9 de Febrero de 2009
In Bruges
Hay muchas películas que escapan de la atención general por motivos diversos: porque son de bajo presupuesto, porque no vienen de Hollywood, porque no están distribuidas por una de las grandes empresas de cine, porque no se convierten en éxitos masivos de taquilla, porque, porque... a veces creo que incluso porque alguien les mete zancadilla, o porque son de un director desconocido.
En todo caso, había visto el DVD de In Bruges en la tienda. Me llamó la atención porque ocurre en Brujas (Bélgica), una ciudad que pude conocer en el 2003 o 2004. Precioso lugar, por cierto. Pero el hecho de que fuera etiquetada como “comedia”, que no hubiera escuchado absolutamente nada de ella y que tuviera como protagonista a Colin Farrell, todo me parecía una combinación desastrosa.
Sin embargo, la sorpresa fue que la noche de la entrega de los Golden Globes, no sólo tuvo varias nominaciones, sino que Farrell se llevó la estatuilla por mejor actor en una comedia o musical. Así es que me decidí a verla. Y no me decepcionó para nada.
Un par de matones a sueldo son enviados a Brujas a esperar su próximo trabajo. Los matones, Ray y Ken, son dos personalidades totalmente opuestas. Mientras Ken (Brendan Gleeson) se deleita con la arquitectura, la historia y todos los detalles culturales del lugar, Ray (Farrell) se aburre soberanamente y no soporta la ciudad. En el transcurso de la espera, y de sus visitas por la ciudad, conocen a algunas personas, se dan algunas situaciones y, eventualmente, sabemos cuál es la próxima tarea.
Como me suele ocurrir con varias películas que he visto, siempre me pregunto por qué algunas terminan catalogadas como “comedia” cuando están llenas de elementos dramáticos y cuestionamientos que las inclinan más hacia el lado serio que el divertido. Supongo que es un recurso para “venderla” de algún modo. Y es cierto. In Bruges hace reír, pero sobre todo por sus diálogos cargados de ironía y humor negro, pero no por ser una comedia de situaciones.
Por el contrario, la gran mayoría de personajes son “malos”, tienen problemas psicológicos, son racistas, locos o delincuentes. Y sin embargo, son presentados desde un ángulo humano, sin justificar sus acciones, pero planteando una eventual redención de cada uno.
No cabe duda que la ciudad de Brujas se convierte en un personaje más, trascendiendo su escenario como telón de fondo. Sus edificios medievales, sus callejones y canales, todo se convierte en parte del entramado que ampara a Ray y Ken en sus meditaciones sobre la vida, la muerte, la culpa y la esperanza de que se puede cambiar.
Por momentos no dejó de recordarme a algunas de las películas de Guy Ritchie (para que se hagan un poco a la idea del tono de ésta). In Bruges es menos acelerada y revuelta que las películas de Ritchie, pero anda por esos caminos de los seres inusuales, las situaciones que se amarran de la manera más inesperada por medio de los personajes, el humor, las malas palabras y el espacio para reflexionar sobre algunos temas.
Muy buena. Si se le atraviesa, no pierda oportunidad de verla. Y si consigue el DVD, no deje de ver las extras: los bloopers, un tour por los canales de Brujas y otros aspectos de la realización de la historia por su director Martin McDonagh.
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