26 de Febrero de 2009
De cuentos y concursos (final)
-Recordemos también esto: el cuento es esencia. Decía Kurt Vonnegut que había que comenzar el cuento lo más cerca posible del final. En otras palabras, definamos y delimitemos exactamente cuál es nuestra historia y concentrémonos en ella.
El problema de varios de los cuentos fue, precisamente, la dispersión. Demasiados detalles, reflexiones, personajes, acciones que no llevaban a ninguna parte y que no contribuían a darle fuerza al cuento sino más bien todo lo contrario, lo debilitaron.
Hubo muchos cuentos que pasaban 2 o 3 páginas dando un preámbulo larguísimo para finalmente “aterrizar” en el asunto y comenzar lo que era realmente el cuento.
La novela es el espacio ideal para contar historias y detalles, antecedentes curiosos, descripciones minuciosas; pero en el cuento, todo debe ir al grano, todo debe estar en función de ese asunto que es la médula del texto. Todo lo que no esté en función de contar dicha historia debe ser cortad y eliminado, sin piedad alguna.
-Concibo el cuento como un espacio donde ocurre algo. Donde a X o a Y le ocurre algo o hacen algo que se transforma en un asunto trascendental en sus vidas. Sin embargo, muchos de los cuentos participantes fueron utilizados como desahogos intimistas o líricos. Fulanito me abandonó, no sé cómo vivir sin él / Menganita era bella pero ahora se ha ido, oh cuánto la extraño. Eso no es un cuento. Es una queja, un lamento; en el mejor de los casos, una carta íntima al ser amado que ya no está con nosotros, pero no un cuento.
Si les interesa tanto decir que les hace falta X o Y, ¿por qué no mejor contar el cuento de ese amor? ¿Por qué fue especial? ¿Por qué o cómo se fue? ¿Qué pasó?
Otros cuentos comenzaban como desahogos de otro tipo: despotricamientos contra la sociedad, los políticos, el estado de cosas en el país.
En otros, los cuentos venían con explicaciones innecesarias: éste es un cuento realista o un cuento espiritual. O con un párrafo (a modo de introducción), en el que quien escribía quería dar “la moraleja” de la historia.
Partamos de que quien lee es un ser inteligente. De que nunca un escritor puede dirigir o prever la reacción del lector. De que no puede (ni debe) influenciarse al lector para que piense una cosa u otra. De que, si queremos decir algo, es más efectivo demostrarlo con un hecho, en una escena o con un diálogo que explicar moralejas. Porque si nos vemos en la situación de tener que explicar qué es lo que queremos decir con el cuento, bueno... entonces el cuento no está funcionando.
Eso es tarea del lector. Lo que piense, sienta y opine sobre un texto, cuál sea su conclusión personal será el resultado de su experiencia particular de vida y sobre ella nadie puede influenciar. Así es que ahorrémonos las explicaciones y moralejas previas o posteriores al texto en sí. Están de más.
-Títulos: había cuentos que venían sin título. Puedo entenderlo. Poner un título no es precisamente tarea fácil. Yo recomendaría que fuera lo último que se hiciera. Aunque hay quienes lo hacen al revés: José Saramago dice que empieza sus textos cuando ya tiene un título. Cada quien trabaja de manera diferente y eso es parte también del proceso de escritura: saber o reconocer cómo trabaja mejor cada uno de nosotros. No hay fórmulas ni reglas para nuestro método de trabajo, que puede ser un asunto muy individual.
El título es tan importante como el resto del texto. Atrapa, sugiere, llama la atención, condensa el contenido. Hay que hacer lo mejor posible por encontrar un título atractivo. No sabemos en qué circunstancia nuestro cuento le llegará a algún lector. ¿Será en un periódico, en una antología? Quizás alguien sólo esté hojeando libros en una librería y le llame la atención el título de un libro (o un cuento) y se lo lleve aunque desconozca al autor.
A veces el título puede ser una de las mismas frases del cuento. Algo que alguien dijo. La frase más curiosa, fuerte, humorística del texto. Una pregunta vital. Quizás el título no se nos descubra con facilidad. Pero poner un mal título o un título sencillo deben ser la última opción. Siempre y cuando el resto del cuento sea impecable, un título poco atractivo se termina perdonando.
-Y que un cuento sea impecable se logra nada más con tiempo y trabajo. Con pulido. Con autocrítica, con auto-crueldad. Recortar, reescribir. Dejar reposar el cuento. Volver a leerlo un mes o dos después. ¿Qué sentimos cuando lo volvemos a leer? ¿Nos da pereza leerlo? ¿Podemos leerlo hasta el final? ¿No nos gusta? ¿Nos parece que le falta algo, que le sobra? ¿Nos satisface o no el resultado? ¿Sentimos el mismo entusiasmo que sentimos el día que terminamos el primer borrador o ahora nos parece malo y nos sorprende esa contradicción? Y si ni a nosotros nos gusta el cuento ¿será que le guste a otro?
Todo eso es parte de la fase menos glamorosa de la escritura y es la fase del trabajo en serio. Pulir. Redondear, recortar, reescribir. A veces hay que reescribir algunos párrafos, a veces el cuento entero.
Hubo algunos cuentos, y fueron los menos, que de haber tenido una buena apretada de tuercas, una buena podada de asuntos innecesarios, habrían quizás sido meritorios de alguna mención. Posiblemente se trató de cuentos que estaban guardados y que alguien decidió enviar a última hora sin revisarlo mucho.
Hay autores que se tardan años para dar por terminado un texto. Los más afortunados quizás lo logran en meses. Alguna vez, de manera excepcional, quizás se logre en días o semanas. Pero en todos los casos algo es seguro: el texto fue trabajado hasta exprimirle el brillo.
Y seacabuche.
Jacinta, me hizo pensar mucho en mis cuentos favoritos. Uno de elos, alumbramiento de Andrés Neuman. En un espacio tan corto nos cuenta tanto la relación de una pareja como el momento del alumbramiento de un bebé, derivado de esa relación. Simplemente lindo.
marielos | 26 de Febrero de 2009 - 06:27 PMMuy atinadas tus notas, parece un taller de narrativa destilado al puro caldo.
Me parece curioso que los fallos vayan todos por el mismo lado. Es como si existiera una plantilla de lo que espera o cree la gente que es un cuento. ¿De dónde vienen estas ideas populares que las comparte tanta gente? Será que la educación literaria de nuestros pueblos viene de los cuentos infantiles, y que eso es lo que espera la gente leer cuando compra un libro de cuentos. Si es así, eso explicaría las ventas que tienen los libros de cuentos para adultos.
Juan Murillo | 26 de Febrero de 2009 - 06:42 PMMarielos: claro que eso se puede hacer, condensar una vida en un cuento. Recuerdo uno de Boris Vian que en 3 páginas condensa la vida de un personaje.
Juan: yo me he preguntado lo mismo. Creo que, de alguna manera, en efecto la gente se queda con la noción del cuento infantil que se lee en primaria. Y si la gente no adquiere el hábito de lectura y no sigue leyendo cuando es adulta ni diversifica la lectura, se queda con el concepto inicial.
En ese sentido, la educación literaria en nuestros países es muy deficiente, pues ni es contínua ni logra lo que debería ser el objetivo principal: formar gustos y hábitos de lectura.
A fin de cuentas también, el escritor que comienza a escribir como a los 15 años, se forma por la lectura y el ejercicio individual. Pero si ese escritor joven no lee... ¿de dónde podrá sacar sus nociones de escritura?
Saludos a ambos.
Jacinta | 26 de Febrero de 2009 - 06:50 PMEso de la lectura es lo que no me cansaré jamás de repetir: cómo alguien pretende escribir narrativa brillante si no lee cosas de verdad. Lo de "cosas de verdad" se va aprendiendo en el camino, y para eso justamente se devoran más y más libros, para descubrir los que enseñan y los que anestesian, y de todo eso, de ese "puro caldo" del que habla Juan (en otro sentido, claro está), saldrán tres páginas buenas.
Si un concursante de uno de estos certámenes ni siquiera tiene una idea de lo que constituye el género literario "cuento", y no es capaz de relacionarlo con temas adultos o profundos, pues está en graves problemas.
Gracias por tomarse el tiempo de dar estas observaciones y consejos, no caeran en saco roto se lo aseguro.
hkadejo | 27 de Febrero de 2009 - 02:27 PMÉrase una vez...que yo le agradecí a Jacinta tres veces.
¿En un certamen literario, cuando regresan las obras no premiadas, tienen estas las observaciones del Jurado?
Gracias Jacinta.
Tomás | 3 de Marzo de 2009 - 02:20 AMTomás, no sé de ningún concurso que devuelva las obras no premiadas y muchísimo menos con correcciones. Eso sería demasiado trabajo para los jurados, ya no se diga, anotar observaciones para cada participación. Por lo menos no en este concurso.
En otro de novela que fui jurado, sí debíamos entregar a la institución organizadora un informe de lectura de cada novela, pero "sólo eran" 29... y aquí eran 187 cuentos.
Gracias a todos por sus comentarios. Espero sirvan de algo.
Jacinta | 3 de Marzo de 2009 - 03:35 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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