Mayo 26, 2008
Into the wild: cuando la estupidez se confunde con el heroismo
Con 22 años, Christopher McCandless se gradúa en Historia y Antropología en la Universidad de Emory, toma 24 mil dólares de su fondo universitario y lo dona a una ONG, quema su identificación, tarjetas de crédito y del seguro social, empaca una mochila y emprende un viaje a través de los Estados Unidos cuya meta es llegar a Alaska. La idea de Christopher, quien durante el viaje se cambia el nombre a Alexander Supertramp, es renunciar a todo tipo de posesiones, darle la espalda a la sociedad consumista y vivir con lo mínimo. Durante su viaje, se empleará en oficios pasajeros para poder financiar algo de comida, pero igual, a veces se la pasa con nada, saltando a trenes para viajar, encontrándose con personajes estrambóticos y compartiendo con ellos su filosofía arrancada de libros de Thoreau y Jack London.
Into the Wild, cuyo guión y dirección están a cargo de Sean Penn, está basado en el libro homónimo de Jon Krakauer, y que es en realidad una extensión del artículo “Death of an Innocent: How Christopher McCandless Lost His Way in the Wilds”, publicado en la revista Outside en 1997. Krakauer mismo es un montañista que aprovecha el libro para narrar no sólo sus propias aventuras, sino también la historia de McCandless y también la de Everett Ruess otro “viajero” (voy a llamarlo así por el momento), que a los 20 años desapareció en el desierto de Utah en 1934.
Para comentar esta película con algo de justicia creo que hay que separar muy bien lo que es la cinta en sí y luego la historia y los personajes involucrados, porque sobre esto último, hay mucha tela para cortar.
