24 de Febrero de 2009
De cuentos y concursos (1)
Como había prometido, quiero compartir algunas de las cosas que me llamaron la atención en las participaciones del reciente concurso de “Letras nuevas”. Ojalá estos apuntes contribuyan a que los participantes (u otras personas interesadas en la escritura del cuento) detecten los fallos de sus textos y les ayude a pulir el cuento participante u otro que tengan guardado por ahí.
-Retomo lo dicho en la entrada de la semana pasada: un cuento no se escribe en pocos días (aunque puede ocurrir, pero es más bien un asunto excepcional). Por ello mismo, es válido que a partir de hoy mismo retomen su texto, lo limpien, lo estudien, lo desarmen y lo vuelvan a armar, reescriban, de ser necesario, para sacarle su mejor brillo. No esperen a una convocatoria para comenzar a escribir su cuento. Un escritor no escribe para participar en un concurso:un escritor escribe porque no puede evitarlo, porque tiene una historia qué contar, porque no entiende el mundo y la realidad si no es escribiendo. Un escritor no escribe para un concurso porque ganarlo es algo tan del azar como ganarse la lotería.
-Habiendo dicho eso, hay que tomar también en consideración lo siguiente: ganar un concurso es también un asunto de suerte. Hay un jurado que debe coincidir en puntos de vista sobre los posibles ganadores. Y cada jurado viene de un entorno diferente, de una vivencia y de concepciones a veces hasta opuestas de la literatura. Por muy objetivo que se quiera ser en un concurso, y esto lo digo como jurado, también interfiere la parte subjetiva de cada quien. Asuntos de gustos personales.
Me gusta pensar que, en muchos sentidos, los concursos son un baño de humildad. Y ese baño de humildad es muy necesario para un gremio tantas veces señalado de vanidoso y mezquino (no sin justificación).
No ganar en un concurso no significa que mi texto sea malo. Vamos: he participado en concursos literarios desde los años 80 y solamente he ganado dos. Eso me ha hecho revisar y volver a revisar mis textos hasta la saciedad. Eso me ha hecho cuestionar mi oficio, mi manera de escribir. Eso me ha hecho poner mis barbas en remojo casi cada año (porque casi cada año mando por lo menos un libro o texto a concurso). Eso me ha hecho preguntarme si quiero continuar con un oficio que transcurre en un medio ingrato y cuyas gratificaciones son escasas.
No ganar en concursos literarios (ojo que no digo “perder”), me ayuda a mantener mis pies bien firmes en la tierra y no creerme la divina garza. Y reta y reafirma mi deseo por escribir, pese a las dificultades.
-Que 187 personas se hayan sentado a escribir un texto es ya tener un punto de partida, algo con lo cual trabajar. Eso, en lo personal, me emociona. Pensar que muchos tienen una historia entre pecho y espalda, y que se tomen el tiempo para ponerla en papel... Hasta allí vamos bien.
Una de las personas que comentaba en la página del periódico sobre la decisión del jurado de no otorgar menciones se “quejaba” de que éste es un concurso para gente no profesional en la escritura. Estamos plenamente de acuerdo. Es un concurso cuyo objetivo es detectar a nuevos talentos.
Pero pregunto: el hecho de ser un novato en la escritura ¿disculpa serios errores de ortografía, puntuación y redacción? Estoy segura que de haber premiado un cuento o un poema con dichas fallas hubiera sido incomprensible. Eso le hubiera dado una falta de seriedad a un concurso que aspira a continuar, a consolidarse y a convertirse en un referente para las letras salvadoreñas. En ese sentido, el jurado no podía ser paternalista ni condescendiente. Porque la falta de calidad que mencionamos incluía estos problemas y otros de carácter técnico-literario.
Diré más: el cuento ganador no es perfecto. Su título es poco atractivo, tiene un par de comas mal puestas, hay una frase que yo en lo personal le quitaría porque creo que desentona y un par de líneas que están mal redactadas y que contribuyen a confundir una situación. Pero el resto del texto se defiende muy bien, tanto que podíamos pasar por alto esos “detalles”. Y por eso le dimos el premio.
Debo recordar que la falta de calidad no ocurrió solamente entre las participaciones de cuento, sino también en las de poesía. Conversando con uno de los jurados en dicha categoría, que también estuvo el año pasado, me decía que el bajón de calidad en las participaciones fue notable. Y finalmente sólo se otorgó una de las dos menciones que se suelen dar.
(Continúa...)
Jacinta a las 03:34 PM | Referencias 0En un post anterior mencionaste los fallos generales en estos cuentos, y la verdad no pude no estar de acuerdo. Ahora, hay que ver lo que es ser un escritor profesional; esa persona debe escribir como profesional, con su cuota de horas y su gasto mental que trascienda lo de "pasar el rato". Y, para escribir adecuadamente, hay que aprender también a leer: analizar, esquematizar, anotar, aprender. Es decir, si alguien envía un cuento a concurso todo lleno de errores (sintaxis, ortografía, estilo), quiere decir que la lectura no ha sido abundante, y que la escritura es apenas de esa de la primera juventud, en la que las armas están sin brillo todavía, lo cual dice que le falta muchísimo aún, pero que seguirá si es en serio la cosa. Te vuelvo a dar la razón en cuanto a la falta de menciones de honor, me dejás sin posibles defensas.
Saludos.
guillermob | 25 de Febrero de 2009 - 05:25 AMPara mí resulta interesante e importante ventilar bien concretamente qué es a lo que los jurados nos referimos con "falta de calidad" en el concurso, debido a que es lo que por lo general se argumenta cuando no se da un premio, pero muy pocas veces se explica en qué consiste eso y se limitan a decir que "no tenían conocimientos técnicos suficientes", por ejemplo.
Tengo muy presente todavía lo del Premio Nacional aquí en Costa Rica que dejó desierto el premio de cuento "por falta de calidad"... y sin embargo, allí estaba el libro de Uriel Quesada, que me parece muy bueno. ¿Falta de calidad?
Creo que explicarlo ayudará también a los autores jóvenes a tomarse algo más en serio el concurso (éste y cualquier otro) y a trabajar un poco más los textos.
Mañana sigue.
En la contraportada de, el diablo sabe mi nombre, la edición colorada de Uruk Editores (¿Hay otra?), aparece en la reseña biográfica de Jacinta Escudos la alusión a que usted es, entre otras cosas, “correctora de estilo”. Hoy viendo y agradeciendo sus consejos me he dado cuenta en que consistía eso.
Gracias Jacinta
(Seguiré leyendo)
El problema con el concurso de letras nuevas y el casi obvio desastre que resulto este ultimo es producto de muchos factores que estan flotando, por ejemplo el limite de edad, la carencia permisible de vocabulario de los participantes, la falta de imaginacion, no se creo que si en el futuro se retoma deberian de empezar delimitando la edad entre 20 y 27 años para no tener que elegir el "peor es nada" y darnos la oportunidad a otros, no mejores, pero con mas años de escribir no solo como una moda sino para expresar nuestros sentimientos pensamientos
IO | 6 de Marzo de 2009 - 06:01 AMIO: estoy de acuerdo con usted en varias cosas, de hecho fue una de las sugerencias que dimos para mejorar el concurso, el asunto de las edades de participación. Creo que los muy jovencitos no tienen chance ante alguien de 24 años, que ya puede tener un algunos años de lectura y escritura frente a alguien de 15 que apenas podrá tener algo de lectura y escritura acumulada.
Imaginación no creo que falte: de hecho quizás el 80% de los cuentos (haciendo un cálculo a muy grosso modo), eran cuentos que entrarían en el género de lo fantástico, ciencia-ficción y hasta temáticas algo infantiles (¿cuentos para niños?).
Esperos que LPG afine mejor las bases para darle mejor oportunidad a los participantes.
Gracias y saludos.
Atente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
