24 de Septiembre de 2009
Píldoras de viaje

El síndrome de la gitana (vivir de la maleta): tanto hotel, tanto closet, tanto viaje y siempre es lo mismo: Soy incapaz de desempacar la maleta y guardar la ropa en el closet o las gavetas correspondientes. La ropa queda siempre doblada en la maleta, y lo único que saco son los artículos de aseo y los zapatos. Voy sacando la ropa limpia. Y la ropa usada voy colocándola dobladita, al final del día, en el closet. Para el viaje de regreso lo que hago es llenar la maleta con la ropa usada dobladita... no me pregunten por qué (ni yo me lo explico).
Un litro de cerveza Cabro en (Ex) Céntrico.
Ver a un personaje conocido como “La Sombra”, a la salida de (Ex) Céntrico: un abrigo largo y negro, una guitarra, el encorvamiento de la espalda, el pelo ralo y el rostro afilado.
Pero es “cabrón”, nos dicen, es decir, muy bueno con la guitarra. Se pasa la noche en la calle, cantando de bar en bar, hasta el amanecer.
Las prevenciones de cuidado para andar por la ciudad. Si, ya sé, les digo. Igualito que en San Salvador...
El gusto de hablar como salvadoreña y no en español standard porque en Guatemala sí me entienden cuando digo chero, chivo, pisto, y se come loroco y chipilín y es ya casi simacito como si estuviera en mi casa, es decir “allá”.
Puente del Incienso. En realidad llamado Puente Martín Prado Vélez, pero se conoce como El Incienso porque está ubicado sobre el barranco del mismo nombre. Y el barranco se llama así por la neblina que se acumula en su fondo, sobre todo en las mañanas, y que da la imagen de ser una nube de incienso. O por lo menos eso dice la gente.
El puente en cuestión forma parte del Periférico y comunica a las zonas 1, 2 y 3 con la zona 7 en la capital de Guatemala. Pasamos por ahí el otro día después de una reunión. Y me metí luego a internet para saber más del mismo. Me impresionaron mucho más las fotos en línea. Ni idea de que estábamos en un lugar así, tan alto. Un verdadero triunfo de la ingeniería.
Lugar favorito de suicidas, 200 metros de profundidad desde el punto más alto. Los suicidas llegan en sus carros, se orillan, ponen las luces de emergencia. Y se lanzan. Uno de los casos más conmovedores: una madre que se tiró con su hija de 2 años. Si no me mal informaron, en lo que va del año ya se suicidaron 15 desde ahí.
Y las cartas en algún periódico: señores suicidas, si se quieren suicidar es muy su asunto, pero por favor no dejen parqueados sus carros en el puente, que luego se arman los grandes embotellamientos...
El color del cielo desde la ventana de mi cuarto. El color es de un azul casi purpúreo, un tono de lavanda. Y las nubes como espejos, hiriendo con su blancura la vista.
Otra luz.
El canto de los grillos en la noche.
Y el canto de un gallo en la madrugada.
La mención de un nombre.
La foto de alguien sonriente.
La añoranza.
El desconcierto.
Un recuerdo que punza.
La anestesia del olvido.
(Foto del Puente El Incienso, tomada de PAL1970).
Gracias por compartir sus impresiones, ya me antojó una Cabro, cerquita del Lago en Panajachel, jajaja, o en un bar que conocí cerca de la Landivar, el Xibalbá (qué mejor nombre para un bar chapín que ése?) Saludos.
Antonio | 24 de Septiembre de 2009 - 11:03 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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