2 de Marzo de 2009
Bear, Marian Engel
Lou, una solitaria bibliotecaria, es enviada a una isla canadiense a hacer el inventario del patrimonio de la Coronel Jocelyn Cary, que ésta ha heredado al instituto para el que trabaja Lou. Ella debe trasladarse allá y podrá habitar la casa mientras el inventario sea hecho, pero deberá además cuidar de un oso que tenía la difunta.
Lou, que sin duda es un “gusano de ciudad”, se siente algo abrumada por el cambio y el intenso contacto con la naturaleza, aunque, siendo tan solitaria como es, el estar sola en la isla con un oso no le molesta demasiado. Poco a poco comienza a relacionarse con el animal, mientras va haciendo su trabajo.
De entre los libros caen fichas con información sobre los osos. Por ejemplo, que los esquimales creen que el espíritu de un oso vaga en el lugar donde quedó su cuerpo durante 3 días; los lapones creen que el cazador que mate un oso debe vivir a solas durante 3 días para no considerarse impuro, ellos llaman al oso el Perro de Dios; los irlandeses tienen un dios oso y según una leyenda finlandesa, el hijo que nace de la unión de una mujer con un oso es un héroe con la fuerza de un oso y la inteligencia de un hombre.
Poco a poco, la relación de Lou con el oso se va haciendo cercana, muy cercana y trascendiendo el mero afecto por un animal, se torna en una relación sensual.
Bear fue la última novela escrita por la autora canadiense Marian Engel. Fue publicada en 1976 y causó gran revuelo en su país por el tema que toca. La controversia aumentó cuando, a raíz precisamente de la novela, le fuera concedido el Governor-General’s Award.
Sus 121 páginas me parecen muy bien escritas, en una prosa muy limpia, de capítulos cortos, nada estridentes, que saben construir muy bien el ambiente de soledad no sólo exterior sino interior de la protagonista. Poco a poco, a través de la relación y del día a día de Lou vamos penetrando en la complejidad del conflicto personal de la bibliotecaria y en lo que la experiencia de estar en aquella isla va construyendo o develando, sobre todo para el personaje mismo.
En vez de explotar la morbosidad que el tema de la zoofilia supondría, la autora explora las escenas del erotismo entre la mujer y el animal de una manera muy delicada, utilizando con mucha precisión el tono de sensualidad que le permite no cruzar la línea que desentonaría con el resto del tono de la novela.
El final está muy bien resuelto y me resultó sorpresivo pues me había imaginado un par de situaciones muy diferentes. Engel resuelve el final sin estridencias ni sorpresas. A través de su callada prosa (porque sabe transmitir una nota de silencio a través de sus palabras), el final resulta el apropiado pero deja por lo demás, abierta la imaginación del lector, es decir, uno se pregunta lo que habrá ocurrido “después”.
Me di cuenta de la existencia de esta novela por un brevísimo pasaje traducido y publicado en un blog de Letras Libres, en el que se hablaba de la relación y la utilización de los animales en el arte. Por más que busqué información al respecto, me parece que este libro no está aún traducido al español (y si lo está, quizás esté publicado por una editorial muy pequeña, no sé). El caso es que me la tuve que hacer enviar por una amiga en los USA, que la compró vía Amazon, porque tampoco allá en librerías es fácil de encontrar. En Google Books se puede encontar un adelanto.
Si pueden encontrar este libro, les recomiendo su lectura.
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