20 de Abril de 2009
¿Quién debe pedir perdón?
El pasado 29 de marzo el Arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar, declaró que el Estado salvadoreño debe pedir perdón por los crímenes que se cometieron en la guerra civil que concluyó en 1992. Las afirmaciones fueron dadas en una rueda de prensa en el marco de la conmemoración del 29 aniversario del asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero y de un foro desarrollado en la Universidad Centroamericana (UCA) en memoria de todas las víctimas.
Dicha declaración se da en el preciso momento de una transición radical en nuestro país: después de 20 años de gobierno de derecha del partido ARENA, vamos a inaugurar un gobierno de izquierda con el FMLN, o sea, las precisas fuerzas enfrentadas durante la guerra.
Los gobiernos de ARENA han insistido durante todos estos años, en que debe haber “perdón y olvido”. Que no sería saludable para la sociedad salvadoreña derogar la Ley de Amnistía para la Consolidación de la Paz, abrir procesos judiciales o realizar actos de restitución pública, porque eso “volvería a abrir” las heridas dejadas por la guerra.
Pero seamos sinceros: las heridas de la guerra nunca cerraron. El trauma social que nos dejó todavía no ha sido superado. Una demostración de ello es la rabiosa polarización política en la que hemos vivido durante todos estos años.
Hay que rescatar la memoria histórica y aprender las lecciones del pasado. Olvidar no es saludable si nos hace propensos a cometer los mismos errores una y otra vez. Es necesario aprender del pasado a través del análisis, la discusión objetiva y el asumir responsabilidades. Será después de un proceso así que podremos superar la polarización y constituirnos en una sociedad más sana.
Es contradictorio que en un país de formación católica tan profunda como éste, los rencores y desconfianzas estén a la orden del día y que eso sea todavía el obstáculo para evitar un auténtico diálogo nacional.
Cuando Monseñor Escobar dijo que el Estado debe pedir perdón, de inmediato me pregunté cuál de los dos gobiernos debería hacerlo: ¿el gobierno saliente de ARENA o el gobierno entrante del FMLN?
Si me preguntan a mí, pienso que ambos. Como las caras visibles de las partes en conflicto. Como Estado y como oposición. Ambos, como responsables, cada uno, de sus respectivos crímenes de guerra. Porque en una guerra no hay bando inocente. Y porque la dinámica del enfrentamiento fuerza a los participantes a cometer todo tipo de actos insensatos.
Habrá quien diga que pedir perdón no servirá de mucho, porque no se podrá acceder a la justicia ni lograr reparo por los daños ocasionados, debido a la Ley de Amnistía. Pero pienso que en el acto y en su intención podría estar el primer gesto para lograr algún tipo de conciliación nacional.
Recordemos que la guerra de los 80 fue la culminación de cosas que venían ocurriendo desde décadas atrás. Y todavía, como sociedad, guardamos esqueletos en el armario, esqueletos que no queremos ver ni enterrar. Pero ignorar su existencia no significa que no estén ahí.
No es tarde para que el Estado pida perdón por los crímenes de guerra. Mientras más tiempo se deje pasar, menos favorable será su impacto entre los salvadoreños. Y se prolongará innecesariamente el dolor de las heridas y la posibilidad de que, por fin, cicatricen. Pero si el presidente electo Mauricio Funes decide hacerlo cuando ya esté en funciones, no tendrá el mismo impacto que si lo hiciera el presidente Antonio Saca antes de retirarse.
Cientos de crímenes de la guerra causaron conmoción nacional e internacional, como el asesinato de Monseñor Romero, el de los padres jesuitas, el de las monjas Maryknoll, las horrendas masacres de miles de civiles en El Mozote y el Río Sumpul, entre tantos dolorosos capítulos de aquellos años. Muchas situaciones no fueron esclarecidas, investigadas ni juzgadas, aunque en la gran mayoría de los casos, es un secreto a voces la identidad de los respectivos culpables.
Es claro que esta transición de gobierno es la oportunidad ideal para buscar una reconciliación nacional efectiva. Y que las heridas de la guerra podrán comenzar por fin a cicatrizar cuando la sociedad, en su conjunto, note un cambio de actitud en las fuerzas que se enfrentaron.
El perdón es importante, no como una frase dicha del labio para afuera, mucho menos para ejercerlo como un acto de oportunismo político. Perdonar es un proceso largo, triste, doloroso, complejo, pero necesario para continuar con la vida sin amargura, sin rencor, sin odio.
Para quienes se aferran al orgullo, me atrevo a decirles que pedir perdón no es signo de debilidad. Pedir perdón no significa claudicar a los ideales o a nuestras creencias, sino asumir que nos equivocamos y que las cosas pudieron resolverse de mejor manera. En realidad es un signo de carácter, de humildad y sin duda, un gesto de valientes. De un ser humano cabal.
Si, como parecen coincidir todos los analistas políticos, la votación a favor de un cambio de gobierno, de la derecha hacia la izquierda, significa que hemos madurado como democracia, ¿por qué no graduarnos como humanos, aceptar nuestros errores, pedir perdón y por fin conciliar a la sociedad salvadoreña para que juntos trabajemos por el progreso de esta nación?
Ya pasó suficiente tiempo. Ya vivimos suficiente dolor. Y ahora el país reclama, con urgencia, nuestro esfuerzo conjunto. Sin resentimientos. Hacia adelante.
(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 19 de abril 2009).
Jacinta a las 04:46 PM | Referencias 0Completamente de acuerdo, excelente reflexión, esperemos que tanto los políticos como nosotros como sociedad tengamos la suficiente madurez para realizar un esfuerzo en la dirección de la reconciliación. Tal y como lo comenta las heridas no han cerrado, un colega psicólogo participó en el Tribunal de Justicia Restaurativa en la UCA y comenta que las personas siguen manifestando temores, miedos y dolor por la pérdida de familiares en los años del conflicto, esperemos que estas heridas sanen cuando estas personas reciban una petición de perdón por parte de sus victimarios, sean del lado que sean. Saludos.
Antonio | 20 de Abril de 2009 - 05:46 PMHola Antonio,
recibir y pedir perdón puede ser un gran bálsamo. Sin embargo, creo que pedirlo tiene un efecto sanador sobre todo para quien obró mal, tiene un efecto transformador, que es lo que quisiéramos ver en nuestra sociedad, una transformación de fondo.
Saludos.
Su reflexión Jacinta me parece audaz y sin duda también, fundamental (va a los orígenes, o casi).
Para pedir perdón primero es necesario reconocer que se ha provocado un daño. Pero los ¨hechores¨ del daño al que usted se refiere, son incapaces de medir sus acciones por fuera de la sociedad y la época que les toco vivir (y en parte tienen razón, y en parte no), y por ende es, desde un punto de vista práctico, muy dificil que reconozcan sinceramente su involucramiento y participación en todos los actos de estulticia y sevicia castrense, guerrillera o paramilitar que culminaron en vejaciones o muertes.
Los pronunciamientos o enunciados oficiales se los lleva el viento. Recibir y pedir perdón nos alivia únicamente cuando el gesto se realiza de corazón. Y esto último lo sabe muy bien tanto el que ha pedido perdón, pero sobre todo el que lo otorgó.
Guarnieri | 20 de Abril de 2009 - 10:40 PMUn excelente nota, Jacinta. Concuerdo contigo y te felicito por la idea que planteas sobre la necesidad de que ambos gobiernos pidan perdón. Me parece algo novedoso y a la vez importante.
Gracias, Jacinta, por este aporte a nuestro proceso de reconciliación.
Aldebarán | 21 de Abril de 2009 - 06:50 AMGracias Guarnieri y Aldebarán.
Ojalá el texto llegue a las esferas involucradas...
Es importante dimensionar los origenes del conflicto, su desarrollo gradual y sus consecuencias que afectan directa e indirectamente a nuestra Sociedad actual. De Ahi que seria bonito que surja literatura narrativa de lo acaecido para ilustrar tanto a la generacion de Posguerra como a la generacion que nacio de la guerra... y en eso si seria clave obtener las dos versiones y quizas mas importante una tercera version que valore los dos polos participantes y su influencia en el Pueblo del que forman parte inevitable. Eso nos lo debes Jacinta y espero que tu obra en lo futuro haga mencion de estas cosas.
Armando | 21 de Abril de 2009 - 08:32 PMAl final estoy convencido que el ciclo es: VERDAD-JUSTICIA-PERDON. Me recuerdo que Doña Zaida Romero hermana de Mons. Romero,siempre me decía la misma frase: Quiero saber la verdad y que se haga justicia y luego les perdono. Ella se nos adelanto sin saber la verdad de quién asesiso a su hermano, es decir el actor material y el grupo intelectual que fue complice. También me recuerdo las comunidades indígenes de Guatemala victimas de las masacres siempre decían que no podían perdonar a una nube, necesitaban saber a quien perdonar. En El Salvador hace falta esclarecer mucha verdad y justicia también.
Elmer Romero | 22 de Abril de 2009 - 03:10 AMHay algo que casi siempre aparece en todas las noticias y reflexiones acerca de la guerra en ES y el perdon: parece que la solicitud de perdon que se exige al Estado es siempre mayor que la que se le exige al(a los) otro(s) bando(s) que participo(aron) en la guerra. Las justificaciones son variadas, aunque personalmente creo que no validas. La mas comun es que el ejercito masacro mas gente civil. Pero si no me equivoco, los alcaldes secuestrados y asesinados tambien fueron civiles, los industriales secuestrados y asesinados tambien lo fueron, y de igual forma aquel vendedor de periodicos que aparecio con disparos en la cabeza (y que creanme no fueron los escuadrones), al final de un pasaje cerca de donde yo vivia, tambien lo era. Nadie debiera defender la idea de que sus muertos valen mas que los otros; podran ser mas famosos y sus nombres podran enconrarse en internet como victimas de un periodo cruel para ES, pero son tan muertos como los otros. El perdon debiera venir, y ahi estoy de acuerdo contigo Jacinta, de los dos bandos. Si Saca debiera pedir perdon justo antes de que ES entre en un nuevo rumbo historico, igual se le debiera exigir al actual FMLN que tambien lo haga justo antes de que ES entre en esta etapa. Como muchas veces se ha dicho, o todos en la cama, o todos en el suelo.
Y por mi parte, perdon por la ausencia de tildes, pero acentuar correctamente en estos teclados anglos es incomodo. Se agradece la comprension.
Diego Archilla | 23 de Abril de 2009 - 04:28 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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