Julio 10, 2008
La carretera, Cormac McCarthy
Leí La carretera de Cormac McCarthy. Ganador del premio Pulitzer el año pasado. McCarthy se ha hecho bastante más conocido últimamente no sólo por el premio, sino por la película No Country for Old Men, basada en una de sus novelas, y acaso también por la selección de esta novela, The Road, como libro del Club de Lectura de Oprah Winfrey. Otro de esos autores huraños que no les gusta dar entrevistas ni las presentaciones en público, aunque menos drástico que Salinger o Pynchon. Duramente criticado por haber salido en el programa de la Winfrey. Se le vio en los asientos de atrás de la entrega de los Óscares donde los hermanos Coen arrasaron con su película. McCarthy (un señor de pelo blanco al que enfocaban y que quizás casi nadie supo muy bien quién era), se miraba emocionado y contento con cada una de las 4 estatuillas que se agenciaron. Ya se está haciendo una película con Viggo Mortensen como el hombre, el padre del hijo que camina entre tanta desolación.
En La carretera, un padre y su pequeño hijo caminan por un país desolado, quemado, lleno de ceniza, frío, nieve gris y algunos pocos seres vivientes, todos una amenaza, un peligro, gentes que no quisiéramos encontrar jamás. No hay alimentos, no hay electricidad, no hay dónde vivir y permanecer más de un día en algún lugar puede resultar peligroso. Los protagonistas se convierten en sobrevivientes, caminantes pero también saqueadores, buscando qué comer, dónde beber agua, cómo pasar la noche, intentar retener en el cuerpo algo de calor.
La novela, escrita en breves episodios, donde ningún personaje tiene nombre, donde los recuerdos son dolores luminosos, absorbe al lector en esa visión post-apocalíptica del mundo, una visión que, por desgracia, a cómo están las cosas y el mundo, no es demasiado improbable. ¿Acaso la nueva novela distópica consistirá en visiones de un futuro destruido, sin esperanza, sin el mundo tal y como lo conocemos, un lugar sin redención posible?
Es inevitable sentir desolación y desesperanza cuando uno lee La carretera. El lector se hará varias preguntas, muchas de las cuales no tendrán respuesta. En ese sentido, el autor nos obliga como lectores no sólo a imaginar, sino a complementar las cosas que no se explican.
Aparte de la estructura, también me llamó la atención el lenguaje. Hay momentos en que la redacción es bastante minimalista. En otros momentos, el lenguaje es bastante rebuscado. No obstante, la lectura fluye y quien lee se sentirá angustiado y con la inevitable curiosidad por saber qué ocurrirá en el próximo tramo del camino.
Una lectura muy recomendada, una joya de la cual no puedo decir mucho más para no estropearles la historia.
(Para los que creen que me rendí con El Señor de los Anillos, les contestaré en buen salvadoreño setentero: "nel pastel". Terminé el tomo II pero se me antojó leer algo diametralmente opuesto y diferente, antes de hincarle el diente al tomo III que ya está junto a mi cama, esperándome con orcos, elfos, hobbits y demás criaturas).
