3 de Febrero de 2010
So long, Salinger...

Podría aburrirlos diciendo que J.D. Salinger blablabla, y seguramente estaría patinando sobre cualquier cantidad de cosas que ya otros blogs y periódicos han dicho muy bien.
Podría hablar de cuando leí The Catcher in the Rye (si tuviera scanner, les mostraría la portada, toda viejita y arrugada). Tengo mi ejemplar hasta forrado en plástico transparente para que resista un poco más. Al hojearlo de nuevo descubro que apenas hay un párrafo señalado en lápiz. Es que a veces hay libros tan, pero tan buenos, donde todo te dice tanto, que no subrayo nada, porque tendría que subrayar todito el libro.
Podría decir que, oh horror, se perdió mi copia de Nueve cuentos. No sé dónde quedó, aunque temo que hay una caja completa de libros que se me perdió en algún lado (de eso hablo otro día). Y recuerdo exactamente el lugar donde lo compré (un kiosko ubicado en una esquina, una cuadra al sur de los semáforos de Lindavista en Managua, donde también compré los cuentos completos de Raymond Chandler. Lo insólito era que en ese kiosco vendían papel de regalo, camisetas, calcomanías y cosas de papelería y libritos malos... y ahí me encontré esas dos joyas).
Podría decir que Franny and Zooey me lo prestaron hace muchos años y que apenas recuerdo de qué va y que debería releerlo.
Podría hablar de las interminables discusiones que he tenido con amigos sobre los textos de Salinger.
Pero no lo haré.
Solamente diré que lo que más me gustó de Salinger fue su actitud. Precisamente su actitud. No permitir que su privacidad fuese invadida. Y sobre todo algo que pocos comprenden, que pocos creen, que pocos comparten: que se encerró a escribir simplemente por el gusto de hacerlo, escribir para él, escribir porque sí. Y no volver a publicar. O quizás se encerró, sí, pero nunca volvió a escribir una sola palabra más. No lo sabemos.
No sabemos qué disposiciones habrá dejado sobre lo que eventualmente escribió. Si eso será compartido por la familia. O destruido. O guardado 70 años o qué. Por mí, con lo leído basta. Si no se publica más de él, está bien. Creo que Salinger no tenía que demostrarle nada a nadie.
Los teóricos y los fundamentalistas literarios gustan de enfrascarse en la discusión de que un escritor está “obligado” a publicar, porque si no lo hace “no es escritor”. Según ellos, se escribe porque se quiere ser leído. Y la función de la escritura no se cumple hasta que alguien, “otro”, lee lo escrito, o sea, hasta que se publica un libro. Que eso es parte de la comunicación y blablabla.
No estoy de acuerdo. Y sí, se puede escribir para el propio placer. Porque hay mentes que no pueden funcionar si no es mediante la escritura. Y que no encuentran mayor placer en la vida que la escritura. Y que escribir en solitario (es decir, sin publicar), no anula la función de la escritura, que me parece más individual y diferenciada de lo que los teóricos insisten en hacernos creer.
Me causa rechazo esa obsesión por masificar y clasificar a los escritores con parámetros que, por lo general, se aplican de manera forzada y no de acuerdo a la realidad particular de cada quien. Motivos para escribir los hay tan variados como hay escritores.
¿Que Salinger no volvió a escribir? ¿Que no volvió a publicar nada? ¿Que no le volvimos a ver la cara? Y qué pues. Rulfo tampoco. No necesitó más que dos maravillosos y extraordinarios libros para decir lo que tenía de manera impecable. ¿Eso lo hizo menos genial? No.
Resumir una visión de mundo en dos o tres libros: Es lo que hace un maestro.
Salinger era uno de esos.
(La foto de hoy salió en El País. "El fotógrafo Anthony Di Gesu tomó esta instantánea el 20 de noviembre de 1952 en su estudio de Manhattan. Salinger había encargado este retrato, entre otros, para hacerles un regalo a su madre y su prometida y pidió al fotógrafo que no hiciese públicas las imágenes. Di Gesu, que se arrepintió de no haberle pedido al escritor que le firmase una de sus obras, cumplió su promesa durante 30 años. Según el artista, Salinger quedó muy satisfecho con los resultados. Hasta ahora la imagen no se había difundido públicamente, tan sólo se incluyó en una muestra en 1982. ANTONI DI GESU / SAN DIEGO HISTORICAL SOCIETY / GETTY IMAGES / HULTON ARCHIVE COLLECTION").
Jacinta a las 04:31 PM | Referencias 0Hola Jacinta, sere sincero: yo no sabia quien era Salinger ni nunca lo habia oido hasta que anunciaron su muerte en los periodicos. De repente viendo el Facebook y otras redes sociales tengo la sensacion que todo el mundo sabia de el excepto yo: miles de mensajes de "RIP Salinger". Como es obvio por lo que acabo de decir tampoco he leido su libro, ese que segun leí gustaba al asesino de Lennon. Pero si hay algo que me ha cautivado es en efecto, esa decision de vida que tomó de dedicarse -apartado como los ermitaños antiguos- exclusivamente a hacer lo que amaba, para lo que segun él habia nacido: escribir. Pienso que fue un privilegiado, porque muy pocas personas tienen la oportunidad y mas aun: el caracter para plantarse de esa manera ante el mundo y la vida y actuar en consecuencia. No dude que leeré ese libro.
luis cornejo | 3 de Febrero de 2010 - 11:11 PMLo felicito Luis... en este mundo lleno de vanidades y egos, usted tiene la humildad de admitir que no lo conoce ni lo ha leído (es que hay gente que, aunque no sabe de quién se está hablando, para dárselas de culto, finge saber...).
Usted lo resume muy bien Luis: Salinger tuvo el carácter de plantarse en lo suyo y decide evadir el mundo del espectáculo y la manipulación que muchas veces se hace de la figura del escritor. Prefirió su "vida normal", en silencio, con sus libros y su escritura...
Léalo, claro, y también sus cuentos que le recomiendo mucho.
Saludos.
Busco el texto del original ingés de la primera página de "The Catcher..."
¿Alguien podría hacermelo llegar?
Gracias.
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