Agosto 31, 2007
Otro apacible amanecer en San Salvador
Desde que los veo venir sé que no andan en nada bueno. Son dos. Vestidos de blanco, sucios. Se saludan con un huelepega que va en sentido contrario. Van hacia la parada a un costado de la Biblioteca Nacional, sobre la avenida Cuscatlán.
Pienso, porque ya había ocurrido la semana anterior en la misma parada, que se montarán en un bus y lo asaltarán. Paso junto al bus y me atrevo a ver. Los dos forcejean con un hombre fornido que intentaba montarse. Se dan de puñetazos. Uno de los asaltantes saca un destornillador. El otro, una navaja de las que se ocupan para cortar en papelería y que ahora se compran en cualquier esquina. Lo rayan.
Me sube una sangre caliente por la nuca. El simple hecho de verlos es peligroso. Sueltan al hombre y van caminando en mi misma dirección. Me meto a lo primero que veo abierto, una panadería. Entro y me quedo ahí parada, a medio local. Un tipo que está trapeando me pregunta qué quiero. Nada, le digo, es que acaban de asaltar a un hombre en la parada y quiero esperar acá hasta que se vayan los ladrones. El tipo me mira feo, como si la ladrona fuera yo. Tan así me mira de mal que, sin mediar palabra, doy la vuelta y busco la puerta.
Me quedo parada ahí. Veo a la calle. Los tipos de blanco sucio ya no están. El asaltado tampoco. La calle está extrañamente silenciosa. Las pocas personas que están ahí parecen estatuas de sal. Todo está estático.
Observo a un vendedor de golosinas que seguro vio todo porque fue justo enfrente de él que sucedió. Nada más nos vemos. Mudos.
Respiro profundo. Tomo valor. Vuelvo a caminar. Falta un cuarto para las ocho.
Así comienza otro apacible día en el Gran San Salvador.
(Publicada en La Prensa Gráfica, 13 de marzo 2004).
Agosto 30, 2007
"Solsticio de verano" (fragmento)
Hablabas de cosas que no veían los demás
y éstos reíanse.
Boga con todo el umbroso río
contra la corriente;
cursa los caminos incógnitos
a ciegas, obstinado
y busca palabras enraizadas
como el olivo de múltiples nudos
y déjalos que rían.
Aspira a que también el otro mundo
en la hodierna sofocante soledad habite
en este presente dilapidado,
déjalos.
El rocío del alba y el viento del mar
existen sin que nadie lo demande.
(De Mithistórima, Yorgos Seferis, poeta griego, ganador del Premio Nóbel de Literatura 1963).
Agosto 29, 2007
Kamchatka
Algunos días después del golpe militar de 1976 en Argentina, una familia se ve forzada a mudarse súbitamente de la ciudad a una casa en el campo. Los padres de los dos pequeños hijos harán todo lo que esté a su alcance por implementar algo de cotidianidad y normalidad a la vida del grupo familiar, pese a los quiebres radicales por los que están pasando: toda la ropa y juguetes quedaron en casa; todos adoptan nombres e identidades diferentes, detalles que los niños deben aprender; la separación de los amigos y la escuela; las órdenes “extrañas” que los niños deben seguir: no responder ni hablar por teléfono y cuando los padres digan la palabra “zafarrancho”, deberán huir a donde los padres indiquen.
Kamchatka, la película argentina dirigida por Marcelo Piñeyro, basada en una novela de Marcelo Figueras (quien co-escribió el guión junto con el director), está narrada desde el punto de vista de uno de los niños, quien adopta el nombre de Harry en honor a Houdini. En la casa a donde tienen que irse a vivir, Harry descubre un libro que habla sobre el escapista (Houdini nunca fue mago, sino un escapista, nos lo aclara un par de veces el niño). El padre, por cierto, cambia su nombre por el de David Vicente, en honor al personaje principal de aquella serie Los Invasores, tan popular en los años 70 y de la cual Harry es aficionado (y yo también era).
Al grupo familiar viene a sumarse un muchacho, Lucas, de quien no se sabe nada y con el que poco a poco, venciendo sus resistencias, llega a hacerse amigo de Harry.
Agosto 28, 2007
De Los Intocables a Los Soprano
Una de las series favoritas que mirábamos en casa era Los Intocables. No me di cuenta hasta esta semana, viendo el último capítulo de Los Soprano, que fue entonces que comenzó mi gusto por las historias de la mafia. Mi padre era poco para ver televisión, pero miraba ciertos programas con una devoción que traspasaba el simple hecho de mirar. No importaba si ya habíamos visto el episodio o no, lo volvíamos a ver 2, 3, las veces que el canal los repitiera. Muchos de los programas que mirábamos se enriquecían por ese afán autodidacta de mi padre. De pronto aparecía con todos los libros que pudiera encontrar sobre el tema. No sé en qué escondrijos de San Salvador los encontraba, pero aparecía con libracos de páginas amarillentas y portadas de a centavo, algunos de los cuales se compraban por libra. Así nos alimentamos con libras de novelitas de vaqueros (Marcial Lafuente Estefanía era uno de los favoritos). También tuvimos libras de libros de ciencia ficción. Y por supuesto, tuvimos una buena dosis de novelas policiales y libros sobre la Cosa Nostra.
Recuerdo que uno de los libros con que apareció fue uno llamado algo así como Los gángsters más famosos de la historia, una recopilación de biografías de mafiosos. Leyendo ese libro supe que los personajes que aparecían en Los Intocables eran todos reales, que Al Capone, Dillinger, Lucky Luciano y “Ametralladora” Kelly habían existido. Sus fotos no se asemejaban a los actores que los interpretaban en el programa, pero no me importaba. A partir de entonces, la conciencia de estar viendo algo que era real convertía el programa en mucho más fascinante aún. Lo malo era que ya sabía el final que habían tenido varios de aquellos mafiosos, sobre todo mi favorito, Al Capone, quien estuvo preso en Alcatraz y que luego muriera a los 47 años, en bancarrota y alejado del mundo.
Agosto 27, 2007
“Los centroamericanos estamos totalmente ninguneados. ¿Qué somos en la literatura?”: Ana Cristina Rossi (segunda entrega)
Ana Cristina Rossi continúa hablando sobre Limón Reggae y los temas contenidos en ella. En esta segunda y última entrega, la conversación se centra en la parte de la novela relacionada con Costa Rica, pero también en los motivos por los cuales dejó de publicar con Alfaguara.
La novela se presentará en el marco del Primer Encuentro de Estudios Culturales Centroamericanos que tendrá lugar en San Salvador a partir del 12 de octubre de 2007.
La autora fue incorporada como miembro de la Academia Costarricense de la Lengua la semana pasada.
El libro es duro no sólo para El Salvador sino también para Costa Rica y también para Limón, para los afro descendientes.
Es cierto, el libro no queda bien con nadie. Al principio se da eso que cuenta uno de los personajes, que los afro descendientes eran abiertos, amaban a los costarricenses. Y golpe tras golpe, al ser excluidos de la fuerza de trabajo, algo que pocos costarricenses saben, se fueron cerrando. Y fueron excluidos por el color; llegaban los afro descendientes a pedir trabajo y decían “pero yo soy costarricense”, “sí”, les contestaban, “pero véase su piel”. Entonces ahí está la razón de su rechazo. En la novela exploro mucho las consecuencias de eso, que son tremendas.
Una de las cosas duras que contás en la novela es cómo se hacen las expropiaciones para formar el Parque Nacional de Cahuita, uno de los más populares entre los turistas que van al Caribe...
Costa Rica vende imagen de país ecológico pero lo que le pasó a los dueños es muy duro. Fijate que una vez yo estaba hablando de eso y Epsy Campbell (ex candidata a la vice presidencia) cuyos padres fueron expropiados de Cahuita se puso a llorar. Además estuvo lo de la monilia, el hongo que muchos aseguran fue regado por avionetas sobre sus terrenos para obligarlos a vender.
Sigue habiendo un diálogo de sordos. La manera que lo planteo en la novela es la que yo escogí aunque quizás no sea la más conveniente para el diálogo, porque la novela se iba a presentar ahora para el Festival del Negro que es en agosto, pero se decidió no hacerlo. Ellos (los afro descendientes) quieren discutir sus problemas entre ellos. Son pocos los que aceptan discutirlo con los mestizos.
El momento se ha llegado para un diálogo porque Limón no está integrado al resto de la nación.
Agosto 24, 2007
Mariana
El pelo hecho un desastre, quemado. Mal vestida, sucia. Camina aprisa, siempre con prisa. Flaca. Fuma piedra, marihuana, tabaco. Huele pega. Toma. Supongo que también se prostituye. Roba. No sé. La conozco de vista como se conoce a la gente que se mira a diario cuando uno pasa por las mismas calles y que llegan a ser parte de tu vida.
Ese día la veo en el punto de buses en el centro, con un vasito plástico en la mano izquierda y con un par de claveles en la derecha. Se acerca a una fresquera, toma del vaso, arruga la cara, tira el vaso. Vocifera, algo le dice a la fresquera. Pero estoy demasiado lejos para saber qué dice. La expresión delata que está drogada, ebria o ambas cosas.
Cerca viene el origen de las flores: un huelepega, con un tarro de leche en polvo, colmado de claveles frescos. Supongo que lo ha robado del cementerio, que está a unos pasos. O de alguna de las vende flores, que también están cerca.
El motorista del bus pide un fresco. La fresquera entra, le da la bolsa, recibe las monedas. Algo le dice él, comentando sobre la mujer de los claveles que, ese día supe, se llama Mariana. La fresquera le cuenta que Mariana tiene 3 meses de embarazo, no sabe quién es el padre, y no sabe qué hacer. La fresquera dice que le dijo que considere al niño, que deje la droga, que se meta en un centro de rehabilitación mientras pasa el embarazo, luego puede dar el niño en adopción. Sí, le ha dicho Mariana, eso voy a hacer en unos quince días.
Escucho la historia como se escucha todo en un bus. El cuento es para quien tenga oídos. Mientras tanto Mariana sigue su camino, chupa una paleta, y coqueta, se coloca los claveles en el destruido pelo.
(Publicado en LPG, 30 de octubre del 2004).
Agosto 23, 2007
Para ver y leer
-Seven years in India, un foto ensayo en Time de Prahsant Panjiar, en un intento de documentar mediante fotografía el cambiante paisaje de la India. Enciendan los parlantes para escuchar el diálogo entre el autor y Simon Robinson.
-La Revista Semanal Latinoamericana Contrapunto publica "El último Emperador", un cuento del poeta salvadoreño Alfonso Kijadurías, de su libro inédito La breve edad del tiempo. Cada lunes se publicará un nuevo cuento de este libro.
-La revista Ping Pong ya va por el número 5. Incluye una entrevista a y poemas de Regina José Galindo, un texto de Lawrence Ferlinghetti, poemas de Charles Simic, entre otras lecturas.
-Para los que compartimos ese misterioso amor por los supermercados, existe Groceteria, un blog acerca de la historia de los supermercados estadounidenses, tanto de su arquitectura exterior como de los productos que venden y sus pasillos interiores.
-De la revista Enfocarte No. 32, recomiendo:
"Los gallinazos sin plumas", cuento de Julio Ramón Ribeyro.
Los poemas de José Watanabe.
Las misteriosas fotografías de Anne Arden McDonald.
Y este sugerente texto con ilustraciones incluidas de Nelson Olivera.
-Y para los que sufrimos de una inclinación natural por la tragedia, pueden leer este macabro abecedario de Edward Gorey, The Gashlycrumb Tinies (en inglés y en español. La traducción en español me parece algo mala pero les dará una idea de lo que va...)
Ilustración: gatos dibujados por Edward Gorey, gran amante de los felinos.
Agosto 22, 2007
¿Lo que "deberíamos" escribir?
El día que le hice la entrevista a Ana Cristina Rossi, estábamos en un pequeño comedor vegetariano de San Pedro, muy cerca de la Universidad. Las mesas ahí están algo cerca, por lo que, si ponés la suficiente atención, podés escuchar lo que habla el vecino. En algún momento de la entrevista, un tipo que estaba sentado en la mesa de al lado y que había terminado de comer, se levantó y se acercó a nosotras.
–Ustedes son escritoras, ¿verdad?
Ana Cristina y yo murmuramos un sí, algo perplejas.
–Pues deberían de escribir sobre la situación de peligro en la que está Rigoberta Menchú en su campaña electoral. Acaban de asesinar a uno de sus allegados y ella está en peligro de muerte.
Insistió mucho en el asunto. Nosotras murmuramos algunas palabras de ajá y ujumm. Luego el tipo se fue. Algo comentamos sobre todas las cosas que están pendientes de escribirse en Centro América y continuamos con nuestra entrevista.
El asunto me dejó pensando mucho. No es que no sea importante escribir sobre los problemas de Rigoberta Menchú y las acciones violentas que se han dado en la campaña electoral guatemalteca. Pero muchas veces parece que algunas personas confunden la literatura con la denuncia social o con la crónica periodística.
Siempre hay quienes insisten en decir qué es lo que “deberíamos” escribir los escritores. La mayoría de las veces ese “deberíamos” tiene que ver más con cosas relacionadas al periodismo, a la denuncia, al análisis político o sociológico, a la antropología o la historia que a la misma literatura.
Agosto 20, 2007
"La guerra vuelve loca a la gente": Ana Cristina Rossi habla sobre su novela Limón Reggae
En julio pasado, la escritora costarricense Ana Cristina Rossi presentó su más reciente novela titulada Limón Reggae, publicada por Editorial Legado. Si su novela anterior, Limón Blues, se centraba en la búsqueda de la utopía a través de los ideales de Marcus Garvey y las luchas reivindicativas de los afro descendientes a comienzos del siglo pasado, Limón Reggae se ubica más cercana en el tiempo para guiarnos a través de la búsqueda de la utopía revolucionaria de Centro América.
Desde las luchas de los años 70 de los afro descendientes caribeños costarricenses, inspirados en el movimiento de los Panteras Negras de los Estados Unidos, pasando por el intento de una lucha revolucionaria en Costa Rica, culminando con la guerra de los 80 en El Salvador y cerrando con los ideales de los Rastafari en Puerto Viejo, la novela presenta el complejo proceso político y personal de Laura, la protagonista de esta historia, quien se nos presenta como un testigo privilegiado de los acontecimientos más significativos de las últimas décadas en la región.
Limón Reggae, definida por su autora como una novela política, es una historia dura que habla de la utopía y la esperanza y de cómo éstas son traicionadas y sacudidas en los agitados años de los cambios más profundos que han afectado a la región. Uno de sus temas medulares es la guerra de El Salvador, y dentro de ello, hay un relato figurado que nos remite al asesinato de la Comandante Ana María y el suicidio del Comandante Marcial.
Es una novela que atrapa, que envuelve, que angustia. Una novela que tocará mucho al lector, sobre todo al salvadoreño, porque nos dice cosas que no nos gustaría tener que escuchar y sobre todo porque, hacia el final, deja al lector con una profunda sensación de desesperanza.
Me reuní con Ana Cristina para hablar a profundidad de esta novela, de su contenido, de su construcción y de las motivaciones y reflexiones detrás de esta historia profundamente centroamericana.
Agosto 17, 2007
La muerte en mi jardín
Veo desde mi estudio una ardilla que llega al corredor. Es mediana, joven. Anda curioseando. Me alegra verla. Entonces veo a un gato amarillo hiju’e las cien mil pares de pepitorias, de los que merodean por aquí, y se le tiró encima. Salí veloz a salvar a la ardilla que chillaba mientras el gato se la llevaba en la trompa. Le caí encima al gato que por evitarme, la soltó.
Examiné a la ardilla. Le hablaba. Se me hace inconcebible no hablarle a los animales. Me alegré porque no vi sangre. Pensé que estaría aturdida, asustada, que se repondría. El corazoncito le latía a mil.
Me senté en una gradita. La tenía entre mis manos, tan liviana y frágil de esqueleto, con su magnífica cola, larga, peluda, excelsa. Le hablaba para tranquilizarla, pero se puso peor.
Comenzó a boquear, como si se ahogara. No había nada que yo pudiera hacer. Mientras la acaricio, susurro el mantra del Buda de la Compasión. No sentí cuando murió. Se fue suavecita.
Hago esfuerzo por no llorar. Me toca entierro. Con la tierra que está seca hacer un hoyo es una tarea descomunal. Pero debajo del palo de mango hay un montón de hojas secas. Busqué un lugarcillo y llegué a la tierra que está un poco más floja por la humedad.
Coloqué a la ardilla en su hoyito. La tierra olía bien. Seguí hablándole. Le decía eso, que qué bien olía la tierra justo para ella. Y que le daba las gracias por haberme permitido estar a su lado en su muerte.
Su cola era más larga que todo el cuerpo. Se la puse al frente y la punta debajo de su cabeza, como almohada. Bien linda se miraba en su entierro. Luego la tapé con la tierra y muchas hojas secas.
Y después, pensé en mi propia muerte.
(Esta fue la ardilla que mató el gato del que hablé el martes. Publicado en LPG el 27 de marzo del 2004).
Agosto 16, 2007
The Wonder of You, Elvis Presley
Aquella noche, hace 30 años, fue a mí a quien le tocó darle la noticia a mi madre de que Elvis había muerto. Estaba estudiando en mi cuarto con el radio encendido y lo dijeron. Me quedé un rato pensando qué hacer. Sabía que la noticia no iba a gustarle a mi madre. Tenía varios de sus discos, los escuchaba con frecuencia, veíamos sus películas. Madre lo adoraba. Pero pensé que de todos modos se daría cuenta, esa noche o al día siguiente y que yo, que nunca pero nunca aprendí a mentir, tendría que decirle que ya lo sabía y ella se enfadaría por no habérselo dicho antes.
Así es que fui a la sala donde ella estaba viendo tele y después de estar parada ahí unos segundos callada, haciendo como que veía también la tele, le dije en un solo golpe: "acaban de decir en la radio que Elvis Presley murió". Madre gritó. Imposible. Elvis es de los hombres que nunca mueren. Bueno, no dijo eso, pero eso implicaba el grito. Me dijo que no era cierto, le dije que sí.
No recuerdo bien qué pasó después, pero creo que encendió el radio del comedor donde la noticia se daba de manera ininterrumpida. Madre se atacó del llanto. Yo me sentí culpable por haberle dado la mala noticia. Madre lloraba desconsolada y padre asomó a ver qué le pasaba. "Se murió Elvis Presley", le dije, casi al borde del llanto yo también. Y a mi padre, quien ya tenía 73 años y para quien todos los cantantes modernos eran un montón de peludos gritones y sin talento, le dio absolutamente lo mismo. "Tanto escándalo..." dijo mi padre sin comprender nada. A madre hubo que darle un par de calmantes para que pudiera serenarse. Fue a encerrarse a su cuarto. Se la escuchaba llorar desde la sala.
Desde ese día Elvis se escuchó en casa todos los días, se compraron más discos de él. Eventualmente, una foto de Elvis, en un marco dorado, sería colgada en la sala de la casa. Esa foto estaría colgada ahí mucho después del divorcio de mis padres, durante años y hasta la muerte de mi padre, un Elvis de perfil, guapo, cantando, en su traje blanco, maravilloso y eterno.
Ahora, buscando qué decir sobre Elvis, viendo sus videos, escuchando su voz y sus canciones que son tan parte de mi vida y de mi ecléctico gusto musical, pensaba en cómo este hombre, cuyo paso tan fugaz por el mundo (42 años no es nada en la historia del tiempo...), dejó una huella tan profunda, tan imborrable. Cómo en tan poco tiempo se convirtió en un ícono cultural, en un símbolo, en parte inseparable de la vida de muchos de nosotros.
¿Elvis ha muerto? Para mí sigue vivo y canta mejor que nunca. Long Live The King.
Agosto 15, 2007
Hom Rong (The Overture)
¿Qué es lo que hace que una nación sea “moderna y civilizada”? Para alcanzar dicha modernidad y civilización, ¿es necesario que un país pase por encima de tradiciones consideradas “obsoletas” o que “atrasan” el desarrollo de un país? ¿Qué ocurre con un país que pisotea sus propias tradiciones?
Esto es parte del enigma medular planteado en la película Hom rong (cuyo título en inglés es The Overture, La Obertura en español), excelente producción tailandesa del 2004 y ganadora de varios premios en su país. La cinta está basada en la vida real de Luang Pradit Pairoh, uno de los más respetados maestros de la música clásica tradicional de Tailandia.
En la película, es a través de la vida de un personaje llamado Sorn que se nos presenta la época dorada de la música tradicional tailandesa. Sorn, desde niño, es un ejecutante natural del ranad-ek, un xilófono de madera (con un sonido que evoca al de nuestra marimba). La película fluctúa entre los tiempos de la niñez y adolescencia de Sorn y su edad madura. Mientras las secuencias del joven Sorn nos muestran su entrenamiento y su búsqueda por encontrar un estilo propio de interpretación, que culmina con las competencias con otros músicos y su eventual nombramiento como ejecutante de la orquesta del Rey, las secuencias del Sorn mayor nos muestran a un carácter casi opuesto: al arrogante de la juventud se ha impuesto un benévolo pero siempre exigente músico, que entrena y ayuda a todo el que puede.
El hilo del Sorn mayor ocurre en los años 30 cuando, luego de terminada la monarquía, el nuevo gobierno militar, en un afán de incorporarse a la era moderna, prohíbe la utilización de todo tipo de instrumentos musicales tradicionales (incluido el ranad-ek) así como la ejecución de dramas populares donde, por lo regular, los hombres se vestían de mujeres. Dicha prohibición, so pena de cárcel, fue justificada por los militares por considerar que aquellas manifestaciones artísticas populares eran “obsoletas” y que el país debía abandonar aquellas prácticas si quería ser “moderno y civilizado”.
Agosto 14, 2007
El tercer elemento: Mr. Dickens
Desde que la difunta Bonifacia entró en su adolescencia, tuve que acostumbrarme a tener siempre en casa un tercer gato honorario, un macho que quedaba rezagado en casa luego de las babilónicas orgías sexuales de mi princesita. Este “tercer elemento”, como siempre lo llamé en mi mente, era por supuesto el gato inteligente de la manada: descubría la puertecita para gatos, que había comida siempre, un lugarcito cómodo donde dormir y que, bajo ninguna circunstancia se le haría daño. Mejores condiciones para quedarse, no podría encontrar.
Así tuvimos un desfile de gatos peculiares. Como Brutus, un gato blanco y negro al que llamé así por bruto: jamás se dejó acariciar. Llegaba a eso de las 6 o 7 de la noche, comía, se echaba en un silloncito y ahí dormía toda la noche sin molestar a nadie. Al levantarme, ya Brutus había salido a pasar el día quien sabe dónde. Eso fue en mi casa de Managua y allá quedó cuando nos fuimos para El Salvador.
En la casa de Los Planes tuve a dos. Uno llamado el Gato Cagón. Su nombre lo dice todo. Tenía el mal hábito de meterse a la casa por una ventana, cuando yo no estaba, y hacer caca en algún cuarto para marcar su territorio o su odio hacia mí, supongo. La Loli, que jamás ha respetado los códigos de género ni rango hacia otros gatos, se peleaba con él a muerte para defender “el honor familiar” y territorial (porque las hembras normalmente no se meten a pelear contra los machos). Un día, el Gato Cagón cometió lo inimaginable. Hizo caca en absolutamente todos los cuartos de la casa menos en el baño. Hizo en la sala, el comedor, debajo de la cama del cuarto de los invitados, encima de mi cama y justamente debajo de mi escritorio, donde fue sorprendido por la Loli y donde parece que se revolcaron en un gran pleito. Cuando volví a casa esa noche, la pobre Loli estaba hasta las orejas de mierda ajena pero orgullosa de haber corrido al intruso. Y mientras limpiaba todo yo me preguntaba cómo era posible que de un solo gato saliera tanta caca. ¿Sería que el gato se contenía toda una semana para venir a cagarse a mi casa?
Agosto 13, 2007
¿Versión latina? No, gracias
¿Se han dado cuenta? Cada vez que un canal estadounidense decide hacer una versión latina de algún programa, o adecuar los horarios para sus televidentes latinos, los que terminamos perdiendo somos precisamente nosotros, la audiencia.
Tengo varios ejemplos de estas situaciones como el más reciente (y para mi incomprensible) desfase en la transmisión de la última temporada de Los Soprano, por HBO. Mientras el mundo se enteraba, con gran despliegue de publicidad, de lo acontecido en el último capítulo, los espectadores de esta región nos quedamos suspirando, deseando y rabiando poder ver ese capítulo al mismo tiempo que todos los demás, sin que nos aguaran la fiesta del gran final en las noticias.
No sé si ocurrió así en toda Latinoamérica, pero me atrevo a decir que sí en Centro América, donde la versión que recibimos de HBO apenas comenzó a transmitir esa última temporada hace poco y donde será para fines de agosto que veremos el último capítulo.
Otro ejemplo fue la transmisión de la primera temporada de Big Love, también de HBO, una interesante serie sobre la poligamia en una extraña secta religiosa, donde un hombre con 3 esposas intenta vivir una vida “normal” dentro de una sociedad y vecindarios donde la poligamia es más bien considerada un crimen. Mientras en los USA continuaron los capítulos, acá nos dejaron en la expectativa y recién se anunció que se volverá a transmitir hasta septiembre.
Agosto 10, 2007
El aleph
Vi a un hombre que vendía conejitos grises, blancos y negros en una acera del parque Bolívar; vi a una vendedora con el milagroso Santo Niño de Atocha tatuado en el hombro posterior derecho; vi a dos niños compartir un pan dulce y mojarlo en un vaso de café, que también compartían, sentaditos en la grada de una zapatería, junto a la cual, su madre vende golosinas; vi a un hombre cruzar la alameda Roosevelt cargando con dificultad un pastor alemán; vi a otro hombre cruzar la misma alameda, cargando un niño que llevaba la cabeza vendada; vi a dos adolescentes hablando en lenguaje de sordomudos en la acera del mercado Modelo; vi a un muchacho que se parece demasiado a alguien que no me ama; vi a un estudiante que, al bajarse del bus, gritó: “¡Te amo!” y lanzó un gran beso a alguien que iba adentro; todos los pasajeros vimos a la muchacha a quien fue lanzado ese beso sonreír emocionada, feliz; vi el charco de sangre de una vendedora de lotería que había sido asaltada junto al Palacio Nacional; vi un montón de palomas esperar las migas de pan que todos los días les da alguien frente a la oficina del Parasicólogo Numar; vi a un mendigo al que le faltaba el ojo derecho, cerca del parque Libertad; vi a otro al que le faltaban ambos ojos, en la avenida España; vi a un niño con una camiseta de Bob Esponja y de cuyo cuello colgaba, en oro, la Cruz de Caravaca; vi el rostro de mi padre ya muerto; vi las prostitutas esperando clientes en la esquina del mercado Sagrado Corazón; vi a alguien que amarraba a una gallina, la acomodaba con otras más en un canasto y la gallina grite y grite presintiendo su suerte y yo con los ojos, aguaditos en lágrimas.
(Ilustración: el Santo Niño de Atocha. Publicado en LPG el 17 de abril del 2004).
Agosto 09, 2007
Lecturas recomendadas, un concurso, una adicción y un gracias
-Algunos blogs descubiertos recientemente:
Tea & Cookies: un espacio de cocina, con fotos que alegran el estómago, o como dice su autora, un blog sobre la intersección entre la comida y la vida (y no sólo sobre galletitas y té).
El ojo fisgón: "notas sueltas acerca de los hallazgos de mi ojo fisgón en el mercado editorial y de las tendencias de éste" según su autor, Martín Gómez.
El ojo en la paja: comentarios sobre libros.
Lector constante: blog literario. Recomiendo en particular la entrada titulada "Cómprame uno con dibujos", sobre los cuentos infantiles, con exquisitas ilustraciones de aquellos libros que nos alborotan la imaginación a nosotros los niños.
-Reporteros sin fronteras tiene a disposición en su página web, de manera gratuita, una guía para bloggers y ciberdisidentes. Consejos prácticos para abrir un blog, conservar el anonimato y evitar la censura y la persecución política. Solamente disponible en francés, inglés, chino, árabe y persa. En español está disponible el artículo "¿Cómo crear un blog de manera anónima?" que puede servir.
-La Universidad Francisco Gavidia de El Salvador ha convocado a un Premio Centroamericano de Literatura en la rama cuento. Pese a que busqué las bases en la página web de la Universidad, no encontré el enlace (si alguien lo tiene, comparta por fa). Pero si están interesados en participar o les interesa difundir la información, mándeme un correíto que con gusto les envío las bases. Pueden participar centroamericanos residentes en la región, el premio es de 1,200 dólares, la extensión mínima de los cuentos a presentarse debe ser de 40 páginas y la fecha de plazo para entregar o enviar originales es el 14 de septiembre del 2007.
Actualización: las bases del concurso las pueden encontrar en Marca Acme o en este enlace. Gracias a quienes los compartieron.
-Un agradecimiento especial a Lilian Fernández Hall, constante lectora de este blog, quien escribió para Ciudad de Letras (sección de Letralia, Tierra de Letras), una reseña sobre los blogs de El Boomeran(g) y Jacintario, titulado "La Galaxia Jacinta". Comentarios como el suyo me alegran y me disponen para continuar con más entusiasmo. ¡Gracias Lilian!
-¡Soy 75% adicta a los blogs! ¿Y ustedes?
Agosto 08, 2007
¿Y si la lluvia fuera de chocolate?
Iba a comprar algo al supercito de la vuelta. Caminaba rápido porque ya caían un par de gotas de lluvia. En un zaguán, una niña como de 6 o 7 años le preguntaba a su mamá: "¿Y si la lluvia fuera de chocolate?".
No escuché más porque seguí caminando. Pero inmediatamente me lo imaginé: si la lluvia fuera de chocolate, yo saldría afuera cada vez que lloviera, abriría mi boca para tragar muchas gotas de chocolate, me bañaría en chocolate (¿haría eso que mi piel estuviera suave y sedosa?). Y más aún, pensé que si la lluvia fuera de chocolate, no habría problemas de malnutrición en el mundo, porque toda la gente guardaría "el chocolate de lluvia" y podría comérselo y construir casas con ladrillos hechos de lodo de chocolate y abriríamos los grifos en nuestras casas y saldrían chorros de chocolate y el mundo sería bastante más feliz porque, caramba, ¿quién que come chocolate no es feliz, aunque sea por unos minutos? Bueno, supongo que los diabéticos y los alérgicos al chocolate no, pero... de inmediato pensé que en un mundo donde lloviera chocolate, nadie sería diabético ni alérgico a él.
Luego recordé las escenas iniciales de una película donde llovía algo que parecía ser leche. Lo vi en Bunker Palace Hôtel de Enki Bilal, el director e ilustrador de comics yugoslavo, creador de la exquisita Immortel (Ad Vitam).
Pensé decirle a la niña, en mi camino de regreso, que qué le parecería si lloviera leche, pero cuando volví ya no estaban ni la niña ni su madre...
Agosto 07, 2007
"Paseos Urbanos": para conocer y caminar la ciudad
¿Cómo encontrar un museo o una galería en una ciudad que carece casi por completo de nomenclatura urbana y cuyas direcciones están basadas en lugares de referencia y los puntos cardinales? ¿Se pregunta y se camina, brújula en mano, hasta encontrar el lugar buscado? ¿Cómo saber, además, cuáles son las más interesantes actividades culturales que ofrece una ciudad?
Ese puede ser un problema en una ciudad como San José, que tiene una abundante y diversa oferta de actividades culturales pero cuyas calles carecen de nombres y números que faciliten la ubicación de ciertas direcciones.
“Paseos Urbanos” es la iniciativa del arquitecto urbanista Carlos Laborda, por concentrar ambas cosas: un plano desplegable de la ciudad por un lado y por el otro, un calendario de actividades culturales junto con un directorio de la mayoría de los principales museos, galerías, centros culturales, etc.
Con el patrocinio de la Municipalidad de San José, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos y la Universidad Veritas, circula el 2º número de esta iniciativa, correspondiente a julio y agosto.
Según Laborda, este plano cultural de San José nace a partir de la necesidad de concentrar en un solo lugar un tipo de información que por lo general, se distribuye de manera dispersa. Lo conveniente además es su formato, una hoja plegable, que por su tamaño es fácilmente transportable en cualquier bolsillo o cartera.
Las orientaciones del mapa son claras y se concentran estrictamente en la información necesaria: nombres de parques y calles, la nomenclatura asignada (aunque jamás utilizada), los principales barrios josefinos que, distinguidos por un sencillo código de colores y números, muestran la ubicación de museos, centros culturales, teatros, algunos restaurantes y lugares de interés.
Agosto 06, 2007
Hiroshima y Nagasaki
Esta semana se conmemora otro aniversario de uno de los capítulos más oscuros y vergonzosos en la historia de la humanidad: Las bombas atómicas lanzadas en 1945 sobre Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto).
Transcribo un fragmento de uno de los libros de Takashi Nagai. Fue profesor de la Facultad de Medicina de Nagasaki y murió en 1951 a la edad de 43 años, a consecuencia de las secuelas de la explosión atómica que destruyó su ciudad. La impresión que le causaron aquellos sucesos fue tanta que escribió 13 libros en 4 años externando todos sus pensamientos sobre las bombas atómicas. Terminó el último de sus libros una semana antes de su muerte.
Inmediatamente después de la explosión de la bomba, los que aún podían moverse formaron dos grupos; los que se quedaron allí donde los había sorprendido la deflagración y los que emprendieron al punto la huida.Continuar leyendo»
Quienes se quedaron, bien fuera para acudir en socorro de los amigos heridos, o para tratar de salvar su piso, su oficina o su fábrica, se vieron rápidamente rodeados por las llamas y perecieron junto con aquellos que quisieron salvar. Al aproximarse las llamas, nosotros nos refugiamos en la colina que se eleva cerca de nuestro hospital, y así fue como mis vecinos y yo pudimos escapar de la muerte...
Aquí y más allá, encontrábamos estudiantes y enfermeras caídos. Los recogíamos y los trasladábamos un poco más arriba donde el fuego no podía alcanzarnos. Yo estaba herido en la sien derecha y perdía mucha sangre. Durante unos instantes perdí el conocimiento.
Cuando volví en mí, me vi tumbado en la hierba, bajo el agitado torbellino de la nube atómica. La herida me dolía horriblemente; tuve que apretar los dientes para poder soportarlo. Pensé luego en mi mujer y me dije que, de estar aún con vida, se me habría unido.
Agosto 03, 2007
¿Soy escritor? (y 4)
A comienzos de los 80 leí una novela del español Miguel Delibes llamada La hoja roja. Recuerdo poco del argumento pero hubo un detalle de la historia que se me quedó grabado. Uno de los personajes secundarios muere y cuando van al lugar donde vivía, resulta que encuentran cientos de páginas y manuscritos, no recuerdo si novelas o cuentos. Pero sí recuerdo la profunda sorpresa de quienes encontraron los papeles porque nadie sabía ni se imaginaba que el fallecido era un escritor, pues nunca publicó nada y jamás habló de ello con nadie.
Sinceramente no recuerdo cuándo me asumí escritora. Ya mencioné que en algún momento de mi infancia, decidí que iba a ser escritora “cuando fuera grande” (tendría unos 8 años), y lo hice con la misma convicción como cuando decidí, antes de eso, que iba a ser Egiptóloga y que iba a vivir en Egipto para descubrir más pirámides y sarcófagos mucho mejores que el de Tutankamon. (Conste que mi pasión por Egipto y mis ganas de ir allá continúan tan fervientes como en la infancia y muchas veces fantaseo con lo que habría sido de mi vida si hubiera estudiado Arqueología y me hubiera especializado en Egiptología y me hubiera ido a vivir a Egipto…)
No puedo recordar alguna época de mi vida que no estuviera ligada a la escritura. Comencé escribiendo diarios, cuentos, poemas y hasta hacía adaptaciones de algunos cuentos de Chejov a teatro, para representarlas en el colegio. Como a los 14 o 15 años escribí mi primera novela, que por supuesto fue un perfecto desastre, pero fue una “apuesta” que hicimos con una amiga del colegio. Escribiríamos una novela en nuestras vacaciones de fin de año, sobre cualquier tema, y tenía que tener por lo menos 100 páginas. Ese año me quedé a solas con mi padre en San Salvador porque mi madre y mi hermano se habían ido para Alemania los 3 meses de vacaciones. Y como en esa época no teníamos empleada doméstica, a mí me tocaba hacer todo: barrer, trapear, sacudir, cocinar, lavar la ropa, planchar y alimentar y atender a la incontable cantidad de animales que teníamos: gallinas, gallos, patos, pavos, pericos, gatos y perros (creo que se me olvidó alguna tortuga).
Agosto 02, 2007
Más recomendaciones para escritores (3)
Llevo un cuaderno de apuntes varios. Ideas para historias, nombres de personajes, frases que se me ocurren y que pueden convertirse en eventuales títulos. También apunto nombres de libros que puede ser me interesen leer. O los sueños extraños que tengo y que a veces parecen películas por la coherencia con que están planteados.
No hay que confiarse de la memoria. Además, cuando se nos ocurre algo así, de golpe, puede ser una especie de epifanía, la primera frase de algo que ni sabemos andamos guardado en el subconsciente. Hay que anotarlo con la mayor cantidad de detalles posibles y, si el momento es propicio, soltar la mano y escribir sobre esa idea hasta que la mente se nos quede en blanco.
Creo que en las primeras fases de escritura no debemos obsesionarnos con algunas cosas como el estilo, el lenguaje, la estructura, nuestra temática personal… eso vendrá eventualmente y también por etapas. Ahora, viendo hacia todo lo que he escrito, me queda la certeza de que todas y cada una de las cosas que he escrito fueron búsquedas de algo, ejercicios planteados para aprender sobre un asunto particular de escritura.
Hay que experimentar con las estructuras precisamente para comprender la importancia o la validez de contar una historia de manera lineal o no y para descubrir cuál de esos montajes es el más efectivo para contar nuestra historia; hay que desarmar el hilo temporal para captar la importancia que tienen las referencias al pasado en un texto; hay que jugar con las palabras, meterlas en un sombrero y sacarlas en desorden como hacían los surrealistas, para captar la efectividad del lenguaje.
Las reglas se aprenden para romperlas, y al romperlas comprendemos por qué existen.
Agosto 01, 2007
Recomendaciones para escritores: asuntos prácticos (2)
Una de las cosas que yo buscaba con ahínco cuando comencé a tomarme más en serio el asunto de escribir eran consejos de carácter práctico por parte de escritores establecidos. Leí diversos decálogos y reglas sobre cómo escribir un cuento o una novela y esos decálogos y reglas muchas veces se contradecían entre sí.
Finalmente asumí que no existen fórmulas ni recetas para escribir y se van descubriendo detalles del oficio en la marcha y se hace de manera muy personal y que, al igual que la moda, cada quien toma y aplica lo que mejor le acomoda.
Por lo demás, y en lo personal, no me interesa descubrir fórmulas para la escritura porque precisamente uno de los detalles que mantiene viva mi pasión por este oficio es su misterio, su capacidad de asombrarme, de enseñarme algo nuevo en casi cada línea que escribo, esa manera en que en que cada trabajo nuevo siento no saber absolutamente nada, como si estoy dando golpes de ciego en un cuarto oscuro y en que, al final, siempre resulta algo. Eso convierte la escritura en algo sumamente emocionante para mí.
También aprendí que uno pasa por diferentes fases (y seguramente varían de autor en autor). O que hay algunas cosas de carácter práctico que pueden o no servirle a todos y que uno debe saber discriminar cuáles nos sirven para trabajar mejor y cuáles no.
