Mayo 05, 2008
Sin películas
¿Recuerdan aquella escena en La naranja mecánica, cuando Alex después del tratamiento Ludovico, ya no puede escuchar la música de Beethoven y se tira de una ventana, desesperado, pues es preferible morir a escuchar tan abominable música?
Más o menos así me pasa a mí cada vez que oigo cualquier composición de Beethoven, sobre todo la Novena Sinfonía y el Himno a la Alegría. Lo mío también es, sin duda, la consecuencia de un abominable proceso de programación, cuyo origen podría remontarse a mi infancia. Estoy muy consciente que mi aversión a Beethoven tiene que ver con traumas familiares y he hecho esfuerzos por escuchar su música, sin éxito alguno. Lo único que medio puedo tolerar son algunas de sus sonatas de piano pero eso no significa que yo tenga ni vaya a tener ninguna composición del alemán en mi biblioteca musical.
Intenté el sábado ver una película llamada Copying Beethoven, porque mi gusto por Ed Harris puede más que mi disgusto por Beethoven pero... el disgusto me ganó. Se me hizo insufrible tener que estar escuchando la musiquita de fondo, todo Beethoven, que iba y venía.
