Mayo 12, 2008
Meteroro (la película) o cómo ser niño de nuevo
Desde el viernes me di permiso de volver a tener 10 años. Anduve canturreando “go Speed Racer, go Speed Racer goooooo” todo el santo fin de semana, planeando el operativo para ir a ver Meteoro, versión hermanos Wachowski, con una ansiedad que hace ratos no me da por ir a ver una película.
Debo confesar que también una parte de mí tenía miedo. Miedo de salir decepcionada. Porque que le toquen a uno sus muñequitos de infancia y se la quieran presentar añales después en película actuada con personas y no dibujada, bueno... es un riesgo. De hecho me parece que una de las cosas más complicadas que pueden hacerse, a nivel de cine, es este tipo de adaptaciones. En el 90 por ciento de los casos he salido bastante decepcionada de las películas basadas en comics o animés y de hecho mejor ni voy a verlas. Yo me quedo con el Batman y el Hombre Araña de los muñequitos que vi cuando niña y no con las versiones recientes, porque algo se pierde en la adaptación. (Aunque posible haré una excepción con la que venga de Batman, pero nada más por ir a ver a Heath Ledger...).
Y el motivo de la decepción ha sido que las películas, en su traducción de un animado, la hacen tan desde una perspectiva adulta y “moderna”, que se desconecta totalmente de lo original. Quizás eso le parezca genial a muchos. Pero a mí en lo personal, no me agrada. Me parece que “la ciencia” en todo esto sería que la película nos despertara al niño que fuimos y que ha naufragado en alguna parte de nuestra interioridad. Que la película nos haga volver a ese estado de inocencia original, donde no intelectualizábamos tanto lo que veíamos y gozábamos con diálogos sencillos, historias simples, acción sin sentido y humor primario. Y que lo gozáramos hasta la médula. Y eso es lo que me parece lograron los hermanos Wachowski de manera extraordinaria con su versión de Meteoro.
