21 de Julio de 2009
A 30 años de la Revolución Sandinista (los recuerdos son como un avispero)
Se me ocurrió escribir algo sobre lo 30 años de la Revolución Sandinista, cuyo esplendor y decadencia me tocó vivir in situ, pero confieso que no me ha sido fácil. Empezaba con una cosa y me dispersaba por cientos de rincones y ramificaciones. Borraba y volvía a empezar, tratando de enfocarme en un hilo.
Pero es que para mí hablar sobre Nicaragua no es algo sencillo. Viví unos 18 o 19 años por allá. Me tocó ser testigo no solo de la revolución misma sino de 2 presidentes posteriores, Violeta Barrios y Arnoldo Alemán. Ya para Enrique Bolaños me tocó irme a Europa un año y a mi regreso fue cuestión de meses y regresé al Salvador.
Durante el primer texto que intenté, y viendo que me iba por un montón de detalles, se me atravesó aquella idea nada original que siempre se me ocurre: “esto es como para escribir un libro”. Siempre me amenazo a mí misma con eso. Para alegría pública, son escasas las amenazas que se cumplen, por un lado por falta de tiempo (y porque algunos libros me parecen más “urgentes” que escribir que otros) y por otro porque hay ideas que nacen, crecen y mueren en un día o dos.
Se me vinieron a la cabeza, más que nociones generales, recuerdos muy puntuales:
Recordé la carne enlatada soviética con la que tuvimos que alimentarnos durante años, gracias al embargo de los gringos. Carne de res y cerdo que, cuando abrías la lata, traía una capa de grasa encima. Pero a mí me encantaba aquella carne (con una tomatada y arroz recién hecho quedaba genial).
Recordé los mensajes en clave que nos decíamos por teléfono con los amigos para avisarnos sobre el mercado negro del cambio de divisas. O dónde podías encontrar gas. O pasta de dientes o frijoles o pollo.
Recordé el áspero papel higiénico que a veces nos daban con la tarjeta de racionamiento.
Recordé las filas para comprar gasolina con cupones. Y los cupones eran azules.
Recordé el discurso de Fidel Castro cuando llegó a “donar” un ingenio. A las 3 horas de discurso dijo: “... y ya para terminar...”, y se voló otra hora de discurso.
Recordé la Plaza 19 de Julio colmada de gente con banderas rojinegras.
Recordé las reuniones de los Comités de Defensa Sandinista y el rostro siempre circunspecto de la responsable. Si no ibas a las reuniones, no te asignaba las raciones en tu tarjeta de racionamiento.
Recordé los estantes vacíos de los supermercados.
Recordé cuando llegué a Karawala y lo primero que vi fue al médico del lugar sacando de emergencia a un niño que se moría de desnutrición.
Recordé los viajes al Río San Juan por tierra, temiendo una emboscada en el Charco de los Patos.
Recordé aquellos caminos llenos de lodo. Y a los compas del Servicio Militar sirviendo en San Carlos.
Recordé las ruinas de Managua. Y aquel edificio frente al Ministerio de Trabajo que tenía pintado en una pared: “te amo ¿y tú?”.
Recordé “mi vida para mientras” (se suponía que iba a quedarme sólo 6 meses y me quedé toda una vida). Como se suponía que me iba "pronto", no compraba nada, tenía la maleta siempre a medio hacer, no profundizaba relaciones. Hasta que 3 o 4 años después asumí que había que vivir el día y que cuando tocara irse, pues me iría. (Parece que no he parado de andar desde entonces, como el hombrecito de Johnny Walker).
Recordé a Carlos Martínez Rivas.
Recordé a Pablo Cerna y a Noel Irías.
Recordé a las brigadas de internacionalistas, la campaña de alfabetización, las cortas de café, caña y algodón.
Recordé un sentimiento permanente de zozobra, mezclado con una euforia y una fortaleza interiores permanentes y sólidas.
Recordé rostros que llegaron y se fueron y de los cuales no he vuelto a saber más nada nunca.
Recordé que en aquella época escribía diario pero que en algún momento de los 90 los quemé. Todos.
Recordé la Laguna de Perlas.
Recordé cuando nos detuvo la contra en el Río Grande de Matagalpa. Salieron de entre un cacaotal. Yo me di por muerta. Pero no nos hicieron nada. Ni siquiera nos robaron la gasolina que llevábamos en la panga.
Recordé que la primera vez que ví el Río Grande de Matagalpa comprendí de inmediato el por qué de su nombre. Y que, en algún momento, no pude evitar la tentación, bebí agua de aquel río. Era dulce y pesada.
Recordé mi demasiado breve viaje a Managua de hace poco más de un mes. Demasiadas calles nuevas. Demasiados anuncios de telefonía celular, McDonalds y Daniel Ortega diciendo que “cumplir la voluntad del pueblo es cumplir con la voluntad de Dios”, o algo así.
Recordé y no termino de recordar.
Recordé cuando Violeta Barrios de Chamorro le ganó las elecciones a los sandinistas. Parecía un viernes santo (y era un lunes cualquiera). No se movía ni una hoja en los árboles. No había nadie en las calles y había silencio absoluto en Managua. Ni los triunfadores celebraron. Nadie sabía lo que pasaría a partir de ese día...
Los recuerdos son como panales de avispas: medio movés el panal y todo se revuelve.
enorme avispero de recuerdos. y esto son solo los enunciados...
un placer leerte.
Gracias Shichimi.
Jacinta | 22 de Julio de 2009 - 05:56 PMHe leído varios artículos de recuerdos de compas que estuvieron en esos años por Nicaragua, si se juntaran todos saliera el libro.
Arturo | 22 de Julio de 2009 - 09:28 PMTodo está bien pero...¡¡¡escribió "al Salvador"!!!!!! ¿ya nos olvidó? (broma)
fran | 23 de Julio de 2009 - 11:08 PMLa verdad es que no entendí... ¿Debí haber escrito "El Salvador"? Vale.
Jacinta | 23 de Julio de 2009 - 11:38 PMSiempre es un placer leerte , Jacinta. .. Y tu avispero de recuerdos, me llevaron a mi a otros y otros.... Tanto vivido en ese tiempo.
Saludos y recuerdos siempre recuerdos...
Hector Mairena | 25 de Julio de 2009 - 01:20 PMJacinta que sabes de Noel Irias, lo conociste muy bien? puedes darme tu correo electronico?
Juan Carlos Irias | 20 de Marzo de 2010 - 09:18 PMMi correo está en la información de la izquierda de este blog.
Jacinta | 20 de Marzo de 2010 - 09:33 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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