5 de Febrero de 2010
Escribir para no volverse loco

Imagino al viejo Bukowski, sentado frente a su máquina de escribir, con un cigarrillo barato entre los labios, una botella de scotch al alcance de la mano, el radio encendido en alguna estación de música clásica, Sibelius o Mahler para alegría del hombre que escribe y escribe durante toda la noche, y que cuando termina la botella de scotch arremete contra varios six-packs de cerveza, cualquiera, no importa la marca, con tal de intoxicarse, con tal de perder la noción, con tal de cruzar esa invisible frontera que lo lleve al fondo de sí mismo, ahí donde no hay limitaciones para lo que se quiere decir/escribir.
Cuando levante la vista del papel será ya mediodía, mirará alrededor y se sorprenderá de ver tantas páginas tiradas en el suelo, en los muebles, en el viejo sofá donde se sentará a ponerlas en orden. Se sorprenderá de nuevo: escribió 23 páginas de un tirón y sabe que no tendrá que corregirlas. Apenas serán releídas, enmendados los errores mecanográficos. Recuerda cuando escribió su novela Cartero: agotó lo que tenía que decir en 19 noches, 19 noches que le valieron su primer éxito de ventas en 1971 y en la que contó sus avatares como empleado postal.
Claro que Charles Bukowski es Henry Chinaski. El mismo personaje que en otros libros hablará soezmente, será obsceno y machista, beberá como si de ello dependiera toda su vida y tendrá un ojo abierto, un comentario cáustico, una broma cruel para lo que mira a su alrededor.
No le gustan los tipos limpios, esos que se ponen corbatas y camisas blancas, que tienen horarios, oficinas, manos limpias y una vida ordenada. Prefiere a los personajes que todos detestan, le gustan los hijos de puta, los hombres malos, los desesperados. Prefiere a los pervertidos y escupe sobre los santos, acaso por una secreta vocación de vagabundo que siempre anidó en el fondo de sí mismo y que descubrió en los 10 años que se la pasó bebiendo. "Beber me dio material para escribir", contestaría Bukowski en una entrevista.
Por eso escribió libros como Factotum, Mujeres, La senda del perdedor y Hollywood. Por eso sus libros de relatos con títulos tan provocadores como La máquina de follar, Escritos de un viejo indecente, Se busca una mujer y Música de cañerías. Por eso todos esos oficios extraños, contradictorios, que aceptó ejercer con indiferencia y curiosidad: peón de supermercados, empleado de mantenimiento y limpieza, obrero del ferrocarril, apostador de carreras de caballos, ayudante en una industria de galletas para perros, cartero por largo tiempo, vagabundo impenitente y redactor de periódicos "underground".
A los 50 años, la editorial Black Sparrow Press le prometió 100 dólares al mes para que pudiera sentarse a escribir. Bukowski aceptó. Siempre recordaría con ironía aquel trato, pues se sentía demasiado viejo y abatido por la vida como para ser un escritor profesional a esa edad, pese a que escribía desde adolescente, atormentado por el acné y por un padre que lo golpeaba a menudo, y al que se refería sin empacho como "ese cruel bastardo". Desde entonces, su relación con la escritura sería siempre especial: "puedes estar hecho mierda en tu vida, pero si tienes un buen sentimiento en referencia al hecho de escribir, entonces no hay problema".
No sabe qué lo inspira. No cree en la alabanzas de los críticos y el único comentario que le gustó sobre sus escritos fue una carta de un presidiario en Australia que le decía que sus libros eran los únicos que iban de celda en celda, y que eran leídos por todos los prisioneros.
Reflexionando sobre el oficio, Bukowski cree que los malos escritores tienden a tener auto-confianza, mientras que los buenos siempre cuestionan su propio talento, de manera que los malos escritores escriben y escriben porquerías y se empeñan en dar a conocer su trabajo para audiencias compuestas por otro montón de malos escritores que sueñan con tener, algún día, su oportunidad. Pero el acto de escribir es algo más íntimo: "Escribir es una manera de no volverse loco. Se escribe porque es lo único que puedes hacer. Es eso o te tiras del puente. Es eso o te cortas el cuello".
Imagino al viejo Bukowski, con 74 años, en una cama de hospital en California, muriéndose, no de Sida, no de intoxicación alcohólica, no de sobredosis, no de hígado reventado. Una neumonía lo tiene ahí tendido, apenas con posibilidades de sobrevivir, agravado todo por una leucemia. En el aséptico silencio de las noches de hospital, en las sábanas y paredes limpias de aquel lugar, que de seguro le desagrada, recordará sus noches de escritor, a su esposa Linda Lee, 30 años menor que él y quien lo salvó del fango para ordenar un poco su vida. Recordará su enorme casa de Los Angeles, con piscina y jacuzzi en el jardín, escribiendo en computador y no en su vieja máquina mecánica, bebiendo vinos caros y apostando a los caballos por las tardes.
Sabe que la muerte viene a traerlo el 10 de Marzo de 1994. Sabe que no hay más qué hacer, más qué escribir, más qué esperar. Escupe con fastidio. Solo espera que allá, en el otro mundo, haya muchas botellas de scotch y que Dios sea un borracho más que muere, vomitando sangre en los callejones.
(No tengo registro de cuándo escribí este artículo, pero supongo que fue en el 94, luego de la muerte de Charles Bukowski. Fue publicado en la extinta revista salvadoreña Tendencias, no sé en qué número tampoco. Por ahí quizás tengo la revista, pero eso implicaría ir a escarbar entre varias cajas... pero no será hoy).
gracias, siempre es interesante leerte.
Karla | 5 de Febrero de 2010 - 03:53 PMTony las trajo, luego volvió a la caja con su dinero. Lo guardó. Volvió.
-Mierda, vaya calor. Me gustaría estar más muerto que los antiguos.
-¿Adónde crees tú que van los hombres cuando mueren, Tony?
-¿Y qué coño importa?
-¿Tú no crees en el Espíritu Humano?
-¡Eso son cuentos!
-¿Y qué piensas del Che, de Juana de Arco, de Billy el Niño, y de todos esos?
-Cuentos, cuentos.
Me gustó mucho, Jacinta. Esta cita: "Escribir es una manera de no volverse loco. Se escribe porque es lo único que puedes hacer. Es eso o te tiras del puente. Es eso o te cortas el cuello" tiene mucho sentido para mi y me aclara porqué me gustó Bukowski.
Yo a Bukowski lo leí por primera vez casi por accidente y no como narrador (de hecho me debo leerlo como narrador), si no que encontré un libro de poemas suyos (no recuerdo el título ahorita, pero es uno que sacó la Visor) y lo compré sin saber de quién se trataba, solo por haber leído a la carrera dos o tres versos en la librería. Detrás de esa forma tan inusual para mi de escribir versos, sentía cierta conexión con lo que él decía. Hoy que leo esa frase entiendo porqué.
Saludos
Victor
Victor | 5 de Febrero de 2010 - 05:25 PMEs de la máquina de follar, se me olvidó ponerlo. El Henry, siempre muy puesto
César Fagoaga | 5 de Febrero de 2010 - 05:31 PMGracias Karla y César (ya me había quedado preguntándome de cuál de los libros de Buk lo habías sacado...).
Víctor: creo que Bukowski, al igual que posiblemente la mayoría de escritores que me gustan, asumen la escritura como una actitud ante la vida, que trasciende la literatura y que por lo tanto, se torna en más intensa y vivida. Y creo que eso le da una característica peculiar a sus escritos. Por eso es que aunque pase el tiempo, sus textos siguen teniendo mucha fuerza.
Abrazo a todos.
Jacinta | 5 de Febrero de 2010 - 05:39 PMMe acabo de acordar de quienes dicen que escribir no es algo que deba tomarse en serio. Ja!
Victor | 5 de Febrero de 2010 - 06:10 PMPuff, sin palabras, estoy admirado, gracias!! excelente artículo, siempre es bueno y reconfortante leer algo sobre el buen Hank.
Antonio | 5 de Febrero de 2010 - 08:34 PMMe alegra Antonio ;)
Jacinta | 5 de Febrero de 2010 - 09:08 PMSencillamente conmovedor y extraordinario, Jacinta.
Hector Mairena | 7 de Febrero de 2010 - 01:16 PMGracias Héctor, un gran abrazo.
Jacinta | 7 de Febrero de 2010 - 05:27 PMun excelente articulo... Bukowski... mi primer libro de él, fue factotum, después no pude dejar de leer los demás. Me parece que fue fiel a su escritura y a su forma de pensar...
christy guzmán | 8 de Febrero de 2010 - 03:50 AMQué gran artículo, Jacinta. Me conmovió.
vania vargas | 10 de Febrero de 2010 - 06:18 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
