Mayo 20, 2008
Lo que comen los salvadoreños
El amigo que me alborotó los antojos de comida salvadoreña la semana pasada, continuó con su inclemente ataque al mencionarme luego su ingestión de unas semillas de paterna cocidas acompañadas de limón. Y me sugirió para los calores de esta temporada un buen fresco de semillas de chía, que por suerte puedo conseguir aquí. Aunque lo que no encontraré serán los jarabes Sol, también usados para saborear nuestras minutas (o granizados o copos, como les dicen en otros países).
El amigo concluía su correo comentando que por lo general, se nos olvidan los buenos detalles que tiene nuestro país y nos enfocamos sobre todo en despotricar contra los problemas. Y que al salvadoreño se le olvida también que tiene un montón de variedad de comidas a buen precio, sin necesidad de recurrir a la comida chatarra.
Lo cual es cierto. Siempre me llama la atención en centros comerciales como Galerías, por ejemplo, en que los empleados de los alrededores acuden a almorzar. Me puse a hacer algo de cuentas y pensaba que entre esas comidas y el transporte, podría liquidarse un salario mensual casi sin darse cuenta.
Dentro de todo este tema de nuestras comidas, fue oportuno encontrar un foto reportaje de Mauro Arias en El Faro, titulado precisamente “Lo que comen los salvadoreños”.
El reportaje sigue a varias personas y sus respectivos almuerzos, desde un platillo de camarones con arroz hasta una tortilla con queso. Cada foto detalla el lugar donde se comió, la persona y su oficio, y el precio de la comida en cuestión, así como algunos detalles adicionales que retratan, en muy pocas palabras, la situación de nuestros compatriotas y los malabares que hacen algunos para comer.
Ojo con la foto 16, correspondiente al almuerzo de una ayudante de tortillera. Y también fíjense en la tortilla salvadoreña, más pequeña pero más gruesa y por lo tanto, más sustentadora. Fíjense también en los almuerzos de las fotos 17 y 18, pero sobre todo, lean las explicaciones de las fotos. La de la 17 y 18 parten el alma. Es INACEPTABLE que en pleno siglo XXI sigan ocurriendo estas situaciones.
