30 de Junio de 2009
El porqué del nombre
1. Un extraño personaje llamado Dr. Caligari, presenta en la feria de un pueblo alemán un espectáculo nunca antes visto: El sonámbulo Cesare, quien duerme desde hace 23 años y tiene la facultad de predecir el futuro. A partir de su presencia comienzan a ocurrir también algunos extraños crímenes...
El gabinete del Dr. Caligari, de Robert Wiene, supone la inauguración del expresionismo alemán, movimiento al que pertenecieron también El Golem (1920), Nosferatu (1922) y Metrópolis (1927) de Fritz Lang, todas consideradas ahora grandes clásicos del cine.
La utilización de contrastes de luz y sombra, y sobre todo, el tratamiento de historias donde resalta el lado oscuro del ser humano (entendido como lo sobrenatural, la locura, lo monstruoso y lo inexplicable), fueron las características primordiales de esta serie de películas que, aunque pocas, llegaron a ser una influencia que prevalece, incluso para cineastas de nuestros días.
Es difícil analizar desde este siglo XXI una película como El gabinete del Dr. Caligari, que puede aparecer como defectuosa o “pobre”, comparada con las grandes producciones a las que estamos acostumbrados hoy en día. Pero si pensamos que en aquella época no habían computadoras ni efectos especiales ni grandes presupuestos, que el cine estaba en pañales y que, de remate, era mudo, el conjunto de aquellas películas y sus resultados no es menos que admirable.
En el Dr. Caligari, los escenarios son de una geometría y perspectivas imposibles (influencia quizás del movimiento dadaísta que estaba en auge). Como en toda película muda, los actores están maquillados hasta la exageración y sus gesticulaciones nos podrán parecer excesivas hasta la comicidad. Los carteles con texto son apenas telegramas de lo que estamos viendo. No cabe duda que en la película muda, gran parte del argumento y las impresiones que nos produce la historia son compuestas y complementadas por el espectador mismo.
La película sobre un “monstruo” sonámbulo podría suponer un final predecible pero nos ofrece un giro desconcertante que pone en duda todo lo visto y obliga a repasar la historia. La posibilidad de invertir todos los papeles de los personajes en sus roles de “bueno” y “malo” fue una innovación argumental para la época, innovación que no muchos comprendieron.
Visualmente, la película tiene momentos preciosos, sobre todo por la escenografía que funciona como el distorsionado escenario de alguna de nuestras pesadillas. La representación del pueblo con todas las casitas casi que encaramadas una encima de otra, pero en particular, el secuestro de Jane por Cesare cuando se la lleva huyendo por algo que ni sé definir qué es, pero que simula algo así como un tejado y el cruce de ellos por un puente, ganan belleza plástica por la sabia combinación de luz y sombra, las figuras humanas y la geometría angulosa de fondo.
2. En junio del año pasado me propusieron participar con un espacio de opinión en lo que sería esta revista Séptimo Sentido, que mañana cumple su primer aniversario. La idea me entusiasmó de inmediato y aunque faltaba bastante para publicarse lo que sería mi primera entrega, la escribí la misma noche que me hablaron del proyecto.
A veces se cree que para un escritor, poner palabras en un papel es soplar y hacer botellas. Pero nunca lo es. Todo texto, en especial cuando implica un número definido de palabras y una fecha de entrega, tiene sus retos. Y cada experiencia implica aprendizajes. Hay días en que a uno no se le ocurre absolutamente nada. En que el cerebro parece una esponja seca o un desolado desierto sin palabras, en el que tememos que jamás volveremos a ser tocados por la gracia de la escritura.
Como muy bien escribió Rosa Montero en una de sus recientes columnas: “… muchos piensan que el artista es un ser especial al que visitan las musas todo el rato. Un individuo en perpetuo trance. Cuando, en realidad, el artista se parece mucho más al perseverante picapedrero que al iluminado. Que la inspiración te pille trabajando, como decía Picasso”.
¿Cómo llamaría a este nuevo espacio? No tenía la menor idea. Sin tener tampoco una definición de lo que habría que escribir, pensé que el título de este espacio tendría que dar la idea de eso, de un espacio abierto a lo que a la autora pudiera ocurrírsele. Una caja, un cofre, un depósito del cual podría salir cualquier cosa.
Revisé mi cuaderno de anotaciones donde, en una página especial, apunto nombres que podrían ser títulos de libros, de cuentos, de novelas, de lo que seaa. Y me topé con la anotación “Gabinete Caligari”, una abreviación del título de la película antes referida, un nombre que además había sido utilizado por un grupo de rock español de los años ochenta.
Así fue como nació el nombre de esta columna. Un gabinete, un mueble que, al abrirse, guarda de todo un poco. Un homenaje a una de mis películas favoritas, a uno de mis conjuntos favoritos y a una palabra de significado enigmático, porque los escritores solemos enamorarnos del sonido de las palabras, independientemente de su significado. Y en lo personal, me encanta el sonido de la palabra “Caligari”.
Para los amables lectores que con frecuencia me han preguntado sobre el nombre de este espacio, espero haber satisfecho su curiosidad. Aunque sea con un año de retraso.
(Publicado en Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica, domingo 28 de junio 2009).
Jacinta a las 04:50 PM | Referencias 0Según Jesús palacios, un reputado crítico de cine fantástico, El gabinete del dr. Caligari es la única película expresionista... al resto las llama nuevo romántico alemán o algo así (cito de memoria)Yo la única columna en la que me veo es la de Simón del desierto.
No, en serio, enhorabuena.
Jajaja, muy bueno lo de la columna de Simón en el desierto (buena peli también, por cierto).
Gracias, abrazo Portnoy.
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