en mis manos, es como si no lo leyera. Leer en pantalla o imprimirlo para leerlo en páginas tamaño bond, es como... no sé. No es leer “el libro”.
Ah librerías, lo que hacéis con mis tambaleantes finanzas...
Noviembre 18, 2008
Sorstalanság (Campos de esperanza)
Resulta un contrasentido el título original del título dado en español a esta película húngara. En español se está presentando como Campos de esperanza, pero en inglés se llama Fateless (Sin destino), que es a su vez el título, tanto en inglés como en español, de la novela de Imre Kertész en la que se basa. En húngaro, el título original es Sorstalanság. Si alguien sabe húngaro, dígame qué significa la palabra...
Y tengo que hacer la observación, porque realmente lo de Sin destino se acerca más a la sensación que queda después de conocer la historia de Györgi, un judío húngaro, quien a sus 14 años es llevado a un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
Quizás a algunos les resulte cansino esto de las películas describiendo las vicisitudes de los judíos en los campos de concentración. Pero hay varios detalles que hacen algo diferente esta historia. Por un lado, el hecho de que esté basada en la novela autobiográfica de Kertész (Premio Nóbel de Literatura 2002), quien también escribió el guión. Luego, el retrato de un jovencito que, solo (es enviado al campo sin nadie de su familia), enfrenta la vida (o mejor dicho, la sobrevida) en Auschwitz y luego en Buchenwald.
Noviembre 17, 2008
Recomendaciones
-Un generoso avance de Tirana memoria, la más reciente novela publicada por Horacio Castellanos Moya.
¿Quiere más de Horacio? Léase entonces estos "Apuntes personales sobre literatura y violencia".
-Istmo 17, Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos, ya está en la red, con el tema "La producción musical en Centro América".
-Asombrando al mundo, un blog de Vanessa Núñez Handal sobre la experiencia de tener un hijo con síndrome de Down.
-No se pierda la edición de décimo aniversario de El Cultural de España.
-"Retrato del artista como corresponsal de guerra", un artículo biográfico sobre Vasili Grossman, en El Malpensante.
-Sepa por qué Osvaldo Soriano decía que "un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo" en este precioso artículo encontrado en El cuaderno de Samuel.
-Y para el soundtrack de nuestras vidas: "Love Letter", Nick Cave and The Bad Seeds
Noviembre 14, 2008
Soy de un país tropical
Ayer fue un día espléndido. Por lo menos en cuanto al clima se refiere. El sol brilló sin herir la piel. Un viento refrescante soplaba para agradar a los ciudadanos. El cielo estaba cerúleo intenso. Ni una nube. O algunas pocas, muy pocas, como tiras de dulce de algodón sin colorantes...
Me dio por hacérselo notar a todas las personas con las que me topé: en el gimnasio, en la calle, en el vecindario. Decía yo: “qué día más precioso”, y la sola frase desataba una conversación de imaginaciones de dónde estar, qué hacer. Alguien quería tomarse una cerveza sentada en una terraza. Otra quería tomarse un helado en una copa de vidrio en un café al aire libre. Yo tenía ganas de estar en la playa, en Puerto Viejo, nada más viendo las olas del mar. Mis vecinos arreglaban la grama y las plantas que tienen al frente de su casa y el esposo de la señora, por lo general muy pero muy serio, con un sombrerito puesto, me saludó de lo más contento. La Loli salió y se tiró patas arriba a asolearse la panza y sudaba alegría por todo el cuerpo.
Cuando volví del gym, viendo el cielo así, la primera vez en meses que salí a la calle sin el paraguas, tarareaba en mis adentros una canción, “País tropical”. Caminaba despacio, no sólo porque me dolían algo las piernas (que era lo que me había tocado entrenar), sino para degustar y prolongar la tarde al máximo.
Y pensaba en la gente que se mete en esas discusiones que ocurren a veces, sobre preferir el frío o el calor. La mayoría siempre dice preferir el frío, que del frío pueden protegerse, poniéndose capas de ropa. Supongo que jamás han estado a 12 grados bajo cero como me tocó estar en mi primer invierno alemán (por supuesto, me tocó algo así como el peor invierno alemán de los últimos 27 años), en el que el frío por poco me vuelve loca y que me tenía fantaseando seriamente en lo que me pasaría si me tirara de la ventana del séptimo piso del edificio donde vivía, en un país donde en invierno, desde las 4 de la tarde se hacía la oscuridad y donde el sol (en invierno) jamás brillaba realmente. Realmente odio el frío (nótese que utilizo la palabra "odio"...).
En Costa Rica llueve más que en Macondo. La Loli y yo estamos hasta el gorro de tanto ver llover, de la oscuridad, del agua, del moho, de la humedad, de las nubes, de lo gris. Yo, para colmo, si llueve de noche, no puedo dormir por el ruido. Llueve en todas las direcciones, intensidades, constancias, horarios, milimetrajes y días posibles.
En esas discusiones del frío o del calor, en aquellos tremendos inviernos alemanes, acá en Costa Rica, no importa donde, siempre siempre siempre pienso/siento/digo/afirmo que soy de un país tropical, bendecido por Dios y bonito por naturaleza. Amo el calor, el sol, el cielo azul, las nubes blancas, qué le voy a hacer (nótese que utilizo un tiempo del verbo "amar"). ¿Y que no se puede hacer nada contra el calor? Se puede, sí. Se usan ropas livianitas, se toma algo frío, se comen helados, se está al aire libre. No se está encerrado en esas antiestéticas jaulas de cemento que ahora llaman "casas". El alma es más liviana. Casi roza la felicidad.
Hay muchas versiones de "País tropical", una de las más famosas es con Sergio Méndez y alguno de sus Brasiles. No sé si ésta es la original, pero es la que más me gusta, de Jorge Ben.
Noviembre 13, 2008
Conversación vía web con alumnos de Duke University
Por segundo año consecutivo fui invitada por la Dra. Claudia Milián para conversar con alumnos de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, específicamente para la clase “Introduction to Spanish American Literature: Modernismo to the Contemporary Era”. El encuentro se realizó vía webcam.
Aunque originalmente se había pensado que los alumnos leyeran El Diablo sabe mi nombre, el impedimento de comprarlo vía internet (descubrí que el método de la Librería Universitaria de Costa Rica no funciona...), hizo decidir que los alumnos leyeran Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras.
El pequeño grupo tuvo preguntas que convirtieron la sesión en un interesante intercambio de ideas. Hablamos sobre la violencia en los textos y de cómo éstos reflejan (de alguna manera), el ambiente de violencia que desafortunadamente vivimos en Centro América y que no sólo se manifiesta en el área social sino también en el ámbito de lo privado; sobre la búsqueda de la universalidad en los textos por parte de un escritor (una alumna comentó que los textos le recordaron a familias en los USA); sobre la fuente o el origen de los textos (“Bolas de pelos” es sobre una niñera que tuve cuando muy pequeña, y “El congelador de papá” y “Mi-ma-má-me-a-ma”, están basados en hechos reales ocurridos en Francia y España, respectivamente, y tomados de la prensa); sobre la opresión de la sociedad mediante la “domesticación” de sus miembros, y si habría alguna alternativa para trascender esa “educación/domesticación”.
Noviembre 11, 2008
Miriam Makeba (1932-2008)
Fue en el 80 o el 81 cuando tuve la oportunidad de ver a Miriam Makeba en un concierto en Berlín (que entonces todavía estaba dividida). Si mal no recuerdo, el concierto fue en algún auditorio de la Universidad Libre de Berlin Occidental. Lleno a reventar, fue un suceso memorable para mí.
Miriam Makeba murió la muerte deseada por cualquier artista: en pleno oficio. Después de cantar media hora en un concierto en Italia, en solidaridad con seis inmigrantes de Ghana asesinados a tiros en septiembre, se sintió mal. La llevaron al hospital y tuvo un ataque al corazón. Ella siempre dijo que cantaría hasta la muerte... y vaya que cumplió.
En Centro América la conocimos sobre todo por "Pata Pata", que es la canción que hoy les comparto.
Noviembre 10, 2008
Por un Premio Nacional de Literatura
El pasado mes de octubre fui honrada al ser convocada como miembro del jurado internacional que selecciona a los ganadores del Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró 2008 de Panamá. El premio se otorga cada año en cinco diferentes categorías: poesía, ensayo, dramaturgia, cuento y novela. A mí me tocó ser jurado en esta última.
Organizado por el estatal Instituto Nacional de Cultura, su bolsa de quince mil dólares por categoría lo convierte, sin duda, en el más importante galardón que se otorga en toda Centroamérica a un escritor. Ni siquiera los dos premios literarios centroamericanos juntos, el "Mario Monteforte Toledo" de novela, organizado por la fundación del mismo nombre en Guatemala, y el "Rogelio Sinán" (organizado por la Universidad Tecnológica de Panamá, y que se otorga en categorías alternas por año en las ramas de cuento, novela y poesía), tienen una bolsa tan alta.
No pude evitar fantasear con lo que haría si yo me ganara quince mil dólares en un concurso. Bien administrados y viviendo espartanamente, podría comprar un par de años de mi vida para dedicarme a escribir. Que es, finalmente, la gran ambición de todo escritor: dedicarse a su oficio sin tener que vender el tiempo de su vida ejecutando trabajos ajenos a la literatura y sentarse a escribir su obra.
El concurso Miró me parece un ejemplo valioso a seguir por las demás instituciones culturales estatales de cada país de Centroamérica. No solo porque resultaría estimulante para un escritor saber que puede aspirar a un premio con una bolsa tan importante, sino porque la rigurosidad implicada en la selección de los ganadores exige de los participantes un alto nivel de calidad. En este ejemplo concreto, el gran ganador es la literatura panameña que se mira enriquecida y estimulada a crecer y a autoexigirse calidad.
En El Salvador contamos apenas con el Premio Nacional de Cultura, cuyo premio en efectivo equivale a cuarenta mil colones, es decir, el equivalente a 4,571.43 dólares. Se otorga uno cada año en categorías alternas a distintas disciplinas artísticas, académicas y culturales. Solo uno por año. Que se lo gane un escritor es, por lo tanto, una rareza.
Noviembre 06, 2008
Presentación libro
Si se encuentra en San Salvador o estará allá el próximo 26 de noviembre, reserve la fecha en su agenda para que pueda acompañarme en la presentación de El Diablo sabe mi nombre, en el Centro Cultural de España.
Noviembre 04, 2008
Fotografías
Es un hombre devastado por la vida, grietas y surcos en su rostro (algunos las llaman arrugas), hombre de piedra por fuera, corazón de marshmellow por dentro, asfixiado por la pena, la amargura, el dolor, se tornará amarillo con los años y no podrá beber agua porque su organismo colapsará el día que no vuelva a probar una gota de alcohol.
Es un hombre con cara de niño en un cuerpo grandote, quiere hacerse el malo y no puede, la bondad le atraviesa el iris como una lanza en el costado de un venado perseguido en el bosque por un rufián, cazador y presa en un mismo cuerpo pulido de azabache, en una mano el arma, en la otra juguetes infantiles.
Es un hombre despeinado con la mirada impoluta de quien todavía no ha besado a una bruja despiadada y malévola, un hombre inocente que todavía no ha sido engañado, manipulado, chantajeado, mentido, abusado, sometido, un hombre que todavía no ha amado a esa mujer equivocada con la que todos los hombres se topan alguna vez en la vida y que los convierte en esos pequeños monstruos con los que nosotras, las que llegamos demasiado tarde al lugar de los hechos, nos toparemos después para ser desangradas, encarnación de una venganza mal dirigida mezclada con auténtico deseo de amar y ser felices pero que, oh insidiosa gota de amargura, hiel, espanto, ya no podrá ser, por lo menos no contigo, verdadera y querida amada mía, por supuesto, jamás conmigo.
Es un lavamanos blanco encima del cual hay un frasco pequeño con perfume de almizcle y un espejo manchado en el cual a duras penas puedo verme, la ventana con marco de madera, el muro, las gradas, un jardín, un radio y una canción, vivir el momento presente sin saber ni intuir que un instante en el que no pasa nada se está convirtiendo en un recuerdo, en algo que mañana seguirá siendo un momento en el que no pasó nada, pero imborrable en la memoria, váyase a saber por qué.
“But all I've got is a photograph
And I realize you're not comin' back anymore”.
Noviembre 03, 2008
Cómo el soldado repara el gramófono, Saša Stanišić

Cómo el soldado repara el gramófono
Saša Stanišić
Traducción de Richard Gross
Editorial Alfaguara
336 páginas
2008
No cabe duda que la guerra es uno de los grandes temas literarios, uno que mayor fascinación causa para escritores y lectores. No es un tema agradable qué contar ni leer porque las más de las veces, las historias de guerra son trágicas, incómodas, dolorosas y tristes. Y por lo general ni a lectores ni escritores les gusta caminar por senderos tan espinosos.
Siendo además un tema recurrente en la literatura, puede resultar un reto muy grande para un escritor abarcarlo sin repetir lo que otros ya han dicho, sin ser sentimentalón, sin ser excesivamente trágico o morbosamente gráfico. Y si el autor ha tenido la desgracia de ser testigo de primera mano de una guerra, mantener la necesaria distancia emotiva del texto puede resultar muy difícil, sobre todo para un autor muy joven que se atreve, en una primera novela, a retratar su experiencia. Pero no es imposible hacerlo.
Y eso queda claro leyendo Cómo el soldado repara el gramófono de Saša Stanišić. Nacido en la ex-Yugoslavia, Stanišić (de madre bosnia y padre serbio) huyó a Alemania con su familia cuando estalló la guerra de los Balcanes. Posteriormente sus padres emigrarían a los Estados Unidos, pero él permaneció en Alemania completando sus estudios y escribiendo esta primer novela que le valió ser finalista del Premio Alemán del Libro en el 2006.
El narrador de esta historia es Aleksandar, un niño de 12 años que vive en una pequeña ciudad bosnia, Visegrado. En los primeros capítulos, y en un lenguaje lleno de humor y de críticas muy agudas, Aleksandar nos da a conocer su entorno, la ciudad, los vecinos y sobre todo a sus familiares y su vida cotidiana. Entonces viene la guerra y trastoca todo lo inocente de aquella vida común y corriente y salpica la rutina con huidas, muertes, desapariciones, miedo.

