Abril 11, 2008
El mar dentro de un gato
De mis años de convivencia con los gatos he aprendido que los felinos son animales de rutinas bien establecidas. Hacen más o menos lo mismo a la misma hora, el mismo día, en el mismo lugar. No me pregunten cómo saben la hora o el día, es uno de sus misterios. Por ejemplo, nuestro “gato adjunto”, Mr. Dickens, tiene más o menos la misma hora de aparecer por aquí, poco antes de las 6 de la tarde, de lunes a viernes. El sábado puede aparecer más temprano, como a las 4, y viene como 3 o 4 veces más para finalmente dormir aquí hasta la mañana del domingo para que desayunemos todos juntos.
Siempre observo que a los gatos les gusta dormir en un lugar específico (que a nosotros los humanos nos puede parecer descabellado), pero que para ellos es como si fuera el paraíso en la tierra. Encima de un par de zapatos, de un plástico, de una pila de periódicos, dentro de una caja vieja, sobre la ropa recién lavada, en rincones oscuros e inaccesibles y, por supuesto, en nuestra cama.
Pero el hecho de que sean animales de rutinas no los convierte en aburridos ni mucho menos en predecibles. Porque cada tanto tiempo, cambian sus horarios y sus lugares de dormir.
A la Loli le ha agarrado desde hace un par de semanas de dormir justo encima de la impresora. No sé por qué le gusta tanto. Sobre todo porque ella tiene una relación muy enigmática con la impresora: cuando estoy imprimiendo algo, es decir, cuando salen las páginas, la Loli se sienta a observar el asunto con una mezcla de fascinación y miedo. Supongo que cree que es un animal misterioso y más de una vez ha “atacado” a la impresora, saltándole encima y pegándole fuertes manotazos mientras la máquina escupe páginas, arruinándome el trabajo que yo esté imprimiendo.
