19 de Mayo de 2009
Noches en blanco (sin satín)
Hace como dos o tres semanas me pasa que una noche a la semana me acuesto y no puedo dormir del todo si no es hasta las 5 o 6 de la mañana, cuando ya la angustia del insomnio se funde con el canto de los pájaros que, a oscuras, comienzan a pregonar el día. La peor fue una "noche" (el miércoles pasado), en que se me hicieron las 7 de la mañana y yo, con los ojos bien abiertos... Luego, sólo duermo 3 horas máximo y ni siquiera de corrido. Una "noche" de ésas, sólo dormí hora y media.
Creo que el insomnio lo exalta a uno de maneras extrañas. Exalta el cerebro y la sensibilidad física. La cantidad de cosas que pienso en ese estado son inverosímiles. Muchas tontas, otras graves. Trato de adelantar trabajo. Pienso en una próxima columna. En alguna carta que debo contestar. En cómo realizar algunos planes que se han visto suspendidos por falta de $$$. Luego comienza el franco delirio y me imagino haciendo cosas que no contaré por pudor o porque quizás, por qué no, termine emprendiendo.
En esas horas, que yo sé están pasando pero de las cuales evado tener conciencia (es decir, no veo el reloj cada tanto para no angustiarme aún más), comienza además la culpa. Debería levantarme y leer, debería ponerme a escribir, debería, debería...
Luego pienso que cada quien debería vivir a su propio ritmo. Que no deberían existir oficinas ni horarios. Que cada quien debería dormir las horas que puede y comer a la hora que quiere y hacer lo que le dé la gana a la hora que le dé la gana al ritmo que le dicte su cuerpo. (Estoy convencida: todos tenemos un ritmo personal diferente).
Entonces comienzo a pensar en que al día siguiente, en el que ya estoy porque ya es “hoy” aunque me acosté “ayer” y ya pasó la medianoche, andaré como zombie y me guardaré de hablar para no decir alguna estupidez en ese estado como de flotación en el que paso la goma de sueño. No haré siesta y no sé cómo, sobreviviré y llegaré a la noche en que me acostaré temprano, a las 9 quizás, lúcida como un búho, con la ilusión de dormir.
No hay garantía de sueño entonces tampoco. Pero por lo menos, se acuesta uno con esa esperanza. Y todo va más o menos bien, hasta la próxima noche de insomnio. Llego a la conclusión de que el insomnio es una especie mutante (similar a la migraña), que siempre tienen maneras nuevas de sorprenderme.
Y cuando es de día, a la luz del sol, mientras camino, le agradezco a ese Alguien que yo sé me escucha, que me haya permitido dormir unas cuantas horas. Y cada noche, al acostarme, nuevo enigma: ¿dormiré hoy, aunque sea un poco?... Cada noche es una sorpresa.
Más:
-Ngoc Thai, un hombre que no duerme hace 35 años.
-Otros casos extremos de insomnio.
-"Nights in White Satin", The Moody Blues:
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