18 de Marzo de 2010
"Regreso a Cracovia en 1880", Czeslaw Milosz
Volví aquí desde las grandes capitales,
A una ciudad de un estrecho valle bajo la catedral
Con tumbas reales. A una plaza bajo la torre
Y la estridente trompeta tocando a mediodía, partida
Su nota en dos porque la flecha de los tártaros
Una vez más alcanzó al trompetista.
Y palomas. Y las chillonas pañoletas de las mujeres que venden flores.
Y grupos de personas charlando bajo el pórtico gótico de la iglesia.
Mi baúl de libros llegó, esta vez sin problemas.
Lo que sé de mi laboriosa vida: que la he vivido.
Los rostros son más pálidos en la memoria que en los daguerrotipos.
No necesito escribir memorándums y cartas todas las mañanas.
Otros se ocuparán, siempre con la misma esperanza.
Mi país seguirá siendo lo que es, el patio trasero de los imperios,
Que alimenta su humillación con fantasías provincianas.
Salí una mañana a dar un paseo con mi bastón:
Los puestos de los viejos están ocupados por nuevos.
Y por donde las chicas una vez paseaban con sus vaporosas faldas,
Ahora se pasean unas nuevas, orgullosas de su belleza.
Y los niños hacían rodar aros durante más de medio siglo.
En un sótano un zapatero alza la vista desde su banco.
Un jorobado pasa con su lamento oculto,
Luego una dama elegante, imagen estridente de pecados mortales.
Así es como perdura la Tierra, en todas las pequeñas cosas
Y en las vidas de los hombres, irreversibles.
Y eso parece un alivio. ¿Ganar? ¿Perder?
¿Para qué? Si el mundo de todos modos nos va a olvidar.
¡Gracias!
Victor | 18 de Marzo de 2010 - 07:38 PMQué vigencia la del poema!!
Antonio | 19 de Marzo de 2010 - 05:26 AMBien podría llamarse "Regreso a San Salvador en 2010"... !!!!
Saludos.
Jacinta | 19 de Marzo de 2010 - 05:01 PMEs toda una joyita este poema, Jacinta.
Estoy releyendo, después de muchos años, el libro 'Ariel'. Especulo que si José Enrique Rodó hubiera leido este poema urbano de Milosz lo objetaría; aunque también le otorgaría la razón.
Y es que estos señores tan inteligentes habrían estado de acuerdo con Brecht y su 'dicho', de que la Razón no es nunca otra cosa sino lo que piensa el conjunto de las personas razonables.
Sin embargo, Rodó tomaría cada verso de este poema y le opondría, en base a lo que escribió en su 'Ariel', la perspectiva del caso. Pero creo, modestamente, que su empeño sería inútil. Y es que a la irreversibilidad no hay idealismo que se le oponga.
Pero para no irme desosegado después de escribir esto, debo añadir que estoy leyendo una obra maestra (pensaba que la última había sido escrita por Ernst Jünger, pero no es así) llamada 'El sol de los Scorta', de Laurent Gaudé. Leyendo esta joyita me percato de que la fuerza (esa mezcla de sentimiento y de placer) necesaria para no agüevarse surge, a veces, de hontanares impensados. ¿Ya leyó este libro Jacinta?
Guarnieri | 20 de Marzo de 2010 - 05:20 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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