Abril 29, 2008
Niña, doña, seño: modismos centroamericanos (I)
Siempre me asombra que en una región tan pequeña como Centro América, se hable en tonos y acentos distintos y que los localismos varíen tanto de un país a otro. En una región de poco más de 523 mil kilómetros cuadrados y 41 millones de habitantes, en los 7 países se hablan diversos idiomas como el castellano, el inglés, el creole, el garífona, el mískito y una infinidad de lenguas indígenas, muchas de ellas derivadas del Maya, aunque también, y desafortunadamente, muchas están en proceso de extinción.
Es por ejemplo el caso de los garífonas de Nicaragua, con quienes tuve oportunidad de trabajar un tiempo. En lugares como La Fe y Orinoco (ubicados en Laguna de Perlas), sólo los muy mayores hablan garífona y no tienen a quién enseñarle su idioma pues a los jóvenes no les interesa aprenderlo. Éstos no se quedan en sus comunidades, prefieren migrar a las ciudades, primero a Bluefields y luego quizás a Managua misma, en busca de empleo o de oportunidades de estudio que no existen en aquellos parajes donde la naturaleza es prodiga y exhuberante (o lo era cuando lo conocí).
Lo que en un país puede ser una palabra de uso común, en otro se convierte en una tremenda grosería. Por ejemplo, “bicho”. En El Salvador lo usamos para referirnos a los niños, y aunque parece algo despectivo, no lo es necesariamente. Supongo que se utiliza esa palabra para decir que los niños son pequeños, bichos. Pero en Nicaragua, uyuyuy decir esa palabra, utilizada como una grosería que se refiere al órgano sexual femenino. Algo así como si decís “papaya” frente a un cubano, cuando lo que deberías decir es “fruta bomba”.
