Julio 07, 2008
CMR: El insurrecto solitario
Ocurrió algún sábado de 1984, en la siempre calurosa Managua. Había leído en un suplemento cultural la conmovedora historia de una guerrillera salvadoreña que un día cualquiera, acaso presintiendo su muerte, anotó sus poemas en papel de cigarro para que un compañero los sacara del frente de guerra. Pocos días después moriría en un cruento combate en el cerro de Guazapa.
La poeta guerrillera se hacía llamar Rocío América. Leí sus versos pero ocurrió algo: reconocí mis propios poemas, unos que había escrito pocos años antes pero que estaban guardados en el fondo de mi gaveta y que no tenía la intención de publicar jamás.
Sorprendida por la circunstancia, intenté llamar al editor del suplemento para preguntarle cómo había conseguido aquel material y quién le había contado semejante gazapo, pero el teléfono de mi casa no servía. Así es que fui a casa de la vecina. Y mientras hablaba con el editor del suplemento, vi a un hombre que, vestido en una bata blanca de toalla, se acercó a la cocina y permaneció por ahí, escuchando la conversación sin mucho disimulo.
Yo sabía que aquel hombre era el poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas. Lo conocía por sus fotos pero sobre todo, por sus poemas. Cuando él se quedó ahí, haciéndose el disimulado mientras escuchaba mi plática, fui bajando la voz. Me dio una profunda vergüenza hablar de poesía o pretender que yo era la torpe autora de algunos versos delante de él, cuyo libro La insurrección solitaria es, sin duda, una de las piedras angulares de la poesía en español.
