5 de Abril de 2010
Vida de zurdo
Cuando llegué al kinder, me di cuenta que tenía una manera diferente de hacer las cosas. Tomaba los lápices con la mano izquierda. Fue raro porque ninguna de las niñas a mi alrededor lo hacía (de hecho tampoco en mi casa). Hasta la profesora hizo un comentario así como “ah, es zurda”, una palabra que a mis 5 años no había escuchado jamás. Lo dijo como si eso implicara un problema o una desgracia.
Al darme cuenta de que todas las demás niñas coloreaban con su mano derecha y que me quedaban viendo como “algo raro” porque yo lo hacía con la izquierda, no dejé de sentirme anormal. Por fortuna, ni mis maestros ni mi familia intentaron nunca forzarme a utilizar la otra mano.
Yo sí lo intenté, voluntariamente. Y lo intenté para no ser tan “diferente”, para no destacar en el grupo. Pero era inútil. La torpeza física y el malestar mental que sentí al intentar hacer las cosas con la derecha fueron insuperables. Sentía que hacer las cosas con la derecha era “hacerlas al revés”, que era de lo que me acusaban a mí las demás niñas. No tuve más remedio que asumir esa diferencia, que luego, con el correr de los años, se transformó en todo un orgullo.
Pero ser diferente trajo bastantes frustraciones. Jamás tuve éxito con las tijeras, por ejemplo. Intentaba cortar algo y el papel se doblaba o se rompía pero no se cortaba apropiadamente, porque las tijeras tienen el filo puesto de manera que funciona solamente si uno la toma con la mano derecha. Agarrarlas incluso me causaba dolor en los dedos.
También recibí (y recibo aún) incontables burlas por cómo posiciono el papel y cómo enrollo medio brazo a la hora de escribir a mano. Ni contar lo manchado que me quedaba el papel en el colegio cuando me tocaban las clases de caligrafía con pluma fuente. La mano tenía que, forzosamente, descansar sobre lo recién escrito, manchando siempre con la tinta fresca el resto de lo escrito (problema que no tienen los que escriben en árabe o en hebreo, porque para ellos la escritura va de derecha a izquierda).
Aproximadamente un 13% de la población mundial utiliza la mano izquierda para hacer la mayoría de sus actividades, lo cual los coloca formalmente en la categoría de zurdos. Se ha comprobado también que se da más entre los hombres que entre las mujeres.
Siendo una minoría, tenemos múltiples problemas y sufrimos una discriminación muy simple: no hay objetos alternativos para ser utilizados por los zurdos. Siendo los diestros la inmensa mayoría, ni siquiera se les ocurre pensar cómo un zurdo puede manipular los objetos sin, en algunas ocasiones, incluso arriesgarse a algún tipo de accidente.
Las cámaras, los abrelatas, las tijeras, los sacapuntas, los cuchillos, las puertas, los microscopios, los instrumentos musicales, los pupitres, las armas de fuego, las herramientas... la de problemas, complicaciones y riesgos que eso implica para los zurdos son incontables.
En mi caso por ejemplo, abrir latas es una tarea algo complicada que por lo general termina con que la lata se cae o se me desparrama el contenido, amén de más de una cortada con los bordes filosos; nunca pude aprender a tocar guitarra; al afilar mis lápices o les rompo la punta o quedan ásperos y no puntuditos, como yo quisiera; escribir en cuadernos y libretas de espiral me resulta tan incómodo que prefiero comenzar a escribir desde la última página para adelante.
Lo peor de todo ha sido quizás el sin fin de golpes en la cabeza que me doy abriendo puertas. Como por lo general están diseñadas para abrirse con la derecha, forzándolo a uno a utilizar dicha mano, hay algo de la perspectiva de espacio que uno de zurdo entiende de otra forma y siempre me doy en la frente. Esto me pasa sobre todo cuando abro la puerta del lado del pasajero de un carro y me golpeo con el mero pico de la puerta. Ahora ya me alejo dramáticamente para abrir, la abro muy despacio o me pongo de lado. Ni contar las complicaciones con cerraduras y llaves en las cuales suelo detenerme algo más de lo normal para concentrarme y entrar en la “lógica diestra” de su funcionamiento.
Ser zurdo no es una anormalidad y viene definido de manera biológica. Se estima que puede haber un gen que lo defina y que por lo tanto, se recibe por herencia, aunque también está asociado a los partos de gemelos, a estrés de nacimiento o a desórdenes neuronales (como el síndrome de Down, epilepsia, autismo y dislexia).
Lo que está probado es que en los zurdos hay un mayor dominio del lado derecho del cerebro (y que rige la parte izquierda del cuerpo). En el lado derecho del cerebro se encuentran los circuitos (llamémoslo así), que gobiernan la sensibilidad, la creatividad, las emociones, las habilidades musicales y el pensamiento tridimensional. También se cree que el hemisferio derecho del cerebro está asociado a la genialidad. Algunos de los cientos de zurdos famosos incluyen a genios como Leonardo da Vinci, Raphael y Einstein, músicos como Maurice Ravel, Jimi Hendrix, Paul McCartney y Kurt Cobain, pintores y artistas gráficos como Paul Klee y M.C. Escher, escritores como Mark Twain, H.G. Wells, Lewis Caroll y Jean Genet, entre otros.
Aunque se cree que los zurdos son más inteligentes y creativos, algunos científicos piensan que esto se debe a que tienen que aprender a desarrollarse y adaptarse en un mundo contrario. Lo cierto es que el cerebro del zurdo está estructurado de manera muy diferente y que de hecho, su proceso para pensar y analizar las cosas resulta distinto.
Por ejemplo, los diestros suelen pensar en secuencias lineales, usan el análisis para resolver un problema y necesitan completar una tarea antes de comenzar con otra. Los zurdos somos simultáneamente visuales, es decir, podemos procesar varios esquemas de información al mismo tiempo y de manera no lineal, tendemos a realizar más tareas o multi-tasking (lo cual puede dar la impresión de que hacemos demasiadas cosas al mismo tiempo o de que nunca terminamos nada) y utilizamos la síntesis para resolver problemas, es decir, se soluciona el todo y no los componentes de una situación.
Hay muchos mitos y creencias en torno a los zurdos cuyo origen reside incluso en raíces lingüísticas. En diferentes idiomas, la palabra que corresponde para definir la derecha tiene raíces que lo asocian con la justicia, lo correcto, lo armónico y lo hábil. Mientras que la palabra izquierda está relacionada con lo siniestro, lo diabólico, lo extraño, lo desafortunado, lo sucio y lo torpe.
De ahí que se originaran también cientos de supersticiones y costumbres culturales que involucran los usos de la mano izquierda. En la Edad Media, ser zurdo era señal suficiente como para que la Inquisición te pusiera el ojo encima, a ver si no eras un candidato a la hoguera.
En algunas culturas, como la árabe y la india, donde en vez de papel utilizan el agua para asearse después de defecar, este acto de limpieza se realiza con la mano izquierda (por lo cual, no se admite que alguien coma o salude a otro con dicha mano). De ahí el origen de que el apretón de manos sea dado con la derecha.
Hasta hace algunos años, se procuraba forzar al niño zurdo a escribir con la derecha. En las escuelas eran permitidos los golpes en la mano izquierda cuando el niño intentaba escribir con ella. En otros casos, se le amarraba la izquierda al pupitre para forzarlo a usar la derecha. Se cree que forzar un cambio en el uso natural de la mano puede provocar en los niños dislexia, autismo y tartamudeo.
Los zurdos tienen un promedio de vida 9 años menor que el de los diestros, debido a que estamos propensos a accidentes, sobre todo en el uso de herramientas de trabajo. Dichas herramientas aumentan la posibilidad de los zurdos de cometer algún error, resultando en lesiones muchas veces mortales.
Sin embargo, poco a poco van surgiendo algunas empresas que fabrican y venden instrumentos para zurdos. Hace algunos años, por ejemplo, me regalaron una tijera hecha especialmente para zurdos y no se imaginan el cambio. Esa tijera la cuido como huesito de santo.
El poder contar con más información sobre esta condición ha logrado hacer comprender que no se trata de un defecto ni de una manía a corregir. Es simplemente una manera diferente de pensar y hacer las cosas.
En lo personal, acceder a esta información me ha permitido comprender el origen de algunas de mis frustraciones cotidianas o de mi manera de hacer las cosas. Y es un alivio concluir que no soy torpe por naturaleza. Simplemente soy zurda. Y me encanta que así sea.
(Publicado en la revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica, 4 de abril 2010).
Jacinta a las 06:24 PM | Referencias 0Hola, yo tengo un tío que es ambidextro y cuando era niño quería ser como él. Como yo solo podia escribir con la mano derecha, me llamaban mucho la atención los zurdos. Varias veces traté de entrenarme a escribir con la mano izquierda pero se me hizo imposible. Por otra parte, leí por ahí que el artista chicano Jesse Treviño, después de perder el brazo derecho en la Guerra del Vietnam, se entrenó a usar la mano izquierda y se convirtió en un gran pintor. Es obvio que un trauma como la pérdida de un miembro te puede obligar a cambiar, pero ¿quién quiere un trauma de esos? Me conmueve lo que decís sobre los retos diarios de los zurdos. Y no sabía que a causa de los accidentes, los zurdos tienen una expectativa de vida menor. Gracias por profundizar mi sensibilidad sobre este asunto.
Carlos | 5 de Abril de 2010 - 08:35 PM¿Qué tal un cuento narrado desde esa perspectiva particular? Saludos.
Antonio | 5 de Abril de 2010 - 10:29 PMYo soy pintor. Toda mi vida he pensado en terminos de imagenes y en el colegio llenaba los cuadernos de matematicas con dibujos de mis companieros y maestros y no con las clases. Su descripcion de las caracteristicas de los zurdos encaja a la perfección con mi forma de hacer las cosas (a excepcion claro de lo de las tijeras y demas problemas con las herramientas). Resuelvo las cosas de manera mas organica que sistematizada. Desilusionado me acabo de enterar que soy diestro por error.
luis cornejo | 5 de Abril de 2010 - 10:31 PManotame en tu club!
tetrabrik | 6 de Abril de 2010 - 12:41 AMLas zurditas son las más tiernas de todas porque recuerdan una niña cuando enrollan el brazo para escribir. Mmm... ¿porqué enrollan el brazo...? Para poder ver lo que van escribiendo...
manuel | 6 de Abril de 2010 - 06:29 PMYo enrollo el brazo para que nadie vea lo que escribo... jaja
Jacinta | 6 de Abril de 2010 - 10:24 PMque interesante ha sido entrar a tu blog hoy, no soy zurda pero tengo una prima que lo es y recuerdo que ella se quejaba por ser tachada de "diferente", es increiblemente extraño como el ser humano al ver algo diferente se asusta y tiende a hacerlo a un lado... no soy zurda pero debo aceptar que tampoco sé cortar un papel y el abrir una lata es absolutamente una hazaña... jaja...
christy najarro | 7 de Abril de 2010 - 10:56 PMA la guitarra simplemente tenés q cambiarle de posición las cuerdas... pero lo mejor para ustedes sería q la tienda de Ned Flanders existiera aqui
hannibal | 13 de Abril de 2010 - 10:39 PMSoy zurdo, escribo con la izquierda. Pero me volvi diestro, la situacion te lleva a eso creo. Nunca me senti discriminado por ello, mas bien escribia en el pizarron del cole, y empezaba escribiendo con la izquierda y cambiaba de mano la tiza y seguia escribiendo con la derecha... nunca necesite cambiar las cuerdas de la guitarra, en fin
Pablo | 2 de Mayo de 2010 - 03:08 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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