10 de Agosto de 2009
Menos nieve en el Kilimanjaro
En junio pasado se estrenó, tanto en internet como en varias salas de cine del mundo, el documental Home (Hogar), de Yann Arthus-Bertrand. En pocas palabras, su mensaje es que si no hacemos un cambio radical en nuestros hábitos y en nuestra relación con la naturaleza ahora mismo, nos quedan apenas unos 10 años antes de comenzar a vivir una verdadera hecatombe global que afectará a la humanidad hasta su extinción, junto con el de todas las especies vivas.
El mismo director había abarcado ya dicha temática en la serie de 4 capítulos La Terre vue du ciel, transmitida por HBO. Ambos documentales se apoyan visualmente en tomas realizadas desde helicópteros y aviones, que permiten apreciar no sólo la belleza de nuestro planeta, sino también la magnitud del problema. Son impresionantes las imágenes, por ejemplo, de la acelerada tala del bosque amazónico o los kilómetros que abarcan las granjas ganaderas estadounidenses, que son verdaderos campos de concentración para el ganado vacuno. Y definitivamente, las imágenes lo confirman, cada día hay menos nieve sobre el Kilimanjaro.
Estos documentales, que sin duda representan esfuerzos magníficos, topan con la limitante de que no llegan a todas las personas que debería. Es decir, llegan a aquellos que ya tienen algo de conciencia sobre esta problemática cuando existe una necesidad urgente de alcanzar a otro tipo de público.
El mensaje de lograr un cambio radical en nuestros hábitos para poder sobrevivir como especie mediante la salvación del planeta mismo tiene que llegar no sólo al ciudadano común, de manera masiva, cotidiana e incansable, sino también (y acaso sobretodo), a las grandes transnacionales, industrias y gobiernos que son los que, en última instancia, tienen mayor incidencia y capacidad de decisión sobre estos problemas. Y no se trata nada más del alcance del mensaje sino de que este sea movilizador y empuje a cambios prácticos y efectivos, para que no quede limitado a la retórica en que, por desgracia, se ha mantenido durante años.
Si bien es cierto que los esfuerzos individuales en nuestras vidas cotidianas son importantes para lograr cambios en este sentido, el impacto de esas pequeñas acciones individuales es mínimo si no se sustentan y complementan con políticas de transformación a todo nivel social, desde lo educativo hasta lo económico.
Por desgracia, siempre parece que hay situaciones de mayor prioridad o urgencia que resolver y la crisis del planeta queda pospuesta indefinidamente, sin lograrse jamás los cambios profundos y la atención que se requieren. Por ahora, la mayor emergencia es la crisis económica global. Pero se nos olvida que toda la actividad del ser humano está interconectada, y quiérase o no, depende mucho también de la conservación del planeta.
Según Jean-Christophe Vie, director adjunto del Programa de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, “es hora de reconocer que la naturaleza es la empresa más grande del planeta, que trabaja para beneficio del 100% de la humanidad, y lo hace gratis. Los gobiernos deberían dedicar el mismo esfuerzo, si no más, a salvar a la naturaleza que a salvar a los sectores económicos y financieros”.
Esto quedó subrayado en el más reciente estudio de la UICN, que se publica cada cuatro años, para evaluar hasta qué punto se están logrando los objetivos del 2010 de reducción de pérdida de la biodiversidad. El informe Wildlife in a Changing World (La vida silvestre en un mundo cambiante) muestra que la meta del 2010 no se cumplirá. Lo cual, por supuesto, es una muy mala noticia.
La última reunión del G8 tampoco aportó nada positivo al respecto. Apenas hubo un tibio y protocolario compromiso de reducir la emisión de gases contaminantes, pero ninguna decisión concreta de los países reunidos, que en conjunto, emiten el 80% de los gases que generan el efecto invernadero.
El problema de fondo es que nadie está dispuesto a ceder ni un ápice en sus estratosféricos márgenes de ganancia ni tampoco en su estilo de vida. En la misma reunión del G8 se propuso una cifra de 20.000 millones de dólares para ayudar a los agricultores del mundo e intentar con ello paliar el hambre mundial; sin embargo, la ayuda que concedió el gobierno de los USA para sacar adelante solamente a la General Motors fue del triple. Esto dice mucho de la prioridad que le dan los países industrializados a la problemática ambiental.
Mientras usted y yo, como ciudadanos comunes, intentamos en nuestro micro cosmos doméstico ser más “ecológicos”, el entorno no nos ayuda porque nos siguen bombardeando con productos empacados o fabricados con todo tipo de contaminantes o con artículos que, nos han convencido de ello, son “imprescindibles”. Los productos catalogados como “verdes” resultan de hecho más caros que los elaborados de manera no ecológica.
Mientras sigamos aferrados a un concepto de comodidad, que relacionamos con nociones tan volátiles como “modernidad” o “progreso”; mientras los gobiernos y las transnacionales no estén dispuestos a disminuir sus enormes ganancias y a darle un giro radical a su filosofía económica; mientras nadie esté dispuesto a ceder, podrán redactarse informes, hacerse reuniones con proclamas llenas de bonitas intenciones y repetirse una y otra vez que estamos a las puertas del desastre. Pero parece que no vamos a tomarlo en serio hasta que ya sea demasiado tarde.
Y usted, ¿qué está dispuesto a hacer para ayudar a salvar el planeta?
(Publicado domingo 9 de agosto en la revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica).
Jacinta a las 04:07 PM | Referencias 0Que coincidencia acabo de leer el cuento de este japonès ganador del premio Nobel de la literatura con un cuento del mismo nombre que la pelìcula, el cuento es miuy bueno.
Saludos
Luis | 14 de Agosto de 2009 - 02:04 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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