17 de Septiembre de 2009
El cuento revisitado
En los últimos días he estado preparando el taller de cuento que comienzo el próximo lunes en la librería Sophos de Guatemala. Eso me ha tenido revisando viejos apuntes y escarbando entre los libros que tengo acá (y extrañando a rabiar mi biblioteca completa en El Salvador, sigh), para releer varios de mis cuentos favoritos (que además considero sirven como ejemplo para demostrar lo que es un cuento bien escrito) y descubriendo algunos nuevos.
Hace ya bastantes años que no he escrito un cuento. Si no me equivoco, el último que escribí fue “Película japonesa de los años 60”, incluido en El Diablo sabe mi nombre. Lo escribí en San Salvador en el 2003. Y desde entonces nada. No me han dado por ahí las ideas, aunque también (hay que decirlo), mis años en Costa Rica han sido los más improductivos a nivel de ficción literaria de toda mi vida. No he escrito ni un libro completo. Tengo comenzadas 3 novelas que no están escritas ni a la mitad. Cero poemas, cero cuentos. Y para 4 años y medio, eso es un balance muy negativo, hasta me da vergüenza decirlo.
El sumergirme de nuevo en mis ideas y mi propia experiencia sobre el cuento para compartirlo en un taller no ha hecho tampoco nada por incentivar la escritura. Pero por lo menos he disfrutado la lectura y relectura, que me lleva, como suele, a redescubrir algunos aspectos que en lecturas anteriores se me pasaron por alto.
Por ejemplo, para ejemplificar buenos comienzos, Borges se me queda algo atrás. Esa manía de bibliotecario de citar volúmenes, libros, ediciones antiguas no es precisamente la manera más arrebatadora de enganchar al lector. Uno continúa leyendo porque sabe que es Borges, pero si un cuento firmado por Pedro Pérez comenzara así, bueno, tendría que meterle algo bastante apasionante inmediatamente después para no perder la atención del lector.
Entre los autores que releí, además de Borges, están Felisberto Hernández, Cortázar y Rulfo. También me releí un buen texto de Raymond Carver sobre el oficio de la escritura y que recomendé esta semana.
Leí algunos cuentos que no conocía de Virgilio Piñera, cuyo manejo del absurdo siempre me parece sorprendente. Leí “El hipócrita feliz” de Max Beerbohm, un cuento muy clasicón en su concepción y estilo, pero bien resuelto. Concluí también que son muy pero muy pocas las cuentistas que me gustan (apenas Clarice Lispector e Isak Dinesen y algunos de Marguerite Yourcenar). Aunque seguro que se me olvidan nombres (es parte del problema de no tener aquí mi biblioteca).
Sigue también mi convencimiento de que el cuento es un género de gran respeto y que resulta lamentable que las editoriales se nieguen tanto a publicarlo, sobre todo cuando te salen con ese pretexto tan trillado de “es que el cuento no se vende”.
En fin, será interesante compartir sobre este género, comentar historias y hablar de literatura. Nada me puede gustar más.
El cuento es de fineza; la novela es de resistencia, así que sabiendo eso se sabrá como abordar cada género (y cómo apreciarlo, también).
Ya que mencionás cuentistas mujeres, te cuento que la más grande escritora de cuentos para mí es Flannery O'Connor. Más grande que cualquier cosa que he leído, difícilmente imitable o alcanzable (incluyo hombres en ello.)
Me alegra lo del taller, a ver cuándo hacés uno acá en Chepe.
Despacito y con buena letra, esperemos que, algún día no muy lejano alguna de las novelas vea la luz y seamos afortunados de poder disfrutarla, saludos y suerte con su taller.
Antonio | 17 de Septiembre de 2009 - 09:03 PMCierto Guillermo, Flannery O'Connor es excelente.
A ver cuándo organizo un taller en Chepe. Los intentos que he hecho han fracasado, por un motivo u otro (sobre todo en el momento de organizarlo).
Gracias Antonio.
Jacinta | 18 de Septiembre de 2009 - 05:08 PMLo que decías de Borges es muy bueno porque es cierto y ejemplifica una de las cosas más importantes que hay a la hora de escribir cuento. Ninguna receta hace un buen cuento y un buen cuentista, puede, cuando lo necesita, romper todas las reglas sobre como escribir un cuento. (Creo que eso lo dijo Vonneghut, pero no estoy seguro)
Vale la pena leer a los más raros (Cortázar, Barthelme, Foster Wallace) para ver donde yacen los limites del género y destruir algunas preconcepciones erradas pero comunes.
Juan Murillo | 21 de Septiembre de 2009 - 05:19 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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