Marzo 31, 2008
Cuando vivir duele
“Los hombres de genio, los grandes creadores, ¿no se encuentran precisamente entre los depresivos y los melancólicos?”, preguntaba Aristóteles ya en su tiempo.
Como decíamos al comienzo de esta serie, la relación entre enfermedad mental, suicidio y creatividad siempre ha estado bajo la lupa pero nunca ha podido comprobarse científicamente. Aunque no hay estudios específicos que analicen el suicidio entre escritores, hay varios sobre su relación con la enfermedad mental que han arrojado conclusiones interesantes.
Arnold M. Ludwig, un profesor de psiquiatría ya retirado del Centro Médico de la Universidad de Kentucky, realizó una investigación cuyos resultados fueron publicados en 1995 en el libro The Price of Greatness: Resolving the Creativity and Madness Controversy (El precio de la grandeza: resolviendo la controversia entre creatividad y locura).
Ludwig estudió a más de 1,000 personalidades prominentes con 18 profesiones diferentes, 8 de ellas del área creativa y artística. La investigación lo llevó a concluir que eran los artistas los que tenían mayores problemas. Entre sus sujetos de estudio, el 20% de los poetas había cometido suicidio en comparación con el 4% de suicidios de todas las otras profesiones examinadas.
En el estudio de Ludwig, los poetas vivían un promedio de 59.6 años y los científicos sociales 73.5. Los escritores de no ficción llegaban a los 70.6 años y los músicos apenas alcanzaban los 57.2.
Algunos años después, el psicólogo James C. Kaufman, de la Universidad del Estado de California, analizó a 1,987 escritores muertos, tanto hombres como mujeres, de diversos orígenes (estadounidenses, canadienses, mejicanos, chinos, turcos y de Europa del Este).
Marzo 28, 2008
Ratón de campo
¿Recuerdan la historia del ratón del campo y el ratón de la ciudad?
El ratoncito del campo vivía en un lugar rodeado de árboles, escuchaba cantar a los pájaros y comía verduras y frutas y paseaba por el bosque y los prados. Un día llegó a visitarlo su primo, el ratón de la ciudad, pero al poco rato de estar allí, el ratón de ciudad estaba aburrido y le dijo a su primo que debería ir a visitarlo a la ciudad, que allí se la pasaba muy bien. El ratoncito del campo accedió y se fueron juntos a la ciudad.
Nada más llegar comenzaron los problemas: al ratón del campo por poco lo arrollan en las calles, miraba casas y casas de cemento y en ninguna parte un árbol, mucho menos un pájaro. Y por todas partes esos abominables y peligrosos seres que detestan a los ratones: los humanos.
“No te fijes en eso”, le dijo el ratón de la ciudad, “en casa estaremos mejor”. Ya adentro, el ratón del campo se admiró de la linda casa y de una mesa llena de manjares deliciosos que comer. Pero cuando estaban por hincarle el diente a un rico pedazo de queso, apareció el gato y por poco se los cena a los dos.
“Es suficiente”, dijo el ratón del campo, “regreso a mi tranquila casa”. Y cuando regresó, el ratón del campo se sintió contento de ver de nuevo los árboles, los pájaros, las flores, de escuchar a los grillos cantar de noche y sobre todo, de sentirse en paz y tranquilo.
Así me siento yo con demasiada frecuencia. Definitivamente, soy ratón del campo. Es la primera vez en la vida que vivo tan metida en la ciudad y estoy francamente harta. No me agrada en lo más mínimo. Seguramente algo tendrá que ver el hecho de que me crié en el monte, es decir, en una casa en una especie de pequeña finca, con un extenso terreno lleno de árboles frutales, animales y un paisaje de esos que quitan el aliento, a media hora de la ciudad, alejados totalmente del mundanal ruido, casi sin vecinos.
Marzo 27, 2008
El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince
Debo confesar que me costó mucho leer este libro. No porque esté mal escrito, sino precisamente por todo lo contrario. El colombiano Héctor Abad Faciolince hace un exhaustivo retrato de su padre en El olvido que seremos, pero decir eso es quedarse muy corto, porque el libro es también la crónica de un amor profundo (el del hijo por el padre y viceversa), el de toda la familia y los años felices, esos tiernos años de la infancia y la adolescencia donde la suciedad y el oprobio del mundo parece no nos afectará jamás. Es así mismo un exhaustivo retrato de un hombre que, lo sabemos desde el inicio, será asesinado por sicarios paramilitares en plena calle por el mismo motivo que han sido asesinados miles no sólo en Colombia, sino en nuestro continente, y por supuesto, en el mundo entero: denunciar la represión, las injusticias, los desmanes, la corrupción.
Y el motivo por el que me costó leer este libro es el mismo detalle que lo hace una inigualable pieza de no ficción. Los miembros de la familia de Abad Faciolince ni su rutina de circunstancias de vida se parecen en absoluto a los míos, para nada. Pero Abad Faciolince tiene la virtud de retratar la relación padre-hijo a través de detalles, cotidianos, domésticos, insignificantes quizás. Pero son esos detallitos que, cuando uno mira atrás, son los que se imponen sobre los “grandes momentos”. Y en esos pequeños detalles, en esos sentimientos e imágenes tan vívidos del hombre que se recuerda a sí mismo siendo un niño amando en desmedida a un padre que es realmente un personaje único, es que el autor conmueve al lector. Nuestra vida podrá ser muy disímil de la narrada por el autor, pero finalmente el amor es único, es el mismo siempre.
Habla por ejemplo de los besos “grandes y sonoros” que le daba su padre y que no hicieron más que recordarme al mío. De los constantes experimentos de injertos en rosas y otras plantas que hacía su padre... y también el mío. Y las rutinas domésticas, el retorno al padre a casa luego de un día de trabajo, la música que escuchaba, las frases que decía... tan diferentes y particulares a la vida de cada quien pero, al ser enumeradas con tanto detalle, pero sobre todo, con la dulce melancolía de la añoranza, obliga al lector a evocar esas circunstancias en el recuerdo propio.
Marzo 26, 2008
Recuerdos de Semana Santa
No sé por qué tenía cierta ansiedad por las películas de Semana Santa de este año. Tenía antojo por repasar algunas películas que, por regla, los canales de televisión centroamericanos (y no sé si los del resto de Latinoamérica), nos recetan en dosis concentradas durante esos días.
Sentí que este año, la dosis se reconcentró entre jueves y viernes santos y que los demás días transcurrían casi como si fueran días normales. No cabe duda que, año con año, se desgasta más el sentido de esta efemérides. Cuando era niña, la Semana Santa era casi como una semana muerta. No se debían hacer muchas cosas como cantar, reír, bailar o vestir “atrevidamente”. Jueves y viernes santos no había ninguna emisora de radio trabajando, nada más Radio Nacional y si acaso, un par más, transmitiendo música sacra o fúnebre y sólo por algunas pocas horas (creo que ya para las 5 o 6 de la tarde, la transmisión concluía).
A las procesiones se iba con mantilla (o sea, las mujeres nos teníamos que poner un trapito sobre la cabeza) y era una cosa super solemne. Los negocios estaban cerrados, muchos desde el lunes santo y casi de manera obligatoria a partir del miércoles al mediodía. Muchos se iban a “temporar” a la playa y la ciudad quedaba solitaria. La carretera donde vivíamos también quedaba en silencio absoluto. No había buses, no había funciones de cine, los supermercados y las tiendas estaban cerrados, no había lugar donde comprar comida y había que abastecerse con tiempo, pues lunes y martes de pascua todavía había gente de vacaciones y los supermercados tardaban en reabastecerse. Parecía que ni el viento soplaba...
Pero los tiempos han cambiado. Y aunque mucha gente sale a descansar desde el lunes, todo funciona con bastante normalidad y hasta los supermercados están abiertos.
Marzo 25, 2008
Una vida de amor, locura y muerte: Horacio Quiroga
En 1937, en el sótano del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, había un paciente llamado Vicente Batistessa. Estaba internado en esa parte del hospital por su aspecto físico: tenía horribles deformaciones, causadas quizás por una elefantiasis, una neurofibromatosis o el Síndrome de Proteus. Apenas era visitado por el médico que lo atendía y por alguna enfermera.
Un día, un paciente alto, delgado, barbado y de ojos verdes, bajó al sótano por curiosidad y encontró a Batistessa. Le habló. El deforme, acostumbrado a ser visto con temor o en el mejor de los casos, a ser ignorado, apenas tuvo valor de contestarle. Poco a poco se dio cuenta que el paciente barbado era sincero y amable y ambos se hicieron amigos. El barbado exigió que Batistessa fuera sacado del sótano y trasladado a su habitación, que ambos compartirían.
Cuando ya Batistessa, profundamente agradecido por ser tratado como un ser humano normal, se encontraba en la habitación que compartiría con su amigo, el barbado le contó la historia de su vida.
Se llamaba Horacio Silvestre Quiroga Corteza y había nacido en El Salto, Uruguay, el último día del año 1878. Cuando era apenas un bebé de brazos estuvo presente cuando su padre, Prudencio Quiroga, murió al disparársele accidentalmente la escopeta, que llevaba en una posición incorrecta, al descender de una lancha. Su madre, Juana Pastora Corteza, asustada por el disparo y la visión del marido herido, dejó caer al bebé, que se golpeó contra las tablas del muelle y casi cae al agua.
Fue un niño tímido, asmático y algo tartamudo. Cuando Horacio cumplió doce años, Pastora vuelve a casarse con Ascensio Barcos, a quien el niño tomó gran afecto. Pero cinco años después del matrimonio, Barcos sufrió una hemorragia cerebral que lo dejó paralítico y afásico. No conforme con su suerte, Barcos, utilizando el poco movimiento que todavía tenía en una de sus piernas, logró arrastrarse hasta donde guardaba la escopeta, puso el caño en su mentón y accionó el gatillo con el pie. Horacio, en ese entonces de diecisiete años, quien se había esmerado en cuidarlo, fue el primero que acudió al oír el disparo, encontrándolo muerto.
Marzo 24, 2008
Marzo 19, 2008
Recomendaciones
Si usted es de los que por un motivo u otro se quedó en la ciudad durante estas vacaciones de Semana Santa, aquí le comparto algunas lecturas y hasta música para entretenerse durante estos días:
- Nine Inch Nails tiene a disposición a través de internet su último disco Ghosts I-IV. Hay varias propuestas de precios. Puede por 5 dólares bajarse el Ghosts I al IV (36 canciones) pero también puede descargarse el Ghosts I gratis (9 canciones), ambos con un pdf de fotografías (excelentes por cierto). Éste es un disco instrumental que me parece muy interesante y que vale la pena escucharse.
- Si leer es lo suyo, puede leer este debate sobre la vida después de la muerte entre Michael Shermer y Deepak Chopra en The Skeptic Magazine.
- Enfocarte No. 33 ya está en línea con varias cosas entretenidas: Una mini galería de Egon Schiele; las exquisitas fotos de la marroquí Laylla Essaydi; un cuento de Guillermo Cabrera Infante, "Un rato de tenmeallá", uno de Augusto Roa Bastos, "Lucha hasta el alba" y "El huésped" de Albert Camus, entre un montón de cosas interesantes más.
- Y no le haga el feo a las películas de Semana Santa. Siempre son las mismas, dirá usted. Pero son obras maestras del cine clásico y ya no se hacen películas como ésas ni existen actores como aquellos. Por aquí nos bombardearán con Barrabas con el maravilloso Anthony Quinn, Espartaco con Kirk Douglas, Sansón y Dalila con Victor Mature y Hedy Lamarr, Ben Hur, Quo Vadis, El manto sagrado, El Rey de reyes y hasta Jesucristo Superestrella.
Que se la pasen muy bien. Hasta el lunes...
Marzo 18, 2008
Protestas violentas en el Tibet
El pasado 10 de marzo, un nutrido grupo de monjes tibetanos salió a las calles de Lhasa, la capital del Tibet, para conmemorar la fallida insurrección contra los chinos de 1959. Estos monjes exigían además la liberación de varios de ellos arrestados en octubre del año pasado. La manifestación poco a poco se tornó violenta y fue reprimida por los cuerpos de seguridad chinos. Hubo negocios quemados, gases lacrimógenos, heridos y muertos, además de disturbios que se extendieron por algunos días.
El número de muertos no está claro. Los chinos admiten oficialmente 13. El gobierno en el exilio del Tibet dice que son 30 pero admite haber recibido reportes de 80 muertos. Algunas fuentes noticiosas que no han confirmado sus fuentes citan hasta 100 muertos.
Las fuerzas chinas dicen que no reprimieron las manifestaciones con armas de fuego, sino nada más con gases lacrimógenos, golpes eléctricos y chorros de agua. Pero los muertos durante estas manifestaciones fueron quemados vivos y algunos cortados (no me pregunten con qué instrumentos). Los 3 principales monasterios budistas fueron cerrados y están rodeados por la policía china.
Ayer lunes se vencía un plazo dado por los chinos para que los organizadores de los disturbios se rindieran. De no hacerlo, los buscarían casa por casa. Mientras tanto, se ordenó la salida de TODOS los turistas del Tibet, se cerraron las fronteras y también está prohibido escalar el Monte Everest hasta después del 10 de mayo para evitar cualquier tipo de problemas durante el paso de la antorcha olímpica. Además está prohibido el ingreso de TODO extranjero al Tibet.
Algunas de las imágenes que lograron presentarse a la prensa fueron tomadas con teléfonos y cámaras de aficionados. En ellas pueden verse largas columnas de humo negro, gente corriendo por todas partes y varios negocios y locales chinos quemados o siendo saqueados. El gobierno chino ha bloqueado además el acceso de sus ciudadanos a varias páginas de internet, entre ellas YouTube, para que no se informen por fuentes externas de lo que está ocurriendo.
Marzo 17, 2008
Los pájaros cantaban en griego: Virginia Woolf
El 28 de marzo de 1941 puede verse cerca de las riberas del Río Ouse a una mujer de 59 años, paseando con su bastón y su abrigo. La mujer mira al suelo. Parece buscar algo. De vez en cuando se agacha y mete algo en sus bolsillos. Ha salido desde su casa, un lugar conocido como Monk’s House, en las afueras de Rodmell, y ha caminado atravesando un valle para llegar al río.
Rodmell, en el distrito de Lewes, en Sussex Este, Inglaterra, es un lugar tranquilo, de pocas casas. La palabra “ouse” tiene origen celta y significa simplemente “agua”. El río tiene poco más de 67 kilómetros. A ratos está bordeado de valles y se torna muy ancho, y en otros parajes se torna más angosto y está rodeado de bosques.
Al fin junto al río, la mujer examina el contenido de sus bolsillos. Piedras. Grandes y pequeñas. Repletos los bolsillos de ellas. Con su bastón tantea caminar hacia el borde lodoso del agua. Siembra el bastón en la orilla, en el lodo. Y sigue caminando hacia adentro, hacia el agua, hacia la parte más profunda del Ouse. Siente el frío en sus pies, en sus pantorrillas. Se alegra al notar que el llenar sus bolsillos de piedras está funcionando. No le pasará como hace pocas semanas, que se metió al río pero salió flotando. Salió mojada y sucia del agua y al regresar a casa tuvo que mentirle a Leonard y decirle que se había caído.
Ahora no habría mentiras. No flotaría. Ahora sería definitivo.
Marzo 14, 2008
No Country for Old Men
Es curioso. Recién caigo en la cuenta que, cuando algo es muy bueno, excelente, es difícil hablar de ello. Por lo menos para mí.
El fin de semana pasado vi No Country for Old Men. Y me ha pasado eso mismo. No saber qué decir. La sensación de que si digo algo, estaré nada más repitiendo lo que ya muchos han dicho seguramente de mejor manera.
Qué más voy a decir sobre Javier Bardem. Que está siniestro. Que su personaje me parece será uno de los clásicos del cine. Que lo miraremos imitado y utilizado como recurso cómico en alguna parodia de aquí al fin de los tiempos. Que desde Hanibal Lecter (magníficamente creado por Anthony Hopkins) no había habido otro personaje malvado en el cine que nos hiciera temer su aparición.
Me pasó que había alguna escena donde temía que apareciera. Que le volara los sesos a algún personaje. Y no aparecía. No tenía por qué aparecer, pero yo lo temía. Luego salí del cine y pensaba en sus ojos, su rostro su frialdad.
Pensaba en el “call it, friendo” que le dice al dueño del local donde compra una golosina y cuya vida se rifa en un cara o cruz de moneda. Esa voz tan serena, nada exaltada. Esa mirada. Ese pelo. Te encontrás con alguien que tiene ese aspecto y que te habla así de sereno y decime si no te daría miedo.
Me impresionó esa permanente frialdad del personaje. Que ni arruga la cara ante el dolor propio, como cuando se saca la bala que le ha herido la pierna. No sé si el personaje estaba delineado así en la novela de Cormac McCarthy, que ojalá se pueda leer en estas latitudes. O si los Coen decidieron formarlo así de siniestro (aunque he leído repetidas veces que los Coen se atuvieron a la novela con una exactitud pasmosa). O si Bardem decidió construir así su personaje. En todo caso, es un suceso.
Marzo 13, 2008
Memorias ficticias
En los primeros días del mes, dos muy populares libros de memorias fueron desenmascarados como falsos. Es decir, las memorias eran en realidad un montón de ficción, por no decir, un montón de mentiras.
El primero de ellos Sobreviviendo con lobos, fue escrito por la belga Misha Defonseca. La historia no sólo era conmovedora sino bastante increíble, pero su autora juraba a pie juntillas que todo era auténtico. Misha había sido cuidada por una manada de lobos cuando tenía cuatro años mientras buscaba a sus padres que habían sido detenidos por los nazis. La niña caminó cientos de kilómetros perdida entre las nieves de Bélgica, Alemania, Polonia y Ucrania y no sólo en una, sino en dos ocasiones, los lobos la cuidaron.
La historia se convirtió en un bestseller traducido a 18 idiomas y además se hizo una película de bastante éxito con el mismo título. Pero una prima de la autora reveló la verdad: los padres habían sido capturados y asesinados por los nazis, eso era cierto, pero la niña no salió caminando en busca de ellos sino que fue cuidada por otros familiares. La autora, luego de negar las declaraciones de su prima, terminó aceptando que, en efecto, la historia del libro era inventada.
Menos de una semana después, el libro de Margaret B. Jones, Love and Consequences, que tuvo mucha resonancia en los Estados Unidos, también resulto ser una memoria falsa. El libro narraba la supuesta historia de la autora y su vida como una niña de origen indio (o “native american” como dicen ahora), que crece en un barrio de Los Angeles entre pandillas y drogas. La verdad es que Jones no tiene ni una gota de sangre indígena y creció en un barrio acomodado, muy pero muy lejos de todo lo que describe en su libro.
La editorial sacó de circulación el libro y canceló la gira de presentación de la autora. Aunque Jones admitió que la historia personal era totalmente falsa, lo que sí era cierto eran las experiencias citadas pues se referían a hechos que le habían ocurrido a personas que ella conocía. ¿Cómo se supo la verdad? Una hermana suya vio su foto en un periódico y llamó a la editorial para contarles de la verdadera vida de Jones.
Marzo 11, 2008
Recomendaciones
- Un buen artículo sobre la estupenda poeta uruguaya Idea Vilariño en Babelia.
- En el mismo suplemento, un recuerdo de alguien que buscó entrevistar a Cortázar.
-La nueva edición de Letras Libres, titulada "Pesadilla americana", ya está disponible.
Blogs descubiertos:
- David Byrne, músico y ex-vocalista de Talking Heads, tiene un blog.
- Arroz y frijoles, un blog tico de entrevistas a personajes de diversos ámbitos de la cultura costarricense.
- i09, ciencia ficción ayer, hoy y mañana.
- Una mirada al cielo, a las estrellas, a los planetas y más allá.
- No se pierda el extenso documental de Spike Lee, When the Levees Broke, sobre el huracán Katrina y sus consecuencias en la ciudad de Nueva Orleans. Se presentará todos los jueves de marzo en Cinemax. Ya se presentó la parte 1 pero puede consultar los horarios de repetición aquí.
Marzo 10, 2008
Leche negra de la muerte: Paul Celan
Una noche de abril de 1970, un hombre camina por la Avenida Emile Zolá de Paris. Mientras lo hace, recuerda su reciente viaje a Israel, hecho a fines del año pasado. Era su primera visita y, esta noche lo sabe, también fue la última. A su regreso se mostró tan jubiloso de haber conocido la tierra de sus ancestros que hasta pensó en irse a vivir allá.
Piensa también en Samuel Beckett. Franz Wurm, un amigo poeta, le había invitado a ir a conocerlo, pero se negó. No le parecía correcto ir a visitar a alguien sin anunciarse. Pensar en Beckett lo lleva a recordar a su hijo, Eric, de 14 años. Habían quedado de ver juntos una puesta en escena de Esperando a Godot, pero un día antes canceló la cita con su hijo.
Desde 1967 ya no vivía ni con él ni con su mujer y se fue a vivir solo a aquel apartamento de la Avenida Emile Zolá. Recuerda el 67 como un mal año. Fue acusado de plagio. Pero el 67 también fue bueno si piensa en la cantidad de poemas que escribió y en el viaje a Alemania para dar una conferencia en la Universidad de Freiburg-im-Brisgau, entre cuyos asistentes se encontraba nadie menos que Martin Heidegger.
Al llegar al puente Mirabeau, se detiene. Se queda un rato ahí asegurándose de que no haya nadie en las cercanías, nadie que vaya a entorpecer su plan. Se asoma a ver las aguas del río Sena. De noche el agua se mira negra, una leche negra hacia la cual Paul Celan se lanza. Una leche negra en la cual espera ahogarse, él, que ha sido un excelente nadador desde su adolescencia.
Marzo 07, 2008
La migraña: jugando a las escondidas con el Señor Dolor
Mi primer ataque de migraña lo sufrí la última semana de octubre de 1992 en El Salvador. Fue algo literalmente inolvidable. Me había venido sintiendo extraña, como con el cuerpo pesado, pero sin dolor ni otro tipo de síntomas y, de un día para otro, amanecí con un dolor de cabeza intensísimo que no se me quitó en toda una semana. Yo por supuesto me preocupé. Pensé que me estaba pasando algo gravísimo cuando algún doctor, como si lo más normal, me anunció al revelarle todos mis síntomas, que no era más que una migraña. Algo muy normal, un padecimiento que sufrimos millones de personas alrededor del mundo.
Me dieron de todo. Y no funcionó nada. Luego pasé a los remedios caseros. Y no hubo alivio tampoco. Alguien me puso una acupuntura de emergencia (lo recuerdo, una agujita en plena coronilla). Y nada. Mi imaginación, que jamás descansa, me lanzó una pregunta: “¿y si tuvieras que vivir con este dolor para siempre?” Ahí fue cuando pensé que sería mejor morir. Cualquier cosa era mejor que sentir ese dolor. Así es que al 3er o 4º día de dolor continuo, estaba resignada a morir.
No pude comer, no pude pensar, no pude hacer absolutamente nada esa semana más que yacer en estado casi agónico. Tampoco podía dormir, por lo menos no de día. Todo ruido parecía una catástrofe para mis oídos. Un punto sobre mi ceja izquierda palpitaba con fuerza. Ese lugar parecía ser el cuartel general desde donde se irradiaba el dolor. La sola idea de comer me daba náuseas. Lo único que mi cuerpo aceptaba eran líquidos, sopas ralas, agua y té de manzanilla. Los ojos se me pusieron rojos del dolor continuo. Me movía como en cámara lenta.
Por suerte podía dormir por las noches. Un dormir pesado con sueños descabellados. A la mañana siguiente despertaba y había como dos segundos en que parecía que el dolor había pasado. Pero entonces el Señor Dolor también despertaba y me acompañaba todo el día. A los ocho días, así como había comenzado, así desapareció. Y desde entonces comenzó mi calvario con las migrañas.
Marzo 05, 2008
Derribando el Patrimonio Cultural
La semana pasada se dio la noticia en La Prensa Gráfica de la demolición de la iglesia de Santiago Apóstol en Nahuilingo, El Salvador. La iglesia era un Patrimonio Cultural de la nación. Había sido construida en 1613. El hecho de que fuera demolida de noche indica con claridad que quienes lo hicieron sabían que hacían algo no permitido.
Si bien es cierto la iglesia estaba en un estado de deterioro bastante lamentable, la medida de demolerla me parece extrema. Como le pareció también a las autoridades correspondientes, quienes se dieron a la tarea de investigar qué fue lo que ocurrió y quien dio la orden de la demolición, eso sin mencionar que dañar Patrimonio Cultural es un crimen penado por ley.
Aunque originalmente se suponía que el párroco Gerardo Hernández Sandoval había dirigido la acción, y hasta se apresaron a 3 personas que participaron en la demolición, se dice que fue la comunidad completa la que decidió el acto y que incluso participó activamente con palas y picos en el derribamiento.
El problema con todo lo que en El Salvador se proclama Patrimonio Cultural es más o menos el mismo. Edificaciones históricas reciben el título (casas, edificios públicos, iglesias), y se supone que de inmediato sus dueños no pueden intervenir el edificio más que para hacer mejoras que mantengan el estilo o renueven el inmueble. Cualquier tipo de intervención que vaya hacerse, debe solicitarse un permiso especial a las autoridades correspondientes.
Por desgracia, los dueños de dichos inmuebles, por lo general, no tienen los recursos económicos como para hacer las renovaciones necesarias según el estilo de la época, con los materiales sugeridos para ello. No es secreto para nadie el odioso recurso de muchos de mandar a quemar las edificaciones para por lo menos tener el terreno. Eliminada la traba de “patrimonio”, disponen de su terreno para reconstruir con lo que se les venga en gana. Y los responsables de los incendios jamás son encontrados ni mucho menos penados.
Marzo 04, 2008
Recomendaciones y un veloz trip al soul africano
- El artículo de portada de la revista National Geographic de este mes se titula “Mentes autónomas” y habla sobre las diversas habilidades de los animales y sus formas de inteligencia. No hay que perderse la secuencia de fotografías con las habilidades individuales por especie (ésta únicamente en la versión en inglés, pero vale la pena chequear las fotos, siempre excelentes de esta publicación).
- Para los que tienen por ahí un poemario que creen digno de un premio, les comparto las bases del Premio Internacional de Poesía "Rubén Darío".
- Encyclopedia of Life, un nuevo proyecto que pretende registrar una red de webs y registros de todas las especies vivas del planeta. Por el momento, solamente disponible en inglés y francés.
- Una entrevista con Haruki Murakami de la revista alemana Der Spiegel, donde compara el acto de escribir con correr maratones (Murakami es además de novelista corredor de maratones). En inglés.
- "Madame Bovary ha muerto", afirma el escritor inglés Ian McEwan en esta entrevista publicada en Babelia.
- También en Babelia, "Papá Dibango, la magia que todavía funciona", un artículo sobre el músico africano Manu Dibango, famoso en los 70 por una canción llamada "Soul Makossa". Y si no sabe de qué le estoy hablando, quizás esto le sirva de recordatorio (con dedicatoria especial para mi amigo Arbolario):
Marzo 03, 2008
Vivir cansa: Cesare Pavese
El hombre toma una maleta. Mete algo de ropa. El libro más querido de todos los que ha publicado, Diálogos con Leucó. Su diario personal, un folder con sus últimos poemas. Y 16 envases de somníferos.
Se despide de su hermana. Le dice que hará un viaje de fin de semana, algo que ya había hecho otras veces. A él le gustaba retornar con alguna frecuencia a Santo Stefano Belbo, en el Piamonte, donde habían nacido.
Sale de la casa en la Via Lamarmora y toma un tranvía. El viaje es corto, menos de 10 minutos. Baja en la parada de la estación del tren, la Stazione di Porta Nuova, frente a la Piazza Carlo Felice. Se detiene un momento. Mira a su alrededor y descubre un pequeño hotel en la Piazza, el Albergo Roma. Cambia de planes.
Entra al hotel. El mostrador del negocio familiar es de madera. El suelo está cubierto por una moqueta roja. En el vestíbulo hay dos grandes radiadores, un espejo, una mesita con dos sillones y una escalera de baranda metálica. Pide un cuarto. Insiste en que tenga teléfono. Le dan la habitación 346. Sube por la escalera con su pequeña maleta.
Abre la puerta. La habitación es sencilla, pero limpia. La cama es angosta. Hay una mesa de madera y una silla. Un pechero. Un lavabo. El teléfono es negro y está pegado a la pared. Hay una lamparita encima de la cabecera de la cama.
Llamó a alguna gente por teléfono. Era el sábado 26 de agosto de 1950. El día fue pasando, se hizo la tarde, cayó la noche. Hizo tres últimas llamadas telefónicas, se dice que a tres mujeres. Las invitó a cenar. Ninguna aceptó. Ninguna quiso o pudo ir al hotel a verlo tampoco.
Tomó su diario. Releyó la última entrada, la del 18 de agosto: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. Releyó los últimos poemas que había escrito de manera febril, los poemas para C. Tomó el libro Diálogos con Leucó. Releyó sus partes favoritas. Luego tomó un bolígrafo y pese a la promesa de no escribir más, Cesare Pavese, de 42 años, escribió sus últimas palabras en una de sus páginas: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No murmuren demasiado”. Entonces buscó en la maleta los somníferos. Se quitó los zapatos, se aflojó el nudo de la corbata y comenzó a tomar, una por una, las pastillas de esos 16 envases.
