13 de Enero de 2010
El jardín de la Loli
Cuando terminé de trasplantar las plantas que había comprado y las coloqué en sus respectivas macetas, me senté a descansar un rato y a contemplar la obra realizada. Tenía todavía las manos tierrosas y el olor de las plantas bien metido en la nariz. Se miraba bonito pero de inmediato me asaltó la culpa: comprar plantas no era la necesidad más urgente, me gasté un dinero que no debía, qué voy a hacer el resto del mes, debí haber comprado esto o aquello, etc. etc.
En eso estaba cuando se apareció la Loli en la puerta. Se paró ahí, vio a izquierda y derecha, y luego me miró a mí.
Esa mirada...
Esa mirada me ha convencido de que, luego de tan largo tiempo de convivencia, es posible que humanos y animales se comienzan a transmitir el pensamiento y de ahí que uno (y ellos) sepamos exactamente lo que estamos pensando, sintiendo, deseando, necesitando. No hace falta hablar con palabras articuladas para entenderse.
Esa mirada llena de asombro decía: “¡Hiciste magia! ¡Hay plantas!”.
Viendo esa carita se me quitó toda la culpa. Y pensé: “claro que era urgente tener plantas, era urgente para la Loli”. En parte también lo era para mí. Yo que me crié en finca y que siempre he tenido jardín, estaba extrañando meter mis manos en la tierra y cuidar plantas. Gocé como niña trasplantando y sintiendo el olor de la tierra húmeda y de las hojas y las raíces. Pero he gozado mucho más al ver la reacción de mi gata en ese momento y en los días siguientes.
Entonces la Loli se fue a tomar un poco de agua en la esquina del patio, y se volteó nuevamente como para comprobar que aquello no había sido una alucinación. Me miró de nuevo, contentísima.
Se fue a examinar las plantas y las macetas, una por una, en perfecto orden. Olía, miraba, asomaba la nariz a la tierra, se frotaba en los bordes de las macetas. Se quedó largo rato oliendo la ruda. El brezo la dejó fascinada. El pony... miraba al pony como si se tratara de un gigantesco árbol centenario y se metió debajo de sus hojas largas un rato. Luego descubrió el bambú enano, comprado expresamente para que ella pudiera comerlo (los gatos comen cierto tipo de yerbas para complementar el suplemento de ácido fólico y otros minerales en su dieta) y por supuesto, se puso a masticar hojitas de inmediato. Por poco destruye la begonia porque le gustó tanto que se quería frotar con todo su peso encima de cada hoja.
Desde ese día pasa bastante más tiempo afuera, cuidando de “sus plantas” y me demanda con insistentes maullidos que salga con ella a gozar del espacio. Ahora desayuno ahí, con ella y las plantas. Ella se echa orgullosa, como una leona en control de su reino. Está muchísimo más animada, casi se diría normal. Lo único que le falta es tirarse panza arriba a tomar el sol y cuando eso ocurra, podré decir que ya la Loli se siente “en casa”.
Su fascinación son el brezo, el pony el bambú. Contra los 3 se frota, los mira arrobadísima. Le encanta meterse debajo de las largas y lanceoladas hojas del pony una y otra vez; al bambú le pega sus mordisquitos e igual, mete su cabeza debajo de las ramitas. Pero creo que en el fondo está enamorada del brezo y que terminará casándose con él. Lo mira y lo mira y lo vuelve a mirar, con el asombro de quien descubre algo por primera vez. Quizás por eso soñé que tenía pequeños gatos hechos de brezo, gatos con 3 y 4 colas, toditas ramas de brezo que me recordaron de inmediato al cuadro de Remedios Varo “Gato helecho”.
Cabe decir que la culpa se me quitó de inmediato. Y que se me quitó al ver esa alegría de la gata por sus plantas. Y que la felicidad de la Loli vale para mí todo el oro del mundo, aunque no quede para comer más que queso y tortillas. Y que si la Loli está feliz, pues yo soy feliz con y por ella. Amén.
(En la foto, la Loli examinando detenidamente su amado brezo).
Jacinta a las 03:52 PM | Referencias 0Genial!!!!
Me ha hecho vivir una mezcla de sentimientos increíble. Amo a los gatos y siempre me acompañaron desde que recuerdo y aún antes(por las fotos). Lamentablemente hace algunos años el otorrinolaringólogo de mi primo (y en realidad lo es, pero para al caso es un epíteto con pretensiones de ser lo mas peyorativo posible) diagnosticó, que la alergia crónica de mi esposa se debía a la Gata (así se llamaba con el maligno propósito de ver la cara de idiota de quienes preguntaban por su nombre). Por supuesto hasta allí llegó la Gata, ni siquiera se nos concedió la alternativa clásica de: la Gata o ella, fue ella punto.
La congoja de mis hijos y mia fue indescriptible y poniendo a prueba el diagnóstico, llevamos una nueva gatita a la casa, pero no logró mas que confirmarlo, pues surgió otra vez la alergia. Incluso con el tiempo y en complicidad con mis hijos tuvimos escondida otra gatita pero fue inútil, se descubrió por sus mismos efectos y no por sus maullidos a pesar de que quizás consiente de su situación, permanecía escondida y silenciosa debajo de la cama hasta que alguno de nosotros la sacaba para jugar con ella.
Así que puede ud Jacinta creerme que su narración de la Loli y su jardín como merecido regalo a su cambio de habitat, que para los gatos es sumamente estresante, me ha hecho sonreir y lagrimear a la vez. Gracias.
Gracias por compartir su comentario.
La verdad se me olvidó mencionar que de verla a ella tan feliz con las plantas, más de una vez se me han llenado de lágrimas los ojos. Eso me dice que la felicidad está en las cosas más simples e insospechadas, la felicidad de los gatos y la de nosotros, claro.
Saludos.
Jacinta | 13 de Enero de 2010 - 05:18 PMNo he podido dejar de derramar una tímida lágrima la leerle... Y es que al igual que a usted, los gatos son parte de mi vida, de mi alegría... Y su historia me recordó a uno de mis gatunos...
En el 2008 llegó a mi casa un gatito bebé, no tenía ni 15 días de nacido y sus ojitos todavía estaban cerrados. Su mamá simplemente desapareció (se sospecha que la robaron) y quedaron varios gatunos huérfanos. Este grisito con blanco llegó a mi casa, no siendo más que una pequeña bola de pelos que cabía perfectamente en la palma de mi mano (y mi mano no es grande!).
Con mi madre nos dimos a la tarea de "criarlo", le compré una leche especial (que le duraba menos de 15 días y valía $11.00, mi mami consiguió una pachita que le quedaba perfecta. Nos levantábamos por las noches a darle de comer y en la mañanita como relojito le dábamos su pachita a las 5:00am. Gracias a Dios que tuvimos justo la vacación de semana santa para poder consentirlo más y no dejarle la responsabilidad sólo a mi sacrosanta madre (jejeje).
Creció, se puso gordo y fuerte, y casi que ni nos hacía caso durante el día. Pero eso sí, en la noche la cama de mi mamá era "su" cama, y si yo estaba triste, él llegaba y se echaba a la par mía y me miraba con sus grandes ojos verdes como queriendo decirme que todo iba a estar bien, que no llorara...
Mi cuarto tiene una puerta que da hacia un patio interno trasero, por lo que todas las mañanas era un ritual entre él y yo: abrirle la puerta a buenas 6:00am para que él saliera a afilarse sus uñitas en un árbol de marañón (mi hermana se compadecía del pobre árbol) y luego a dormirse a su lugar preferido: bajo el árbol de limón, hasta le salió una especie de honguito en su cuellito por la humedad de la tierra (no le gustaba que le pusiéramos su crema medicada pero no tuvo otra más que rendirse...!.
Su nombre era Jojo... y murió este domingo, en mis brazos... todavía lloro al recordarlo y es que era "mi bebé gatuno" ... yo quería que lo enterráramos bajo su árbol de limón (y es que era de él) pero mi mami no dejó por la incomodidad de abrir un hoyito ahí... Está descansando bajo el árbol de mango, lugar donde mi mami le pone flores (unas florcitas del árbol de lluvia de oro que tanto le gustaba)...
Y es que a los gatos les gustan las plantas y las disfrutan.
¡Qué Loli siga disfrutando de su jardín por muchas y muchas lunas!
Me he remontado a su patio, me lo he imaginado, hasta he visto un rayo de luz derramarse en sus plantas mientras la Loli las disfruta. Y usted transmite paz, y mucho contentamiento a traves de su experiencia. Y aunque el pan es importante, acuerdese que no solo de pan vive el hombre, tambien de cosas pequenas, como sembrar plantitas en un lugar que usted ha hecho su hogar.
Me ha fascinado su relato. Siga compartiendonos mas.
Mercy
Gracias Karla por compartir su historia. Lo lamento mucho por su Jojo, créame que sé lo que se siente perder a un gatito, pero que le quede la satisfacción que gracias a su bondad y generosidad, ese gatito que posiblemente estaba destinado a morir antes de tiempo, tuvo vida y unos años felices gracias a ustedes.
Gracias Mercy por sus palabras.
Jacinta | 14 de Enero de 2010 - 02:28 PMvaya, casi me siento tu huesped en ese jardin y que alegria por la Loli, debe estar fascinada por su nuevo mundo...
No tengo mascotas, pero con historias como esta, se me hace un nudo en el corazón y me gustaría tener una jajajaja
elsum | 17 de Enero de 2010 - 05:14 AMJacinta, me fascina mucho leerle mas cuando habla de su gatita Loli.. yo en casa tengo 2 gatas y cada vez q ud. habla de la suya, me identifico mucho. Mi familia esta intimamente ligada a estos felinos y es cierto!! se comunican mentalmente y cada uno es especial. Bienvenida al vecindario! lo lei en Enfoques.. mi mayor estima hacia ud. Mi madre quisiera conocerla o escribirle, le dire que lo haga por este medio, es fan de sus lecturas, no se las pierde.
karina | 25 de Enero de 2010 - 03:25 AMGracias Karina por su comentario y claro, dígale a su madre que escriba por este medio. Saludos.
Jacinta | 25 de Enero de 2010 - 03:37 PMAntes que todo, quiero decirle con mucho cariño desde hace muchos dias BIENVENIDA A CASA. Me alegro muchisimo que este de vuelta con nosotros,soy asidua lectora de sus articulos en el periodico, pues no puedo internet.Me agrada mucho haya elegido nuestro municipio, Espero algun dia poder visitarla y poder charlar sobre sus libros y poder conocer a su gatita-
Isabel Martinez. | 15 de Febrero de 2010 - 01:18 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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