Enero 31, 2008
Crónicas marcianas, Ray Bradbury
¿Qué sería lo primero qué harían los humanos si algún día colonizaran Marte? Botar basura por todas partes, exterminar a los nativos y luego llenar todo de comercios para vender cualquier cosa imaginable. Es decir, hacer lo mismo de siempre y por supuesto, copiar lo que se hace en la Tierra.
Por lo menos ése es el planteamiento que hace Ray Bradbury en su libro Crónicas marcianas, uno de los clásicos de la ciencia ficción y por lo demás un libro con tantos méritos y cualidades que trasciende el género para plantearse sobre todo como una buena pieza de literatura.
El libro está estructurado como un grupo de crónicas o episodios aparentemente inconexos que van narrando, a través de un período de tiempo que va desde enero de 1999 hasta octubre del 2026, desde la llegada de los terrícolas a Marte hasta la casi total extinción de los marcianos y luego, los anhelos por los colonizadores terrícolas por volver a la Tierra luego de observar y saber de ciertas explosiones que parecen haberlo destruido todo...
Son episodios en apariencia sin relación aunque hay referencias a personajes y sucesos anteriores. Podría leerse como un libro de cuentos, y por lo tanto, leer los episodios de manera salteada. Pero en lo personal sentí que el libro podía de hecho leerse como una novela, con una estructura peculiar es cierto, pero que tenía toda la coherencia de una historia de largo aliento.
Enero 30, 2008
Por los amigos
Me enorgullece decir que cuento con un pequeño pero maravilloso grupo de amigos, de esos que cuando se hace la oscuridad acuden a uno, sea con un fósforo, con una antorcha o con un generador eléctrico, para volver a hacer, entre todos, la luz. Y cada esfuerzo, grande o pequeño, es igual de valioso porque detrás de ello hay un sólo gesto: la generosidad y por supuesto, el amor.
En los últimos días, debido a una situación imprevista, me ha tocado andar en trámites, fotocopias, llamadas telefónicas, correos, atravesando la ciudad de este a oeste y viceversa, haciendo números, reacomodando las finanzas con la meticulosidad de un general que prepara un devastador ataque y que no puede fracasar... Y ha sido particularmente notorio como, en medio de ello, los amigos han respondido.
El problema no está resuelto aún. Pero la tensión y la angustia del momento han disminuido con creces al darme cuenta de la gran calidad de los amigos que tengo. Y pienso que por lo menos algo, un poquito me he hecho querer.
Hoy va por los amigos. Por esos que dan sin pedir nada a cambio. Que se quitan el pedazo de pan de la boca por dártelo aunque ya no tengan otro y que tendrán la elegancia de jamás recordártelo. Por aquellos que con una palabra o con un trabajo manual que les ha tomado semanas de tiempo y esfuerzo te arrancan una sonrisa bien ancha, y te conmueven a las mejores lágrimas, las de la alegría.
Por ustedes, con mi interminable amor y admiración, gracias.
Enero 29, 2008
Sobre el mundo del espectáculo literario
En un reciente intercambio de correos con un par de amigos escritores me sorprendió un poco constatar que estamos algo decepcionados del mundo literario. Esa decepción se manifiesta sobre todo en la falta de entusiasmo por publicar cuando surge una oportunidad. Uno de ellos me decía que al principio el mundo artístico le parecía lo más importante, pero que con el tiempo ha aprendido a preferir pasar sus horas con libros o películas, que eso lo llena mucho más. Y sé que escribe en silencio, sin aspavientos, más por satisfacción personal que por otra cosa. Que es como debería de ser, me parece a mí.
En lo personal no escapo de esas decepciones y claro que las comprendo. El mundo del espectáculo en que se ha convertido en varios sentidos lo literario (que no la Literatura), está lleno de acciones y situaciones que están muy alejadas de la esencia del oficio. Hay demasiada pose, demasiada actitud, provocación por el puro hecho de provocar y no porque se sustente una tesis, distorsiones como juzgar la calidad del escritor como ser humano a partir de lo que escribe, presentar libros a una editorial y jamás tener una respuesta sobre si se publicará el libro o no, esa competencia tácita de estar en las listas de libros más vendidos...
Esos correos con mis amigos me llevaron a recordar la ilusión tan grande con la publiqué mi primer libro y que estoy segura compartimos todos cuando publicamos por primera vez. Es algo profundamente inocente: es una mezcla de orgullo de ver tu nombre y el título de un libro que vos te inventaste en una portada, es cierto, pero también implica la ilusión de que la gente leerá lo que escribiste. Uno también es optimista pues piensa que “mucha gente” te leerá. Y digo que es una ilusión inocente pues uno no se pone a pensar en números ni a calcular los derechos de autor, no se piensa en la entrevista ni en la foto. O por lo menos yo no lo hice cuando publiqué mi primer libro en 1987.
Enero 28, 2008
Mis libros de infancia: Struwwelpeter y Zille
El otro día recordé una de mis lecturas de infancia. Era un libro llamado Struwwelpeter (que ha sido traducido al español como Pedro Melenas o Pedro Guerellas). El libro fue subtitulado “Historias divertidas y estampas aun más graciosas con 15 láminas coloreadas para niños de 3 a 6 años”.
Se trata de una serie de rimas escritas por Heinrich Hoffmann, un médico alemán de Frankfurt que para la Navidad de 1844 buscaba un libro como regalo para su hijo. Pero como no le gustó lo que encontró decidió escribir él mismo un libro e ilustrarlo. Así fue como nació esto que se llegó a convertir en un clásico de la literatura infantil de la época. Luego fue traducido a varios idiomas, y como detalle curioso puede decirse que una de las traducciones al inglés fue hecha por Mark Twain.
Lo curioso de este asunto es que, pese al título de aparente bondad y alegría, los cuentos y las ilustraciones son bastante siniestras. Está por ejemplo la historia del niño que no se quería tomar su sopa y que para el quinto día de no tomársela, y de ir enflaqueciendo dramáticamente durante esos días, muere y es enterrado. Sobre su tumba le colocan el platón sopero.
O el cuento de la niña que se pone a jugar con fósforos mientras sus gatitos, Minz y Maunz, le advierten que eso es peligroso. La niña no hace caso, ella toma fuego, se quema y en la última estampa se mira al par de gatitos llorando literalmente ríos de lágrimas junto a un montón de cenizas negras. Curiosamente los zapatos rojos de la niña sobreviven al incendio.
Más traumatizante quizás es la historia del niño al que la mamá le pide que por favor no se chupe el dedo. La mamá sale a hacer unos mandados y el niño se pone inmediatamente a chuparse el pulgar. Acto seguido entra el sastre con una inmensa tijera y le corta ambos pulgares al desobediente infante. Y en la última estampa lo vemos llorando, con la manos extendidas y la sangre fluyendo de los pulgares amputados.
Enero 25, 2008
¿Costa Rica respetuosa del medio ambiente?
Estoy segura que muchos de los que vivimos en Costa Rica levantamos nuestras cejas en franco asombro ayer ante una noticia a la que se le dio bastante vuelo. El periódico La Nación publicó una nota en la que se indica que según la última edición del Índice de Desempeño Ambiental (IDA), Costa Rica es el país del continente americano más respetuoso con el medio ambiente. No sólo eso. A nivel mundial, Costa Rica ocupa el quinto lugar, después de Suiza, Suecia, Noruega y Finlandia. El siguiente país americano en esa lista es Colombia que está en el puesto número 9 (¿qué opinará de esto mi amiga Medea?).
Es cierto que Costa Rica tiene una fama internacional como país “ecológico”. De hecho con mucha frecuencia recibo correos de amigos que en algún momento me dicen que “como ahora vivís en un país respetuoso del medio ambiente” podré conseguir productos biodegradables, reciclar, etc. etc. Siempre le digo a mis amigos, que sé no me creen mucho, que desafortunadamente eso tiene mucho más de apariencia que de realidad.
No voy a negar que en este país hay algunas iniciativas y situaciones que la convierten en algo más conciente de los problemas ambientales que otros países de la región. Pero hay cosas que no funcionan precisamente bien.
Por ejemplo, cuando se habla de los problemas de reciclaje, siempre encontrás como colofón en reportajes o notas de periódico la frase “acuda a su centro de acopio”. ¿Pero me puede alguien decir por favor dónde están? Si el afán de reciclar es así de importante, los centros de acopio de material deberían estar accesibles y sobre todo bien visibles a todo lo largo y ancho de la ciudad.
Sé de una pequeña empresa que por aquí cerca compra algunos materiales para reciclar, pero no quiere que le llevés el periódico de la semana o un par de botellas plásticas. Quieren todo por quintal, por libra...
Enero 24, 2008
Un pequeño ego-trip
Tenía otro post para el día de hoy, pero me voy a permitir el pequeño ego-trip de reproducir una nota que escribió Miguel Huezo Mixco en su columna de hoy de La Prensa Gráfica.
Nada más debo corregir, con ese afán por la exactitud que me fue inculcada por mis ascendencia alemana y por mi ser Virgo, que nos conocimos en casa de Horacio Castellanos Moya, en algún día de 1994, cuando con Horacio, Miguel y Manlio Argueta conspirábamos para formar el capítulo salvadoreño del Pen Club, una iniciativa que quedó en el aire pero que sirvió como piedra fundacional de 3 peculiares amistades, cada una con sus vaivenes, pero que subsisten hasta el día de hoy y sin fecha aparente de caducidad.
Y para los que se preguntan qué es un floripondio, es el nombre que se le da en El Salvador a las flores entre las cuales aparezco fotografiada en mi identificación de esta página.
Y los dejo, porque hay que meter las flores en un jarrón...
Enero 23, 2008
Heath Ledger (1979-2008)
Fue un joven sacerdote escogido para ser un Devorador de Pecados; el hijo de un americano secuestrado por soldados ingleses; el seductor Patrick Verona que acepta pago para salir con la chica intelectual de la escuela y termina enamorado de ella; un policía suicida; un soldado que se niega a ir a batalla por lo cual recibe cuatro plumas blancas de sus amigos, que lo marcan como un cobarde; un campesino que se hace pasar por caballero; el héroe australiano Ned Kelly que retó a las autoridades colonizadoras de aquel continente; Skip Engbloom, el dueño de una tienda de artículos para surfistas y que forma a los famosos Z-Boys, los primeros acróbatas de la patineta; uno de los hermanos Grimm, Jakob; Giacomo Casanova; un poeta adicto a la heroína; el vaquero Enis del Mar...
Fui fan de Heath Ledger desde antes que su nombre o su rostro se hicieran demasiado conocidos. No sé en cual lo vi primero, pero siempre su nombre era razón para ver sus películas. Me gustaba verlo en papeles tan diferentes, explotando su físico y haciéndolo oscilar entre la belleza, la fealdad, la gordura, la juventud, la tontería o el misterio, cambiando su acento del australiano al irlandés al inglés standard o al acento de California, eufórico y ridículo, serio y heroico, enamorado, atormentado, seductor. Me gustaba mucho el timbre de su voz.
Me costó ayer creer que hubiera muerto en lo que tiene toda la apariencia de ser un suicidio. Pensaba en su juventud y en todas las grandes actuaciones que de seguro íbamos a ver de él todavía y que ya no serán. Pensé en su pequeña hija que lo conocerá nada más que a través del recuerdo de los otros, y de sus películas. Y en los últimos momentos. Y en las pastillas. Y en cómo, por qué. Y recordé a River Phoenix y a un montón de otros muertos. Y ese extraño club de los muertos antes de los 30. Y me dio pesar, mucho pesar.
Ojalá a alguien se le ocurra traer por estos rumbos I’m Not There, donde es uno de los actores que interpreta a Bob Dylan. Me veré obligada a ver el próximo Batman donde él hace de Guasón. Me quedaré con las ganas de ver The Imaginarium of Doctor Parnassus, la que iba a filmar.
Hace algunos meses soñé con él (tengo una extraña recurrencia a soñar con mis actores favoritos). Sonreía, era intolerablemente bello. Caminábamos junto al mar. Hablábamos tonterías. Reíamos. Entrábamos a una casa, de ésas que salen en las revistas, y mirábamos el mar. Siempre el mar. Y no recuerdo más.
Ahora será bello por siempre. Un sueño detenido en el tiempo.
Enero 22, 2008
Páginas por explorar
En días recientes se ha anunciado la existencia de varias páginas de internet que, aunque no he tenido tiempo de visitar con cuidado, pueden resultar de interés para los interesados en la literatura y el lenguaje.
La Biblioteca Digital Hispánica puso a disposición 10 mil obras antiguas de la Biblioteca Nacional de España, a las que se puede accesar gratis. Entre el material se incluyen libros impresos entre el siglo XV y el XIX, grabados, dibujos, mapas, fotografías y cateles. Entre algunas de las piezas interesantes están el Cantar del Mío Cid, dibujos de Goya y grabados de Rembrandt y Durero.
Wikilengua del español, definida como “un sitio abierto y participativo sobre las dudas prácticas del castellano y un medio para reflejar la diversidad de una lengua hablada por cientos de millones de personas”. Las consultas son gratis.
Conoce al autor es una página con videos de diversos autores comentando sus obras, una especie de “you tube literario” al que ya se han apuntado alrededor de 60 escritores. La página viene a ser el equivalente al castellano de su simil en inglés, Meet the author, que hace exactamente lo mismo con autores de los Estados Unidos y el Reino Unido.
Enero 21, 2008
Voy a dormir: Alfonsina Storni
Es de noche y se anuncia tormenta. Una mujer de 46 años que está hospedada en una pensión de Mar de Plata sufre de dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor, llama a la asistenta del lugar y dicta una carta para su hijo Alejandro, de 26 años: “... Suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”.
Ya en la madrugada del 25 de octubre de 1938, la mujer sale de su habitación. La tormenta ha comenzado. Quizás ya había escogido el lugar en días anteriores. Quizás nada más caminó y lo encontró. Los suicidas siempre tienen secretos que se llevan consigo. Lo cierto es que llegó hasta un espigón y desde allí se arrojó al mar.
En las primeras horas de la mañana, unos trabajadores ven flotar un cuerpo en la playa. Lo sacan del agua, lo llevan al hospital y reconocen a la muerta como la poeta Alfonsina Storni.
Tres años antes, en 1935, a Storni le fue detectado un cáncer mamario. Los doctores la operan y pierde el seno derecho. La amputación provoca un profundo trauma en Alfonsina. Se suma en una serie de depresiones y se aísla de sus amistades. Comienza una vida en solitario y su estado de ánimo empeora cuando al cabo de poco tiempo, se da cuenta que el mal se ha extendido y que no hay cura posible. La morfina alivia sus dolores físicos momentáneamente, pero no los del espíritu.
La vida de Alfonsina Storni nunca fue fácil. Los negocios de su padre Alfonso, alguna vez prósperos, se vienen abajo cuando ella es apenas una niña. Ella se ve obligada a trabajar desde los 11 años para ayudar en la economía de la familia. Él sufre fuertes depresiones y muere cuando Alfonsina tiene 14 años.
Enero 18, 2008
Robo de correo electrónico
Hace cosa de un mes recibí un correo de una amiga. En el correo decía que se había ido al África en un programa de ayuda a muchachos con Sida y que se había quedado trabada en Nigeria porque dejó su bolso en un taxi, perdiendo todos sus papeles, dinero, etc. Necesitaba una ayuda de 4 mil dólares para pagar el hotel donde estaba hospedada, reponer su pasaporte, y comer. Que le enviara el dinero vía Money Gram o Western Union.
Como sé que mi amiga B. está casada, tiene dos hijos y vive en España, me parecía extraño que de pronto se fuera al África. Pero el otro detalle raro del correo era que estaba en inglés. B. lo habla, es cierto, pero no nos escribiría a los amigos en inglés... Sin embargo, el mensaje venía firmado con su nombre y apellido.
Pensé que quizás era en realidad un pedido de auxilio de alguna cercana amiga de B. y que B. nos había reenviado el mensaje buscando cómo ayudar a la amiga en África. Pero luego, era extraño que si así fuera, B. no hubiera incluido una explicación o nota personal.
El caso es que, como leí el mensaje de noche, me quedé pensando en eso y concluí que al día siguiente le escribiría a B. para preguntarle de qué iba aquel asunto.
No hubo necesidad de escribirle. Al día siguiente recibí un correo de ella advirtiendo que lo de la mujer en África se trataba nada más y nada menos que alguien había robado su cuenta de correo electrónico (con todo y contraseña) y estaba escribiéndole a toda su lista de direcciones pidiendo plata.
Enero 17, 2008
Escribiendo
A fines de noviembre del año pasado (más exactamente, el 26), empecé a escribir lo que supongo será una nueva novela. Digo “supongo” porque las historias de pronto le dan a uno cada sorpresa. Ya me ha pasado sentarme a escribir un cuento y terminar armando una novela de 400 páginas. O que un capítulo de una novela toma vida propia y se convierte en su propia novela. O pensar que voy a escribir una novela y terminar con un cuento de 12 páginas o menos.
La historia me venía rondando cosa de un mes antes de escribirla, y se me ocurrió, como suele pasar, por “estirar” un pensamiento y llevarlo al extremo de una situación. Comencé a adornar esa idea, imaginar diálogos, redactar mentalmente y a no pensar en otra cosa. Esa historia se convirtió en una especie de “refugio mental” en medio del tedio y los problemas cotidianos, donde me refugio con gusto a toda hora posible.
No puedo decir de qué se trata (comparto la superstición de que hablar de lo que uno está escribiendo, lo sala), pero puedo compartir un par de cosas. La historia ocurre, sin alternativa posible, en otro planeta. Si esto no fuera así, no habría historia, simplemente. O quizás la habría, pero me parece que la variable sería menos interesante. Este detalle me ha lanzado, sin proponérmelo, al ámbito de la ciencia ficción. El asunto no me desagrada. No comparto esos absurdos prejuicios de varios intelectualoides que desprecian la ciencia ficción o la literatura fantástica porque los consideran “géneros menores”. Creo firmemente que en literatura no hay géneros menores, solamente obras mal o bien escritas... la calidad es lo que importa.
Enero 16, 2008
La historia de Oscar, el perro, y Arthur, el gato

Esta historia es verídica y ocurrió los primeros días de este año en la localidad de Wigan, Great Manchester, Inglaterra. En el hogar del matrimonio de Mavis y Robert Bell, vivían en plena armonía un perro y un gato. El perro se llama Oscar, tiene 18 meses y es un Lancashire Heeler. El gato se llamaba Arthur, era blanco, grandote y tenía 17 años. Ambos eran inseparables. Dormían juntos en un cestito. Jamás peleaban. Y el gato hasta le ayudaba al perro a subirse al sofá para hacer sus siestas, puesto que la raza del perro es bastante enana.
El gato un día se murió. Y el matrimonio Bell lo enterró. Oscar por supuesto, acudió al entierro. Y todos se fueron a dormir.
Durante la noche, Oscar se escabulló por la puertecita del gato hacia el jardín. Buscó el lugar donde estaba enterrado Arthur. Comenzó a escarbar hasta encontrar el cuerpo de su amigo. Sacó al gato fuera del hoyo. Tomando en consideración la diferencia de tamaño entre el gato y el perro, es de suponer el esfuerzo físico descomunal que esto le supuso a Oscar. Lo arrastró luego hasta la casa. Lo metió adentro por la puertecita del gato. Lo puso en el cestito donde ambos dormían. Luego, como el gato estaba lleno de tierra y despeinado de toda la maniobra, Oscar se dedicó buena parte de la noche a limpiarlo a lengüetazos.
A la mañana siguiente, cuando el matrimonio Bell se levantó, cuál fue la conmovedora sorpresa al encontrar a Oscar bien dormidito junto a su queridísimo amigo Arthur. Lo que más admiraban los Bell era que el gato estuviera tan pero tan limpio.
Así es que volvieron a enterrar a Arthur en un lugar más “seguro” y le llevaron a Oscar un nuevo gatito al que llaman Limpet. Y Oscar lo cuida y lo sobreprotege, aunque suponemos que el amor por su amigo Arthur pervive en su corazoncito canino.
Cada vez que sé de una historia así, daría mi reino por saber lo que pensaba el perro y qué lo hizo decidir hacer todo lo que hizo. Esto para todos aquellos miserables que insisten en que los animales no tienen sentimientos... guau guau, miau miau.
Enero 15, 2008
El Orfanato
Laura regresa a lo que fuera su hogar de infancia, un orfanato. Compra el caserón, se instala allí con su esposo Carlos y su pequeño hijo Simón y planea abrir un hogar para cuidar niños con limitaciones físicas. Pero muy pronto comienzan a pasar cosas extrañas y además, Simón insiste en que juega con unos amigos imaginarios...
El Orfanato es el primer largometraje del director Juan Antonio Bayona y viene a ser una refrescante visita al género del misterio y el horror. Lo que me sorprendió en particular es que los elementos con los que crea la tensión en el espectador no son extraordinarios ni novedosos. Rincones oscuros, puertas que se abren con chirridos, maderas que crujen al caminar, música dramática: uno espera en cualquier momento que ocurra algo (que aparezca una mano peluda o un monstruo de facciones aterradoras), pero las más de las veces no pasa nada. Y entonces, cuando tenemos la guardia baja, ya pegaste el primer grito del susto.
El director va construyendo en el espectador una tensión que no da tregua, desde los primeros momentos de la película y realmente uno está a la expectativa de “algo” porque sospecha que en efecto, algo no anda bien, aunque no tenemos la menor idea de qué.
La composición del terror que va armando el director se basa más en lo sugerido y en las piezas que poco a poco se nos van presentando en la historia. Pero no es un terror (como desafortunadamente ocurre en tantas películas actuales), basado en lo escabroso o grotesco. Es algo mucho más fino y construido muy meticulosamente aprovechando todo tipo de elementos (claroscuros, espacios, ruidos, etc.)
Esa tensión es intensa y constante como ya mencioné. Y me ocurrió lo que no recuerdo haber vivido jamás en ninguna película: ¡la gente pegaba unos gritos tremendos! No, yo no grité, pero sí confieso haber pegado mis 3 o 4 brincos en algunas escenas y me pasé con una tensión casi insoportable durante toda la película. ¿Qué más puede uno pedir de una peli de miedo y misterio?
Pero ciertamente la película ofrece mucho más. Hay muy buenos momentos fotográficos. Las escenas de exteriores tiene momentos preciosos. Y también la fotografía (con un constante uso del claroscuro en interiores) es de los elementos que construyen el misterio. Muy buena la escena a nivel fotográfico de cuando Laura va bajando las escaleras a lo que es “la casa de Tomás” (toda la gente del cine en ese momento le gritaba a Laura “¡noooo, no bajés!”).
Belén Rueda está super bien en el papel de Laura. Y luego tenemos un par de sorpresivas presencias, como la de Geraldine Chaplin como una medium que intenta ayudar a Laura y Carlos, y la de Edgar Vivar (conocido y constante cómplice de Chespirito) como parte del equipo de la medium.
Lo único que en lo personal no me gustó fue el final. Me pareció que rompió con toda lo dark y la carga de tensión que llevaba la película desde el comienzo. Pero bueno, puedo comprender la intención del director al hacerlo de esa manera.
No puedo hablar más de esta historia primero para no arruinarles el cuento, pero sobre todo porque El Orfanato es una experiencia que debe vivirse. Si le gusta sentir que se le paran los pelos de la nuca, pegar brincos del miedo y experimentar un salón oscuro lleno de gritones miedosos, no deje de verla. Y lo mejor es que vaya acompañado.
Y ciertamente, quedo a la espera de más películas de este excelente director.
Enero 14, 2008
Os saludo rompiendo la pluma: Emilio Salgari
El 25 de noviembre de 1911, un hombre de 48 años se dirige a un barranco en el Valle di San Martino, cerca de Turín, Italia. El lugar está lleno de buenos recuerdos. Ahí cerca había vivido un tiempo con sus hijos y su amadísima esposa, en la Via Guastella. En aquel lugar, lo recuerda claramente, la familia entera iba a cortar flores. Desayunaban por ahí cerca. Era un pequeño lujo que podían darse, a pesar de la dramática estrechez económica.
Cuando saca el cuchillo, no puede evitar pensar en piratas y sultanes, en tigres y selvas, en barcos y palacios, en lugares exóticos a los que el común de la gente jamás viajará. Ni él tampoco. Piensa en su amada esposa Aída, en sus hijos a los que apenas podrá heredar 150 liras. Confía en que habrá seres bondadosos que cuidarán de ellos.
Cuando cumplió 16 años, el joven Salgari se mudó de su natal Verona a Venecia, para ingresar al Real Instituto Técnico Naval “P. Sarpi”. Su plan era obtener el título de capitán de gran cabotaje pero nunca lo logró. Y es de ahí en adelante donde la vida misma de Salgari se confunde entre la realidad y la fantasía.
En sus memorias, Emilio Salgari asegura haber realizado una serie de viajes por la India, Malasia, Borneo y el Pacífico Sur en los que pasaron toda suerte de sucesos y conoció a las más disímiles personas, quienes se convertirían, más adelante, en el pasto nutricio de sus novelas de aventuras. La verdad aparenta haber sido mucho más sencilla. Se cree que Salgari, quien tenía una fantasía bastante exacerbada, quien era un lector incansable y que para algunos no era más que un mitómano, en realidad no llegó a ser más que un marino que realizara poquísimos viajes como parte de su aprendizaje naval y un viaje como pasajero en un barco mercante que navegó durante tres meses en el mar Adriático.
Enero 11, 2008
Y los demás ¿cuándo?
Tenía pensado para hoy escribir sobre otra cosa. Había prometido hablar sobre la nueva novela que estoy escribiendo. Pero me conmovió mucho ayer ver a Clara Rojas abrazando por fin a su madre, esa señora de cabello corto y blanco y de presencia más bien frágil que hemos visto desde hace poco más de 6 años en prácticamente todas las manifestaciones que los colombianos han realizado para la liberación de los 3,200 secuestrados que existen en Colombia.
Doña Clara de Rojas no escatimó esfuerzos ni palabras para hacer todo lo posible por lograr la liberación de su hija, y al mismo tiempo, abogar por la liberación de todos los secuestrados. Su edad, pero sobre todo su salud quebradiza no fueron obstáculo para su activismo. La recuerdo al inicio de todo este calvario caminando con bastón y ahora, con los años, debe caminar con una andadera.
Eso no impidió que ella estuviera ayer en el aeropuerto de Maiquetía en Caracas para recibir a su hija, recién liberada junto a Consuelo González. Se las veía a ambas muy cansadas, un poco confundidas, quizás incrédulas porque al fin pueden estar juntas de nuevo. Clara no dejaba de besarla y abrazarla una y otra vez. Habría que tener un corazón muy duro para no conmoverse ante esa escena. Hasta la periodista de la televisora venezolana que narraba el encuentro y que CNN retransmitía en vivo, se le quebró varias veces la voz.
Trato de imaginar las conversaciones privadas de ambas, lo que hará Clara Rojas al volver a su casa, a su habitación, cómo será ese recomenzar la vida que, seguramente después de lo vivido, jamás volverá a ser igual.
Enero 10, 2008
Moan, Trentemøller
El DJ danés Trentemøller le hace un sentido homenaje a nuestra querida Laika en este excelente video.
Enero 09, 2008
El sueño del cuchillo y el cocodrilo
Hay dos sueños que se me presentan de manera recurrente, por lo menos en cuanto a concepto aunque los detalles varían. En uno de ellos entro a un teatro o a un cine para ver una película y el lugar está reventando de gente, todas las luces de la sala están encendidas y todos esperamos infinitamente por una película que jamás comienza. El otro, que de alguna manera se asemeja, es que llego a un aeropuerto a tomar un avión al que jamás me subo porque siempre hay cinco mil obstáculos o situaciones que lo impiden, aunque la diferencia está en que en el aeropuerto estoy corriendo contra tiempo y eso me causa mucha angustia.
Tuve otro de esos sueños el domingo. Llegué a un lugar donde esperaríamos un bus que nos llevara a la terminal del aeropuerto. El bus se adelantó bastante a la hora normal de salida y algunos pasajeros esperaban a otros. Yo me monté en el bus pero también montaron a un cocodrilo. Éste iba encadenado de las cuatro patas y las fauces, colocado justo detrás del asiento del conductor. Los demás íbamos algo inquietos. Yo pensaba qué se podría hacer en caso de que el cocodrilo se soltara y busqué en mi cartera (un bolsito negro de cuero) encontrando ahí un cuchillo de sierra con mango negro, de los para comer steak. El cuchillo existe en la vida real, es uno que me llevo en cada mudanza por no sé qué fetichismo y tengo añales de tenerlo.
Enero 08, 2008
Terminaron las vacaciones...
Qué lástima. Con lo bien que me la estaba pasando: levantarme tarde o mejor dicho, a la hora en que mi cuerpo hubiera terminado de dormir (nunca antes de las 8 y media de la mañana). Desayunar despacio, leer, hacer siestas de una o más horas, darse el lujo de ver una película o documental que comienza muy tarde y que termina a medianoche o incluso después, comer cuando sentía hambre, ir al supermercado y pasearme por los pasillos viendo producto tras producto como si estuviera en un museo, visitar las librerías que estuvieran abiertas y hojear libros y por regla, no ver el reloj más que para estar pendiente del inicio de alguna película interesante.
No hice nada “importante”. Es decir, me olvidé de problemas, trámites pendientes, compromisos, trabajo (del que paga las cuentas). No contesté correos a menos que fueran de los muy amigos.
La semana de Navidad todavía tuve que trabajar un poco, pero fue un trabajo más agradable (“agradable” porque es lo que me gusta hacer, escribir, no porque el tema lo sea). La serie sobre los escritores suicidas se extendió y escribí tres artículos más sobre Hunter S. Thompson, Alfonsina Storni y Emilio Salgari. También tuve que hacer algunas cosas personales que me tuvieron saliendo casi a diario y perdiendo el día en ello. Pero luego, a partir del último fin de semana del año, resolví que me iba a tomar, en efecto, vacaciones. Y dejé de hacer otras cosas que me hubieran supuesto sacrificar un tiempo que necesitaba para hacer simple y sencillamente nada, o por lo menos, lo que me diera la santa gana, a la hora que me diera la gana y de la manera en que me diera la gana. Si quería pasar la mañana entera en pijama o acostada en mi cama leyendo todo un día o nada más haciendo zapping o viendo tonteras por la tele, lo hacía.
Enero 07, 2008
La temporada de juego ha terminado: Hunter S. Thompson
La tarde del 20 de febrero del 2005, Anita Thompson está hablando con su esposo por teléfono. Ella se encuentra en el gimnasio y él está en su estudio, en su casa de “Owl Farm”, en Colorado. Él está enfrascado en la escritura de un artículo sobre los atentados del 11 de septiembre pero tiene pendiente la entrega de su columna semanal de ESPN y le pide a Anita que regrese pronto para trabajar en ello.
En algún momento de la conversación, él le pide que espere. Ella se queda en la línea y de pronto escucha un sonido fuerte. Anita piensa que algo se ha caído, pero no logra identificar bien el sonido. Espera en la línea largo rato pero su esposo no vuelve al teléfono.
Ese sonido fue el de un disparo. Hunter S. Thompson se había disparado en la boca con una pistola calibre 45. Su cuerpo estaba sentado frente a su máquina de escribir. En el rodillo había metida una hoja de papel y en su centro estaba escrita una única palabra: “Counselor” (consejero).
En el momento del suicidio, se encontraban en su casa su hijo Juan, su nuera y su nieto. De hecho estaban en el cuarto junto al estudio. Cuando escucharon el ruido del disparo pensaron que se trataba de algún libro que había caído al suelo y continuaron en lo que estaban antes de asomarse a ver si había ocurrido algo.
Horas después, cuando se reportó el incidente y llegó la policía, sus familiares afirmaron estar seguros de que el suicidio había sido algo planeado y no estaban demasiado sorprendidos. Thompson había tenido serios problemas de salud en los meses anteriores. Una cirugía en la espalda y otro procedimiento donde se le había implantado una cadera artificial lo habían dejado extenuado y sobre todo con fuertes dolores. Para rematar, se había quebrado una pierna en uno de sus últimos viajes a Hawaii. Todos estos problemas habían limitado su movilidad.
Enero 04, 2008
Georgia O'Keeffe en Nuevo México
Cuando llegó por primera vez a Nuevo México, cuenta Georgia O'Keeffe en este video, se sintió de inmediato en casa y eventualmente se mudaría allá. Salía todos los días a explorar los alrededores de su propiedad, el Ghost Ranch, desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde.
Pintaba en su carro, convertido en un improvisado estudio al sacar el asiento de atrás, darle vuelta al asiento del chofer y colocar las telas en el espacio que quedaba. Era el único lugar con sombra donde pintar.
Estaba acostumbrada a pintar flores en formato gigante, pero no había flores en aquellos parajes. Así es que recogía huesos y calaveras para usarlas como “modelos”. También, cuando iba a la ciudad más cercana, compraba flores artificiales, para usarlas en sus cuadros. Deseaba pintar los paisajes y buscó a alguien que le enseñara a hacerlo, pero nunca encontró a nadie, así es que se atrevió a intentarlo sola. A veces el viento era tan fuerte que no sabía cómo hacer para pintar y sostener la tela al mismo tiempo.
Pensaba, luego de escucharla, que cuando se necesita pintar (o escribir o bailar o hacer música), se hace no importando las circunstancias, las carencias, las dificultades...
Enero 03, 2008
Roberto Castillo (1950-2007)
Comenzamos mal este año. Ayer por la mañana falleció el querido amigo Roberto Castillo, escritor hondureño. Como suele pasar en estos casos, la noticia lo deja a uno aturdido, repasando recuerdos.
Por algún motivo nos comunicamos por correo electrónico, pero no nos conocimos personalmente hasta el 2004, cuando coincidimos en Madrid invitados por Casa de América, para un encuentro sobre literatura centroamericana. Hicimos migas de inmediato. Roberto andaba acompañado de su esposa Leslie y todos los escritores invitados estábamos alojados en la Residencia de Estudiantes. Compartimos mesa en los desayunos o almuerzos y siempre era un gusto estar con ellos.
Roberto era un tipo de buen carácter, afable y excelente conversador. Afectados por el jet-lag, no era inusual encontrarnos de madrugada en el área de computadoras en que íbamos a revisar nuestros correos y continuábamos las pláticas sobre los más diversos tópicos.
Luego, cuando cada quien regresó a su país, Roberto y yo mantuvimos contacto por correo. Fue de las pocas personas que realmente escribía cartas. Con mi traslado a Costa Rica (y creo que él se había mudado a un lugar donde no tenía mucho acceso a internet), nos dejamos de escribir un tiempo, pero en algún momento me escribió de nuevo porque le iban a publicar un libro de ensayos acá. Suponíamos que haría un viaje para presentarlo... pero ya no supe más de él. Hasta ayer. ¡Cuán impertinente esta condición de mortales!
Comparto el enlace a una entrevista que le hice para el suplemento "Áncora" de La Nación de Costa Rica, parte de una serie de entrevistas a escritores centroamericanos.
Te vamos a extrañar, Roberto.
Enero 02, 2008
Hermosa como el suicidio: Alejandra Pizarnik
25 de septiembre de 1972. En el 980 de la Calle Montevideo de Buenos Aires, departamento C del séptimo piso, 50 pastillas de Seconal sódico son ingeridas por una mujer de 36 años que teme a la locura y a la vejez, que está deprimida y también desencantada de la poesía (“dediqué mi vida a la poesía y ahora descubro que la poesía no le importa a nadie”).
Lo único que tiene es su nombre, Alejandra Pizarnik, que fue el que se dio a sí misma a partir de su segunda publicación, guardando para el recuerdo el que le habían dado sus padres, Flora, y el verdadero apellido, Pozharnik, alterado por un error de registro, hecho frecuente entre los funcionarios de migración de Argentina, cuando admitieron a sus padres, una pareja de judíos rusos que huyeron de Europa justo a tiempo, es decir, antes del holocausto donde, en efecto, murió gran parte de la familia que quedó atrás.
En junio del 71, poco más de un año antes, Pizarnik había ingerido una sobredosis de barbitúricos pero fue encontrada a tiempo como para ser llevada a un hospital a hacerle un lavado de estómago. A partir de entonces frecuentaría clínicas y tratamientos para tratar de aliviar su persistente depresión.
Su familia siempre estuvo consciente de que algo pasaba con Buma o Blímele, diminutivo cariñoso en yiddish con el que llamaban a la entonces aún Flora: era tartamuda, asmática, muy tímida, tenía acné, era bajita y también un poco gorda. Ella se consideraba además a sí misma como fea e inadaptada.
A los 15 años comienza a fumar y la obsesión por su sobrepeso, la hizo consumir anfetaminas, fácilmente adquiribles en las farmacias, y que se utilizaban como tratamientos contra la obesidad.
Las anfetaminas seguirían acompañándola durante sus años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, prolongando las noches de desvelo en las que intenta estudiar letras pero que después deja para estudiar pintura con Juan Battle Planas. Lee todo lo que cae en sus manos, se fascina por el surrealismo y acude al psicoanálisis para explorar sus obsesiones, una de ellas, la infancia perdida.
